SEMANA DE ESPIRITUALIDAD: La esperanza no defrauda.

Día 11 de abril: CELEBRACIÓN DE LA RECONCILIACIÓN

EN EL NOMBRE DEL PADRE…

VOLVER AL SEÑOR DE CORAZÓN

Si volvéis a él de todo corazón
y con toda el alma,
siendo sinceros con él,
él volverá a vosotros
y no os ocultará su rostro.

Veréis lo que hará con vosotros,
le daréis gracias a boca llena,
bendeciréis al Señor de la justicia
y ensalzaréis al rey de los siglos (Cántico de Tobías, Tb 13,6-7).

Cuando olvidamos nuestras raíces, lo que somos, sufrimos un desarraigo radical. Cuando nos olvidamos de Dios y de su amor, ¿quién dará vida a nuestro corazón?

Día 10 de abril: SIGNOS DE ESPERANZA HOY. Isabel Olazagoitia, H de la C.

Día 9 de abril: JESUCRISTO, NUESTRA ESPERANZA. Carmelo Hernández (ocd).

Estas palabras son el saludo de la carta de S. Pablo a Timoteo y que hoy también quiero dirigiros a vosotros: “De Pablo, apóstol de Cristo Jesús por disposición de Dios salvador nuestro y de Cristo Jesús nuestra esperanza, a Timoteo” (1 Tim 1,1).
Y señalo una pregunta: ¿Es Jesucristo tu esperanza? ¿Es Jesucristo nuestra esperanza?

Cuando hablamos de Esperanza: ¿a qué nos referimos? ¿Qué piensas y crees tú, cuando escuchas esta palabra?

Digamos que hay un aspecto básico con dos direcciones: primeramente, que nuestra esperanza ES UNA PERSONA, ES Jesús. No se trata de esperar, cosas, mejoras, situaciones… Y en segundo lugar que esta persona nos da la ESPERANZA, así con mayúsculas, nos da la plenitud, no alguna cosilla. Frente a las pequeñas esperanzas que aparece en nuestra vida o las expectativas que podamos tener. Jesús nos da PLENITUD de vida, de felicidad, de alegría, de ACEPTACIÓN (resiliencia).

PREMISA

En este mundo donde se presentan tantas realidades como la salvación para los hombres, donde se apuesta por tantas cosas que se convierten casi (y sin casi) en ídolos: el progreso, el bienestar, las posesiones, alcanzar poder y fama… Donde se sacrifican tantas cosas, inclusive vidas humanas para conseguir todo eso. ¿Qué nos parece a nosotros? ¿Dónde nos colocamos?

Hablamos de Jesucristo, nuestra esperanza. Pero ¿esto es verdad? Él no nos da poder, ni fama, ni réditos. Más bien nos invita a colocarnos entre los pobres, los sencillos, los humildes, lo que no cuenta a los ojos del mundo. En definitiva ¿qué esperamos de Jesús? ¿Algo… Alguien…? ¿Una persona que nunca llega… Plenitud de vida y felicidad…? ¿Godot? ¿El centinela?

MODOS ‘DISTORSIONADOS’ DE ENTENDER LA ESPERANZA

Ya entre los discípulos de Jesús encontramos esta ambigüedad, cuando hablamos de Jesús y de lo que esperamos de Él. Quiero recordar a los discípulos de Emaús, aquellos dos discípulos que, destrozados en su ánimo, rotas sus ilusiones y esperanzas, se encuentran con aquel desconocido en su camino. Ellos envueltos en su dolor no son capaces de ver nada más allá de esa situación personal y le contestan cuando Jesús les pregunta sobre esa pena. Estamos así porque: “Los sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. ¡Nosotros esperábamos que él fuera el liberador de Israel!, pero ya hace tres días que sucedió todo esto” (Lucas 24,20-21).

Aquellos discípulos también tenían puesta su esperanza en Jesús, pero pronto nos damos cuenta que su esperanza, no tiene nada que ver con lo que Jesús ha querido poner en sus corazones, a lo largo del tiempo en que había vivido con ellos.

