LECTIO DIVINA: LUCAS 15,1-3. 11-32

Invocación al Espíritu

Así describe Juan de la Cruz a la Virgen María: “La mujer que siempre se movió por el Espíritu Santo” (3S2,10).

Motivación. Para disponer el corazón.

Nuestros errores nunca dañan el amor que Dios nos tiene (Papa Francisco).
Me senté en la miseria, me levanté con el deseo de tu pan (San Agustín). Sólo su Dios para ella es el todo (LB 1,32).

A la espera de la Palabra. Con la lámpara encendida.

Estamos en el corazón de la Cuaresma y en el corazón del evangelio de Lucas, el evangelio de la misericordia (tres parábolas: buen pastor, dracma, hijo pródigo). Ante una pieza maestra de la literatura narrativa del NT, una maravillosa historia de amor de padre frente a los rencores y egoísmos de los hijos. La finalidad de la parábola es mostrar lo que es Dios y lo que nos quiere, y cómo lo realiza por medio de Jesús. Hay un tercer hijo escondido: el que no consideró como un privilegio ser como el Padre y se vació de sí mismo, asumiendo la condición de siervo (Papa Francisco). Nuestros ojos están fijos en una sola esperanza: la Pascua, la resurrección. 

Proclamación de la Palabra: Lucas 15,1-3.11-32

EN aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y pecadores a escucharlo.

Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: «Ese acoge a los pecadores y come con ellos».
Jesús les dijo esta parábola:
«Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”.
El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.
Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.
Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos.
Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada.
Recapacitando entonces, se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre.
Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros».
Se levantó y vino a donde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos.
Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti;ya no merezco llamarme hijo tuyo”.
Pero el padre dijo a sus criados: “Sacad enseguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”. Y empezaron a celebrar el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.
Este le contestó: “Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud”.
Él se indignó y no quería entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo.
Entonces él respondió a su padre: “Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”.
El padre le dijo: “Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”».

Solían acercarse a Jesús todos los publicanos y pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban. ¿Qué encontraban en Jesús para acercarse a él? Su misericordia se arrima sin pudor a los perdidos, introduce a la gente indigna en su amistad invitándolos a compartir su mesa, pero escandaliza a los escribas y fariseos, que guardan distancia. Murmuraban que fuera amigo de los pecadores y se sentara a comer con ellos.

Jesús les dijo esta parábola. La misericordia se hace parábola, radiografía de nuestro corazón. Se ambienta en una familia.

Un hombre tenía dos hijos. El menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte que me toca de la fortuna. Explícita o implícitamente se le menciona 24 veces. Protagonista de la historia, icono de misericordia. Pedir esto es matar al padre, perder relación fundante. 

El padre les repartió los bienes.  Dios se alegra de ser Dios para poder darse como Dios (San Juan de la Cruz), por medio de Jesús.

Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Momento crítico, que sacude su manera de vivir. Ingrato y egoísta: sólo piensa en él. No le importa herir. Derrochador y vividor. Identifica felicidad con saciedad. Calculador e interesado. Casi pierde su identidad.

Nadie le daba nada. Contraste con el padre que se lo da todo. Lo último que le pasa: cuida cerdos, animales impuros para los judíos.

Recapacitando entonces, se dijo: Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros. El hijo reconoce que se ha equivocado. Pensó que fuera del padre viviría mejor, pero el engaño le llevó a perder la dignidad y la identidad. Por una secreta decisión del corazón, quiere volver a la casa del padre. Prepara unas palabras para decírselas. Cree que no merece otra cosa que la de ser jornalero. Al entrar en el pecado, donde uno no es nada ni merece nada porque lo ha perdido todo, entró en la misericordia entrañable del Padre, donde todo vuelve a ser posible. Proceso: Hacia la fiesta del Espíritu. Está Dios medicinando y curando al alma en sus muchas enfermedades para darle salud (LB 1,21). Escucha: Levántate.

Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos. El hijo en camino ya no recordaba el cariño del padre, ya no le conocía, pero el padre es la personificación del amor. El pecado no le arrebató el amor del corazón. Su diálogo de amor continuo nunca termina.  Aquí está el centro de la parábola. La compasión y la ternura son su rostro. El hijo va a él, pero él corre hacia su hijo: Si el alma busca a Diosmucho más la busca su Amado a ella (Juan de la Cruz, Ll 3,28). No le deja hablar, ni que sea esclavo.  El alma sale de sí y entra en Dios (CB 1,19).

El padre dijo a sus criados: Sacad enseguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado. Colorido de imágenes, siete gestos de amor. Abraza (se humilla más que el hijo); besa (efusivamente, como expresión del perdón); viste con una túnica nueva (el vestido viejo queda atrás); anillo (gesto inaudito con un derrochador); sandalias (privilegio de los hombres libres); ternero cebado (reservado para un día grande); fiesta (con lo mejor). Ha encontrado lo que había perdido (moneda perdida). Gran valor de la vida del hijo. No le importan los bienes perdidos, sino el hijo. Tira la casa por la ventana. El hijo encuentra las frescas mañanas de Dios. El fin de Dios es engrandecer al alma (LB 2,3).

Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado. Trabajador, fiel y obediente a su padre. Pero no sabe amar. Envidioso, duro: ese hijo tuyo. No se parece a su padre. Sus diálogos con los criados y con el padre no tienen ternura, no entiende el enigma que tiene delante. No dice padre, ni hermano. No entiende la alegría. Se resiste a entrar en la fiesta. No quiere que su padre sea padre sino juez inmisericorde. El padre también abandona la fiesta, para ir a su encuentro. La gracia es gratis, pero no barata (cf. Bonhoeffer).

Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado. El padre no trata a los dos por igual. El amor es creativo. Los mira con amor. La ascética y la mística caminan juntas, pero no se confunden. No se trata de estar sino de cómo se está. La relación del padre con el hijo se rige por el amor, la del hijo no. Inmenso valor de la relación y su verdadero fundamento. El mayor rechaza ser hijo. Es un extraño en la casa. La parábola no dice cuál fue la respuesta de los tres hijos; queda abierta para que nosotros le pongamos final. Todo lo mío es tuyo… Este hermano tuyo…

3.- Respuesta a la Palabra. Meditación

¿Qué imagen de Dios tienes? Si fueses el hijo pequeño, ¿cómo reaccionarías ante tanto amor? Si fueras el hijo mayor, ¿cómo reaccionarías? ¿Aprenderemos a vivir en comunidades acogedoras, con más ternura que recelo hacia los demás? ¿Imaginas un mundo reconciliado?

4.- Orar la Palabra

En este estado de vida tan perfecta siempre el alma anda interior y exteriormente como de fiesta, y trae con gran frecuencia en el paladar de su espíritu un júbilo de Dios grande, como un cantar nuevo, siempre nuevo, envuelto en alegría y amor en conocimiento de su feliz estado (LB 2,36). Contemplo tu misericordia entrañable, que acoge, abraza, perdona, recrea, lo hace todo nuevo. Contemplo tu mirada siempre nueva. Me quedo en silencio respondiendo a tu amor con mi callado amor, alabando y bendiciendo a Dios.

5.- Contar al mundo la nueva manera de vivir. Testigos.

Compromiso: Acercarnos al sacramento de la reconciliación para recibir la misericordia y experimentar el amor de Dios. 

Pedro Tomás Navajas, ocd

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