Lectura orante del Evangelio: Mateo 25, 31-46

“La oración a Dios y la solidaridad con los pobres y los que sufren son inseparables. El tiempo que se dedica a la oración nunca puede convertirse en una coartada para descuidar al prójimo necesitado” (IV Jornada mundial de los pobres).

Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre… serán reunidas ante él todas las naciones.

Jesús está en el centro, en su gloria. Junto a él, sorprendentemente, están todos los pobres de la tierra, a los que ama. Ahora es imposible no verlos; están iluminados por la gloria de Jesús. Ellos son el examen de amor a la tarde. Cuando Tú me mirabas, su gracia en mí tus ojos imprimían: por eso me adamabas, y en eso merecían los míos adorar lo que en ti vían” (Juan de la Cruz).    

Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.

El reino, que comenzó como un grano de mostaza, alcanza aquí toda su plenitud. El secreto de amor se desvela con fuerza a la vista de todos. Hay bendición a raudales. Hay alegría en Dios porque la vida ha triunfado en los pequeños, los bendecidos que ahora bendicen. El Rey invita a entrar en la fiesta.  Se respira un júbilo de Dios grande, como un cantar nuevo, siempre nuevo, envuelto en alegría y amor en conocimiento de su feliz estado” (Juan de la Cruz).  

Porque tuve hambre y me disteis de comer.

Lo escondido sale a la luz. Jesús da la cara por los que han dado testimonio del evangelio, los que han seguido sus pasos. Los que han estado con los más pequeños ahora son levantados. Han escuchado el escondido y silencioso amor de Dios y han respondido con el callado amor, que es el lenguaje que Dios más oye. Benditos los pies que han pisado la realidad y han pasado por el mundo haciendo el bien, mostrando en las obras de amor esa dolencia de amor, que no se cura sino con la presencia y la figura (Juan de la Cruz).   

¿Cuándo te vimos con hambre y te alimentamos?

Diálogo fascinante, sorprendente. Cuesta entender esta lógica de Dios, pero es la lógica de la encarnación llevada hasta las últimas consecuencias. Jesús desvela la belleza de gentes comunes, sin renombre, pero con mucha capacidad de humanizar en los adentros. En ellos se asoma un nuevo amanecer de Dios. Ahí se muestra la belleza de una iglesia nueva, pequeña con los pequeños, pobre con los pobres, sin polvo de privilegios acumulados en los pies. Con sola su figura vestidos los dejó de hermosura (Juan de la Cruz).   

En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis.

Lo decisivo en la vida es el amor práctico a los necesitados, un amor que tiene su fuente en el amor de Dios. En nada se ve mejor el rostro de Jesús que en sus hermanos pobres, muchos con rostro femenino; ahí se hace creíble la oración. Quien los encuentra, encuentra a Jesús. Quien los mira, mira a Jesús. Quien dialoga con ellos, trata amistosamente con Jesús. Quien les ayuda, ayuda a Jesús. Si no es naciendo de raíz del amor de Dios, no llegaremos a tener con perfección el amor del prójimo (Teresa de Jesús).   

CIPE – noviembre 2020

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