HORA SANTA – JUEVES SANTO. “Quedaos aquí y velad” (Mc 14, 34)

Jesús nos invita esta noche a estar con Él, a orar con Él, a amar con Él. En medio del ruido ensordecedor del mal que destroza la vida de los más indefensos, nos invita a ser lámparas de aceite en medio de la noche.

Canto inicial: De noche iremos de noche, que para encontrar la fuente solo la sed nos alumbra.

Silencio breve.

Monición inicial

Señor Jesús, esta noche queremos acompañarte en Getsemaní.
Después de la Cena, después del Pan partido, entras en la noche más profunda.
Hoy no venimos a hablar mucho, sino a velar contigo.
Tú nos dices: “Quedaos aquí y velad”.
Aquí estamos, Señor.

Lectura lenta y pausada.

Llegan a un huerto, que llaman Getsemaní, y Jesús dice a sus discípulos:
«Sentaos aquí mientras voy a orar».
Se lleva consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, empezó a sentir espanto y angustia, y les dice:
«Mi alma está triste hasta la muerte. Quedaos aquí y velad».
Y, adelantándose un poco, cayó en tierra y rogaba que, si era posible, se alejase de él aquella hora; y decía:
«¡Abba!, Padre: tú lo puedes todo, aparta de mí este cáliz. Pero no sea como yo quiero, sino como tú quieres».
Vuelve y, al encontrarlos dormidos, dice a Pedro:
«Simón ¿duermes?, ¿no has podido velar una hora? Velad y orad, para no caer en tentación; el espíritu está pronto, pero la carne es débil».
De nuevo se apartó y oraba repitiendo las mismas palabras. Volvió y los encontró otra vez dormidos, porque sus ojos se les cerraban. Y no sabían qué contestarle. Vuelve por tercera vez y les dice:
«Ya podéis dormir y descansar. ¡Basta! Ha llegado la hora; mirad que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega».
Todavía estaba hablando, cuando se presenta Judas, uno de los Doce, y con él gente con espadas y palos, mandada por los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos. El traidor les había dado una contraseña, diciéndoles:
«Al que yo bese, es él: prendedlo y conducidlo bien sujeto». Y en cuanto llegó, acercándosele le dice: «¡Rabbí!». Y lo besó.
Ellos le echaron mano y lo prendieron».

Breve silencio prolongado.

Meditación

Jesús entra en la oscuridad. No es un héroe frío. Siente miedo, angustia, soledad. El Hijo amado experimenta el peso del dolor humano. Él no huye. Se postra en tierra.
En Getsemaní están nuestras noches, nuestras decisiones difíciles, nuestros temores.
En su angustia están las enfermedades, las heridas que no sanan.

Jesús nos pide que estemos con Él. Igual que el enfermo de cáncer, el que está perseguido o calumniado, el que huye de la guerra, el que está hundido y sin salida, el que está con hambre de muerte, nos piden que estemos con ellos. Estar cerca, en silencio, sin más. En todo caso, poniendo nuestra mano junto a la suya, acercando nuestra mejilla junto a la suya. El caso es estar cerca.

Silencio
— Presentar al Señor nuestras angustias.
— Nombrar en el corazón aquello que nos pesa.

Oración

Señor Jesús, en tu angustia abrazas la mía.
Enséñame a no huir de mi noche.

Meditación

En medio del miedo, Jesús ora. No niega el sufrimiento, pero se abandona. “Abbá”. En la hora más oscura, llama a Dios “Padre”.

La obediencia de Jesús no es resignación, es confianza. Es abandono confiado. Es amor que se entrega. Aquí nace la salvación: en un corazón que se entrega.

Jesús nos dice esta noche que es posible orar al Padre en toda situación humana. En la angustia, en la debilidad, en la enfermedad, en todo acontecimiento… se puede hablar con el Abbá. Porque el Padre siempre está con Jesús, con nosotros, con todos, podemos decir, con Jesús: Padre nuestro…

Silencio
— Repetir interiormente: Señor, enséñanos a decir “Padre” en nuestras noches.
“Padre, en tus manos…”“Padre… que se haga tu voluntad…” “Padre nuestro” ….

— Dejar que el Espíritu nos enseñe a decir “sí”.

Oración

Padre, cuando no entendemos tu voluntad, danos confianza para abandonarnos en Ti.

Meditación

Los discípulos duermen. Jesús está solo. Cuántas veces también nosotros dormimos: indiferencia, tibieza, distracción, el miedo a comprometernos.

Pero Él no retira su amor.

Jesús nunca nos abandona. Una y otra vez viene a nosotros. Nos pregunta: ¿qué hay de lo nuestro?, ¿dónde están las palabras prometidas? A veces nos disculpamos, otras sencillamente callamos. Pero la hora llega, los momentos difíciles están ahí, y sin oración de vigilia ¡qué difícil es vivirlos sin que nos aplasten!

Esta Hora Santa es respuesta a su súplica: Señor, despierta nuestro corazón. Queremos velar contigo.

Silencio
Adoración silenciosa.

Meditación

Después de orar, Jesús se levanta. No huye. Se entrega libremente.

La paz nace de la entrega. La paz nace de la confianza.
La fuerza nace de la oración.

Jesús, en esta noche, nos invita a ponernos de pie, a afrontar los miedos que nos paralizan, a decir con nuestra vida que el amor es más fuerte. Jesús nos llama esta noche a decir un sí alegre, decidido, a Dios y a cada ser humano de la tierra. ¡Es tiempo de caminar juntos, en Iglesia sinodal, continuando la eucaristía de Jesús!

Getsemaní no termina en derrota, sino en fidelidad. También nosotros, después de esta hora, seremos enviados. Señor, que esta Hora Santa nos enseñe a permanecer fieles en la prueba.

Señor Jesús, quédate con nosotros en la noche.
Danos un corazón vigilante, una fe perseverante
Que no huyamos de la cruz,
que aprendamos a orar en la noche,
que nuestra vida sea un “sí” confiado al Padre.

Padre Nuestro

Canto final suave: Nada nos separará del amor de Dios.  

CIPE.

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