XIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

Lunes, 29 de junio

«Y vosotros ¿quién decís que soy yo?». Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo» (Mt 16, 16).

Jesús declara dichoso a Pedro porque el Padre le ha revelado el misterio de reconocerle como Mesías y como Hijo de Dios. Le confía la misión de ser la roca sobre la que se asentará su Iglesia, reunida en torno a los discípulos. Alégrate al saber que tu fe en Jesús está cimentada sobre la roca de los apóstoles.

Señor, creo, pero aumenta mi fe. Tú eres mi Señor, mi fe se apoya en tu Palabra de Vida. Que mis obras hablen de mi fe y de tu amor.

Martes, 30 de junio

“Él les dijo: «¡Cobardes! ¡Qué poca fe!». Se puso en pie, increpó a los vientos y al lago, y vino una gran calma” (Mt 8,26).

Aunque aparezca muy oscuro el horizonte de la humanidad, la Iglesia celebra el triunfo del amor y de la vida, la alegría pascual. Si un viento contrario obstaculiza el camino de los pueblos, si se hace borrascoso el mar de la historia, ¡que nadie ceda al desaliento y a la desconfianza! Cristo ha resucitado. Vete ante el Santísimo Sacramento, ora y adora. Exponle tus oscuridades y fracasos.

Señor, que sepamos distinguir tu presencia en medio de las tempestades de la vida. Que podamos vivir alegres y confiados en ti, que conduces la barca de la Iglesia  y  que en ella lleguemos al puerto al que tú nos conduces, alentados y seguros.

Miércoles, 1 de julio

“Desde los sepulcros dos endemoniados salieron a su encuentro; eran tan furiosos que nadie se atrevía a transitar por aquel camino.
Y le dijeron a gritos: «¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Hijo de Dios? (Mt 8, 28.29).

Jesús no es propiedad de unos pocos privilegiados; cruza toda orilla y va al encuentro de todos los que están muertos en vida. No pienses mal de la Iglesia ni la reduzcas a los que piensan y sienten como tú. La Iglesia es misionera de todos los pueblos.

¡Cómo eres Dios mío! Estás en los que casi no son nada.

Jueves, 2 de julio

“¡Ánimo, hijo!, tus pecados están perdonados… Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa. Se puso en pie y se fue a su casa” (Mt 9,2.8).

La fe que tenían los portadores del paralítico y el perdón de Jesús se encuentran. Del encuentro surge un nuevo comienzo para el paralítico. Pasa por tu corazón la situación de parálisis, de incapacidad para caminar y ser libres, que viven muchos pueblos de la tierra.

Ilumíname, Señor. Ayúdame a encontrar un estilo de vida liberador.

 Viernes, 3 de julio

«¡Señor mío y Dios mío!». Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto» (Jn 20,28.29).

Tan extrema como fue su incredulidad es ahora la respuesta creyente de Tomás. Hace suyo al Señor que se pone en medio para servir y al Dios que se hace cercano por el amor. Convierte esta expresión de fe de Tomás en jaculatoria y repítela a menudo. “Señor mío y Dios mío”

Cura, Señor, nuestra falta de fe. Que aprendamos a crecer confiados en la palabra y el testimonio que nos llega a través de la comunidad creyente.

Sábado, 4 de julio

“El vino nuevo se echa en odres nuevos y así las dos cosas se conservan» (Mt 4,17).

El Reino que llega con Jesús no puede ser acogido con una simple reforma, sino que requiere un cambio y una renovación radicales. Lo nuevo que llega con Jesús siempre tiene que ver con el Amor que ensancha la vida.

Espíritu Santo, limpia mi odre viejo para ofrecer el gozo de tu Presencia a los hermanos.

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