Sábado Santo con María, nuestra Señora de la esperanza

La experiencia de la cruz ha sido tremenda. Junto al discípulo amado ha oído las últimas palabras de Jesús, su último suspiro.

Es la hora del dolor, de noche oscura. Es la hora de esperar el nuevo amanecer de la Pascua. Ella sabe que la última palabra no la tiene la muerte, sino la vida. La última y más hermosa palabra la tiene el Padre. Confía. Espera.

1. Miramos la imagen de La Piedad 

  • En la Piedad María sostiene la muerte en su hijo
  • El mármol blanco y frío (ahora modelado) transmite la fuerza de la fe en la vida.
  • Una mano de María sostiene el cuerpo la otra hacia arriba espera respuesta del cielo.
  • Los acontecimientos de la semana de Pasión y del corazón de María agitan sus ropas, pero su esperanza en la vida de Dios mantienen serena su cara
  • Preguntado Miguel Ángel por qué la madre parecía tan joven como el hijo, éste respondió:

“Para quien está enamorado nunca pasa el tiempo, siempre se es joven”

  • El cristiano sostiene el peso de la muerte pero espera la fidelidad de Dios, la vida.
  • La apuesta de todo ser humano es decidir qué pesa más en su vida, la muerte o ta resurrección.
  • En silencio, dejamos que esta imagen de la Piedad nos toque el corazón.

2. La Palabra en el corazón

 “Tomaron el cuerpo de Jesús y lo vendaron todo, con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús” (Juan 19,40-42).

En la oscuridad que envuelve a la creación, María, la primera discípula creyente, permanece sola al mantener encendida la llama de la fe, esperando contra toda esperanza en la Resurrección de Jesús. La palabra de Jesús llenó siempre su corazón. Ahora, su hijo ha muerto, la mentira y el odio han apagado la voz del Amado. El mundo se ha quedado en silencio y a oscuras. Su corazón de Madre vela, espera, confía.

3. El silencio que espera

Tras la muerte la vida se detiene.
Todo queda en silencio,
a la espera de la última palabra.
¿Sabré callar en este día santo?

¿Sabré acallar el ruido impetuoso de mis culpas
que se me han echado impidiéndome la huida?

¿Sabré acallar mis palabras fáciles y falsas,
que tantas veces han cubierto de apariencia mis caminos?

¿Sabré acallar mis pensamientos,
que entretienen mi vida en las afueras?

¿Sabré acallar mi amor,
para que crezca, libre, en los adentros?

¿Sabré acallar mis triunfos,
con los que he presumido, con orgullo, en las alturas?

¿Sabré acallar mis dudas,
mis besos traicioneros?

¿Sabré acallar todos mis cuidados,
dejándolos entre las azucenas olvidados?

Un grupo de mujeres se ponen en camino hacia la vida.
La muerte no tiene la última palabra.
El corazón enamorado les hace barruntar lo que no ven.
Parecen locas, pero son pioneras de la vida.

En el silencio les ha crecido el amor, ¡el callado amor!
El callado amor, que vela por no poder olvidar al Amado.
El callado amor, que grita, el que más, contra la muerte.
El callado amor, que es el más solidario con las víctimas.

Ya se oyen las palabras del Amado,
incapaz el sepulcro de esconderlas.
Mi Amado mete la mano en la hendidura
y hace que se estremezcan mis entrañas.
“Levántate, amada mía, esposa mía. Ven a mí”.
Que la alegría rompa tu silencio en Aleluyas.

SANTA MARIA DE LA ESPERANZA
MANTÉN EL RITMO DE NUESTRA ESPERA.

CIPE.

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