Una primera pista que nos pone en la dirección de lo que podemos esperar de Jesús. Digamos en lo auténtico, porque puede haber esperanzas, falsas o muertas, como la de estos discípulos que se había quedado en la nada… Menos mal que Jesús se ha encontrado con ellos y les hace recapacitar.

Pero quiero señalar otro ejemplo del Nuevo Testamento. Cuando Jesús después de resucitado se les ha aparecido a los discípulos, les ha estado hablado, y al final se marcha (asciende a los cielos). Al final encontramos este diálogo: “Estando ya reunidos le preguntaban: Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar la soberanía de Israel? Les contestó: No os toca a vosotros saber los tiempos y circunstancias que el Padre ha fijado con su exclusiva autoridad. Pero recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros, y seréis testigos míos en Jerusalén, Judea y Samaría y hasta el confín del mundo” (Hechos 1, 6-8).

De nuevo encontramos que la esperanza de algunos discípulos, no era lo que Jesús les había prometido y les señalaba. Jesús promete no es algo terreno, material; conseguir prebendas, honores. Es recibir el Espíritu Santo.

Día 8 de abril: LA GRACIA DE LA ESPERANZA

Dinámica de la paciencia

Día 7 de abril:  PEREGRINOS DE LA ESPERANZA EN EL CORAZÓN DEL MUNDO: Pedro Tomás Navajas (ocd)

Entramos en unos días para descubrir, celebrar y revelar, a través de narraciones concretas, el sentido de nuestra vida, que es Cristo. 
¿Cómo nos situaremos en este momento que nos toca vivir como gracia para dar buenas noticias a los pobres? (Lc 4,18-19). ¿Cómo emprender el camino hacia la Pascua con el entusiasmo de la vida nueva?
Por muy negra que sea la situación de lo que pasa y de lo que nos pasa, nada nos impide vivir con esperanza, aunque esta sea pequeñita como un grano de mostaza que crece en silencio.  
El Espíritu Santo nos concede su don, casi haciéndonos fuerza para que lo tengamos.
El reino de Dios es semejante a la levadura que una mujer tomó y escondió en tres medidas de harina hasta que todo quedó fermentado (Mt 13,33). Lo que pretendemos estos días es discernir en comunidad, y en diálogo con la Iglesia, ¿en qué podemos mejorar, fortalecer la fidelidad creativa?

Relato de Rilke, poeta y novelista austríaco. Relato de la rosa y la mendiga. “He estado asombrada”. El asombro es la música de la esperanza.
“Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios” (1Jn 3,3).
“Mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?” (Is 43,19).
“Mirad que hago todo nuevo” (Ap 21,5).
“Haced lo que él os diga” (Jn 2,5).
La esperanza se mantiene viva por la experiencia del amor.

El perfil más preocupante del hombre de hoy es el déficit de esperanza. Algunos ven el mundo como un inmenso cementerio de esperanzas y dudan que el futuro traiga nada bueno. Hace falta mucho asombro, mucha experiencia del amor que nos deje asombrados. Hace falta que a la noche le salgan los levantes de la aurora de la esperanza.

Canto: Vengo aquí, mi Señor, a olvidar las prisas de la vida. Ahora sólo importas tú, dale la paz a mi alma…

“Los cristianos debemos ser místicos de ojos abiertos”. Una mística buscadora de rostros, de víctimas. La Iglesia nació al pie de una víctima, de Jesús. Hay que mirar a los de abajo.
Estos días hemos mirado a Casilda, sumida en el silencio de la enfermedad que avanza. A pesar de todo sacó fuerzas para decir a los médicos: “Eutanasia, no. Eutanasia, no”. Esta mujer, tan frágil y tan amada, desde el lecho del dolor, es peregrina de esperanza por su grito profético, por su amor a la vida. 
En nuestra oración de esta tarde escuchamos el grito de Casilda y de tantas víctimas, despojadas de todo, y recreamos nuestra esperanza con la suya. “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias… y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón (GS 1).

