Lectio divina 3º Domingo de Adviento: Juan 1, 6-8.19-28

Canto: Atráenos, Virgen María, caminaremos en pos de ti. Tú, que eres la llenada de gracia, la amada por Dios, la que no dice cómo nos mira Dios.

Que en cada uno de vosotros esté el alma de María para que alabe al Señor. Que en cada uno esté el espíritu de María para que se alegre en Dios (San Ambrosio).

1.- Motivación

“El ministerio de Juan se cumple en el mundo hasta el día de hoy. En todo aquel que está por entrar en la fe en Jesucristo, es necesario que primero venga a su corazón el espíritu y la fuerza de Juan para prepararle al Señor un hombre bien dispuesto y para allanar los caminos y enderezar las asperezas de su corazón” (Orígenes).

“Levantan los ríos su voz. Son los ríos que manarán de las entrañas de aquellos que beban la bebida de Cristo y reciban el Espíritu de Dios. Estos ríos, cuando rebosan de gracia espiritual, levantan su voz” (San Ambrosio). Como María: proclama la grandeza del Señor.

Así levanta la voz Juan de la Cruz: Gocémonos, Amado, / y vámonos a ver en tu hermosura, / al monte o al collado, / do mana el agua pura, / entremos más adentro en la espesura (Juan de la Cruz)

2.- A la espera de la Palabra

En el evangelio de Juan vemos otra tradición cristiana sobre Juan Bautista.

Todo el evangelio de Juan es un proceso contra Jesús. Y Juan Bautista es el primer testigo, llamado a declarar en ese proceso.

Junto con María, la figura de Juan Bautista es emblemática en este tiempo del Adviento; para él el mayor gozo de su vida fue decir: Que él (Jesús) crezca y que yo disminuya (Jn 3,29-30).

3.- Proclamación de la Palabra: Juan 1, 6-8.19-28

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.

No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz. Y este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a que le preguntaran:
«¿Tú quién eres?».

Él confesó y no negó; confesó:
«Yo no soy el Mesías».

Le preguntaron:
«¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?».

Él dijo:
«No lo soy».

«¿Eres tú el Profeta?».
Respondió:
«No».

Y le dijeron:
«¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?».

Él contestó:
«Yo soy la voz que grita en el desierto: “Allanad el camino del Señor”, como dijo el profeta Isaías».

Entre los enviados había fariseos y le preguntaron:
«Entonces, ¿por qué bautizas si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?».

Juan les respondió:
«Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia».

Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan estaba bautizando.

4.- Fecundidad de la Palabra

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Un hombre, uno de tantos, fuera del ámbito del poder. Enviado por Dios, algo que en el evangelio de Juan solo se dice de Jesús y de Juan. Está en el Jordán, que recuerda el paso del mar Rojo, donde el pueblo ha visto el poder liberador de Dios. ¿Qué te pasa mar que huyes y a ti, Jordán, que te echas atrás? (Sal 113).

Este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. Este párrafo del Himno-Prólogo presenta a Juan como el testigo del Cordero, el que reconoce a Jesús, enviado del Padre, sobre quien reposa el Espíritu. Como testigo (martireo) declara en el proceso a Jesús. En éxodo de sí mismo, lejos de la autoreferencialidad, dice lo que ha visto y oído; lo dice dando su vida por el amigo. Suscita una presencia diferente: en medio de vosotros hay uno que no conocéis.

No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz. La luz es el resplandor de la vida, de la verdad, del amor. La tiniebla intenta sofocarla, pero no puede borrar el deseo de plenitud del ser humano (creado a imagen de Dios). El Bautista no era la luz, -la polémica, rivalidad, confusión es manifiesta-, sino que venía como precursor, como amigo del esposo. Juan invita a mirar a Jesús. No tiene luz propia. Es reflejo de la luz verdadera que alumbra a todo hombre. Esto implica una actitud de despojo, de resistencia a toda tentación de mirarse a sí mismo. Hoy, como entonces, precisamos menos personajes alumbrados y más testigos de la luz, de la alegría, la fraternidad y la amistad social (Fratelli Tutti).

