SEGUNDA SEMANA DE PASCUA

Lunes, 28 de abril

Nacer es un acontecimiento único, pero también un proceso que crece cada día. Nacer del Espíritu en la Pascua de Jesús supone vivir adheridos/as a Él.

¿Quién nos regalará la sabiduría de mirar el mundo con nuevos ojos? El Espíritu de la Pascua puede hacerlo. El Espíritu de Cristo Resucitado endereza nuestros pasos hacia la simplicidad del corazón, hacia el amor que nos reúne en una casa común y nos unifica en la mirada fraterna.

Ora la Palabra de cada día y deja que su Amor recree tu vida junto a la suya, en la suya. 

Martes, 29 de abril

Jesús nos muestra a un Dios cercano, compasivo y consolador. El descanso que Él ofrece no es huida de los problemas, sino una paz profunda que nace de vivir en comunión con Él.

Padre bueno, en medio del trabajo diario, haznos experimentar tu paz profunda, y enséñanos a ser descanso para otros: palabra que consuela,  presencia que acompaña con ternura.

Miércoles, 30 de abril

En Jesús se manifiesta el amor hasta el fin; sus obras a favor de cada ser humano muestran su unión con el Padre. La humanidad espera que surjan personas capaces de mirarlo todo y a todos como Dios mira. El mirar de Dios es amar.

Quiero caminar en verdad y ser reflejo de esperanza para quienes caminan abatidos  por el peso del dolor.

 Jueves, 1 de mayo: san José obrero

La fe es un don, pero encuentra acogida en quien está abierto a las sorpresas. Dios se nos da a lo grande. Jesús nos regala el Espíritu sin medida. En este derroche de gracia descubrimos lo que Dios quiere de nosotros. Intenta hoy compartir con alguien tu fe. Es una forma de extender la vida.

Orar es saber que el agua del Espíritu vivifica y alienta toda semilla que ponemos cada día en los surcos del mundo.

Viernes, 2 de mayo

Siempre que se comparte aparece el milagro, se asoma la novedad de Dios en la tierra, se generan hombres y mujeres libres llamados también a compartir. Echa mano al bolsillo y colabora para paliar tanta hambre como hay en el mundo. 

Aquí estoy, Señor, en la mesa con mi pan partido. 

Sábado, 3 de mayo

La misión nace de una convivencia prolongada con Jesús; la profecía nace de la amistad con Dios. Lo que se descubre en la intimidad del encuentro orante se proclama desde los tejados. Cuando un orante ha experimentado el amor gratuito de Jesús, puede colocarse en medio del mundo para ser con sus obras un humilde reflejo de la belleza de Dios.

Tú, Señor, eres mi Camino, mi Verdad y mi Vida. Tu amistad me pone en camino de anuncio.

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