Domingo vigésimo sexto del tiempo ordinario. Lectura orante del Evangelio: Marcos 9,38-43.47-48

Es necesario que dejemos espacio en nuestras ciudades y comunidades para crecer, soñar, mirar nuevos horizontes. Nunca perdáis el gusto de disfrutar del encuentro, de la amistad, el gusto de soñar juntos, de caminar con los demás. Abrid las puertas de vuestra vida. Que vuestro ambiente y vuestro tiempo estén ocupados por personas concretas, relaciones profundas, con las que podáis compartir experiencias auténticas y reales en vuestra vida cotidiana (Palabras del papa Francisco a los jóvenes).

Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no es de los nuestros… No se lo impidáis.

El Espíritu, que ora en nosotros, nos abre la mente y el corazón para acoger sin miedo la propuesta novedosa de Jesús. El Evangelio nos invita a un cambio de vida. Por el hecho de ser orantes, no tenemos la exclusiva de Jesús ni somos los únicos depositarios de su amor. Dios es más grande que nuestros esquemas cerrados, actúa en la historia de forma insospechada para nosotros. La oración nos permite ver la presencia de Dios en tanta bondad escondida como hay en el mundo. La oración nos permite mirar de otra forma a los demás. Las personas que van por la vida haciendo el bien son señales de Jesús, son amigos y no adversarios, aunque no sean de los nuestros entre comillas. ¡Ojalá todo el pueblo fuera profeta y recibiera el Espíritu, que trabaja en la tarea de un mundo nuevo! ¡Ojalá nos alegráramos, sin envidias ni exclusivismos, al ver que otros hacen el bien! ¡Ojalá saliéramos cada mañana a la vida con más limpieza, con más respeto, con más libertad!
Señor, haz que nos alegremos de corazón cuando veamos cómo los demás hacen el bien. Te alabamos por ellos, Señor.  

El que os dé a beber un vaso de agua, porque seguís al Mesías, os aseguro que no se quedará sin recompensa.

Hay muchos que van por la vida como misioneros de la misericordia de Jesús, liberando a los que tienen algún mal. Un simple vaso de agua ofrecido a un sediento, una puerta abierta a un refugiado, una sonrisa en medio del dolor, una palabra de verdad en medio del ruido de la mentira, un abrazo… son modos de trabajar por el Reino. Muchos, anónimos amigos de Jesús, despiertan las músicas dormidas que llevamos dentro. Las personas que hacen el bien son regalo del Espíritu. Lo importante es que la ternura de Dios llegue a todos.
Señor: que veamos con claridad dónde está de veras el amor al prójimo.  

El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar.

Palabras duras de Jesús para un examen de vida. No es hora de engañar en las cosas de Dios. Nuestro seguimiento de Jesús está llamado a ser testimonio y no escándalo, luz en lo alto y no luz escondida, sal que sazona y no sal mojada. Está en juego que los pequeños puedan acercarse a Jesús. Somos responsables de la fe de los pequeñuelos. No da lo mismo vivir de una forma que de otra. Nuestras acciones tienen consecuencias. Hay muchos que se han alejado por nuestra intolerancia.
Señor, ayúdanos a descubrir que nuestras acciones pueden ser cimiento de la fe de muchos.

Más te vale entrar en el Reino.

Orar es entrar decididamente en el estilo de vivir y amar de Jesús. Comparado con esto, lo demás no vale nada o vale muy poco. Entrar en la historia apasionante de liberación que lleva adelante el Espíritu, abrir caminos al Evangelio de Jesús día a día, consolar a los afligidos… eso es lo que importa. De esta entrega coherente a la hora de vivir la fe depende que muchos se atrevan a mirar a Jesús como amigo.
Bendito y alabado seas, Señor. Tú convidas a todos a entrar en tu Reino.  

CIPE – septiembre 2021

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