Invocación al Espíritu
Dialogamos con san Juan de la Cruz. “Los que le trataban, hombres o mujeres, salían espiritualizados, devotos y aficionados a la virtud. Supo y sintió altamente de la oración y trato con Dios, y a todas las dudas que le proponían acerca de estos puntos, respondía con alteza de sabiduría, dejando a los que le consultaban muy satisfechos y aprovechados” (Fray Eliseo de los Mártires).
¡Oh lámparas de fuego
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido,
que estaba oscuro y ciego,
con extraños primores
calor y luz dan junto a su querido!
Lo hacemos en la semana de la jornada mundial de la Vida Consagrada: ¿PARA QUIÉN ERES?
En la Jornada mundial contra el hambre, que nos ofrece Manos Unidas, con el lema: “¡Declara la guerra al hambre!”.
Motivación. Para disponer el corazón
“El Señor os dice, vosotros sois la sal de la tierra, la luz del mundo. Hoy vuestras voces, vuestro entusiasmo y gritos, que todos son por Jesucristo, se van a escuchar hasta el fin del mundo. Hoy están empezando un camino, el Jubileo de la Esperanza, el mundo necesita mensajes de esperanza. Vosotros sois la esperanza” (Papa León, a los jóvenes en Roma).
A la espera de la Palabra. Con la lámpara encendida
El texto está precedido por el proyecto de las bienaventuranzas, que describe lo que sucede en el interior de la vida de los discípulos que han acogido el Reino. La vida nueva de los bienaventurados tiene que verse en la historia. El texto señala nuestra misión, bajo dos signos: la sal y la luz. La mirada está puesta en las comunidades: perseguidas, tentadas de esconder la luz, con enfrentamientos dentro: los que querrían una mayor apertura y los observantes. Jesús se muestra como un auténtico contemplativo en la acción, porque es capaz de ver a Dios en todas las cosas y de crear parábolas y comparaciones que hablan al corazón.
Proclamación de la Palabra: Mateo 5, 17-37
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?
No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos».
1. Fecundidad de la Palabra
Vosotros sois la sal de la tierra. Jesús da a conocer, con imágenes audaces y sorprendentes, lo que piensa y espera de nosotros. Nos mira con los ojos de Dios y nos dice que somos la sal de la tierra, llamados a dar sabor a la vida y a ayudar a muchos a saborearla. El plural sois, (no debéis ser), recuerda la misión de las comunidades, su identidad más profunda, a pesar de su pequeñez, de la persecución. “Ser, no como resultado de un esfuerzo y de una elección (como sería en el moralismo individualista), sino por haber sido generado y elegido” (María Zambrano).
Sal. Uno de los productos más simples. Sus propiedades: dar sabor y conservar los alimentos, defender del calor. Símbolo de la alianza de Dios con su pueblo, del pacto de los discípulos con Jesús. Los cristianos, como la sal, tienen un impacto en la realidad en la que viven. La sal actúa desde el anonimato. Cuando falta o hay demasiada entonces se nota. La sal, para salar, tiene que deshacerse. Jesús es sal que sazona nuestra vida.
De la tierra. La misión de la comunidad es fertilizar el mundo con el Evangelio de Jesús. El cristianismo es dinámico. Somos la sal de la tierra, llamados a contagiar las músicas escondidas de las bienaventuranzas en la vida de cada día. Jesús nos anima a influir positivamente en el mundo. En el contexto del Año Internacional de los Voluntarios para el Desarrollo Sostenible, proclamado por Naciones Unidas. Todo ser humano es de los nuestros.
Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sierve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Jesús se lo advierte a sus seguidores. Si la sal se vuelve sosa, ya no sirve para nada. Si los discípulos pierden su identidad evangélica, ya no producen los efectos queridos por Jesús, el cristianismo se echa a perder. La Iglesia queda anulada. Los cristianos están de sobra en la sociedad.
Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Nos acercamos a Jesús que es luz y siembra claridades. Somos la luz si estamos con Jesús. Lo que ilumina y lo que mantiene en nosotros la luz de Jesús es la oración interior, la comunión con él. De tanto mirar al que es la Luz, quedamos iluminados para mirar con su mirada. El plural sois apela a la comunidad, llamada a ser inspiradora.
La luz es la primera obra de la creación y se la identifica con Dios. Puesta en el lugar correcto permite apreciar los espacios, evitar tropiezos, pero sobre todo reconocer el rostro del otro. La comunidad de Jesús es iluminadora, como un faro para los barcos.
Del mundo. La luz fue hecha para iluminar, por eso no admite estar escondida. Una comunidad que no sea misionera no tiene sentido. La comunidad de los “bienaventurados”, el nuevo pueblo de Dios, no agota su finalidad en sí misma, sino que es una fuente de esperanza: esperanza del mundo nuevo inaugurado por Jesús. Jesús sí que es para nosotros cirio encendido, que se quema para iluminar. Somos la luz cuando partimos el pan. Somos la luz cuando hospedamos a los pobres sin techo. Somos la luz cuando vestimos al desnudo de toda dignidad. Somos la luz del mundo cuando hacemos más feliz la vida de los que nos rodean. Somos la luz cuando damos esperanza.
Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos. Vuestras buenas obras. Bellísimo itinerario de la vida, que Dios comienza en el corazón y culmina en la glorificación a Dios. La luz y la sal no existen para sí, brillan no tanto con las palabras o discursos sino con las buenas obras, obras en relación con el prójimo, en el mundo. El compromiso con los pobres, con la paz, con la justicia no debe quedar escondido, todo es para dar sabor y alegría a la vida. El ser y el hacer van de la mano, preparan el examen de amor al atardecer de la vida. Ofrecemos al mundo un testimonio de esperanza. Unimos Evangelio y cultura. Nuestra misión es arrancarle al mundo alabanzas al Padre.
2. Meditación. Respuesta a la Palabra
¿Cuándo somos sal del mundo? ¿Cuándo somos luz?
¿Cuándo no lo somos?
3. Oración. Orar la Palabra
Oh Señor, que yo no busque tanto ser consolado, cuanto consolar,
ser comprendido, cuanto comprender, ser amado, cuanto amar.
“Lo que Dios quiere de ti es que, cara a cara con Él, hagas la experiencia de buscarlo” (Edith Stein).
4. Acción: Contar al mundo la nueva manera de vivir.
“Cada uno de nosotros somos un instrumento pobre. Observa la composición de un aparato eléctrico, tiene un ensamblaje de hilos grandes y pequeños, nuevos y gastados. Si la corriente eléctrica no pasa a través de todo ello, no habrá luz. Estos hilos somos tú y yo. Dios es la corriente. Tenemos poder para dejar pasar la corriente a través de nosotros, dejarnos utilizar por Dios, dejar que se produzca luz en el mundo o bien rehusar ser instrumentos y dejar que las tinieblas se extiendan” (Santa Teresa de Calcuta).
Pedro Tomás Navajas, ocd