EVANGELIO DE LA PRIMERA SEMANA DE PASCUA

Lunes, 6 de abril

“Jesús salió al encuentro y les dijo: Alegraos” (Mt 28,9)

Señor Jesús, amanecemos en tu Pascua con el corazón abierto y lleno de alegría. Tu luz rompe las sombras y despierta nuestra esperanza. Vivimos situaciones que nos abruman y el ánimo se decae, pero la alegría de la Pascua alivia nuestras preocupaciones y tristezas, nos pone la luz de Jesús en el corazón para recrear la casa de todos.

Espíritu Santo, renueva nuestro corazón, fortalece nuestra fe y enciende la alegría misionera para anunciar que tú vives.

Martes, 7 de abril

“María Magdalena fue y anunció a los discípulos: He visto al Señor” (Jn 20,18)

Señor Jesús, vencedor de la muerte. Tu saludo pascual cura nuestros temores y nos dispone a anunciar la Vida nueva. Tu palabra se hace hoy en nosotros camino y misión. Renueva nuestra esperanza, enciende nuestra fe y ensancha nuestra caridad para que, donde haya sombras, llevemos tu luz; donde haya mentira, tu verdad; donde haya miedo, tu paz, donde haya tristeza el gozo de tu pascua.

Santa María, Madre del Resucitado, acompáñanos para anunciar con alegría  que Cristo vive.

Miércoles, 8 de abril

“Ellos contaron cómo lo habían reconocido al partir el pan” (Lc 24,35)

Jesús resucitado sale a nuestro encuentro, nos escucha y nos ilumina con su Palabra, transformando la desilusión en esperanza. Se revela en la fracción del Pan y nos envía a anunciarlo. La Iglesia vive de la Palabra y la Eucaristía; acompañados por Él, somos llamados a salir al mundo como testigos alegres, con una fe que se hace servicio

Señor, quédate con nosotros, enciende nuestro corazón y envíanos como testigos alegres de tu Pascua.

Jueves, 9 de abril

“Vosotros sois testigos de esto” (Lc 24,48)

El Resucitado se hace presente en medio de los suyos, transformando el miedo en paz. Jesús acoge la fragilidad de los discípulos, les muestra sus llagas y les hace comprender que el Crucificado es el mismo que vive. La Pascua se entiende a la luz de la Palabra, y la Palabra alcanza su plenitud en la Eucaristía. La paz del Resucitado no es solo un sentimiento de tranquilidad, sino una presencia viva y poderosa que transforma el interior del alma.

Padre de misericordia, quita de nosotros el miedo, alimenta nuestra vida con tu Palabra y tu Pan, y haznos capaces de pedir perdón y ofrecerle con un corazón nuevo.

Viernes, 10 de abril

“Es el Señor” (Jn 21,8)

Señor Jesús, amanecemos a la orilla de tu mar en este día de Pascua. Hemos trabajado en vano tantas noches, y tú nos esperas con brasas encendidas y pan partido. Llama a nuestra barca cansada, enséñanos a obedecer tu palabra sencilla y a reconocer tu voz en lo cotidiano. Que tu paz deshaga la frustración y tu presencia transforme el trabajo de cada día en comunión y misión.

Señor, entra en nuestra vida diaria, danos tu paz y haznos servidores alegres.

Sábado, 11 de abril

“Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación” (Mc 16,15)

Quien ha encontrado al Resucitado no puede guardar la alegría para sí: anunciar es fruto natural del encuentro con el Viviente. En esta Pascua la Iglesia recuerda su vocación misionera, sostenida por la fuerza del Espíritu Santo. Estamos llamados a acoger el testimonio de la comunidad y de los santos, a creer con un corazón sencillo y a llevar la Buena Noticia a la vida cotidiana. Donde se obedece al envío, la alegría pascual se extiende y el mundo recibe esperanza.

Espíritu Santo, llena nuestro corazón de valentía, paciencia y alegría para la misión.

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