Tiempo de cuaresma II

Destellos de luz que desearíamos eternos,
pero demasiado fácilmente se desvanecen
entre las oscuridades de la vida.

¿Por qué juegan tanto al escondite?

¿Quizás con su ocultamiento anhelan
que nos activemos en la búsqueda?
¿Quizás esperan que en la oscuridad
afinemos mejor nuestra mirada?

¿Y si, en el silencio de la noche,
tuvieran algo que decirnos?
¿Y si esa escucha nos invitara
a una radical entrega amorosa?

¿No nos haría el juego,
algo mejor de lo que somos?

Benditos destellos de luz,
¡escondeos!
Y os iré a encontrar
en el rostro de los más necesitados.

Mar Galceran

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