Lunes, 11 de mayo
«El Espíritu de la verdad dará testimonio de mí» (Jn 15,26)
Jesús nos deja el Espíritu de la verdad. La mayor parte de los habitantes del planeta se declaran creyentes, y esto debería provocar a las religiones a entrar en un dialogo entre ellas orientado al cuidado de la naturaleza, a la defensa de los pobres, a la construcción de redes de respeto y de fraternidad. El diálogo, la búsqueda de la verdad se hace caminando. ¿Nos quedaremos al margen? Vivir la Pascua es hacer eso poquito que está en nosotros para cuidar la casa de todos.
Ven, Espíritu Santo. Que la mentira del mundo no me alcance. Guíame a la verdad completa.
Martes, 12 de mayo
«Os conviene que yo me vaya» (Jn 16,7)
Cuando Jesús se va y parece que ya no puede darles nada, les da el regalo mejor: el Espíritu Defensor. El Espíritu, que les va a acompañar en el camino de la alegría, de la experiencia de Dios en lo más profundo de sí mismos. Él va a transformar su miedo en valiente testimonio.
Orar es acoger el don del Espíritu y aprender a caminar con su luz y verdad
Miércoles, 13 de mayo
Bienaventurada Virgen María de Fátima
«El Espíritu de la verdad os guiará hasta la verdad plena» (Jn 16,13)
El Espíritu nos acerca a la verdad de Jesús, centro y meta del universo; nos empuja a recorrer terrenos inexplorados de la verdad de Jesús. En cada época nos sorprende con nuevos aspectos de su Evangelio. Nos coloca en la gracia. Como miembros de una comunidad global, nos enseña caminos sinodales y solidarios.
Espíritu Santo, maestro interior, ilumina nuestro corazón y danos paz. María, Virgen de Fátima, acompáñanos para confiar siempre en el amor de Dios y caminar hacia la plena comunión.
Jueves, 14 de mayo
San Matías, apóstol
“No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros” (Jn 15,17).
Jesús llama amigos a quienes guardan su palabra, los invita a una comunión de vida y misión, y los envía a dar fruto con entrega, fidelidad y servicio humilde. La Pascua nos impulsa a vivir como enviados, sabiendo que el Señor sostiene siempre nuestra misión para que el mundo crea.
Espíritu divino enséñame a valorar a cada persona por lo que es, no por lo que tiene. Haz mi vida sencilla, que goce de lo más simple, de las cosas gratuitas de la vida.
Viernes, 15 de mayo
San Isidro Labrador
«Nadie os quitará vuestra alegría» (Jn 16,22)
Los acontecimientos que se nos han echado encima no pueden quitarnos la alegría de vivir. El gozo de la comunidad estriba en la presencia de Jesús resucitado. La alegría es la mejor respuesta a Dios, al don de la resurrección, es la mejor fragancia que podemos ofrecer a los demás. La fuerza del Espíritu nos impulsa a ser creativos, a buscar las fuente de la felicidad no en lo que pasa, sino en aquellos valores que duran para siempre.
Señor, cada día me miras a los ojos para ver si estoy alegre. Señor, cada día vienen a mí los tristes, ayúdame a darles tu alegría.
Sábado, 16 de mayo
«Si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará» (Jn 16,23)
La oración nace de la fe y de la certeza de que el Padre nos ama. Esta confianza transforma nuestra manera de orar, ya no desde el miedo, sino como hijos reconciliados. Unidos a Jesús, descubrimos que la alegría completa no depende de obtener todo lo que pedimos, sino de sabernos amados y escuchados por Dios.
Padre, ¡qué amigo eres de dar! Nada se te pone por delante. Gracias.