Invocación al Espíritu
En María siempre su moción fue por el Espíritu Santo (San Juan de la Cruz). Y también en José. Gemido y promesa se abrazan.
AMADO MÍO, ¿ADÓNDE ESTÁS, AMADO MÍO?
El Espíritu Santo hace que José viva todo como un proceso de crecimiento y de maduración en la fe.
Motivación. Para disponer el corazón.
Una palabra habló el Padre, que fue su Hijo, y esta habla siempre en eterno silencio, y en silencio ha de ser oída del alma
(San Juan de la Cruz, Dichos de Luz y Amor, 99).
BUSCANDO MIS AMORES… IRÉ BUSCANDO MIS AMORES.
A la espera de la Palabra. Con la lámpara encendida. Contexto.
Estamos ante un relato prodigioso, ante un nuevo comienzo por la obra del Espíritu Santo. Jesús debe su existencia humana a la obra creadora de Dios. Todo es gracia. La mano de Dios es evidente en cada paso del relato. El sueño o anunciación de José nos puede ayudar a profundizar en el misterio de Dios y a vivir en él.
Proclamación de la Palabra: Mateo 1,18-24
La generación de Jesucristo fue de esta manera:
María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
«José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados».
Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que habla dicho el Señor por medio del profeta:
«Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Emmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”».
Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer.
1.- Fecundidad de la Palabra
La generación de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. Cosa de familia, cosa de dos. Lo que sucede en María afecta a José. Entramos en la admirable espera de dos deposados, María y de José; con ellos esperamos la acción del Espíritu. El nacimiento es fruto del Espíritu, danza inacabable de ternura, paz para un mundo herido por la violencia. El Espíritu nos enseña a esperar a Jesús; siempre se alegra de mostrar a Jesús. Con su fuerza y alegría, consentimos –hágase de María y de José- que el misterio de amor de Jesús se encarne en nuestra vida y embellezca el mundo con su bondad, con su bendición y gracia. La intervención divina es evidente.
Entonces llamó a -un arcángel / que san Gabriel se decía,
y enviólo a una doncella / que se llamaba María,
de cuyo consentimiento / el misterio se hacía;
en la cual la Trinidad / de carne al Verbo vestía;
y aunque tres hacen la obra, / en el uno se hacía;
y quedó el Verbo encarnado / en el vientre de María (J. de la Cruz).
José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: El clima de silencio acompaña todo lo relacionado con la figura de José, no hay alboroto. Entramos en la anunciación de José, modelo admirable de fe, que se pone al servicio de la novedad que se le presenta de un modo desconcertante, en circunstancias extraordinarias y desafiantes. En aquel contexto lo que había sucedido a María era un desafío grave a la fidelidad y al compromiso mutuo. La intervención del ángel le proporciona una comprensión divina de la situación. Dios le cambia los planes; ahora llevará dentro el misterio de Jesús. José enseña que en todo lo que nos pasa hay que escuchar el plan de amor de Dios.
José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados. Presencia del Espíritu Santo creador. El Señor es salvación, libera del pecado, reconcilia. En el plan de Dios es fundamental la encarnación del Mesías. Por su sí José se convierte en custodio crucial de la verdad divina y en colaborador del plan salvífico. Estamos ante un cuadro estimulante: un hombre con una gran estatura en su fe, que no es eximido de las vacilaciones y temores ante las situaciones difíciles, es capaz de dar el salto y abandonarse a la gracia iluminadora de Dios. El ángel le dice: No temas acoger. Así atraviesa la cortina oscura y se abre participativamente al gran horizonte de la salvación que se inaugura en Jesús. La misión de José es la de poner nombre a la promesa: Jesús, en hebreo Jeshua o jehoshua, y que significa Dios es salvación. Jesús revela la esencia de su misión redentora. Él es el salvador del hombre, quien recupera a las personas perdidas en su lejanía de Dios para traerlas de nuevo a la comunión plena con Él, toma sobre sus hombros a su pueblo y lo conduce a la plenitud de vida. ¿Qué puede ser una Navidad sin nombrar a Jesús, sin alegrarnos en él? Después de veinte siglos, los cristianos hemos de aprender a pronunciar el nombre de Jesús de manera nueva: con cariño y amor, con fe renovada y en actitud de conversión. Te diré mi amor, Rey mío, cuando el corazón se inflame y la luz llene los ojos y la sonrisa se ensanche.
Todo esto sucedió para se cumpliera lo que había dicho el Señor por medio del profeta: Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Emmanuel, que significa ‘Dios con nosotros’. Dios no nos abandona. En la base de la obra de Dios en el mundo está Jesús, a quién Él le dio la existencia, el nombre y la misión. Jesús es el regalo, el don auténtico de Dios a su pueblo, para que no sufra más con tanta maldad, para que viva plenamente en la comunión con Él y con los hermanos, porque Él es el “Dios que está con nosotros”. Decir Enmanuel y decir Jesús, para el evangelista, es lo mismo, porque Dios está salvándonos y liberándonos. Nos acercamos al icono de María y de José para empaparnos del amor que Dios nos tiene, para entrar en la revolución de la ternura, para ser ante sus ojos de amor. Jesús es el Dios con nosotros: este es el milagro de la Navidad. ¡Qué admirable cercanía! ¿Hay algo más bello y grande en esta vida? Nuestra tristeza infinita sólo se cura con un infinito amor (Papa Francisco).
Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer.Al despertar me saciaré de tu semblante. José se despierta y confía en la palabra divina, opta por un profundo compromiso con Dios, hágase. Vivirá en obediencia y amor, cuidando de María y del niño. José es un ejemplo poderoso de fidelidad y confianza en Dios, que le lleva a jugar un papel fundamental en el plan de Dios. Acepta el plan de Dios y se convierte en participante crucial en la historia de la salvación. José y María han dicho sí a Dios y la casa se ha llenado de ternura y de esperanza; la casa es ahora un manantial de alegría donde nuestras fatigas encuentran consuelo. Gracias a José y a María, también nosotros podemos llevar el misterio de Jesús a nuestra casa y podemos celebrar la Navidad con gozo y gratitud, con adoración y envío misionero, con justicia y servicio a los más pobres.
2. Respuesta a la Palabra. Meditación
Como Ajaz, ¿voy a dejar que esta fiesta de Navidad pase superficialmente, sin transformar mi vida? O, como José, ¿voy a escuchar lo que Dios me comunica por medio de su Palabra y voy a actuar según su voluntad, acogiendo a Jesús en mi corazón?
3. Orar la Palabra
Pronuncio en mi interior el nombre de Jesús, Jesús… Oro diciendo suavemente Jesús, Jesús… OH JESÚS, OH JESÚS, AMOR MÍO
4. Contar al mundo la nueva manera de vivir. Testigos.
Los hombres decían cantares, / los ángeles melodía,
Festejando el desposorio / que entre tales dos había.
Pero Dios en el pesebre / allí lloraba y gemía,
Que eran joyas que la esposa /al desposorio traía.
Y la Madre estaba en pasmo / de que tal trueque veía:
El llanto del hombre en Dios, / y en el hombre la alegría,
Lo cual del uno y del otro / tan ajeno ser solía (J. de la Cruz).
Villancico: SOY UN POBRE PASTORCILLO, QUE CAMINA…
Pedro Tomás Navajas, ocd