Te ofrecemos esta vigilia de oración y otras en el siguiente enlace: https://cipecar.org/maestros-de-oracion/santa-teresa-de-jesus/celebraciones-y-vigilias-teresianas/
AMBIENTACIÓN
Preparamos un espacio sencillo de oración. En el centro podemos colocar: el Evangelio abierto, una vela encendida, una imagen de santa Teresa de Jesús, y, junto a ella, una frase: «ESTE GRAN DIOS»
Comenzamos guardando unos momentos de silencio. Respiramos serenamente. Entramos dentro. Teresa nos invita a descubrir que Dios no es una idea lejana, sino Presencia viva que habita, llama, sostiene y ama.
MONICIÓN DE ENTRADA
Celebramos a santa Teresa de Jesús, mujer buscadora, orante y apasionada por Dios. Ella fue descubriendo a lo largo de su vida quién era Dios para ella. No un Dios lejano. No un Dios encerrado en conceptos. No un Dios al que había que conquistar con esfuerzos. Sino un Dios vivo, cercano, amigo.
Teresa quedó sobrecogida muchas veces ante el misterio de Dios. Lo llama sencillamente: «Este gran Dios».
Grande en misericordia. Grande en paciencia. Grande en amor. Grande porque se hace pequeño para entrar en nuestra vida. Grande porque se queda esperando dentro de nosotros.
Esta noche queremos dejarnos mirar por Él. No venimos a comprenderlo todo. Venimos a estar. A escuchar. A dejarnos amar.
INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO
Ven, Espíritu Santo.
Llévanos al centro de nuestra alma,
allí donde Dios habita.
Silencia nuestras prisas,
nuestros temores,
nuestros ruidos interiores.
Enséñanos a mirar a Dios
con el asombro de Teresa.
Haznos descubrir
que el Dios inmenso
se hace cercano,
que el Dios eterno
quiere nuestra amistad,
que el Dios santo
nos espera dentro.
Abre nuestro corazón
al misterio de este gran Dios. Amén.
PRIMER MOMENTO: «DIOS ESTÁ AQUÍ»
PALABRA DE DIOS: Del Evangelio según san Juan 14,23
«El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él».
SILENCIO
Dejamos resonar:
«Vendremos a él».
«Haremos morada en él».
Dios quiere habitar. Dios quiere quedarse. Dios quiere hacer morada en nosotros.
MEDITACIÓN
Santa Teresa descubrió que no necesitaba buscar a Dios muy lejos. El camino comenzaba entrando dentro. Ella habla del alma como un castillo lleno de moradas, y en el centro habita Dios. Esta es una de las grandes intuiciones teresianas: Dios está dentro. Quizá vivimos demasiado hacia fuera. Pendientes de tareas, mensajes, preocupaciones, opiniones, noticias.
Y mientras tanto, dentro de nosotros permanece una Presencia. Silenciosa. Fiel. Esperando.
Orar comienza muchas veces simplemente así: entrar dentro y recordar que Dios está. No necesito fabricar su presencia. No tengo que convencerle para que venga. Él ya está. La pregunta es otra:
¿Estoy yo presente a su presencia?
Silencio.
PALABRA DE SANTA TERESA:
«No está la cosa en pensar mucho, sino en amar mucho».
Dejamos que esta palabra descienda lentamente al corazón. No pensar más. Amar más. Permanecer. Dejarse mirar.
SEGUNDO MOMENTO: «ESTE GRAN DIOS»
Contemplamos ahora la grandeza de Dios. Cuando decimos que Dios es grande, podemos pensar en poder, inmensidad, majestad. Pero Teresa descubre una grandeza todavía mayor: la grandeza de su amor.
Un Dios tan grande que se hace cercano.
Tan poderoso que no violenta nuestra libertad.
Tan inmenso que cabe en el corazón humano.
Tan santo que se acerca a nuestra pobreza.
Tan fiel que no se cansa de nosotros.
Este gran Dios quiere amistad.
Teresa define la oración como:
«Tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama».
Esto cambia nuestra manera de orar. No venimos ante un extraño. Venimos ante Alguien que nos ama. No necesitamos representar ningún papel. Podemos estar como somos.
PARA EL SILENCIO
Podemos repetir muy despacio:
Dios está aquí.
Dios me mira.
Dios me conoce.
Dios me ama.
Este gran Dios quiere mi amistad.
Silencio prolongado.
TERCER MOMENTO: «PONED LOS OJOS EN CRISTO»
PALABRA DE DIOS: Del Evangelio según san Juan 15,9
«Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor».
MEDITACIÓN
Para Teresa, el camino hacia Dios tiene un rostro: Jesucristo.
Ella insiste en no apartarnos nunca de su humanidad. Mirar a Jesús. Escucharle. Contemplar cómo ama. Cómo perdona. Cómo se acerca. Cómo toca al herido. Cómo se sienta a la mesa. Cómo llora. Cómo entrega la vida.
En Jesús vemos cómo es Dios. Por eso Teresa aconseja:
«Poned los ojos en Cristo».
