Lectura orante del Evangelio: Lucas 14,25-33
La decisión de Jesús fue radical y total, y los que le siguieron fueron llamados a medirse con ella (Papa Francisco).
Mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo.
Muchos seguimos a Jesús. Pero, ¿cómo lo seguimos? ¿Con un seguimiento indeciso, precario, del ‘sí pero no’? ¿Con un seguimiento alegre, decidido, misionero? Jesús se vuelve, nos mira, nos hace una oferta ambiciosa de vida, alegría y plenitud. No nos es fácil entenderle, porque su propuesta desborda nuestros esquemas mentales. Aun así, con la confianza del Espíritu aceptamos quedarnos con él, cara a cara, rumiando con calma sus palabras; así entramos en la fascinante aventura del Reino. La sabiduría no es erudición, sino camino de gozo y vida.
Ven, Espíritu Santo, orienta nuestro corazón hacia Jesús.
‘Si alguno viene a mí y no pospone a sí mismo, no puede ser discípulo mío’. ¿Quién comprende lo que Dios quiere? (Sb 9,13-18).
Es mejor callar de momento, es mejor que las palabras de Jesús desenmascaren nuestra vieja mentalidad. Es mejor estar ante quien se ha jugado la vida y nos comparte, como testigo apasionado, la verdad del Reino. Es mejor sentirnos acompañados por el amor de Jesús, que es fiel. Cuando los valores del ego se colocan en un segundo plano, es que estamos ante un valor excepcional, vital. Lo que dice Jesús no es antihumano, al revés. Más allá de nuestro modo de vivir, por muy correcto que parezca, hay más vida. Es hora de optar por Jesús. Para los creyentes Dios se nos convierte en ancla firme que sostiene nuestra vida, y esto nos llena de paz y alegría.
Gracias, Jesús, por invitarnos a caminar contigo.
‘Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío’.
El éxito que promete Jesucristo no se da según los criterios del mundo. Caminar al lado de Jesús no es un salto en el vacío, aunque sí pide elegir, por amor, la cruz de cada día; la sabiduría de Dios es una opción. Seguir a Jesús es confiar en él, poner en él los ojos, salir y ponerse en movimiento para vivir el Evangelio. Ser discípulo de Jesús es una elección libre y consciente, hecha por amor, que requiere itinerancia, prontitud y decisión. Quien está con Jesús comprueba que la cruz y la alegría no son algo contradictorio. En la cruz aprendemos a romper con el egoísmo y a zambullirnos en el amor de Jesús. La cruz, libre y liberadora, no nos separa de la comunión con Jesús, ni nos impide amar a los demás.
Jesús, danos tu fuerza para caminar contigo.
‘El que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío’.
La condición para nuestro éxito: perseverar en la santidad, abrazar la cruz que viene con el seguimiento de Cristo.Jesús nos ofrece ser señores de todo, como lo es él; ‘todo es para mí’ (Juan de la Cruz). Siguiendo a Jesús, renunciamos a poner el corazón en los bienes porque hemos descubierto un bien mejor. Más que en la renuncia, el acento está en la plenitud y en la alegría. El Espíritu nos ayuda a ser discípulos de Jesús, ahora.
Jesús, tú eres nuestra plenitud.
¡Feliz Domingo! Desde el CIPE – septiembre 2025