Lectura orante del Evangelio en clave teresiana: Mateo 25,14-30

En este camino de encuentro cotidiano con los pobres, nos acompaña la Madre de Dios que, de modo particular, es la Madre de los pobres” (Papa Francisco, IV Jornada -pobres).

Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus siervos y los dejó al cargo de sus bienes.

Dios nos da su amor sin medida, llena toda grieta con su gracia, derrama innumerables dones en los corazones. Lo hace con infinita confianza. “Dais como quien sois. ¡Oh largueza infinita, cuán magníficas son vuestras obras!” (Santa Teresa, Vida 18,3). ¿Qué más queremos? La oración nos ayuda a entender que todo es gracia. “No tenemos nada que no lo recibamos” (Camino 38,7). Da más de lo que podemos imaginar. “No se contenta el Señor con darnos tan poco como son nuestros deseos” (Conceptos 6,1). Dios lo hace todo para que seamos felices; con nuestro gozo le damos gloria. Así lo confiesa Teresa:
“No me parece os quedó a Vos nada por hacer” (Vida 1,8).

Al cabo de mucho tiempo viene el señor de aquellos siervos y se pone a ajustar las cuentas con ellos.

Los dones no son de propiedad privada. El tiempo de la espera es el tiempo de la respuesta comprometida. Siempre hay una tarde en la que el Señor viene a examinarnos en el amor. “Tiende tu mano al pobre”. Tantos bienes entregados son más que suficientes para que a nadie le falte el pan en tiempo de hambre, ni el consuelo en la adversidad, ni la mano compasiva en la enfermedad. ¿Qué hemos hecho con ellos con los dones?
Señor, mirad lo que hacéis… no pongáis, Criador mío, tan precioso licor en vaso tan quebrado… No sea tanto el amor, oh Rey eterno, que pongáis en aventura joyas tan preciosas” (Vida 18,4).  

Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco. Su señor le dijo: ‘Bien… Entra en el gozo de tu señor’.

La fidelidad en lo poco –“hacer eso poquito que era en mí… y procurar que estas poquitas que están aquí hiciesen lo mismo” (Camino 1,2)- abre las puertas al banquete que Dios ha preparado para los que lo aman: ‘Entra en el gozo de tu señor’. “Como ve que le reciben, así da y se da. Quiere a quien le quiere. ¡Y qué bien querido! Y ¡qué buen amigo!” (Vida 22,17). ”¡Oh, oh, que Dios es muy buen pagador y paga muy sin tasa!” (Camino 37, 3).
“Sea por todo alabado y bendito, que así paga con vida eterna y gloria la bajeza de nuestras obras y las hace grandes siendo de pequeño valor” (Fundaciones 10,5).  

Se acercó también el que había recibido un talento y dijo: … ‘Tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra’.

Recibir un talento no es excusa para no entregar la vida, para no ser feliz. Nada justifica enterrar los dones recibidos. Los pobres los están esperando. “Si Jesús nos mostró el amor con tan espantables obras, ¿cómo queréis contentarle con solo palabras?” (7Moradas 4,8). “Con que dé cada uno lo que tuviere se contenta. Bendito sea tan gran Dios” (5Moradas 1,3). Teresa de Jesús invita a dejar a un lado “unas humildades que hay… que les parece humildad no entender que el Señor les va dando dones…
porque si no conocemos que recibimos, no despertamos a amar” (Vida 10,4). 

Al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene.

Dios da siempre con la medida de Dios. “El Señor nunca falta ni queda por Él” (Vida 13,6). Al que se da a los pobres, le sobra; nunca se agota el agua de su fuente. A quien retiene su vida por miedo, la tristeza seca su pozo. Solo se tiene lo que se da, lo que no se da a los pobres se pierde. “La moneda del alma la pierdes si no la das” (Antonio Machado)
“¡Oh Señor de mi alma, y quién tuviera palabras para dar a entender qué dais a los que se fían de Vos, y qué pierden los que se quedan consigo mismos! ¡Bendito seáis por siempre jamás!” (V 22,17).

Feliz domingo en la IV Jornada mundial de los pobres- CIPE – noviembre 2020

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