SEMANA DE ESPIRITUALIDAD EN LA CUARESMA: Del 7 al 11 de abril. 20:00 h. Salón del Carmen, Paseo del Empecinado, 1 – Burgos
«La esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado» (Romanos 5,5).
Día 11 de abril: CELEBRACIÓN DE LA RECONCILIACIÓN
EN EL NOMBRE DEL PADRE…
VOLVER AL SEÑOR DE CORAZÓN
Si volvéis a él de todo corazón
y con toda el alma,
siendo sinceros con él,
él volverá a vosotros
y no os ocultará su rostro.
Veréis lo que hará con vosotros,
le daréis gracias a boca llena,
bendeciréis al Señor de la justicia
y ensalzaréis al rey de los siglos (Cántico de Tobías, Tb 13,6-7).
Cuando olvidamos nuestras raíces, lo que somos, sufrimos un desarraigo radical. Cuando nos olvidamos de Dios y de su amor, ¿quién dará vida a nuestro corazón?

Día 10 de abril: SIGNOS DE ESPERANZA HOY. Isabel Olazagoitia, H de la C.


Día 9 de abril: JESUCRISTO, NUESTRA ESPERANZA. Carmelo Hernández (ocd).
Estas palabras son el saludo de la carta de S. Pablo a Timoteo y que hoy también quiero dirigiros a vosotros: “De Pablo, apóstol de Cristo Jesús por disposición de Dios salvador nuestro y de Cristo Jesús nuestra esperanza, a Timoteo” (1 Tim 1,1).
Y señalo una pregunta: ¿Es Jesucristo tu esperanza? ¿Es Jesucristo nuestra esperanza?
Cuando hablamos de Esperanza: ¿a qué nos referimos? ¿Qué piensas y crees tú, cuando escuchas esta palabra?
Digamos que hay un aspecto básico con dos direcciones: primeramente, que nuestra esperanza ES UNA PERSONA, ES Jesús. No se trata de esperar, cosas, mejoras, situaciones… Y en segundo lugar que esta persona nos da la ESPERANZA, así con mayúsculas, nos da la plenitud, no alguna cosilla. Frente a las pequeñas esperanzas que aparece en nuestra vida o las expectativas que podamos tener. Jesús nos da PLENITUD de vida, de felicidad, de alegría, de ACEPTACIÓN (resiliencia).
PREMISA
En este mundo donde se presentan tantas realidades como la salvación para los hombres, donde se apuesta por tantas cosas que se convierten casi (y sin casi) en ídolos: el progreso, el bienestar, las posesiones, alcanzar poder y fama… Donde se sacrifican tantas cosas, inclusive vidas humanas para conseguir todo eso. ¿Qué nos parece a nosotros? ¿Dónde nos colocamos?
Hablamos de Jesucristo, nuestra esperanza. Pero ¿esto es verdad? Él no nos da poder, ni fama, ni réditos. Más bien nos invita a colocarnos entre los pobres, los sencillos, los humildes, lo que no cuenta a los ojos del mundo. En definitiva ¿qué esperamos de Jesús? ¿Algo… Alguien…? ¿Una persona que nunca llega… Plenitud de vida y felicidad…? ¿Godot? ¿El centinela?
MODOS ‘DISTORSIONADOS’ DE ENTENDER LA ESPERANZA
Ya entre los discípulos de Jesús encontramos esta ambigüedad, cuando hablamos de Jesús y de lo que esperamos de Él. Quiero recordar a los discípulos de Emaús, aquellos dos discípulos que, destrozados en su ánimo, rotas sus ilusiones y esperanzas, se encuentran con aquel desconocido en su camino. Ellos envueltos en su dolor no son capaces de ver nada más allá de esa situación personal y le contestan cuando Jesús les pregunta sobre esa pena. Estamos así porque: “Los sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. ¡Nosotros esperábamos que él fuera el liberador de Israel!, pero ya hace tres días que sucedió todo esto” (Lucas 24,20-21).
Aquellos discípulos también tenían puesta su esperanza en Jesús, pero pronto nos damos cuenta que su esperanza, no tiene nada que ver con lo que Jesús ha querido poner en sus corazones, a lo largo del tiempo en que había vivido con ellos.
Una primera pista que nos pone en la dirección de lo que podemos esperar de Jesús. Digamos en lo auténtico, porque puede haber esperanzas, falsas o muertas, como la de estos discípulos que se había quedado en la nada… Menos mal que Jesús se ha encontrado con ellos y les hace recapacitar.