Cuando no sepamos cómo orar: mirémosle.
Cuando no comprendamos lo que sucede: mirémosle.
Cuando la fe se vuelva pobre: mirémosle.
Cuando el cansancio llegue: mirémosle.
Cristo nos conduce hacia el misterio de ese gran Dios que es Padre, Hijo y Espíritu.
GESTO
Miramos durante unos momentos el Evangelio abierto o una imagen de Cristo. No decimos nada. Simplemente miramos. Y dejamos que Él también nos mire. Podemos repetir interiormente: Jesús, quiero permanecer en tu amor.
Silencio.
CUARTO MOMENTO: «NADA TE TURBE»
La experiencia de Dios no alejó a Teresa de los conflictos. Vivió enfermedades. Incomprensiones. Dificultades. Fracasos. Problemas dentro y fuera de la Iglesia. Y, sin embargo, fue creciendo en una certeza: Dios permanece. Por eso podemos escuchar su conocida oración:
«Nada te turbe,
nada te espante;
todo se pasa,
Dios no se muda.
La paciencia
todo lo alcanza.
Quien a Dios tiene
nada le falta.
Solo Dios basta».
Guardamos silencio.
Quizá hoy llegamos con alguna preocupación. Un dolor. Una persona. Una incertidumbre. Una situación que no podemos resolver. La ponemos sencillamente delante de Dios. Sin explicarla demasiado. Solo la dejamos en sus manos.
RESPUESTA ORANTE
Después de cada invocación podemos responder: Solo Dios basta.
Cuando el miedo nos visite. Solo Dios basta.
Cuando no sepamos qué hacer. Solo Dios basta.
Cuando nuestras fuerzas disminuyan. Solo Dios basta.
Cuando el futuro sea incierto. Solo Dios basta.
Cuando tengamos que comenzar de nuevo. Solo Dios basta.
Cuando todo parezca oscuro. Solo Dios basta.
QUINTO MOMENTO: «PARA ESTO ES LA ORACIÓN»
La oración teresiana nunca encierra. Quien se encuentra verdaderamente con Dios sale transformado. Más humano. Más libre. Más atento. Más compasivo. Más dispuesto a servir. Teresa no buscó una experiencia espiritual para quedarse en sí misma. La oración la llevó a fundar, caminar, escribir, acompañar, servir y trabajar por la Iglesia. La amistad con Dios nos vuelve hermanos. La verdadera contemplación termina siempre mirando también al otro. Por eso podemos preguntarnos:
¿Qué está transformando Dios en mí?
¿A quién me invita a acercarme?
¿Qué necesita hoy de mis manos?
¿Qué reconciliación espera de mí?
¿Qué gesto de amor puedo ofrecer?
Silencio.
SEXTO MOMENTO: «SEÑOR, SOY VUESTRA»
Escuchamos ahora el deseo radical de Teresa de ponerse enteramente en manos de Dios. Podemos orar lentamente:
Vuestra soy, para Vos nací,
¿qué mandáis hacer de mí?
Y dejar que cada uno complete interiormente: Señor, aquí estoy.
Con mis posibilidades. Con mis límites. Con mi historia. Con mis heridas. Con mis dones. Con lo que todavía no comprendo.
¿Qué queréis hacer de mí?
Silencio.
ORACIÓN FINAL
Padre bueno,
ante tu grandeza
nos sentimos pequeños,
pero no tenemos miedo,
porque sabemos que tu grandeza
es grandeza de amor.
Gracias porque habitas en nosotros,
porque nos buscas,
porque nos esperas,
porque quieres nuestra amistad.
Señor Jesús,
ponemos los ojos en ti.
Cuando nos dispersemos,
llévanos de nuevo al centro.
Cuando tengamos miedo,
recuérdanos que permaneces.
Cuando no sepamos orar,
enséñanos simplemente a estar contigo.
Espíritu Santo,
haznos entrar en la morada interior
donde Dios nos espera.
Purifica nuestra mirada,
ensancha nuestro corazón
y transforma nuestra oración en amor.
Santa Teresa de Jesús,
enséñanos a tratar de amistad
con quien sabemos nos ama.
Enséñanos a entrar dentro,
a mirar a Cristo,
a confiar,
a permanecer.
Y que el encuentro con este gran Dios
nos haga más humildes,
más libres,
más fraternos,
más disponibles para servir.
Virgen María, Madre del Carmelo,
mujer del silencio y de la escucha,
llévanos siempre hacia Jesús.
Que nuestra vida pueda decir cada día:
Vuestra soy, Señor.
Para Vos nací.
¿Qué mandáis hacer de mí?
Amén.
ENVÍO
Antes de terminar, guardamos unos instantes de silencio. Y nos llevamos una sola certeza: Este gran Dios habita en nosotros.
Nos conoce. Nos ama. Nos espera. Y podemos volver a Él en cualquier momento.
PARA RECORDAR DURANTE EL DÍA
Entra dentro.
Mira a Cristo.
Déjate amar.
Y ama.
«No está la cosa en pensar mucho, sino en amar mucho».
CANTO FINAL