Domingo del Corpus

Lectura orante del Evangelio: Juan 6,51-58 

En la Eucaristía, contemplamos a Jesús, el pan partido y dado por cada uno de nosotros. Las procesiones con el Santísimo Sacramento que tienen lugar en las calles de muchas ciudades son una expresión de la piedad eucarística popular. En este sentido, los animo a mantener viva esta hermosa manifestación de testimonio público de la fe (Papa León).

Yo soy el pan vivo.

Cruzamos sin prisa este paisaje tan bello, entramos despacio en esta sorprendente experiencia del don de Jesús y confesamos nuestra fe en el sacramento del amor. En la Eucaristía, la mirada del corazón reconoce a Jesús (San Juan Pablo II). El pan partido y repartido de Jesús nos muestra su amor hasta el extremo, porque los dones son expresión del corazón que ama. El pan vivo es un misterio de vida, de fe, de luz, de entrega para nuestro camino.

Jesús, en torno a ti siempre hay vida. Danos tu vida para que demos vida.

El que coma de este pan vivirá para siempre.

¿Cómo viviremos la vida nueva si no comemos el pan de Jesús? ¿Cómo asimilaremos el pan de la vida si no prolongamos la celebración con la adoración, la acción de gracias y la práctica de la caridad? La Eucaristía, vivida como celebración gozosa, alimenta nuestra fe, nos hace crecer en fraternidad, reaviva nuestra esperanza en Jesucristo resucitado, vence nuestros miedos, dudas, falta de audacia. La Eucaristía es el sacramento del encuentro con Jesús. Estando tan dentro de mí, si tenemos fe, nos dará lo que le pidiéremos, pues está en nuestra casa. Y no suele Su Majestad pagar mal la posada, si le hacen buen hospedaje (Santa Teresa, Camino 34,8).

Jesús, vida nuestra, alimenta nuestra contemplación.    

¿Cómo puede este darnos a comer su carne?

Las preguntas escépticas resecan nuestro corazón y dejan las orillas del mundo llenas de hambrientos de vida, de consuelo, de esperanza. La entrega de Jesús es el corazón de la vida. ¿Cuándo aprenderemos a recibir y a mirar confiadamente al que nos mira con tanto amor? ¿Cuándo aprenderemos a dar y a darnos como Jesús?

Ven Espíritu Santo, acércanos con fe al misterio del amor entregado de Jesús. Abre nuestros ojos para que lo reconozcamos.   

Si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre no tenéis vida en vosotros.

La Eucaristía nos introduce en el misterio del amor, es la fiesta del encuentro y de la caridad, es el centro y cumbre de la vida cristiana. Jesús se hace presente en medio de la comunidad cuando parte el pan. Jesús sigue vivo cuando en medio del mundo la Iglesia parte el pan con los necesitados y se hace CARITAS.

Siempre disponible para el encuentro, te alabamos y te bendecimos, Señor Jesús.  

El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.

El amor de Jesús toca las raíces de nuestro ser y provoca, como respuesta, la entrega incondicional de la vida. Aquí radica la experiencia más bella de nuestra fe. Para conocer y amar a Jesús hay que estar con Él. La adoración es el ungüento precioso, que, derramado, cura las heridas. La Eucaristía es la fuente de la caridad de toda la Iglesia. La solidaridad es la más bella expresión en nuestras calles del amor entregado de Jesús.

Gracias por amarnos tanto.    

Feliz fiesta del Corpus – CIPE, junio de 2026

Recordamos agradecidos y oramos por ANTONIO LUIS, hermano de nuestro amigo Pedro Hernández del Todo, que acaba de ser llamado a la vida definitiva por nuestro Dios.  

Y damos gracias a Dios por la visita del papa León a España.

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