Domingo décimo primero del Tiempo Ordinario

Si ardéis en la fe, transmitiréis su fuego vivo. ¡Buscad todos en vuestros corazones este fuego del amor de Dios! También cuando nos convertimos en mano tendida, abrazo fraterno, cuando buscamos oportunidades para servir a los demás y cuando buscamos cómo tocar la vida del otro con sus heridas, en su tristeza, en sus dificultades. Ahí la fe en Jesucristo se hace viva, y ahí es donde Jesús nos ayudará a sostenernos mutuamente en el camino (Papa León).

Al ver Jesús a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor».

El Espíritu Santo nos regala la compasión y la ternura ante las situaciones de vulnerabilidad que se dan en nuestro mundo. La compasión de cada uno de los que formamos la Iglesia marca el inicio de la acción misionera. La identidad de la comunidad eclesial se define como un corazón compasivo y misericordioso, como el de Jesús, que sale a la vida con el deseo de cambiar la realidad. ¿Cómo es nuestra mirada? ¿Despierta ternura lo que vemos?

Danos, Señor, un corazón nuevo. Derrama en nosotros un Espíritu nuevo.  

«La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».

La imagen de la mies está cargada de esperanza. Jesús pretende implicarnos en la compasión, para convertir la muchedumbre en comunidad de vida. Somos el pueblo de la nueva alianza, propiedad de Dios. Lo que les sucede a los hombres nos interesa; cuando estos sufren se nos parte el corazón. Guardamos en la memoria la liberación que Jesús ha obrado en nuestras vidas. Esto nos prepara para ir al encuentro de una multitud extenuada, desorientada.

Envía, Señor, trabajadores de la compasión y la ternura a tu pueblo.

Llamó a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia.

La enfermedad de la multitud es el desconocimiento, el aislamiento, la dificultad de compartir el misterio de Dios en cada persona. Jesús conoce a cada uno por su nombre, ama a cada uno, por cada uno da la vida. Cuando somos enviados por Jesús nos da autoridad para conocer, para amar, para dar vida a las personas, para crear comunión y comunidades vivas. En la verdadera comunión el otro es interesante para mí, el otro es parte mía.

Espíritu Santo, ayúdanos a formar comunidades vivas.

Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios.

El Reino está cerca y necesitamos experimentar los signos que le dan identidad: sanar de nuestras enfermedades (nuestros intereses personales, nuestro egoísmo), resucitar los muertos (tantas zonas ocultas de nuestra vida que se secan y se malogran), limpiar los leprosos (cuántos otros, los más necesitados, necesitan entrar en nuestra vida para desequilibrar nuestras falsas seguridades), arrojar demonios (liberarnos de tantas negritudes del pasado que opacan nuestro presente). 

Gracias, Jesús, por contar con nosotros.

Gratis habéis recibido, dad gratis.

Todo es un servicio gratuito; cuando lo vemos así, es que hemos entendido el Evangelio de Jesús.

Espíritu Santo, haz que nuestra vida sea una gracia para muchos.

Feliz encuentro con la luz para ser testigos de la luz – CIPE, junio 2026

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