CELEBRACIÓN MARIANA
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo» (Lc 1,28)
AMBIENTACIÓN
Podemos preparar un pequeño espacio de oración con una imagen de la Virgen María, una vela encendida, la Biblia abierta y unas flores.
Nos disponemos a celebrar con alegría el nacimiento de María. En ella contemplamos la pequeñez escogida por Dios, la mujer abierta a su Palabra, la creyente que aprendió a guardar y meditar todo en el corazón.
Su nacimiento anuncia ya la cercanía de la salvación. María llega a nuestra historia como aurora que precede al Sol, como humilde criatura en la que Dios prepara una morada para su Hijo.
Guardamos unos momentos de silencio y nos ponemos en presencia de Dios.
CANTO O INVOCACIÓN INICIAL
Dios te salve, María,
llena eres de gracia,
el Señor es contigo.
Santa María,
mujer sencilla y disponible,
enséñanos a acoger la vida como don
y a dejarnos conducir por Dios.
MONICIÓN
Hoy celebramos el nacimiento de la Virgen María.
La Iglesia se alegra porque en su pequeña vida comienza a despuntar una historia nueva. María todavía no ha pronunciado su «hágase», pero Dios ya está preparando en ella el lugar donde su Palabra se hará carne.
Celebrar su nacimiento es aprender a confiar en los comienzos pequeños, en las semillas escondidas, en esas obras de Dios que crecen en silencio antes de hacerse visibles.
También nuestra vida está llena de comienzos. Dios continúa naciendo en nosotros cuando dejamos espacio a su Palabra, cuando acogemos su voluntad y cuando nos abrimos con sencillez al servicio de los demás.
Pidamos hoy a María que nos enseñe su modo de creer, escuchar y esperar.
EVANGELIO DE SAN MATEO 1,18-23
«La generación de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
“José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.
Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta:
“Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Emmanuel, que significa ‘Dios-con-nosotros’”».
SILENCIO ORANTE
Dejamos resonar en el corazón algunas palabras:
«No temas acoger a María».
«La criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo».
«Emmanuel, Dios-con-nosotros».
Guardamos unos minutos de silencio.
COMENTARIO ORANTE
El nacimiento de María nos habla de la fidelidad silenciosa de Dios.
Nada exteriormente extraordinario acompaña su llegada al mundo. Nace una niña, en un lugar concreto, dentro de una familia concreta. Y, sin embargo, en esa vida pequeña Dios está preparando algo inmenso.
Así suele actuar el Señor: comienza en lo escondido.
María nos recuerda que Dios no necesita grandezas para realizar su obra. Necesita un corazón disponible.
Su vida será progresivamente una apertura al misterio. Escuchará, preguntará, guardará, caminará, esperará. No comprenderá todo desde el principio, pero aprenderá a fiarse.
Santa Teresa de Jesús nos invita constantemente a volver la mirada hacia Cristo y a entrar en lo profundo del corazón. María hizo de toda su vida esa interioridad habitada: vivió atenta a Dios, disponible para su Palabra y abierta a las necesidades de los demás.
San Juan de la Cruz habla del alma que camina desprendida para poder quedar libre para Dios. María encarna esa pobreza interior: no se posee a sí misma, no se reserva, no se aferra. Se entrega.
El beato Francisco Palau invocaba a María como nuestra “Señora de las Virtudes” y ponía toda du vida y misión bajo su protección y amparo. La miraba como la jardinera que cuida nuestra vida interior.
En su nacimiento podemos contemplar también nuestra propia vocación. Cada uno ha sido llamado a ser espacio para Dios.
Quizá hoy podemos preguntarnos:
¿Qué está queriendo nacer Dios en mi vida?
¿Qué nueva llamada necesito acoger?
¿Qué tengo que dejar para que su Palabra encuentre más espacio en mí?
María nos enseña que la obra de Dios comienza muchas veces de manera humilde, silenciosa y aparentemente pequeña.
PRECES
Respondemos: Santa María, acompáñanos en el camino.
Por la Iglesia, para que aprenda de María a escuchar, guardar y anunciar la Palabra de Dios.
Santa María, acompáñanos en el camino.
Por quienes comienzan una nueva etapa en su vida, para que encuentren luz, confianza y esperanza.
Santa María, acompáñanos en el camino.
Por las familias, para que sepan cuidar la vida, acompañar los procesos y sostenerse en las dificultades.
Santa María, acompáñanos en el camino.
Por quienes atraviesan momentos de oscuridad, enfermedad, soledad o incertidumbre.
Santa María, acompáñanos en el camino.
Por quienes viven en países heridos por la guerra, la violencia y la injusticia, para que encuentren caminos de paz y reconciliación.
Santa María, acompáñanos en el camino.
Por todos los que buscan a Dios en la oración, para que descubran en María una maestra de escucha, silencio y disponibilidad.
Santa María, acompáñanos en el camino.
Por nosotros, para que aprendamos a reconocer los pequeños comienzos de Dios y a colaborar fielmente con su gracia.
Santa María, acompáñanos en el camino.
PADRE NUESTRO
ORACIÓN FINAL
Santa María,
en tu nacimiento celebramos
la fidelidad de Dios que prepara en silencio sus caminos.
Enséñanos a vivir atentos a su presencia,
a descubrir su obra en lo pequeño
y a confiar cuando todavía no vemos los frutos.
Haz nuestro corazón disponible,
como el tuyo,
para escuchar la Palabra,
guardarla con amor
y convertirla en servicio.
Madre del silencio y de la esperanza,
acompaña nuestros comienzos,
sostén nuestras búsquedas
y llévanos siempre hacia Jesús.
Que también nosotros podamos decir cada día:
«Hágase en mí según tu palabra».
Amén.
PARA LLEVAR A LA VIDA
Hoy puedo preguntarme: ¿Qué quiere comenzar Dios en mí?
Y elegir un gesto sencillo y concreto para colaborar con esa llamada: un tiempo de oración, una reconciliación, una visita, una palabra de ánimo, un servicio oculto o una decisión largamente aplazada.
Que María nos enseñe a comenzar de nuevo con humildad, confianza y disponibilidad.
EL CIPE os desea una Feliz Fiesta con María