LECTIO DIVINA. DOMINGO DE TODOS LOS SANTOS: Mt 5,1-12

Invocación al Espíritu

La Iglesia se deja instruir por el Espíritu sobre el alcance humanizador del Evangelio y aprende a adaptar su enseñanza al servicio de la dignidad de cada persona y del bien de los pueblos MH 22).

Motivación. Para disponer el corazón.

La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos (MH 1).
Tenemos el deber urgente de permanecer profundamente humanos, custodiando con amor esa magnífica humanidad que se nos ha dado y revelado en plenitud en Cristo (MH 15).

A la espera de la Palabra. Con la lámpara encendida

Hay dos versiones de las bienaventuranzas (Mateo y Lucas). En la versión de Mateo, Jesús, sentado en lo alto de un monte, enseña con autoridad al pueblo, recordando a Moisés. Las bienaventuranzas dibujan el rostro autógrafo de Jesucristo y describen su caridad. Jesús es el principal bienaventurado y dichoso porque vivió en la tierra en unión amorosa con el Padre. Las bienaventuranzas son anuncios gratuitos de la gracia de Dios, que invierten los valores del mundo: lo que el mundo considera fracaso o debilidad, Dios lo corona de bendición. Hoy la Iglesia conmemora a todas aquellas personas que vivieron la amistad con Dios. Algunos, elevados a los altares, la mayoría dejando día a día una impronta de santidad que pasó quizá desapercibida a los ojos humanos, pero que fue vista por Dios. Las bienaventuranzas son el equivalente de la santidad, algo contrario a la lógica del mundo.

Proclamación de la Palabra: Mateo 5,1-12

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:
«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.
Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos,porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia,porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».

1. Fecundidad de la Palabra

Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Apoyados en la palabra de Jesús, esperamos un final feliz para todos los pobres de la tierra. Ya era hora de que la historia diera un vuelco. La palabra griega makarios no significa meramente feliz por una emoción pasajera, sino dichoso, bendito por la plenitud otorgada por Dios. Jesús empieza las Bienaventuranzas con un aire de gracia y de fiesta. Los pobres de espíritu son aquellos que dependen totalmente de Dios. Ptochoi significa pobreza total. Los pobres ansían que alguien les dé dignidad, categoría humana. De pie ante Dios, los pobres de espíritu son así. Su humildad, su capacidad de abrirse, es lo que hace de ellos tierra fértil para recibir la bendición de Dios.

Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra. Jesús se describe a sí mismo como “manso y humilde de corazón” (11:29). Es fuerte y firme, pero rehúsa hacer declaraciones en su favor o a defenderse. Los mansos, confiados en la palabra de Jesús, son los que resisten en el sufrimiento. Como gracia, encontrarán una tierra donde danzarán de alegría. Mi única misión en la vida era ser bueno (C. Foucauld). Fieles ante la adversidad, su tierra será restaurada, no por su propia fuerza, sino como una herencia recibida de Dios.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Siguiendo a Jesús, confiamos que los que han llorado, de mil maneras, aquí en la tierra, encontrarán un consuelo pleno y una salud total. Dios es sorprendente y grande en sus designios. La persona de fe lamenta el mundo tal como es ahora pero no por cómo será. La persona de fe vive bajo la promesa de que Dios pondrá las cosas como deben estar.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Esperando en la promesa de Jesús, creemos que la bondad inagotable del Padre colmará la sed de justicia que se ha quedado sin saciar en tantos corazones. Los sueños no quedarán huecos.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Con los ojos puestos en Jesús, esperamos que los que han mirado con misericordia las heridas de la humanidad se encontrarán con la mirada misericordiosa del Padre de Jesús, con su abrazo lleno de ternura. La misericordia significa la capacidad de entrar en la piel del otro hasta ver cosas por sus ojos, pensar con su mente, y sentir con sus sentimientos. Quien tiene conciencia de recibir misericordia, está dispuesto a darla a los demás.  

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Jesús bendice a los que tienen un corazón puro que no se ha ensuciado por el mal. Con la transparencia de los limpios confiamos en que los que han andado en verdad en esta vida verán un día, cara a cara, el rostro de Jesús, la Verdad en quien no hay engaño

Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Haciendo nuestra esta palabra de Jesús, esperamos que todos los que han sido artesanos de paz, amando en el anonimato de la vida cotidiana, serán llamados hijos de Dios. La santidad consiste en aprender a ser hijos felices de Dios.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Confiados en Jesús, esperamos que, un día, coronas de triunfo adornarán las cabezas de todos los que han sido perseguidos, refugiados, inmigrantes buscando en pateras una tierra nueva. La verdadera santidad es una gracia, es la obra que Dios hace gratuitamente en nosotros.

Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan, y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Aunque nos tengan por tontos aguardamos que se cumpla la dicha en todos los que han sido menospreciados por ser amigos de Jesús. Nuestra opción, la de hoy y la de cada día: ser santos, sí, buenos y felices.

Alegraos y regocijaos. Caminos impensables para nosotros, trazados a contracorriente, ¡cuántas veces nos han dicho lo contrario!, pero llenos de vida y de alegría. Hacemos fiesta grande al celebrar el triunfo de todos los santos. Con Jesús, y con ellos, optamos por vivir alegres y contentos, porque esa es nuestra vocación y nuestro futuro. Emprendamos el camino de las Bienaventuranzas. No se trata de hacer cosas extraordinarias, sino de seguir todos los días este camino que nos lleva al cielo, nos lleva a la familia, nos lleva a casa.El «evangelio del mundo» dice: Dichosos los fuertes, los ricos, los que no lloran y los que se imponen. Las bienaventuranzas son la radiografía de cómo luce una vida que ya ha sido alcanzada por la gracia de Dios. Las bienaventuranzas son las buenas aventuras de quienes van al cielo con Dios.

2. Meditación. Respuesta a la Palabra

¿Estamos mirando a la persona más allá de su funcionalidad? ¿Valoramos al ser humano por lo que es o por lo que produce y aporta?
¿Cómo recuperar espacios reales de conversación, silencio, lectura, descanso y oración frente a la hiperconectividad y la simple disponibilidad de estímulos?

3. Oración. Orar la Palabra

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu.
Canto: Alabaré (por las aventuras del cristianismo).

4. Acción: Contar al mundo la nueva manera de vivir.

Un canto a las personas anónimas o comunidades que reconocen su fragilidad, que no dependen de la soberbia ni del poder material, sino que confían plenamente en Dios. Dan dignidad y categoría humana a los que los rodean.
Canto: Confiad siempre en Dios, es el camino recto.

Pedro Tomás Navajas, ocd

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