Domingo XXVI del tiempo ordinario

Lectura orante del Evangelio: Mateo 21,28-32

Los menores son los más vulnerables dentro de los flujos migratorios mundiales. Son rostros concretos, historias únicas, que apelan a nuestra conciencia (Papa León).   

‘Ve hoy a trabajar en la viña’.

Ve hoy y mira a los inmigrantes, especialmente a los niños y niñas. Hazte cargo de ellos, en la medida de tus posibilidades. Reconoce que “la dignidad humana carece de pasaporte y que no disminuye su valor al cruzar una frontera” (Papa León). Estamos ante un evangelio escandaloso y consolador. Jesús ve una fe escondida, una solidaridad profunda con los más vulnerables, en personas, en las que habitualmente vemos pecado, y se alegra. Nos fijamos primero en Dios, que toma siempre la iniciativa en el amor, que llama, propone, e invita a que nos hagamos cargo de los inmigrantes y refugiados. “El que recibe a uno de estos pequeños en mi nombre, me recibe a mí mismo” (Mt 18,5). Decimos:

“Los niños inmigrantes son míos, porque Cristo es mío y todo para mí”. 

‘No quiero’. Pero después se arrepintió y fue.

¡Cuánto aprecia Jesús estos cambios que se dan en el corazón! Es el recorrido del no al sí, de desentendernos a hacernos responsables de lo que sucede en el mundo. Una respuesta, aparentemente negativa, puede llevar dentro una semilla de encuentro con Dios. ¡Qué hermosos y fecundos tantos caminos de conversión! En cualquier momento puede cambiar nuestra mirada. Los migrantes “no son números ni expedientes, sino personas con familias y hogares que dejaron atrás, y con sueños que nadie tiene derecho a despreciar.

No podemos acostumbrarnos a contar muertos” (Papa León).

‘Voy, señor’. Pero no fue.

Es inútil ofrecer una buena comida a quien no tiene apetito. Cuando la oración se queda en palabras, engañamos con las cosas de Dios. Las palabras sin alma, ¿qué son? Podemos estar hablando todo el día de Dios, sin que cambie nuestro corazón por dentro, sin dejarle entrar en nuestra vida. La hipocresía florece en los que están cerca de la virtud. Sería mejor no prometer nada, aceptar la pobreza de no poder decirle nada a Dios porque nuestro corazón está bloqueado y no percibe todavía la novedad, la belleza, el gozo de sentirnos hermanos de todos.

Hay que reconocer en cada menor migrante la presencia de Dios, exigiendo pasar de la estadística a la protección real de sus derechos a la vida (Papa León).   

Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios.

¡Qué sorprendentes, ¿escandalosas?, las palabras y el actuar de Jesús! Los publicanos y prostitutas son los primeros, los adelantados de la gracia de Dios, son constructoras del Reino. ¿Quién ha oído cosa semejante? ¿Quién puede entender el misterio del Reino? En el desprecio de unas vidas, mal vistas por muchos, Jesús ve la acogida y el compromiso con los más desvalidos.

Desde esta isla, quisiera que la voz alcanzara a quienes tienen en sus manos responsabilidades (Palabras del papa León en Arguineguín).                                                            

CIPE – septiembre 2026

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