“Este es mi Hijo amado”
1. Disposición interior
Nos ponemos en presencia de Dios.
Buscamos un lugar de silencio.
Respiramos hondo y dejamos que el corazón se aquiete.
Hacemos lentamente la señal de la cruz, recordando que hemos sido bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Pedimos la gracia de volver al origen, de escuchar de nuevo la voz del Padre y de renovar nuestra identidad de hijos amados.
2. Invocación al Espíritu Santo
Ven, Espíritu Santo, agua viva que desciende sobre Jesús en el Jordán.
Abre nuestro corazón para acoger la Palabra, haznos dóciles al misterio y condúcenos al silencio donde Dios habla.
3. Proclamación del Evangelio de san Mateo 3,13-17
“En aquel tiempo, vino Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara.
Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole:
«Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?».
Jesús le contestó:
«Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia».
Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él.
Y vino una voz de los cielos que decía:
«Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».
Leemos el texto despacio, sin prisa. Si es posible, lo hacemos dos veces, dejando que alguna palabra o gesto nos toque interiormente.

4. Contemplación orante
Imaginamos la escena.
Jesús se acerca al Jordán. No se impone, no exige, no se separa. Hace fila con los pecadores. Entra en el agua como uno más.
Contemplamos su humildad. El Hijo de Dios se sumerge en nuestra condición para solidarizarse con nuestra historia.
El cielo se abre.
El Espíritu desciende.
La voz del Padre resuena:
“Este es mi Hijo amado,
en quien me complazco.”
Permanecemos en silencio. Dejamos que esta palabra caiga sobre nosotros.
5. Interiorización
Nos preguntamos suavemente, sin forzar respuestas:
¿Qué me dice hoy Jesús al entrar en el Jordán conmigo?
¿Qué aguas de mi vida necesita Él habitar y bendecir?
¿Me dejo mirar como hijo, como hija amada del Padre?
Santa Teresa nos recuerda que el camino espiritual es volver al interior, donde Dios habita y se comunica. Y san Juan de la Cruz enseña que solo en el silencio y el despojo podemos escuchar la voz verdadera. Francisco Palau nos dice: La obra grande de Dios en el hombre se labra en el interior.
Permanecemos un momento en quietud, dejando que Dios nos mire.
6. Renovación bautismal
En el silencio del corazón, decimos:
Señor Jesús,
gracias por haber entrado en nuestras aguas.
Gracias por mi bautismo,
por la vida nueva que me regalaste
y por llamarme hijo, hija, amada.
Renuncio a vivir desde el miedo
y elijo vivir desde la confianza.
Renuevo hoy mi deseo de seguirte,
de caminar en humildad
y de dejarme guiar por tu Espíritu.
7. Oración final
Padre bueno,
que en el Jordán revelaste el rostro de tu Hijo,
haznos vivir cada día desde nuestro bautismo.
Que sepamos escuchar tu voz
en medio del ruido del mundo,
creer que somos amados
y caminar como hijos de la luz.
Que el Espíritu Santo nos conduzca
por los caminos de la fidelidad,
hasta que toda nuestra vida
sea una alabanza a tu amor. Amén.
CIPE