MEMORIA AGRADECIDA ANTE EL SEÑOR SACRAMENTADO
Señor Jesús, presente en este Sacramento de amor, en esta tarde que cierra el año 2025, venimos a Ti con un corazón humilde y agradecido. Nos reunimos para hacer memoria agradecida, para reconocer tu paso por nuestra historia y para ofrecerte lo que somos y lo que vivimos.

1. RECORDAR: Algunos acontecimientos mundiales
Señor, hoy traemos ante Ti los acontecimientos que han marcado nuestro mundo este año 2025: los conflictos que aún hieren a pueblos enteros, las tensiones sociales, las migraciones forzadas, las crisis económicas que han golpeado a tantos hermanos, las guerras sin sentido que matan a miles de seres humanos, las víctimas de las catástrofes climáticas, y tantos otros acontecimientos que nos han herido y sobrecogido el ánimo.
Te presentamos también los signos de esperanza que has suscitado en tantas gentes de buena voluntad: gestos de solidaridad, avances en el cuidado de la vida, esfuerzos por la paz y por la justicia, descubrimientos científicos y novedades tecnológicas que favorecen las comunicaciones y la convivencia fraterna entre los pueblos, aumento notable de la ayuda humanitaria y progresos en la sostenibilidad ambiental.
La Iglesia sigue siendo un lugar de esperanza, incluso en tiempos de dificultades y crisis, gracias a sus obras y a las personas que la componen. Recordamos a la Iglesia extendida por el mundo, sus alegrías y sus pruebas, el testimonio de quienes anuncian el Evangelio en lugares difíciles, la vida de las comunidades que continúan firmes en la fe, los gestos proféticos de misericordia que nos recuerdan que Dios sigue actuando entre su pueblo. Los miles de «Peregrinos de esperanza» que han emprendido el camino para renovar su fe, buscar la reconciliación y vivir con confianza en este año especial para la Iglesia. Finalmente, recordamos el nombramiento del Papa León XIV, quien, en su primer saludo, nos ofreció un mensaje de paz y unidad para todos.
Todo lo ponemos ante Ti, Señor, en espíritu de adoración.
(Breve silencio adorante).
2. ADORAR AL SEÑOR
Señor Jesús, Hijo de Dios vivo,
adoramos tu presencia humilde en la Eucaristía.
Tú permaneces con nosotros, incluso cuando el mundo oscurece,
incluso cuando nuestras fuerzas flaquean.
Eres la luz que no se apaga,
la paz que no nos quita nadie,
la esperanza que sostiene el caminar de tu Iglesia.
Hoy queremos decirte:
“¿Quién podrá apartarnos de tu amor, si Tú eres nuestro Bien y nuestro Todo?”
(Silencio de adoración)
3. PEDIR PERDÓN
Señor, ante tu presencia reconocemos también nuestras sombras.
Perdónanos por las veces en que hemos vivido lejos de tu Evangelio.
Por nuestras incoherencias, tibiezas, indiferencias.
Perdónanos por no ver el sufrimiento de tantos hermanos,
por nuestra complicidad —a veces silenciosa—
con estructuras de injusticia, pobreza y desigualdad.
Lava nuestro corazón, Señor, renuévanos por dentro
y concédenos un espíritu humilde y reconciliado.
(Silencio penitencial)
4. DAR GRACIAS
Y ahora, Señor, queremos agradecerte.
Gracias por los dones recibidos en este año que termina:
por la vida y la salud,
por el trabajo y el descanso,
por la familia, los amigos,
la comunidad cristiana que nos sostiene.
Gracias por los momentos de luz que nos has regalado
y por los logros que hemos tenido,
en todo nos has acompañado.
Gracias también por los momentos difíciles,
por las noches oscuras, la enfermedad y la fragilidad.
Gracias porque en todo ello
hemos sentido Tu presencia amorosa que nos sostiene
cuando ya no tenemos fuerzas.
Te bendecimos porque en la oscuridad
Tú sigues obrando en silencio,
purificando el corazón y enseñándonos a confiar,
como camino escondido hacia Ti.
Aun sin entender, sabemos que no nos abandonas.
Gracias, Señor, porque en la dificultad y la pobreza interior
aprendemos que solo Tú bastas
y que nada puede apartarnos de Tu amor.
Gracias por tu Palabra,
por tu perdón que siempre nos levanta,
por la fe que nos sostiene,
por la esperanza que nos guía,
por el amor que hace fecunda nuestra existencia.
Recibe nuestra gratitud humilde y confiada.
En Ti descansamos.
(Silencio agradecido).
5. OFRECER EL AÑO QUE VIENE
Señor, ponemos en tus manos el tiempo que viene.
No sabemos lo que nos traerá,
pero queremos vivirlo contigo.
Te ofrecemos lo que somos y lo que tenemos:
nuestra disponibilidad para servir,
nuestros dones y nuestras pobrezas,
nuestra familia, nuestra comunidad, nuestra parroquia.
Haznos instrumentos de tu paz,
testigos de tu Evangelio,
servidores de los más frágiles.
Que el nuevo año sea para nosotros
un camino de encuentro contigo,
un tiempo de gracia,
una Navidad prolongada donde Tú sigas naciendo
en nuestra vida y en nuestro mundo.
ORACIÓN FINAL
Señor Jesús,
Caminante de nuestras noches y amaneceres,
te confiamos lo vivido, lo que somos y lo que esperamos.
Permanece con nosotros en este paso de un año a otro,
y haz que, guiados por tu Espíritu,
vivamos como hijos amados del Padre.
Que María, Madre del Carmelo y Madre de la Iglesia,
nos acompañe y nos cubra con su manto de ternura
para que, en todo,
siempre te busquemos, te encontremos y te amemos. Amén.
CIPE.