Lectura orante del Evangelio: Mateo 28,16-20
Custodiar las voces y los rostros humanos significa cuidarnos a nosotros mismos (Papa León, Jornada de comunicaciones sociales).
Al verle le adoraron; algunos sin embargo dudaron. Llevamos la fragilidad humana a cuestas, como muro protector contra toda vanidad. Pero el Espíritu nos ayuda a descubrir la presencia viva de Jesús, a custodiar las voces y los rostros humanos, sin que nada los manipule. Jesús es amigo de la verdad y nos orienta a buscarla. Quien busca la verdad busca a Dios, sea de ello consciente o no (Edith Stein). Necesitamos custodiar el don de la comunicación como la verdad más profunda del hombre (Papa León).
Jesús se acercó a ellos.
Jesús es fuente fecunda de verdad, presencia amiga y verdadera, fresca mañana para nuestras noches. Lo adoramos. Al mirarlo se pone en pie nuestra esperanza, manteniendo vivo el anhelo de eternidad que ha preparado para nosotros. Acercándose, nos regala un horizonte sin límites, una esperanza más definitiva que supera nuestra condición caduca y mortal. Jesús no nos deja solos, es miel en la boca, melodía en el oído, júbilo en el corazón. La oración nos permite estar con Jesús.
Permanecemos así, en oración, junto a la Virgen María para acoger el Espíritu Santo.
‘Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra’.
Lo sabemos: la inteligencia artificial no puede dar al ser humano lo que anhela y busca. Jesús, sí. Jesús abre horizontes. Todo lo suyo es para nosotros. Se alegra de ser Dios para poder darse como Dios (San Juan de la Cruz).Todas las demás verdades dependen de esta verdad como todos los demás amores de este amor (Santa Teresa de Jesús). El poder de Jesús nos capacita para escuchar las preguntas de los tiempos nuevos y ofrecer respuestas esperanzadas que abran caminos de vida eterna, que no engañen. Y todo esto se teje en la oración.
Te cantamos: A Ti la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Id y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Ligeros de equipaje, sin mirar hacia atrás, el Espíritu nos desafía y nos empuja a una aventura fascinante: que haya en el mundo muchos hombres y mujeres como Jesús, que vivan y amen como Él, que aporten ternura y fortaleza a los más débiles como Él, que den voces a favor del amor y la justicia como Él, que siembren los caminos de alegría como Él, que respeten al ser humano y no lo manipulen como Él.
Espíritu Santo, tú nos fortaleces para dar testimonio de Jesús.
‘Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo’.
¡Qué promesa tan hermosa de Jesús! El misterio último de la realidad es un misterio de amor salvador. Cuando queremos progresar hacia un mundo más digno y más humano, y vemos, a la vez, que crece el desencanto, el escepticismo y la incertidumbre ante el futuro, Jesús nos dice que está con nosotros siempre. Aunque todo cambie, Jesús no cambia su promesa. Nuestra alegría proviene de saber que Jesús es fiel; su fidelidad es garantía de nuestra fidelidad. La oración es ese ejercicio diario, que permite que Jesús no se ausente de nuestra memoria.
Cantamos contigo, Señor. Donde Tú estás, estaremos nosotros.
Feliz día de la Ascensión, como camino de verdad – CIPE, mayo de 2026