Domingo XIV del Tiempo Ordinario

Mi agradecimiento afectuoso a las comunidades que he visitado y a toda la Iglesia que está en España. ¡Que Dios bendiga siempre a España! (Papa León XIV)

Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, por­que has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor.

Tenemos delante uno de los textos más hermosos del Evangelio. Nos presenta la gratuidad desbordante de Dios. No importa que seamos pequeños. Al revés, el hecho de serlo es una garantía para que el Padre nos revele la alegría del Reino. Ser pequeños es una ocasión para confiar. Miramos a María, la humilde sierva, y, en ella, a los pequeños de la tierra, para descubrir el rostro del Padre. Entramos con la Iglesia en la alabanza y en la acción de gracias de Jesús. Nos llena de alegría saber que Dios sea así. ¡Qué hermosa palabra, la de ‘gracias’, para orar y para vivir la relación con los demás! Quien tiene experiencia del amor del Padre, toma la vida agradecidamente. Quien mira a los pequeños descubre el Evangelio de Jesús, se maravilla ante el Padre. Orar es entrar en el modo de ser y de actuar de Dios.

Dios te ama al como eres, pero te sueña mejor (Papa León XIV en el Centro Penitenciario Brians I de Barcelona).   

Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

¡Qué forma tan bella de hablar de Dios! ¡Qué diferente a como a veces lo imaginamos! ¡Qué palabras tan audaces las de Jesús! El Padre es el que entrega, el que nunca se cansa de dar. Todo viene de Él. ¿Quién más amigo de dar que Él? Es como una fuente de toda santidad y belleza, de toda dignidad y de todo don. Nos podemos perder en Él para encontrarnos. Sólo Dios es. Cuando nos ponemos en sintonía con Jesús, cuando lo miramos y aceptamos su amistad, nos revela al Padre y su don nos inunda. Orar es quedar empapados en la confianza y amor que el Padre nos regala como a hijos e hijas suyos que somos.

La dignidad humana no pierde valor al cruzar una frontera…No se trata de resolverlo todo, sino de ponerlo todo en manos de Dios y de estar presentes allí donde el ser humano sufre. (Papa León en Canarias).   

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré.

Miramos a Jesús para encontrar alivio. Que Él hidrate las sequedades de nuestro corazón, para salir después a los caminos de la vida y llevar entre la gente esta corriente de agua fresca, corriente de amor, de paz, de justicia y de alegría (Papa León, en Madrid). Jesús sale al paso para comunicarnos el misterio del Padre a los que estamos cansados y agobiados. Y lo hace mostrándose humano, compasivo, cercano, entrañable. Nos mete en su alegría, nos regala el Espíritu. Jesús nos invita a estrenar cada día su apasionante modo de vivir.

Gracias, Jesús. Tú eres alivio en nuestros desiertos y fatigas. Gracias, Jesús.

Que Nuestra Señora del Carmen acompañe a quienes han llegado, consuele a quienes han perdido a sus seres queridos, sostenga a quienes los acogen y despierte en todos nosotros la valentía de la misericordia (Palabras del papa León XIV en el puerto de Arguineguín, en Canarias).

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