Lectura orante del Evangelio: Juan 14, 15-21

“Necesitamos hombres y mujeres llenos del Espíritu Santo” (Papa Francisco).   

Yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad.

La pandemia ha roto el mundo de buenos y malos que habíamos creado, ha socavado los cimientos de una sociedad ensimismada que había descuidado el cuidado de los mayores, la cercanía a los encarcelados, la atención amorosa a las personas más vulnerables. Ahora todos estamos necesitados de cura. ¿Quién nos curará? ¿Quién protegerá nuestra fe de la mentira? Jesús, que conoce nuestro desvalimiento, ora al Padre para que nos envíe el Espíritu de la verdad. ¡Qué imagen tan bella: Jesús, orando por nosotros! ¡Qué experiencia tan gozosa: saber que el Espíritu está siempre con nosotros enseñándonos, volviéndonos a la vida! ¡Qué alegría! El Espíritu: amigo, verdad, alegría en la interioridad, dulzura en las fatigas, vida en medio de la muerte, novedad inagotable.
Te alabamos, Espíritu Santo.      

Vosotros lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros.

Cuando sentimos, en estos tiempos del covid19, que el entramado de la sociedad del bienestar se ha convertido en frágil estructura de arcilla, agrietada, por donde se escapa el agua de la vida, Jesús nos hace el regalo más grande, aquí y ahora: el Espíritu. Que no viene de fuera, como un virus, sino que nace de dentro, mora con nosotros, está en nosotros. Es un surtidor de agua que nace en los manantiales profundos de la persona y suena como la más hermosa de las canciones. El Espíritu vive en nuestra interioridad más original y creativa, allí donde nada puede robarnos el futuro. Nos toca estar atentos a su voz, para percibir su vigor, su belleza, su fecundidad, su alegría. Con el Espíritu en nosotros, vivimos una soledad acompañada, siempre sonora. Pedimos la gracia de acostumbrarnos a su presencia amorosa.
Espíritu, oramos esperándote, sintiéndote, dejándonos mover por ti, como hizo María.      

Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros.

El Espíritu da cimiento consistente a nuestra vida, nos invita a pasar de la incertidumbre y el miedo por las pandemias de cada momento a la tierra firme de la confianza y la solicitud amorosa hacia los más golpeados por la crisis. El Espíritu, abogado de la verdad que libera, recrea nuestra identidad en el mundo, nos da esperanza en el futuro. El Espíritu nos ayuda a descubrir una presencia sorprendente e inesperada en el corazón: la presencia de la Trinidad vive en nuestra interioridad. Ya podemos mirarlo todo con los ojos amorosos de la Trinidad.
¡Bendito seas, Espíritu Santo!

El que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él.

El Padre, el Espíritu, Jesús desean manifestarse a nosotros encendiendo en nuestros corazones la llama del amor. ¿Nos atreveremos a entrar en la interioridad y hacernos conscientes de su presencia? La oración verdadera no es otra cosa que un diálogo de amor con la Trinidad. Nuestra vida, gracias al Espíritu, cambia por completo, ya solo amar, amar solidariamente, es nuestro ejercicio. Esta es la respuesta más creativa al coronavirus.
Gracias, Espíritu Santo.      

Feliz Pascua del Espíritu en tiempos de pandemia – CIPE, mayo de 2020

DOC. PDF. Domingo sexto de Pascua. Lectura orante del Evangelio: Juan 14, 15-21