Pero quiero señalar otro ejemplo del Nuevo Testamento. Cuando Jesús después de resucitado se les ha aparecido a los discípulos, les ha estado hablado, y al final se marcha (asciende a los cielos). Al final encontramos este diálogo: “Estando ya reunidos le preguntaban: Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar la soberanía de Israel? Les contestó: No os toca a vosotros saber los tiempos y circunstancias que el Padre ha fijado con su exclusiva autoridad. Pero recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros, y seréis testigos míos en Jerusalén, Judea y Samaría y hasta el confín del mundo” (Hechos 1, 6-8).
De nuevo encontramos que la esperanza de algunos discípulos, no era lo que Jesús les había prometido y les señalaba. Jesús promete no es algo terreno, material; conseguir prebendas, honores. Es recibir el Espíritu Santo.
También encontramos lo que Herodes esperaba de Jesús, sus expectativas: “Herodes se alegró mucho de ver a Jesús. Hacía tiempo que tenía ganas de verlo, por lo que oía de él, y esperaba verlo haciendo algún milagro. Le hizo muchas preguntas, pero él no le respondió” (Lucas 23,8-9). Otros sin tener la autoridad de Herodes esperaban cosas parecidas: multiplicar los panes… baja de la cruz y creeremos que eres el Mesías…
¿QUÉ PODEMOS ESPERAR DE JESÚS, QUÉ PROMETE?
¿Qué esperamos de Jesús? A ver si es que deseamos algo que Él no va a darnos, porque nuestra mentalidad no es la de Él… (como los discípulos de Emaús…)
El papa Francisco en el mensaje de la Cuaresma de este año, nos invita a mirar a Jesucristo como el objetivo central de nuestra vida “Jesucristo, muerto y resucitado es, en efecto, el centro de nuestra fe y el garante de nuestra esperanza en la gran promesa del Padre: la vida eterna, que ya realizó en Él, su Hijo amado (cf. Jn 10,28; 17,3)” (Mensaje del papa Francisco para la Cuaresma de este año 2025).
“Jesús muerto y resucitado es el centro de nuestra fe…La esperanza cristiana consiste precisamente en esto: ante la muerte, donde parece que todo acaba, se recibe la certeza de que, gracias a Cristo, a su gracia, que nos ha sido comunicada en el Bautismo, «la vida no termina, sino que se transforma» para siempre” (Bula Jubilar, 20).
Por tanto, Jesús nos promete una gran esperanza, que en algún momento será realidad: LA VIDA ETERNA. La vida para siempre. Ofrecida para nosotros con su muerte y su resurrección.
LA ESPERANZA NOS HACE PENSAR QUE SOMOS HEREDEROS DE LA VIDA ETERNA: “de modo que, absueltos por su favor, fuéramos en esperanza herederos de la vida eterna” (Tito 3,7).
Y esta gran esperanza, que pudiéramos decir es lo definitivo para nosotros, es lo que va dando sustento y ánimo, realidad a nuestras pequeñas (o grandes esperanzas) en la vida de cada día.
En el Mensaje para la cuaresma de este año, escribe el papa Francisco: “Como nos enseñó el Papa Benedicto XVI en la Encíclica Spe salvi, «el ser humano necesita un amor incondicionado. Necesita esa certeza que le hace decir: “Ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro” ( Rm 8,38-39)» [6]. Jesús, nuestro amor y nuestra esperanza, ha resucitado [7], y vive y reina, glorioso. La muerte ha sido transformada en victoria y en esto radica la fe y la esperanza de los cristianos, en la resurrección de Cristo” (Mensaje del papa Francisco para la Cuaresma de este año 2025).
“Nosotros necesitamos tener esperanzas –más grandes o más pequeñas–, que día a día nos mantengan en camino. Pero sin la gran esperanza, que ha de superar todo lo demás, aquellas no bastan. Esta gran esperanza sólo puede ser Dios, que abraza el universo y que nos puede proponer y dar lo que nosotros por sí solos no podemos alcanzar” (Spes Salvi, 31).
ESPERANZA DE PLENITUD, DE CIELO. ESPERANZA DE LA RESURRECCIÓN, que permite acoger la cruz como camino. Pero esta esperanza no nos hace quedarnos contemplando el cielo y nada más (como embobados) como si no hubiera otra cosa que hacer, sino que, desde esa mirada hacia el cielo, tenemos que tratar de hacer progresar la tierra según el plan de Dios. Son los peligros que presenta el Evangelio, como por ejemplo en la Transfiguración, o en la Ascensión: Hay que mirar hacia la tierra y anunciar el Evangelio a todas las gentes.
