Lectura orante del Evangelio: Mateo 14, 22-33

“En una noche oscura, / con ansias en amores inflamada, / ¡oh dichosa ventura!/ salí sin ser notada, / estando ya mi casa sosegada”  (San Juan de la Cruz).

La barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario.

¿Cómo vivir con la casa sosegada en una sociedad marcada por tantas y tan graves injusticias y sufrimientos? ¿Cómo dar sentido pleno a la vida? Aturdidos por el oleaje del mal, desanimados por los vientos contrarios, pero abiertos a la palabra de Jesús que vence la nada y crea el ser, los orantes esperamos que Jesús se haga presente y sosiegue nuestro corazón.
Madre de los creyentes, danos tu  fe.  

A la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el agua.

A veces lo único real para nosotros es la tempestad. Nuestros ojos no ven nada más. Pero Jesús está en medio de la crisis y su silencio es siempre palabra viva. Buscarle, aunque sea un poquito, nos descubre que es él quien nos busca. Jesús se sienta por encima de los aguaceros, apacigua las tormentas. Jesús se acerca, prepara encuentros. La oración nos despierta para percibir sus pasos silenciosos anunciando su llegada.
Tú, Jesús, eres más fuerte que las olas. Tú, María, eres madrugada para nuestras noches.  

¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!

¡Qué palabras tan bellas de Jesús, el amigo verdadero, el amado! Dan ganas de oírlas una y otra vez, para que nos brote la confianza incondicional. Estas palabras nos sacan de la parálisis del miedo, nos invitan a danzar encima de las dificultades; colman las aspiraciones más íntimas del corazón, eclipsan todos los eclipses de Dios, dejan paz y alegría en los adentros. Aunque el momento presente tenga los matices de la tormenta, las palabras de Jesús nos afianzan en la confianza de que con él llega la calma.
Jesús, gracias de todo corazón.

Señor, sálvame.

Cuando la fe confiada se asoma, los miedos se van. Aunque no sepamos todavía avanzar con libertad, las dificultades se vuelven tierra firme sobre la que pisar. Y si el agua nos cubre, nada de lo importante está perdido; siempre nos queda el grito orante.
Jesús, contigo a nuestro lado todo es posible. ¡Sálvanos!

Los de la barca se postraron ante él diciendo: ‘Realmente eres Hijo de Dios’.

Del oleaje del mar y los miedos, llegamos, por obra del Espíritu, a la paz y a la confesión de fe en el Señor Jesús. La noche se llena de luz. Nuestra oración se hace silencio adorador y Jesús nos conduce a una iglesia más evangélica, nos lleva a una primavera en la que es posible entregar la vida, confiar los unos en los otros, danzar la danza del amor en los brazos de la gracia. Reavivemos nuestra confianza en él. No tengamos miedo.
Con  la iglesia te adoramos, Señor, Jesús.  

Feliz fiesta de la Transfiguración; en Quel fiesta de PANYQUESO. CIPE, agosto 2020

DOC. PDF. Domingo XIX del tiempo ordinario. Lectura orante del Evangelio: Mateo 14, 22-33