VIGESIMOQUINTA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

Lunes, 22 de septiembre

“Nadie que ha encendido una lámpara, la tapa con una vasija o la mete debajo de la cama, sino que la pone en el candelero para que los que entren vean la luz” (Lc 8,16).

Jesús es tu luz y es la luz del mundo. Pero, ¿qué hacer para que esa luz cruce el abismo y llegue a tu corazón? Y ¿cómo hacer para que te apropies de las verdades profundas? Tu vida es un candil en medio de la casa. Los que vienen necesitan tu luz para no tropezar. 

Ilumíname, Señor, con tu Espíritu. Y déjame sentir el fuego de tu amor en mi corazón.

Martes, 23 de septiembre  

“Los que escuchan la palabra de Dios” (Lc 8, 21).

Cuando cesan los ruidos y comienza la canción del corazón, Dios se hace susurro. El Espíritu te abre los oídos para que escuches la buena nueva de la salvación. La palabra de Dios es tu primera fuente de vida, la que alimenta tu relación con Dios. Recuerda a María, la virgen oyente, que acoge con fe la palabra de Dios.

El Evangelio es lugar de encuentro con Jesús, y su palabra despierta deseos hondos de vida nueva.

Miércoles, 24 de septiembre

“No llevéis nada por el camino” (Lc 9,3).

No lleves nada, pero en la soledad del camino abre tu presencia a la presencia de Jesús. No lleves nada, para que seas peregrino de novedad. Lo más hermoso te viene dado. No lleves nada, para buscar ligero de equipaje, por montes y riberas, a tu Amado. No lleves nada, y sacúdete el polvo de los pies para que no se te quede dentro lo negativo.

Tu vida es un espacio humano habitado por la Trinidad.

Jueves, 25 de septiembre

“¿Quién es éste de quien oigo semejantes cosas?” (Lc 9,9).

Herodes está inquieto. Quiere encasillar a Jesús para domesticarlo, pero no sabe cómo. Sírvete tú de la pregunta del tirano para acercarte a Jesús y contemplar su rostro de cerca. ¿Quién es éste en cuya mirada se percibe un amor tan profundo, que toca nuestras raíces?

¿Quién es éste? Es Jesús, tu Señor.

Viernes, 26 de septiembre

¿Quién decís que soy yo?” (Lc 9,20).

Esta pregunta no te la haces tú, te la hace Jesús. Es desafiante; sólo tú la puedes responder: Eres el centro de la historia y del universo. Eres mi Dios y Señor. Eres la luz, la verdad, más aún, el camino, la verdad y la vida. Eres el pan y la fuente de agua viva, que satisface mi hambre y mi sed. Eres mi pastor, mi guía, mi consuelo, mi hermano, compañero y amigo de mi vida.

Juntos andemos, Señor.

Sábado, 27 de septiembre

«Al Hijo del hombre lo van a entregar» (Lc 9,44).

Jesús se metió en situaciones que él sabía le iban a abocar a la cruz. Le sostenía la relación con el Padre. De la experiencia de su amor sale la verdadera profecía. Amó la vida y supo para qué vivía. Se metió en los problemas del ser humano y del planeta. Mientras, los discípulos discutían para ver quién era el más importante.

Me descalzo ante ti, mi Señor, porque el terreno que piso es santo.

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