TENEMOS QUE DESCUBRIR QUÉ SIGNIFICA PONER NUESTRA ESPERANZA EN JESÚS, Y ESO LO PODEMOS HACER PIDIENDO QUE EL ESPÍRITU SANTO NOS LO ENSEÑE: “Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, Padre de la gloria, os conceda un Espíritu de sabiduría y revelación que os lo haga conocer y os ilumine los ojos de la mente para apreciar la esperanza a la que os llama, la espléndida riqueza de la herencia que promete a los consagrados y la grandeza extraordinaria de su poder a favor de nosotros los creyentes, según la eficacia de su fuerza poderosa” (Ef 1,18-19).
Para poder hacerlo contamos con el DON DEL ESPÍRITU SANTO. Que es el gran regalo que Dios quiere darnos. Y a partir de esta realidad podemos descubrir, teniendo a Jesús Resucitado como la gran Esperanza en nuestras vidas: ESPERANZA DE AMPLITUD, QUE ENSANCHA LOS HORIZONTES DE LA VIDA. Que no nos deja encerrados en el YO, EN EL AUTOREFERENCIALIDAD, COMO SI FUERA EL ÚNICO HORIZONTE (POBRE…). ESPERANZA DE FORTALEZA EN NUESTRA DEBILIDAD. Esperanza del CAMINO, QUE DE LA MANO DE JESÚS NOS LLEVA AL PADRE. Esperanza PARA VOLAR ALTO, para ser LIBRES DE VERDAD. Esperanza que da fuerzas en la enfermedad, en el dolor… QUE DA SENTIDO A TODO LO QUE SE VIVE. Y es que nuestra Esperanza no es en COSAS, FAMAS, HONORES… SINO EN ÉL. Porque nuestra Esperanza es Él… y la vida eterna.
Y desde ahí nos invita a la conversión, a tener una mirada nueva: “Esta es, por tanto, la tercera llamada a la conversión: la de la esperanza, la de la confianza en Dios y en su gran promesa, la vida eterna. Debemos preguntarnos: ¿poseo la convicción de que Dios perdona mis pecados, o me comporto como si pudiera salvarme solo? ¿Anhelo la salvación e invoco la ayuda de Dios para recibirla? ¿Vivo concretamente la esperanza que me ayuda a leer los acontecimientos de la historia y me impulsa al compromiso por la justicia, la fraternidad y el cuidado de la casa común, actuando de manera que nadie quede atrás? “ (Mensaje del papa Francisco para la Cuaresma de este año 2025).
Ya ante Pilato había señalado Jesús: Mi reino no es de este mundo, Yo soy rey, pero de la verdad, no de cualquier cosilla…
DESDE AHÍ SE NOS INVITA A PREGUNTARNOS DONDE PONEMOS NUESTRA CONFIANZA, ¿EN ESTE JESÚS, COMO SE NOS PRESENTA O EN OTRAS REALIDADES QUE NOS RODEAN?
La palabra de Dios se convierte en un espejo donde mirarnos: “No confiéis en los nobles, en un hombre que no puede salvarse: sale su aliento y él vuelve al polvo, ese día perecen sus planes. Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob, su esperanza es el Señor su Dios, que hizo el cielo y la tierra, el mar y cuanto hay en ellos; que mantiene su fidelidad perpetuamente, que hace justicia a los oprimidos; que da pan a los hambrientos. El Señor libera a los cautivos” (Salmo 146,3-7).
“Confían unos en los carros, otros en la caballería; nosotros invocamos al Señor nuestro Dios. Ellos se encorvaron y cayeron; nosotros nos erguimos y nos mantenemos en pie” (Salmo 20,8-9).
UNA ESPERANZA QUE MIRA HACIA EL CIELO, PERO QUE NO DESCUIDA LAS COSAS DE LA TIERRA.
“Dios es el fundamento de la esperanza; pero no cualquier dios, sino el Dios que tiene un rostro humano y que nos ha amado hasta el extremo, a cada uno en particular y a la humanidad en su conjunto. Su reino no es un más allá imaginario, situado en un futuro que nunca llega; su reino está presente allí donde Él es amado y donde su amor nos alcanza” (Spes Salvi, 31).
NUESTRA ESPERANZA EN JESÚS, EN EL MESÍAS, NO ES SOLO PARA ESTA VIDA: “Si hemos puesto nuestra esperanza en el Mesías sólo para esta vida, somos los hombres más dignos de compasión” (1 Cor 15,19). PERO SOLO JESÚS PUEDE DARNOS LA PLENITUD DE LO QUE ANSIAMOS. Esperanza de cielo, pero que comienza y tiene sus repercusiones en la tierra. Esperanza del AMOR que se derrama en nuestra vida.
