Invocación al Espíritu
Ven, Espíritu Santo. Ábrenos a la comprensión de tu Palabra.
Motivación. Para disponer el corazón.
El objetivo nuestro siempre es el ayudarnos al encuentro de oración. Somos unos privilegiados de tener el regalo de la fe y con esa fe vamos a entrar en la comprensión de este pasaje, algo difícil por cierto, del Evangelio de San Lucas. Este evangelista nos ha acompañado durante todo este año litúrgico, que termina el próximo domingo con la gran fiesta de Cristo Rey, que dará pasó al Adviento.
Nos acercamos a la Palabra para que Ella nos acerque al corazón de Dios
Buscamos encontrar en el Evangelio, una palabra espiritual, cercana, una palabra que, sobre todo, nos acerque al corazón de Dios, a ese amor de Dios que Él derrama en nuestros corazones. Y esa Palabra, por supuesto, nos llama, a un cambio de vida, a una conversión del corazón y de nuestras obras según el plan de Dios.
El texto del evangelio de Lucas corresponde a lo que se ha llamado el discurso escatológico de Jesús que aparece en los tres evangelios sinópticos, aunque con visiones diferentes. Escatológico quiere decir del final de los tiempos. Descubramos lo que Dios nos quiere decir, el sentido de esta Palabra: algo se acaba … pero algo nuevo está naciendo. Y eso nuevo es El que va a venir en Navidad y a lo que estos textos nos quieren preparar.
1. Lectura. Proclamación de la Palabra: Lucas 21,5-19
En aquel tiempo, como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, Jesús les dijo:
«Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida».
Ellos le preguntaron:
«Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?».
Él dijo:
«Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre diciendo: “Yo soy”, o bien: “Está llegando el tiempo”; no vayáis tras ellos.
Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico.
Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el fin no será enseguida».
Entonces les decía:
«Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes.
Habrá también fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo.
Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio.
Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.
Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán a causa de mi nombre.
Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».
2. Meditación. Lo que me dice la Palabra
V. 5-6 Y como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba…, Jesús les dijo: «… no quedará piedra sobre piedra…»
En primer lugar, Estamos ante la contemplación del templo de Jerusalén. Actualmente de aquel templo no queda prácticamente nada, un muro donde siguen orando los judíos. Pero en tiempos de Jesús, el templo acababa de ser renovado precisamente por el rey Herodes el Grande. En el centro, estaba el santuario, el sancta sanctorum, el lugar de la presencia de Dios, y en el centro del Santo de los Santos había una piedra, una piedra que los judíos decían que era la piedra sobre la que Dios había fundado el mundo. El mundo se edificó en torno a esa piedra y junto a esa piedra se ofrecían los sacrificios para el perdón de los pecados. Encima de esa piedra se colocó el Arca de la Alianza. Jesús conoció el Templo en todo su esplendor, pero los judíos que leen o escuchan este fragmento de Lucas, que se escribió hacia el año 80 ya saben que esta profecía se ha cumplido porque el templo ya está destruido. Pues bien, ante la contemplación de esta belleza Jesús responde: no quedará piedra sobre piedra. Lucas, nos está dando una catequesis. A Jesús no le interesa el fin del mundo sino la manera de vivir nuestra vida antes del fin del mundo. El templo de Jerusalén es el símbolo de un culto a Dios en el que los hombres dan algo para poder recibir algo de Dios, es un culto de te doy para que me des, sacrifico para que me bendigas etc.
