VIGESIMOTERCERA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

Lunes, 8 de septiembre

 “No tengas reparo en llevarte a María” (Mt 1,20).

 Dios tiene un proyecto para cada uno. A primera vista nos parece inalcanzable, pero nos regala la presencia de María, la que siempre va abriendo camino. Vive tu fe con María. No tengas reparo en abrirle la puerta de tu corazón. 

 ¡Qué hermoso abrirte la puerta, María! ¡Qué alegría cuando mis ojos se encuentran con los tuyos! ¡Qué gozo acoger siempre tu regalo: a Jesús!

Martes, 9 de septiembre

“Venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades” (Lc 6,18).

¿De qué sirve una religión que entretiene, pero que no da respuestas a las preguntas hondas ni cura las dolencias del corazón? El encuentro con Jesús siempre es novedoso, siempre cura. Haz tú también hoy el camino de la gente. Vete a Jesús. Dile que te cure.

Lo que tocas, Jesús, lo llenas de vida. Cuando me acerco a ti, Jesús, me llenas de vida y de alegría. Gracias, Jesús.

Miércoles, 10 de septiembre 

“Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios” (Lc 6,20).  

A Dios se le va el corazón hacia los pobres. Se estremece por dentro cuando ve la debilidad. La pobreza compra los ojos de Dios. Si te encuentras con un pobre no mires hacia otro lado. Comparte con él lo que tienes, acoge el tesoro que él te ofrece.  

La dicha de mi pobreza es tu riqueza. La dicha de mi nada eres Tú. Mis ojos se alegran cuando veo que me miras. Quiero ir siempre contigo, Señor.

Jueves, 11 de septiembre

«Amad a vuestros enemigos» (Lc 6,27).

¿Te sorprende esta palabra? ¿Qué provoca en tu interior? ¿Ensancha los límites de tu tienda? Así es Jesús: capaz de ir a por todas, sin buscar apaños, provocador desde la radicalidad, signo. ¿Qué haces? ¿Te lanzas a un amor gratuito y desinteresado, para parecerte a Dios? ¿Te pones a amar con un amor sin distinciones, incluso a los enemigos?

La nueva civilización del amor no será posible mientras las viejas heridas sigan doliendo.

Viernes, 12 de septiembre 

 “¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego?” (Lc 6,39).

Dale a Jesús el derecho a interpelarte. Es una señal de confianza. Le duele que tengas ojos y no veas con lucidez los caminos del reino. Le molesta que digas que ves cuando vas por la vida sin captar las transparencias de Dios.

Libra mis ojos de la muerte, dales la luz que es su destino. Y cuando veas con claridad acompaña a otros por el camino.

Sábado, 13 de septiembre

 “Cada árbol se conoce por su fruto… El que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque lo que rebosa del corazón, lo habla la boca” (Lc 6, 44.46).

Las obras son las que mejor hablan de lo que cada uno lleva en el corazón. Las obras son las que mejor hablan de Dios. Ofrece gratuitamente a todos los frutos que Dios hace nacer en tu tierra. Si riegas mi vida con tu amor, mi vida florecerá.

Si riegas mi vida con tu amor, mi vida florecerá. Si pongo tus frutos en una mesa común, en una eucaristía, sé que se alegrará tu corazón. 

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