ESPERANZA QUE NOS LLEVA A MIRAR AL CIELO, PORQUE SIEMPRE TENEMOS UN DESEO, UN ANHELO DE MÁS, de eternidad. PERO QUE TIENE EN CUENTA LAS COSAS DE LA TIERRA, PERO NO SE QUEDA EN ELLAS.
Ya el Concilio Vaticano II, en sus documentos nos invita a tener este horizonte. En Gaudium et Spes, se nos dice: Esperar en la vida futura, no significa descuidar el progreso y la mejora de la tierra.
“Ignoramos el tiempo en que se hará la consumación de la tierra y de la humanidad. Tampoco conocemos de qué manera se transformará el universo. La figura de este mundo, afeada por el pecado, pasa, pero Dios nos enseña que nos prepara una nueva morada y una nueva tierra donde habita la justicia, y cuya bienaventuranza es capaz de saciar y rebasar todos los anhelos de paz que surgen en el corazón humano…
Se nos advierte que de nada le sirve al hombre ganar todo el mundo si se pierde a sí mismo. No obstante, la espera de una tierra nueva no debe amortiguar, sino más bien aliviar, la preocupación de perfeccionar esta tierra, donde crece el cuerpo de la nueva familia humana, el cual puede de alguna manera anticipar un vislumbre del siglo nuevo…
El reino está ya misteriosamente presente en nuestra tierra; cuando venga el Señor, se consumará su perfección” (GAUDIUM ET SPES 39).
DAR RAZÓN DE NUESTRA ESPERANZA: “Reconoced internamente la santidad de Cristo como Señor. Si alguien os pide explicaciones de vuestra esperanza estad dispuestos a defenderla” (1 Pe 3,15).
El testimonio más convincente de esta esperanza nos lo ofrecen los mártires, que, firmes en la fe en Cristo resucitado, supieron renunciar a la vida terrena con tal de no traicionar a su Señor (Cf. Bula Jubilar, 3).
Día 8 de abril: LA GRACIA DE LA ESPERANZA
Dinámica de la paciencia

CUENTO DEL ALFARERO
Día 7 de abril: PEREGRINOS DE LA ESPERANZA EN EL CORAZÓN DEL MUNDO: Pedro Tomás Navajas (ocd)

Entramos en unos días para descubrir, celebrar y revelar, a través de narraciones concretas, el sentido de nuestra vida, que es Cristo.
¿Cómo nos situaremos en este momento que nos toca vivir como gracia para dar buenas noticias a los pobres? (Lc 4,18-19). ¿Cómo emprender el camino hacia la Pascua con el entusiasmo de la vida nueva?
Por muy negra que sea la situación de lo que pasa y de lo que nos pasa, nada nos impide vivir con esperanza, aunque esta sea pequeñita como un grano de mostaza que crece en silencio.
El Espíritu Santo nos concede su don, casi haciéndonos fuerza para que lo tengamos.
El reino de Dios es semejante a la levadura que una mujer tomó y escondió en tres medidas de harina hasta que todo quedó fermentado (Mt 13,33). Lo que pretendemos estos días es discernir en comunidad, y en diálogo con la Iglesia, ¿en qué podemos mejorar, fortalecer la fidelidad creativa?
EL ASOMBRO
Relato de Rilke, poeta y novelista austríaco. Relato de la rosa y la mendiga. “He estado asombrada”. El asombro es la música de la esperanza.
“Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios” (1Jn 3,3).
“Mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?” (Is 43,19).
“Mirad que hago todo nuevo” (Ap 21,5).
“Haced lo que él os diga” (Jn 2,5).
La esperanza se mantiene viva por la experiencia del amor.
El perfil más preocupante del hombre de hoy es el déficit de esperanza. Algunos ven el mundo como un inmenso cementerio de esperanzas y dudan que el futuro traiga nada bueno. Hace falta mucho asombro, mucha experiencia del amor que nos deje asombrados. Hace falta que a la noche le salgan los levantes de la aurora de la esperanza.
Canto: Vengo aquí, mi Señor, a olvidar las prisas de la vida. Ahora sólo importas tú, dale la paz a mi alma…
LOS DE ABAJO
“Los cristianos debemos ser místicos de ojos abiertos”. Una mística buscadora de rostros, de víctimas. La Iglesia nació al pie de una víctima, de Jesús. Hay que mirar a los de abajo.
Estos días hemos mirado a Casilda, sumida en el silencio de la enfermedad que avanza. A pesar de todo sacó fuerzas para decir a los médicos: “Eutanasia, no. Eutanasia, no”. Esta mujer, tan frágil y tan amada, desde el lecho del dolor, es peregrina de esperanza por su grito profético, por su amor a la vida.
