Asunción de la Virgen María. Lectura orante del Evangelio: Lucas 1,29-56

María precede con su luz al peregrinante Pueblo de Dios como signo de esperanza cierta y de consuelo (Lumen gentium, 68). 

Proclama mi alma la grandeza del Señor.

Da gusto escuchar el canto a Dios de María. Ella se ha hecho disponible para Dios, ha aceptado con fe su proyecto de entrañable misericordia para todos. Su canto es el de una enamorada de Dios; ahí está su fuerza y su belleza. María pone a Dios como la primera grandeza de la vida. Ha visto a Dios alegre y ha quedado llena de alegría. En un momento como este que estamos viviendo, en que parece que a todo lo de Dios se lo quiere esconder, da mucha alegría escuchar el canto a Dios de hombres y mujeres que proclaman su grandeza.
Proclamamos con María tu grandeza, Señor.  

Se alegra mi espíritu en Dios.

Así de honda y limpia es la alegría de María. Todo su ser rezuma alegría. Ella es testigo de Dios y rebosa belleza. Se alegra en Dios que se abre paso hasta llegar al corazón humano. El cántico de María se ha convertido en oración de toda la Iglesia en todos los tiempos. En nuestro mundo, tan dado a ocultar a Dios y a negar la vida, tan ávido de buscar alegrías pasajeras, también nosotros estamos invitados a alegrarnos en Dios con una alegría que nadie nos puede quitar. Con la alabanza el corazón se dilata y se prepara para el cielo.
María, danos la victoria de la esperanza sobre la angustia, de la comunión sobre la soledad, de la paz sobre la turbación, de la alegría y de la belleza sobre el tedio y la náusea (Marialis cultus).  

Ha mirado la humildad de su esclava.

Dios se ha fijado en María, en ella se ha posado la bondad de Dios. Ha vivido su fragilidad, sostenida por el abrazo amoroso del Espíritu; no se le ha agrietado el barro de su vasija, la gracia lo ha embellecido. Ha quedado llena de amor. Como todo lo de Dios está en María ella es su presencia viva en medio del pueblo. En ella está la originalidad de la nueva creación, de ahí que todas las generaciones la llaman bienaventurada. María, tú eres la música de Dios en nuestro mundo. Tu canto está lleno de futuro para nosotros. ¡Bendita eres!  

Él hace proezas con su brazo.

María ha creído en la intervención de Dios en la historia de la humanidad, es la mujer del tiempo nuevo. Dios es la fuerza de los que no son nada, de los que no tienen nada, de los que no poseen nada porque no pertenecen al círculo de los poderosos. En este canto profético está la esencia del reino que predicará Jesús por los caminos. Dios no deja que la historia se pierda en la nada. Los tiempos difíciles exigen personas creyentes que, desposeídos de la seguridad personal, confían solamente en Dios. Contigo, Señor, nada de lo pequeño se pierde.  

En favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

La gratitud de la humanidad se hace canto. María sigue siendo la estrella del mar para todos los que seguimos A Jesús. María ha puesto sus pies en la eternidad y nos ha abierto el camino. Que el alma de María esté en cada uno para alabar a Dios; que su espíritu esté en cada uno para que se alegre en el Señor (San Ambrosio). 

Alegría desbordante en la fiesta de la Asunción de Nuestra Señora, agosto 2021

Libros recomendados por CIPE:

Post recomendados:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *