Lunes, 22 de diciembre
“Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador… El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos” (Lc 1, 46-56).
El Magníficat es un canto de gratitud y fe en el que María proclama la grandeza del Dios de los pobres, que hace maravillas en quienes confían en Él. Es el Dios que actúa con misericordia. En el Magníficat la verdadera alegría nace de reconocer la acción de Dios en la vida, y se convierte en voz de los pobres y anuncio profético de un mundo nuevo donde triunfan la misericordia y la esperanza. Nos invita a mirar la vida con gratitud, a confiar en el amor fiel de Dios que transforma la historia
Señor, Dio, llena de tu Espíritu nuestro corazón,para que vivamos en alegría y esperanza.
Martes, 23 de diciembre
“A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y se alegraban con ella” (Lc 1, 57).
El nacimiento de Juan desata la alabanza y confirma que Dios cumple su palabra. La familia y los vecinos se alegran porque la misericordia del Señor se hace visible en lo pequeño: un niño y un nombre cargado de misión. Zacarías recupera la voz al unirse a la voluntad de Dios, y su bendición contagia fe.
El Adviento nos invita a descubrir los signos de vida y esperanza, confiar en la fidelidad de Dios y preparar, como Juan, un camino para que Cristo sea reconocido en lo cotidiano de nuestra vida.
Convierte nuestras familias en hogares de fe, y a nuestras comunidades en talleres de comunión y misión.
Miércoles, 24 de diciembre
“Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación… Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz” (Lc 1,67-79).
El cántico de Zacarías proclama la visita de Dios que libera del miedo y abre caminos de paz. Su misericordia cumple las promesas y nos llama a servir con santidad en lo cotidiano: elegir el bien, pedir perdón y sostener a los frágiles.
El Adviento nos llama a bendecir a Dios por su fidelidad, a reconocer la luz de Cristo en nuestras sombras y a prepararnos para recibirlo cada día como amanecer de misericordia, libertad y paz. En víspera de Navidad, abramos la puerta del corazón: Dios viene a habitar entre nosotros y a guiarnos con su luz, su amor y su paz.
Espíritu Santo, guíanos por caminos de justicia y paz, y fortalece nuestra fe para preparar con amor la venida del Salvador.
Los que formamos la familia del CIPE os deseamos una ¡Feliz y Santa Navidad!
Que el Niño Dios llene vuestros hogares de luz, alegría, paz y esperanza, y que María, su Madre, os acompañe en el camino de la fe.
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