INVOCACIÓN AL ESPÍRITU: Ven, Espíritu. Ayúdanos a vivir con quien sabemos nos ama.

SÍMBOLO: Imagen de la catedral gótica de Burgos, reflejo de la belleza del ser humano habitado por la gracia.

REFLEXIÓN

Se acerca la Pascua. En medio de la pandemia. Fiesta de liberación. Recuerdo del paso del pueblo a la libertad, tarea pendiente de liberación de tantos pueblos y personas, de tantas mujeres esclavas de la trata. Dentro del jubileo de nuestra catedral: memoria histórica de una comunidad, con la que nos sentimos en comunión sabiéndonos todos amados por Dios.

  • Proyección de imágenes de personas de Siria y de pateras, mientras se escucha la música de Nabucco.

La tienda del encuentro. En el camino por el desierto del pueblo de Israel la tienda del encuentro era signo visible de la presencia de Dios. Jesús es ahora para nosotros tienda de encuentro. Es un signo visible de la presencia de Dios. En él todos nos sentimos en comunión y adoramos al Padre en espíritu y verdad. Jesús nos ha revelado también que cada uno de nosotros, cada persona, somos morada de Dios: vendremos a él y haremos morada en él.

  • Momento de silencio para mirarnos a nosotros y a los demás con esta dignidad y belleza que nos ha dado el Padre.

La casa de mi Padre. Así llama Jesús a nuestra morada interior. Jesús reconoce a Dios como su propio Padre; todo lo que él hace está inspirado por Dios y da testimonio de cómo es él. ¿Cómo nos vemos por dentro? ¿Como casa del Padre? ¿Como mercado? ¿Como lugar de silencio y atención amorosa? ¿Como espacio habitado por mil ruidos? ¿Cuidamos nuestra interioridad? ¿Cómo lo hacemos?

  • Jesús, entra dentro de nosotros, limpia nuestra casa interior con tu misericordia. Enséñanos a hacer lo mismo con los demás.
  • Padre, tú habitas en cada uno de nosotros. No estás lejos. Somos tu casa, donde tú habitas.
  • Espíritu Santo, tú que habitas en nuestra morada interior, no dejes que entren en nosotros cosas que te entristezcan.
  • Testimonio: El día que comprendí esto todo se iluminó en mi interior y querría contar muy bajito este secreto a todos los que amo para que también ellos se unan a Dios… Esta intimidad con Él en lo interior ha sido el hermoso sol que ha iluminado mi vida convirtiéndola en un cielo anticipado. Y eso es lo que me sostiene hoy en medio de los sufrimientos. No tengo miedo a mi debilidad, porque el Dios fuerte está en mi (Isabel de la Trinidad).

Canto: Me postraré en tu presencia…

Allí me dio su pecho. El proyecto de Jesús es dar la vida en la cruz. Pero eso no es el final; la última palabra la tiene el Padre, levantándolo, resucitándolo. Jesús es una fuente que mana de su pecho, abierto para dar vida a todos. Todo nuestro bien consiste en aprender a recibir.

  • Miramos una imagen de Cristo Crucificado. Y recordamos y oramos con las palabras de Juan de la Cruz: Allí me dio su pecho, / allí me enseñó ciencia muy sabrosa; y yo le di de hecho / a mí sin dejar cosa: / allí le prometí de ser su esposa.

Nuestros pasos como discípulos de Jesús. Recordar a Jesús; el Espíritu mantiene vivo el recuerdo de Jesús en las comunidades; comprender a Jesús a la luz de la resurrección; creer participando en el acontecimiento de salvación y siendo sus testigos; orar en la interioridad habitada por el Espíritu.

ESCUCHA DE LA PALABRA: JUAN 2,13-25

Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados les dijo: «Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre». «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré». Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?». Pero él hablaba del templo de su cuerpo.

TESTIMONIO: ¿Cómo ha ido creciendo en mí el aprecio a la dignidad y belleza de cada persona? (Maribel Briones).

TEXTO ILUMINADOR del papa Francisco

Este Niño es el que dirá: «Os aseguro que siempre que lo hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25,40). Así,  cada persona necesitada, cada pobre, cada persona que sufre, cada moribundo, cada extranjero, cada prisionero, cada enfermo son “el Niño” que José sigue custodiando. Por eso se invoca a san José como protector de los indigentes, los necesitados, los exiliados, los afligidos, los pobres, los moribundos. Y es por lo mismo que la Iglesia no puede dejar de amar a los más pequeños, porque Jesús ha puesto en ellos su preferencia, se identifica personalmente con ellos. De José debemos aprender el mismo cuidado y responsabilidad: amar al Niño y a su madre; amar los sacramentos y la caridad; amar a la Iglesia y a los pobres. En cada una de estas realidades está siempre el Niño y su madre. (Patris Corde, 5).

SÚPLICA. Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo (Sal 27,4).

Padre nuestro. Bendición.

Equipo: CIPE