Ven, Espíritu Santo.

1.- Motivación

Tus palabras son obras (Teresa de Jesús)
En ti abrazo a Dios (Isabel de la Trinidad).
Comunícase Dios con tantas veras de amor… (Juan de la Cruz).

San Francisco decía a sus frailes que podían ser «madres» de Jesús si, como ella, permanecían en la escucha de la Palabra y obedientes a la acción del Espíritu.

2.- A la espera de la Palabra

El evangelio de Marcos está centrado en la persona de Jesús.

Este pasaje forma parte de lo que se llama jornada de Cafarnaún. Pretende que las comunidades aprendan lo que significa estar con Jesús y descubran la fuerza encantadora del primer anuncio de Jesucristo. Es como una catequesis para adultos.

3.- Proclamación de la Palabra: Marcos 1, 21-28

 «En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos entraron en Cafarnaúm, y cuando el sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad.
Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar…
Jesús lo increpó: “Cállate y sal de él”.
El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió. Todos se preguntaron estupefactos:
“¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos los manda y le obedecen”. Su fama se extendió en seguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea».

4.- Fecundidad de la Palabra

En la ciudad de Cafarnaún, el sábado entró Jesús en la sinagoga a enseñar. Jesús entra en el pueblo con la energía y alegría del Espíritu. Se comienza a describir una jornada de Cafarnaún (Mc 1,21-36), ciudad de mayoría judía, cercana al Jordán, a la orilla del lago azul que tiene forma de arpa, con mucho movimiento comercial, rodeada de ciudades (Tiberíades, Betsaida, Genesareth, Magdala, Hipoos…). En este mundo se inserta Jesús y allí comienza a formar su escuela, una escuela nacida a las orillas del mar. Marcos narra la bella costumbre que tiene Jesús de vivir el sábado (días de conflicto). Va a la sinagoga a orar, escuchar, enseñar (todo judío podía hacerlo); ahí inaugura la misión. Los que están en la sinagoga necesitan conversión. La primera palabra misionera de Jesús es la acción, el compromiso con la gente. En este género de vida son iniciados los discípulos. Ahí serán enviados en la Pascua: “Irá delante de vosotros a Galilea, allí le veréis” (Mc 16,7).

Estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los escribas. Marcos nos invita a fijarnos en el auditorio, compuesto de personas sencillas, en las reacciones de la gente, para descubrir cómo se responde adecuadamente al anuncio. La gente está tocada en el corazón. ¿De qué se admira la gente? La forma de enseñar es lo que les impresiona. La enseñanza de Jesús sacude y conduce a una nueva orientación de la vida. Motivo de la admiración: que Jesús enseña con autoridad y que hay coherencia entre lo que dice y vive (dabar, en hebreo, es la palabra que dice y hace). La admiración la expresan en voz baja, por dentro. Jesús no se había formado a los pies de ningún maestro. Lo nuevo e inaudito lo saca de sí mismo y de la vida. No es un comentador del montón, es creador de buenas noticias. No se dice de lo que hablaba en concreto. Todo lo suyo tiene valor. Pero lo que dice tiene una fuerza liberadora, como ungido por el Espíritu. ¡En la persona no hay una frase ni dos, está su enseñanza completa! La gente percibe, compara y dice: Enseña con autoridad, diferente de los escribas, más bien conservadores que se apoyan en otras autoridades. Jesús crea una conciencia crítica en la gente.

Había precisamente en su sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo y se puso a gritar. Marcos nos invita a mirar. En la sinagoga, de ellos, en conexión con el templo de Jerusalén, hay un hombre que está en un espíritu inmundo. Está en un lugar sagrado. Un endemoniado es un oprimido (cuando uno estaba enfermo se entendía que estaba endemoniado). Personas de este tipo, atormentadas por un mal inexplicable, aparecen con relativa frecuencia en el radio de acción de Jesús, y en nuestros días Este reconoce la autoridad de Jesús a gritos. Responde a la pregunta que está en el trasfondo: ¿Quién es este? La presencia de Jesús pone al descubierto las sombras.

«¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios». El endemoniado se resiste a dejar de ser lo que era. Su venganza: decir quién es Jesús, para intentar dominarlo. En Marcos decir esto es como romper el llamado secreto mesiánico, que solo se desvelará en el fracaso de la cruz y que hará un pagano: Mc 15. El demonio se enfrenta a Jesús, porque es una amenaza para el poder del mal. No era fácil, ni lo fue ayer, ni lo es hoy, hacer que una persona empiece a pensar y a actuar de forma diversa de la ideología oficial. Sea el Señor alabado que me libró de mí (Teresa de Jesús, Vida 23,1).

Jesús lo increpó: «¡Cállate y sal de él!». Es necesario que el mal sea destruido y sacado de la persona. Jesús, con una sola palabra, lo manda callar, aplaca la violencia y lo libera. Heme aquí con solas estas palabras sosegada, con fortaleza, con ánimo, con seguridad, con una quietud y luz que en un punto vi mi alma hecha otra (Vida 25,18). Jesús libera a las personas. La actuación de Jesús es un combate. Dios tiene la última palabra. Jesús ha venido a expulsar el mal, se enfrenta a él. No va a lo fácil, alejándose de lo difícil. Los discípulos de Jesús tienen que aprender a nombrar al mal como mal y a afrontarlo.

El espíritu inmundo lo retorció violentamente y, dando un grito muy fuerte, salió de él. De aquel hombre salen sus males, su mentalidad demoniaca. De forma muy gráfica Marcos nos describe la salida del espíritu: agita al hombre violentamente, y con un fuerte grito salió de él, haciéndose pedazos. El mal siempre trae consigo una carga fuerte de agresividad, en este caso física y verbal.

Todos se preguntaron estupefactos: ¿Qué es esto? Jesús pone de manifiesto la falsedad de una manera de hablar de Dios, que no libera. Presenta a un Dios que tiene corazón compasivo. Del encuentro con Jesús sale la persona nueva. Esta pregunta, y lo que sigue, es una síntesis de lo sucedido. La admiración ha dado paso al asombro, a la certeza de estar ante lo que nunca visto antes.

Una enseñanza nueva expuesta con autoridad. Incluso manda a los espíritus inmundos y lo obedecen». En la sinagoga se escuchan palabras de vida, no de muerte. Jesús tiene un nuevo modo de enseñar. Así lo percibe el pueblo. Mientras los escribas realizan una enseñanza estéril, Jesús habla para la vida. Habla de Dios de una forma cercana. Hasta los sencillos lo entienden. En Jesús reconocen que en él está Dios. Y que está con los pobres y desfavorecidos. La gente sabe discernir. Si lo obedecen los demonios cómo han de obedecerlo los que lo siguen. No entiendo estos miedos: ‘¡demonio! ¡demonio!’, adonde podemos decir: ‘¡Dios! ¡Dios!, y hacerle temblar’ (Santa Teresa).

Su fama se extendió enseguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea. Las gentes acogen a Jesús y extiende la noticia con alegría. La presencia de Jesús revoluciona el ambiente. Donde él está siempre pasan cosas. Las repercusiones de la Buena Nueva no dejan a las personas igual. Esto es lo que ven los discípulos. La obra creadora de Jesús solo se realiza en comunión con él.

5.- Respuesta a la Palabra

  • ¿Qué le dice esta palabra a mi vida?
  • ¿Qué dice a mi comunidad cristiana?
  • ¿Por qué la gente afirmaba que Jesús hablaba con autoridad?
  • ¿Con qué frecuencia me acerco a la Palabra de Dios? ¿Qué descubro de novedad en ella? ¿En qué forma está cambiando mi vida al leerla y meditarla?
  • ¿Afronto los problemas o me escapo de las dificultades?

6.- Orar la Palabra

Jesús, sáname. Sana a esta persona…

7.- Contar al mundo la nueva manera de vivir. Ser testigos.

Id amigos por el mundo, anunciando el amor, mensajeros de la vida…

Pedro Tomás Navajas, ocd.

Documento: 11 Ficha de la Lectio divina: Marcos 1, 21-28