DECIMOSÉPTIMA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

Lunes, 28 de julio

“El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza… se hace un árbol hasta el punto de que vienen los pájaros del cielo a anidar en sus ramas… El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta” (Mt 13, 31.33).

Con sus parábolas, Jesús invita a ver más allá de lo visible y a reconocer a Dios en lo cotidiano. El Evangelio llama a un corazón contemplativo y esperanzado, capaz de descubrir el Reino en lo simple, aun cuando los comienzos parezcan pequeños y frágiles.

Padre bueno, obra en lo oculto de nuestra vida y haz de tu Iglesia un hogar que transforme con amor y esperanza.

Martes , 29 de julio

“Sí, Señor, yo creo que tú eres el Hijo de Dios” (Jn 11,27) 

La fe es la respuesta a la vida que Jesús entrega a la humanidad. La muerte ya no tiene la última palabra. ¡Ha triunfado la vida! Cuando el miedo te atenace, cuando las dificultades te arrastren hacia abajo, cuando tu lenguaje esté teñido de pesimismo, recuerda que ha triunfado la vida.  

Creo en ti, Padre, dador de vida. Creo en ti, Jesús, dador de vida. Creo en ti, Espíritu Santo, recreador de toda vida.

Miércoles, 30 de julio

“El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo” (Mt 13,44)

¡Cómo le gustan a Jesús las personas que buscan! Su búsqueda les hace estar abiertos, perforar la vida cotidiana en busca de lo esencial. Al riesgo le sale al paso la alegría. Serás joven mientras busques, mientras preguntes, mientras te sorprendas. Si estás de vuelta de todo, compadécete de tu alma de viejo.

Que no me canse nunca de buscarte, Señor. Que no deje de entrar más adentro, en la espesura de tu amor. 

Jueves, 31 de julio

“¿Entendéis bien todo esto?” (Mt 13,51) 

No se trata de mirar a Jesús desde una ideología. Se trata de aceptar su mensaje, de respirar su perfume, de seguir sus pisadas. Sé humilde para aceptar que las convicciones hondas tardan en llegar a tu corazón.

Cuando paso contigo largos ratos, Señor, afloran a mi mente las memorias más hondas, siento que Tú me amas.

Viernes, 1 de agosto

“Sólo en su tierra desprecian a un profeta” (Mt 13,57).

En su tierra y en su casa no lo entienden. Le duele a Jesús tener que decir esto. En nuestra tierra se sigue despreciando al que dice la verdad y no habla con falsedad.   Tú sabes que en Jesús encuentras respuesta a las expectativas más íntimas de tu corazón. Pero tienes que saber que puedes ser despreciado.

Que ninguna dificultad frene mi amor a ti, Jesús, Quiero testimoniar tu amor con valentía. ¡Dame la fuerza de tu Espíritu!         

Sábado, 2 de agosto

“Mandó decapitar a Juan en la cárcel” (Mt 14,10)

Juan, el profeta, es valiente para la denuncia. No ha dejado que en sus labios se asome la adulación y la mentira. Jesús recoge el testigo de todos los mártires de la historia.  Seguro que no te es fácil, pero intenta decir la verdad.

Hablo con mis hermanos lenguajes tibios. Escondo tu verdad, tu profecía. Sana mi cobardía, Señor. 

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