Le preguntaron: «¿Tú quién eres?». Se palpa la tensión. Sacerdotes y levitas, enviados desde Jerusalén, el centro religioso del judaísmo, ostentan el poder, meten miedo con su presencia. Vienen a interrogarlo y lo hacen de forma hostil. Juan, con sus palabras y su forma radical de vida, ha suscitado en el pueblo un deseo de vida y plenitud, y eso no lo toleran. Este interrogatorio nos permite ver la vida interior de Juan, su identidad personal.

Él confesó y no negó; confesó: «Yo no soy el Mesías». Circulaban entonces varias figuras en las que el pueblo tenía puestas las expectativas mesiánicas: Mesías, Elías, el Profeta como nuevo Moisés… Le preguntan. Juan niega con rotundidad las identidades que proyectan sobre él. Dice no con libertad. Esta negación (yo no soy), precedida del no era él la luz, prepara el camino a Jesús: Yo soy (nombre de Dios, Ex 3,14). Para declarar quiénes somos también tenemos que reconocer quiénes no somos.

«¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?». Otra pregunta. El testimonio acerca de Jesús va acompañado del conocimiento de sí mismo. El conocimiento propio es el pan con el que se han de comer todos los manjares (Teresa de Jesús, Vida 13,15).

«Yo soy la voz que grita en el desierto: “Allanad el camino del Señor”, como dijo el profeta Isaías». Juan es el hombre de la vida interior que escucha primero la Palabra para poder ser voz de ella. Él es el amigo del novio que se goza dejándolo hablar y traspasándole el protagonismo: que él crezca y yo mengüe. ¿Quién es? Una voz, sin otra pretensión que la de ser portavoz de Dios y de los que no tienen voz. ¿Qué hace? Grita, desea que muchos escuchen. No es una voz al oído, sino con energía, con coraje. ¿En qué lugar? En el desierto, lugar ideal para la escucha del Espíritu y el discernimiento, experiencia fundante de Israel, paradigma de renovación, símbolo de sequedad y aridez convertidos en vergel. ¿Qué dice? Preparad un camino al Señor, que viene con el programa tomado del profeta Isaías 61,1-10.

«Entonces, ¿por qué bautizas si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?». Una última pregunta. Los ritos de purificación bautismales los oficiaban los sacerdotes y los levitas. Temen que alguien les usurpe su función y su ganancia.

«Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí. Las preguntas son ocasión para el testimonio: El Espíritu hablará por vosotros (Mateo 13,11). El bautismo de Jesús no sumerge en el agua de un río sino en el Espíritu; es un baño interior que penetra y transforma el corazón de la persona. La identidad cristiana (¿quién soy?) es testimonio que transparenta mi relación con Jesús. La identidad es relacional. El viene detrás de mí, conmigo, cabe mí, que decía Teresa de Jesús.

Al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia. Desatar las sandalias del señor o dueño era una tarea de los siervos o esclavos. Juan el Bautista dice que no es digno ni de ser esclavo de Cristo. Esto sucede en Betania, al otro lado del Jordán, fuera del territorio judío, lugar de la comunidad de Jesús. Así queda abierto el camino para que entre en escena Jesús.

5.- Respuesta a la Palabra

  • No sabemos qué entendieron los enviados a interrogar a Juan. ¿Qué entiendes tú de este evangelio?
  • Los dioses y señores de la tierra no me satisfacen (Sal 14). ¿A qué dices no? ¿A qué o a quién dices ?

6.- Orar la Palabra

Agradece la llamada que Dios te hace a ser testigo.
Recuerda tu vocación de servicio a los demás.
Déjate bautizar por Jesús en el Espíritu.
Pide conocer y amar a Jesús cada día más.
Hazlo con Juan de la Cruz: Descubre tu presencia ( y máteme tu vista y hermosura / mira que la dolencia de amor / que no se cura / sino con la presencia y la figura.

7.- Contar al mundo la nueva manera de vivir. Ser testigos.

Jesús, la Voz que mueve el mundo, cuenta contigo, no valen excusas, ni lamentos, ni jugar al escondite…

Ver en You Tube este vídeo: Nos llamó para estar con Él. Testimonios 2020. Iesu Communio.

Pedro Tomás Navajas, ocd

7 Ficha de la Lectio divina: Juan 1, 6-8.19-28

Publicado en  Gonzalo de Cangas

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