RETIRO DE ADVIENTO. “Esperanza de cielo tanto alcanza cuanto espera”

«Cuando llegó la plenitud del tiempo…» (Gál 4, 4-6)
«Ya que el tiempo era llegado…» (San Juan de la Cruz, Romance 7)

 1. Acogida y ambietación

Breve saludo y explicación del sentido del día: Adviento como tiempo de espera, de silencio y de esperanza.
Invitación a guardar silencio exterior e interior.
Señal de la cruz y momento de respiración orante.

2. Oración inicial

Señor, en este día de silencio venimos a ti como hijos e hijas que esperan.
Tú que enviaste a tu Hijo en la plenitud de los tiempos,
abre en nosotros un espacio de confianza,
para que tu Espíritu clame en nuestro corazón: “¡Abbá, Padre!”.
Haz de este retiro un lugar de encuentro contigo,
Dios que vienes, Dios que esperas, Dios que renuevas. Amén.

Silencio breve.

3. Lectura bíblica: Gálatas 4, 4-6

“Cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción filial. Como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: «¡Abba, Padre!» (Gálatas 4, 4-6).

Se invita a escuchar desde dentro, dejando que la Palabra toque el corazón.

Pistas para después del silencio:

¿Qué significa “la plenitud del tiempo” para mí?
¿Qué rescate necesito en este momento de mi vida?
¿Qué lugares de mi vida necesitan escuchar hoy “Abbá, Padre”?

Silencio prolongado

4. Introducción al Romance 7 de San Juan de la Cruz

San Juan de la Cruz contempla la Encarnación como el momento supremo de la Esperanza:

Dios ve a la “esposa” (la humanidad) oprimida bajo un yugo.
El Padre, movido por amor tierno, envía al Hijo.
El Hijo se ofrece libremente.
Se inaugura un tiempo nuevo: el rescate, la liberación, la cercanía definitiva.

Este Romance nos muestra un Dios que toma la iniciativa, que ve, que baja, que ama, que viene a buscarnos.

5. Lectura del Romance 7 (proclamado en dos voces)

Es recomendable hacerlo lento, pausado, contemplativo.

Voz 1 – El Padre hablando al Hijo

«Ya que el tiempo era llegado
en que hacerse convenía
el rescate de la esposa,
que en duro yugo servía
debajo de aquella ley
que Moisés dado le había,
el Padre con amor tierno
de esta manera decía:
–Ya ves, Hijo, que a tu esposa
a tu imagen hecho había,
y en lo que a ti se parece
contigo bien convenía;
pero difiere en la carne
que en tu simple ser no había.
En los amores perfectos
esta ley se requería:
que se haga semejante
el amante a quien quería;
que la mayor semejanza
más deleite contenía;
el cual, sin duda, en tu esposa
grandemente crecería
si te viere semejante
en la carne que tenía».

Voz 2 – Respuesta del Hijo

«–Mi voluntad es la tuya
–el Hijo le respondía–,
y la gloria que yo tengo
es tu voluntad ser mía,
y a mí me conviene, Padre,
lo que tu Alteza decía,
porque por esta manera
tu bondad más se vería;
verase tu gran potencia,
justicia y sabiduría;
irelo a decir al mundo
y noticia le daría
de tu belleza y dulzura
y de tu soberanía.
–Iré a buscar a mi esposa,
y sobre mí tomaría
sus fatigas y trabajos,
en que tanto padecía;
y porque ella vida tenga,
yo por ella moriría,
y sacándola del lago
a ti te la volvería»

Breve silencio para dejar resonar las palabras.

6. Meditación guiada: La esperanza nace del encuentro entre el Amor del Padre y la entrega del Hijo

1. “Ya que el tiempo era llegado…” – El Padre ve y actúa

Dios no se queda indiferente ante la opresión de su pueblo.
La esperanza nace cuando descubrimos que Dios mira nuestra vida.
¿Cuáles son hoy mis yugos? ¿Qué “duros trabajos” cargo?

2. “Mi voluntad es la tuya…” – El Hijo se entrega libremente

¿Dónde me cuesta creer que Dios quiere rescatarme?
Jesús no viene obligado, sino por amor, por deseo de rescate.
La esperanza florece cuando sabemos que Cristo nos quiere y nos busca.

3. “Iré a buscar a mi esposa…” – Cristo que viene hacia nosotros

La esperanza no es un esfuerzo humano, sino la respuesta al Dios que se acerca.
El Adviento es este movimiento: un Dios que camina hacia nosotros.
¿Cómo puedo abrirme hoy a este Dios que viene?

Silencio largo. Con posibilidad de dispersarse en la capilla o el jardín.

7. Trabajo personal con la Palabra

En cuaderno o en silencio interior:

Preguntas guía:

¿Qué significa para mí: “Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo”?
¿Qué palabra o imagen del Romance me ha tocado más?
¿Qué necesidad de rescate experimento hoy en mi vida?
¿Qué resistencia o miedo me impide vivir la esperanza?
¿Qué gesto concreto puedo hacer para abrirme a la acción del Espíritu?

8. Oración ante el Santísimo (20 min)

Se lleva al grupo a la capilla.
Exposición del Santísimo.

Frases para acompañar el silencio (cada 3–4 min):

«Ya que el tiempo era llegado…»
«Mi voluntad es la tuya…»
«Iré a buscar a mi esposa…»
«Abbá, Padre…»
«El Padre envió a su Hijo para rescatarnos.»

Silencio profundo y adorante.

9. Oración comunitaria de esperanza

Señor, Dios de la Esperanza,
tú que en la plenitud del tiempo enviaste a tu Hijo
para liberarnos y hacer de nosotros hijos en el Hijo,
mira hoy nuestra pobreza y nuestras sombras.

Envía tu Espíritu a nuestros corazones
para que podamos clamar con verdad: “Abbá, Padre”.
Danos un corazón que espere,
que confíe,
que se deje encontrar por ti.

Que la Palabra del Padre
y el Amor del Hijo
renueven nuestra vida,
y que la esperanza que nace del Evangelio
sea para nosotros luz en medio de toda noche.
Amén.

10. Bendición final

Que el Señor, que viene a rescatar y sanar,
ilumine vuestro corazón con la esperanza de Cristo.
Que el Espíritu grabe en vosotros el nombre del Padre.
Que María, Virgen del Adviento,
os acompañe en la espera confiada.
Y que el Dios de la luz y de la paz
os bendiga hoy y siempre. Amén.

CIPE.

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