En nuestra oración de esta tarde escuchamos el grito de Casilda y de tantas víctimas, despojadas de todo, y recreamos nuestra esperanza con la suya. “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias… y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón (GS 1).
Canto: Vengo aquí, mi Señor, a olvidar las prisas de la vida. Ahora sólo importas, dale la paz a mi alma…
DESPERTAD
Rafael María León, amigo y hermano, ha compuesto miles de canciones. Una de ellas con el salmo 56. Suena así: Despertad, cítara y arpa. Despertaré a la aurora.
“¡Despierta, órgano, instrumento sagrado!” Esto es lo que pedía el arzobispo de París en la víspera de la Inmaculada. El gran órgano, el más grande de Francia, había sido afectado por un incendio terrible el día 19 de abril de 2019, día del Viernes Santo. El órgano se había quedado mudo. Sus 8000 tubos, ensuciados por polvo de plomo, tuvieron que ser desmontados y limpiados. El gran órgano respondió y resonó de forma impresionante durante la apertura de la catedral.
También nosotros, piezas de un órgano universal increíble, nos afinamos por la esperanza, para alabar, en sinfonía sinodal, al Creador y ser una fuente de alegría y bendición para los demás. Valorando la diversidad (sinfonía) y la inclusión (yendo más allá del yo no soy como ese). Un Te Deum lleno de gratitud resuena en nuestras comunidades. Al estilo del salmo 150, que es una alabanza a toda orquesta. Necesitamos un nuevo nosotros de alabanza. La esperanza y la alegría van juntas. En este estado de vida tan perfecta siempre el alma anda interior y exteriormente como de fiesta, y trae con gran frecuencia en el paladar de su espíritu un júbilo de Dios grande, como un cantar nuevo, siempre nuevo, envuelto en alegría y amor en conocimiento de su feliz estado (LB 2,36). Con toda la Iglesia somos peregrinos de esperanza, cantores de un cántico nuevo, portadores de bendición.
“El porvenir de la humanidad está en manos de quienes sepan dar a las generaciones venideras razones para vivir y razones para esperar” (GS 31).
Gesto: manos unidas. Escuchamos una canción muy inspiradora. “Surgirá un mundo nuevo, levantado por la fuerza del amor, hecho por hombres con el corazón abierto al Espíritu de Dios. Y su ley será el perdón y su justicia el amor, por la fuerza de su fe en el Señor” (Verbum Dei).
SURGIRÁ UN MUNDO NUEVO, LEVANTADO POR LA FUERZA DEL AMOR
¿CÓMO SERÁ ESTO?
“¿Cómo será esto?” (Lc 1,34). Invitamos a la gran peregrina de esperanza, María de Nazaret, a caminar con nosotros. “Ven con nosotros a caminar, Santa María, ven”. Y María nos pone en manos del Espíritu Santo, que es nuestro amigo. Él es que nos construye. Con María, vida, dulzura y esperanza nuestra, necesitamos crear espacios de encuentro, de fraternidad, de jubileo.Lo haremos con ligereza y alegría, porque “esta esperanza viva en Dios da al alma una tal viveza y animosidad y levantamiento a las cosas de la vida eterna, que en comparación de lo que allí espera, todo lo del mundo le parece, como es la verdad, seco y lacio y muerto, de ningún valor” (Noche 2, 21,6). Necesitamos respirar juntos el perfume de la esperanza. Tenemos una cita de eternidad. ¡La esperanza no defrauda! (Rom 5,5).
La esperanza no es únicamente una cuestión de mirada, de ojos nuevos, sino también de manos nuevas y trabajo adecuado y eficaz. “La esperanza ha de escuchar con sentido casi musical el movimiento de la realidad y preguntar en qué dirección hay que tocar la melodía” (E. Bloch).
“El cristianismo ha muerto muchas veces y otras tantas se ha alzado de nuevo, pues contaba con un Dios que sabía cómo salir del sepulcro” (Chesterton).
En el abrazo a nuestra cruz y en el abrazo a la cruz de Cristo y de todas las víctimas de la tierra, renace la vida y nos podemos decir palabras rebosantes de aliento y esperanza.
Día 8 de abril: LA GRACIA DE LA ESPERANZA
Día 9 de abril: JESÚS, NUESTRA ESPERANZA
Día 10 de abril: SIGNOS DE ESPERANZA
Día 11 de abril: CELEBRACIÓN DE LA RECONCILIACIÓN (Iglesia del Carmen).