Lectura orante del Evangelio: Marcos 1, 7-11

Mi Padre se deleita contigo y el Espíritu Santo te ama” (Santa Teresa).  

Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo.

Comenzamos el encuentro orante con esta actitud humilde de Juan. Detrás, o mejor, con nosotros, viene Jesús, el que puede más. En la oración ejercitamos esta presencia de Jesús, con ese ‘pensamiento sosegado’ que nos rescata de la conciencia aislada. El cambio, que deseamos se produzca en la sociedad y en nosotros, es posible si Él está en medio. El coraje de la fe, quizás perdido, puede renacer si Él camina a nuestro lado. La lejanía de Dios, que se respira en nuestros ambientes, puede cambiar si le dejamos sitio a Jesús. Nuestra mayor alegría está en encontrarle. Ven, Espíritu. Queremos seguir tus inspiraciones.    

Él os bautizará con Espíritu Santo.

Juan barruntó una nueva presencia del Espíritu en la tierra, vio una salida a la profunda crisis religiosa que vivía su pueblo, miró a los cielos cerrados y descubrió que se abría paso una esperanza: ¡Jesús! No estamos tan lejos de aquella misma situación. En la oración acogemos el don del Espíritu, escuchamos su música callada. Es hora de ser fieles al Espíritu, de recibir su impulso. ¿Qué caminos nuevos nos está proponiendo? ¡Cuánto desea renovar la fe dormida! Ven Espíritu Santo. Bautízanos en Jesús. Haznos nacer a una vida nueva.

Llegó Jesús a y fue bautizado por Juan.

Jesús, el rostro humano de Dios, se pone a la fila de los pecadores; se abaja, se hace a nuestra medida, se hace hermano. El bautismo de Jesús es una epifanía de la encarnación. ¡Qué grande es su humildad! ‘Nunca se cansa de humillarse por nosotros’ (Santa Teresa). Necesitamos un corazón contemplativo para leer, asombrados, esta historia de amor. Gracias, Señor, Jesús.  

Apenas salió del agua, vio rasgarse los cielos y al Espíritu que bajaba hacia él como una paloma.

Donde está el Espíritu brota una fiesta de gozo y de gratitud, de compromiso y entrega: es posible la comunicación amorosa de Dios con nosotros. Jesús, lleno del Espíritu, ya puede ir por los caminos cuidando la vida, curando las heridas, haciendo que la vida sea más humana. Con las sombras que llevamos dentro, el Espíritu fabrica hogueras de luz. Con las esclavitudes que nos atan, pinta la libertad de cantar y caminar. En nuestros caminos retorcidos, endurecidos, pone la bondad y la ternura. Ven Espíritu de Dios sobre nosotros. Nos abrimos a la acción de tu amor.

Se oyó una voz desde los cielos: ‘Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco’.

El Espíritu no se hace esperar. Cuando lo llamamos nos regala palabras sorprendentes, las mismas que oyó Jesús. Así, con el amor fuerte de Dios, se sacian nuestras necesidades más profundas. Nuestra tristeza se cura con su infinito amor. ¡Amados, bendecidos en Jesús, llamados a vivir y comunicar el proyecto del Padre como una oferta de bondad para la humanidad! ‘Cuando lleguéis aquí (a descubrir este amor tan fuerte de Dios) os ruego que os detengáis un poco” (Santa Teresa). El bautismo en Cristo sublima la dignidad humana hasta límites sin límite. Tomamos la vida agradecidamente; toda ella es gracia tuya, sobre todo, la de ser tus hijos. Gracias.

            ¡Feliz fiesta del bautismo, del Señor y nuestro! Desde el CIPE – enero 2021

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