LECTURA ORANTE DEL EVANGELIO: Lucas 6,39-45

“Necesitáis consentir jubilosamente que vuestra realidad sea dádiva, y aceptar aun vuestra libertad como gracia” (Papa Francisco, Gaudete et exsultate 55).

¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?

Dos preguntas de Jesús, como lámparas encendidas, penetran en nuestro interior buscando verdad. Es ciego quien no ha experimentado la misericordia del Señor en su propio pecado, pero se acerca a la luz quien se reconoce ciego ante el misterio de Dios y pide a Jesús que le dé “los ojos deseados que llevo en mis entrañas dibujados”. Quien conoce la misericordia puede guiar a otros, puede anunciarles la buena nueva del Evangelio. Jesús, da luz a nuestros ojos para mirar como Dios mira.

No está el discípulo sobre su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro.

Si queremos ser contemplativos tenemos que ser aprendices, discípulos de Jesús, toda la vida. Si cada día abrimos el oído y el corazón para aprender, seremos “un mensaje que el Espíritu Santo toma de la riqueza de Jesucristo y regala a su pueblo” (Papa Francisco).Gracias, Señor, Jesús, por compartir tu vida poderosa con nuestras frágiles manos.

¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo?

Solo quien ha experimentado en su propio pecado la misericordia del Señor puede entrar en la presencia del Dios compasivo y misericordioso y acompañar a otros en la corrección fraterna. Solo la gracia crea esa ternura imprescindible para acercarnos sin agresividad a los hermanos y curarnos mutuamente las heridas. Tu historia de amor comienza en nuestro propio corazón.

No se recogen higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos.

No somos zarzas ni espinos. Somos, por pura gracia del Señor, huerto regado, fecunda higuera, viña florida. “El amor se detiene, contempla el misterio, lo disfruta en silencio” (Papa Francisco). El Espíritu, intimidad de nuestra intimidad, “atalaya adonde se ven verdades”, limpia nuestra imagen de hijos e hijas de Dios para que demos frutos de santidad. Gracias, Señor. Bendito seas.

El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien.

Llevamos un tesoro de bondad en el corazón. Para descubrirlo, necesitamos tomar una lámpara y buscar en el silencio, más allá de nuestro perfil de Facebook, el acontecer íntimo de lo que llamamos vida: Dios mismo que nos hace participar de su ser y nos da voluntad para cuidar la vida herida. Dios, en nosotros, es fuente de santidad en medio de las gentes. La palabra de Jesús, guardada en el corazón, constituye la belleza interior y el fundamento de una vida sólida y solidaria. Es hora de que hable la boca lo que rebosa del corazón. Es hora de ser espirituales de veras, hechos a imagen del Espíritu, que renueva la faz de la tierra. Es tarde, pero es la hora de la bondad y de la paz profunda que bendice.Gracias, Señor: “Me ha tocado un lote hermoso, me encanta tu heredad”.

CIPE – Marzo 2019