El templo de Jerusalén es el signo de una relación con Dios, propia de comerciantes, no propia de un hijo hacia su padre. Jesús nos está diciendo, y Lucas lo quiere subrayar en esta catequesis, que la destrucción física del templo es imagen de la destrucción, en nuestra vida cristiana, de una idea de Dios y de una relación con Dios errónea. Jesús, nos está diciendo también a nosotros, llegarán días en que no quedara piedra sobre piedra de ese culto que tantas veces hemos dado a Dios, de esa especie de comercio espiritual en la que hemos convertido nuestra relación con el Padre. La piedra central es ahora Jesucristo la piedra angular que desecharon los constructores, y que viene a anunciar un Reino nuevo, no el final del mundo. Tenemos que destruir todo lo antiguo en nuestra relación con Dios, para dejarle hacer algo nuevo y maravilloso en nuestra vida. Y continúa la Palabra:
V. 7-19 Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal …?». Él dijo: «Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre diciendo: “Yo soy”, o bien: “Está llegando el tiempo”; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico…. Habrá también fenómenos espantosos … Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán… por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio. Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres…. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.
Estos versículos que pueden darnos miedo, en realidad contienen palabras con mucha luz. “No tengáis pánico” Lo primero que sintieron Adán y Eva cuando pecaron fue miedo, porque dejaron a Dios por la serpiente. El miedo es consecuencia de pensar que nuestra vida depende de nosotros, de los grandes del mundo. de los acontecimientos históricos… Nuestra vida está en las manos del Padre, y Jesús viene hoy a animarnos. Jesús viene a decirnos: no tengáis miedo de cambiar de vida, no tengáis miedo de apostar por Dios, he aquí que viene uno que es el nuevo templo de Dios, Jesucristo. Porque la piedra verdadera es Cristo.
¿Cuántos partidos políticos, cuántas instituciones, organizaciones, gobiernos se han presentado a sí mismos como los nuevos mesías, los nuevos salvadores? ¿Y cuántas veces hemos puesto nuestra confianza en personas o en cosas que a la larga nos han defraudado? “No vayáis tras de ellos”
Todo esto que Jesús está mostrándonos en un lenguaje apocalíptico es una descripción de lo que sucede en torno a nosotros, alrededor de los cristianos, cuando se toman en serio su vocación. Esto es lo que nos dice Jesús: el día que decidas destruir el templo de tu antiguo culto a Dios, será difícil, es posible que lo paséis mal, pero estamos en las manos de Dios. Los tiempos difíciles no han de ser tiempos para los lamentos, y el desaliento. No es la hora de la resignación, la pasividad o la dimisión. La idea de Jesús es otra: en tiempos difíciles «tendréis ocasión de dar testimonio», testigos humildes pero convincentes de Jesús, de su mensaje y de su proyecto. No es tiempo de pensar en el “fin del mundo”. Es tiempo de extender el reino de Dios, de anunciar a Jesús que quiere llegar a todos para hacer un mundo nuevo, es decir, hombres y mujeres que le sigan con perseverancia, sabiendo que él nos dará palabras y sabiduría para hacerlo. Sólo la perseverancia en el seguimiento de Jesús nos dará la salvación.
3. Oración. Lo que yo le respondo a la Palabra
Pide al Señor que nos recuerde la certeza de que todo lo terrenal es pasajero y que sólo la vida en Dios es eterna. Danos la sabiduría de confiar y seguir solamente, al que tiene Palabras de Vida Eterna.
Pídele también la gracia de la perseverancia, porque el seguirle no es fácil. Que nos conceda vivir siempre con alegría bajo su mirada, ya que la felicidad plena y duradera consiste en servirle a él.
Da gracias al Señor, porque Él nunca te suelta de la mano y te da las palabras de sabiduría necesarias y la fe. (2 Co 12, 9-10; Rm 8,35.37)
Alaba a Dios porque Jesucristo es nuestra piedra angular a la que no le ha importado ser desechada y sacrificada por nuestra salvación.
4. Contemplación. Silencio con la Palabra
Contempla, sin palabras, la hermosura de Jesús. “Oh hermosura que excedéis” Santa Teresa
5. Acción. Vive la Palabra Sabiéndome en las manos de Dios doy testimonio auténtico de Jesús y de su mensaje.
Teresa Gárriz, nsv