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Hoy día de san José, abrimos una ventana en el CIPE, para saludaros con cariño y compartir con vosotros una palabra de luz y de esperanza. A José confiamos esta experiencia de noche que atraviesa la humanidad doliente, solidaria y esperanzada.

Se nos ha echado encima este tiempo de incertidumbre, no sabemos qué pasará mañana, estamos recluidos en espacios limitados, sentimos miedo a contagiarnos, algunos, quizá, hemos perdido a personas queridas o nosotros mismos estamos ya en aislamiento reglamentario…

Al igual que José, hombre de fe silenciosa y orante, entró con naturalidad en el misterio de Dios, misterio que no podía controlar y que se fio de su Palabra en la noche….

A nosotros, también hoy, el Espíritu Santo nos abre el oído para escuchar la palabra de Jesús:

¡Ánimo, SOY YO. No tengáis miedo!

Este desconocido virus que nadie esperaba nos ha alcanzado a todos, se ha metido en nuestro hábitat, no conoce fronteras, ni colores, ni estatus, ni países… parece que quiere adueñarse de la vida del ser humano….

Pero…. ¡Qué paradoja!

Este desconocido, maligno e inoportuno virus nos trae un mensaje, envuelto en un doloroso ropaje, que hay que traspasar con una mirada nueva.

Desde el inicio ya despertó lo mejor del ser humano, su humanidad, su compasión, su solidaridad. Su sentido de familia humana. Cada día nos sorprenden noticias de gentes que cuidan la vida, acompañan la vida, sanan la vida, entregan la vida …. Crean redes de ayuda solidaria, gratuita, intentando proteger y levantar la vida para que nadie se sienta solo.

Hoy, solo tenemos hoy, os invitamos a reavivar la mirada creyente, aquella que penetra los acontecimientos más allá de la cáscara dura y amarga en la que, a veces, vienen envueltos.

Hoy, queremos acoger y abrazar la vida tal y como se nos  regala.

Dejar que la luz de la Palabra de Aquel que es dueño de la vida y de la muerte, del día y de la noche, alumbre el camino.

Nada sucede por casualidad. Todo está en sus Manos, en su Amor entregado por nosotros. “No sé hacia dónde Dios me lleva, pero sé que él me guía” nos dice Edith Stein.

En este Dios Padre, que nos ama entrañablemente, ponemos hoy nuestra confianza y esperanza y decimos con el salmista

Tú eres mi pastor,
nada me falta
en verdes praderas me haces recostar;
me conduces hacia fuentes tranquilas
y reparas mis fuerzas;
me guías por el sendero justo,
por el honor de tu nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.

Preparas una mesa ante mí
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.

Confiamos a nuestra señora, la Virgen del Carmen, a todas las personas que mas sufren, a toda la humanidad.

Os seguimos acompañando todos los días con la App. Evangelio orado. Dios nos bendiga a todos.

Equipo CIPE.