UN MOMENTO DE ADORACION EN LA EPIFANÍA DEL SEÑOR

«Hemos visto su estrella”

La estrella es la fe, don que Dios nos ha regalado. Para llegar a la meta, hacen falta seguidores de estrellas, peregrinos de esperanza.

Se pusieron en camino”

Los Magos salieron de su casa, de su tierra, para buscar. Hace falta tener motivos hondos, dinamismo, tensión, hacia la nueva vida que Jesús nos da. «Poneos en camino»: tiene que resonar constantemente en nosotros.

 “Noche oscura”

La hay en toda búsqueda; también en el camino de los Magos, y en nuestro propio camino. Son las dificultades de todo tipo, los Herodes de turno, las que nos pueden llevar a mirar hacia atrás. Los Magos siguieron adelante. Es bueno no interrumpir el camino hasta dar con lo que buscamos. El que pasa la noche en fidelidad se llena de mucha alegría.

 “Encontraron un niño”

A quien espera cosas grandes y espectaculares puede que el Niño le decepcione y se pregunte: ¿Para esto hemos caminado tanto? Pero para quien sabe reconocer en los pequeños detalles los brotes de la vida nueva que se extiende, descubrirá a Dios en el Niño de Belén y en El lo tendrá todo y mucho más de lo esperado.

 “Lo adoraron”

Los que saben mirar la vida con humildad y descubren a Dios en los pequeños acontecimientos terminan por rendirse ante la manifestación de Dios y lo adoran; lo contemplan para quedar con el rostro glorioso y radiante.

Venite adoremos, venite adoremos, Venite adoremos Dominum.

 “Le ofrecieron regalos”

El regalo que Dios quiere es la ofrenda de todo nuestro ser, de nuestro granito de arena. Nada cambia tanto las cosas como cuando uno comparte lo que tiene con los demás. Entonces se genera en el mundo una ola imparable de compasión y de ternura. 

 “Y se fueron por otro camino”

Este debe ser el fruto de esta fiesta de los Reyes Magos: Ir por otros caminos. Ir por los caminos del Evangelio, de la comunión, de la solidaridad, de la fe alegre, de la fraternidad, de la compasión y la ternura.

Id, amigos, por el mundo anunciando el amor,
mensajeros de la vida, de la paz y el perdón.
Sed amigos los testigos de mi resurrección.
Id llevando mi presencia. Con vosotros estoy.

Señor Jesús,
Luz verdadera que vienes a iluminar a todos los pueblos,
hoy te contemplamos manifestado al mundo
como don del Padre para toda la humanidad.

Te adoramos, Niño Dios,
porque no te revelas desde el poder,
sino desde la humildad;
no desde la fuerza,
sino desde la ternura de un amor que se ofrece.
Como los Magos, venimos de lejos,
con el corazón en búsqueda,
atraídos por la luz que no engaña.

Enséñanos a reconocer Tu presencia
en los signos sencillos,
a dejarnos guiar por la estrella de Tu Palabra
y a no temer los caminos nuevos
cuando nos invitas a volver a casa por otra senda.

Recibe, Señor, el oro de nuestra adoración,
el incienso de nuestra oración confiada
y la mirra de nuestras fragilidades,
sabedores de que todo lo transformas en gracia.

Que esta Epifanía renueve nuestra fe,
ensanche nuestro corazón
y nos haga testigos humildes de Tu luz
en medio del mundo.

Tú, que te manifiestas como Salvador de todos,
permanece con nosotros
y guíanos siempre hacia el Padre.
Amén.

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