Canto: Vengo aquí, mi Señor, a olvidar las prisas de la vida. Ahora sólo importas, dale la paz a mi alma…

Rafael María León, amigo y hermano, ha compuesto miles de canciones. Una de ellas con el salmo 56. Suena así: Despertad, cítara y arpa. Despertaré a la aurora.

“¡Despierta, órgano, instrumento sagrado!” Esto es lo que pedía el arzobispo de París en la víspera de la Inmaculada. El gran órgano, el más grande de Francia, había sido afectado por un incendio terrible el día 19 de abril de 2019, día del Viernes Santo. El órgano se había quedado mudo. Sus 8000 tubos, ensuciados por polvo de plomo, tuvieron que ser desmontados y limpiados. El gran órgano respondió y resonó de forma impresionante durante la apertura de la catedral.

También nosotros, piezas de un órgano universal increíble, nos afinamos por la esperanza, para alabar, en sinfonía sinodal, al Creador y ser una fuente de alegría y bendición para los demás. Valorando la diversidad (sinfonía) y la inclusión (yendo más allá del yo no soy como ese). Un Te Deum lleno de gratitud resuena en nuestras comunidades. Al estilo del salmo 150, que es una alabanza a toda orquesta. Necesitamos un nuevo nosotros de alabanza. La esperanza y la alegría van juntas. En este estado de vida tan perfecta siempre el alma anda interior y exteriormente como de fiesta, y trae con gran frecuencia en el paladar de su espíritu un júbilo de Dios grande, como un cantar nuevo, siempre nuevo, envuelto en alegría y amor en conocimiento de su feliz estado (LB 2,36). Con toda la Iglesia somos peregrinos de esperanza, cantores de un cántico nuevo, portadores de bendición.

“El porvenir de la humanidad está en manos de quienes sepan dar a las generaciones venideras razones para vivir y razones para esperar” (GS 31).

Gesto: manos unidas. Escuchamos una canción muy inspiradora. “Surgirá un mundo nuevo, levantado por la fuerza del amor, hecho por hombres con el corazón abierto al Espíritu de Dios. Y su ley será el perdón y su justicia el amor, por la fuerza de su fe en el Señor” (Verbum Dei).  

¿CÓMO SERÁ ESTO?

“¿Cómo será esto?” (Lc 1,34). Invitamos a la gran peregrina de esperanza, María de Nazaret, a caminar con nosotros. “Ven con nosotros a caminar, Santa María, ven”. Y María nos pone en manos del Espíritu Santo, que es nuestro amigo. Él es que nos construye. Con María, vida, dulzura y esperanza nuestra, necesitamos crear espacios de encuentro, de fraternidad, de jubileo.Lo haremos con ligereza y alegría, porque “esta esperanza viva en Dios da al alma una tal viveza y animosidad y levantamiento a las cosas de la vida eterna, que en comparación de lo que allí espera, todo lo del mundo le parece, como es la verdad, seco y lacio y muerto, de ningún valor” (Noche 2, 21,6). Necesitamos respirar juntos el perfume de la esperanza. Tenemos una cita de eternidad. ¡La esperanza no defrauda! (Rom 5,5).

La esperanza no es únicamente una cuestión de mirada, de ojos nuevos, sino también de manos nuevas y trabajo adecuado y eficaz. “La esperanza ha de escuchar con sentido casi musical el movimiento de la realidad y preguntar en qué dirección hay que tocar la melodía” (E. Bloch).

“El cristianismo ha muerto muchas veces y otras tantas se ha alzado de nuevo, pues contaba con un Dios que sabía cómo salir del sepulcro” (Chesterton).

En el abrazo a nuestra cruz y en el abrazo a la cruz de Cristo y de todas las víctimas de la tierra, renace la vida y nos podemos decir palabras rebosantes de aliento y esperanza.

Día 8 de abril: LA GRACIA DE LA ESPERANZA

Día 9 de abril:  JESÚS, NUESTRA ESPERANZA

Día 10 de abril:  SIGNOS DE ESPERANZA

Día 11 de abril:  CELEBRACIÓN DE LA RECONCILIACIÓN (Iglesia del Carmen).

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