Hay demasiados ruidos
que ahogan la voz
que me habla desde el
silencio del corazón.

Y demasiadas voces ajenas
que me seducen
y distraen de la pesada
carga del vivir.

No huir de la realidad,
ni buscar atajos
que me ahorren la difícil,
y a menudo dolorosa, ruta
de la amorosa entrega.

¿Por qué, a menudo,
cuesta tanto amar?

Será que hay que deshacerse,
todavía,
de la coraza del orgullo
y la autosuficiencia.
Y abandonarse
a la voz silente del corazón,
que no se cansa de esperar.

Nos convoca la vida,
que todo lo fortalece,
si sabemos cederle el paso.

Mar Galceran