I DOMINGO DE CUARESMA

Invocamos al Espíritu.

Ven, Espíritu Santo. Condúcenos al desierto de la interioridad, al desierto de la creatividad de la Palabra, al desierto de la comunión con la ternura amorosa de Dios.

Motivación

La Palabra tiene en sí una potencialidad que no podemos predecir. Toda palabra en la Escritura es primero don antes que exigencia. Necesitamos acercarnos a la Palabra con un corazón dócil y orante, para que ella engendre dentro de sí una mentalidad nueva

1. A LA ESPERA DE LA PALABRA. Con la lámpara encendida

Contexto.

Primer domingo de Cuaresma, tiempo litúrgico para abrir el corazón a la gracia, que nos invita a  confrontar nuestra vida con el Evangelio, como camino hacia la Pascua, la fiesta central de la fe.

Tiempo determinante de la vida cristiana, que nos ayuda a tomar conciencia de lo que somos y de cómo somos, de lo que vivimos y de cómo vivimos, de lo que hacemos y de cómo lo hacemos.

El texto de hoy nos dice cómo hay que luchar contra lo que nos deshumaniza en razón de una falsa “divinización”, pecado cuando viene de nosotros, gracia cuando viene de Dios. Las tentaciones del pueblo como fondo. Cuarenta, el número bíblico de la existencia humana (400 años en Egipto, 40 años en el desierto, 40 días de camino de Elías hasta el Horeb…)

2. PROCLAMACIÓN DE LA PALABRA: Mateo 4, 1-11

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo:
«Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes».
Pero él le contestó:
«Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”».
Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo:   
«Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”».
Jesús le dijo:   
«También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».
De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y su gloria, y le dijo:   
«Todo esto te daré, si te postras y me adoras».
Entonces le dijo Jesús:   
«Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”». Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.

3. FECUNDIDAD DE LA PALABRA

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Jesús ha sufrido tentación, como todo ser humano (la tentación es algo inherente al ser humano). Tiene que orar, realiza opciones, se pone en manos de Dios. El Espíritu lo conduce al desierto, lugar privilegiado de encuentro. Israel, cuando quiere comenzar de nuevo, siempre mira al desierto: cita del pecado y del amor desbordante de Dios, fragilidad y ternura.

El tentador se le acercó El tentador le plantea tres tentaciones, como símbolo de las que experimentó a lo largo de su vida. El tentador toca el centro de la experiencia religiosa de Jesús: ser hijo de Dios. La tentación más terrible fue sin duda la de la noche del Jueves Santo y la de la Cruz (tentación de abandono del Padre, la más amarga del ser humano). «¿Estás ahí? ¿Es verdad que hay un Padre que cuida mi vida? ¿Es verdad que todo esto tiene sentido?» La tentación: Servirse de la fe para tentar al mismo Dios. La filiación divina no elimina nada de la condición humana. Jesús no vence a la muerte escapándose de ella. Jesús no usa sus poderes para vivir bien y escapar de la vida cotidiana. Jesús hace de su vida y de su muerte un triunfo del Espíritu, por eso es el hombre nuevo.

Está escrito. El «está escrito», repetido por tres veces, tiene un significado muy profundo. Adán y Eva pretendieron ser ellos los dueños del bien y del mal, determinar lo bueno y lo malo y terminaron engañados. El pecado es perder la referencia divina (autorefencialidad). La voz del tentador: “Seréis como dios”, “sé tú tu Dios”. La respuesta de Jesús está en la confianza en Dios y en la atención constante a su Palabra. La Palabra es la sabiduría que permite volver a ser lo que somos por gracia, nos dice siempre lo que somos. Es el mejor espejo de nuestra identidad.

«Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes». En qué consiste ser hijo de Dios, ¿en el tener? La primera tentación es considerarnos «dioses», enmendarle la plana a Dios.

Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Rechazando convertir las piedras en pan ha amado con todo el corazón. Ser hijo es fiarse del Padre.

«Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”». Ponen en duda su identidad. La segunda tentación: vivir para satisfacer nuestros gustos, hacer caso solo de lo que nos apetece, aparentar (imagen, prestigio). El hedonismo en el que todos vivimos nos empuja a buscar lo más cómodo, lo que menos me cuesta, lo que más me agrada, lo que me pide el cuerpo, etc., creyendo que ahí está la felicidad.

«También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”». Al rehusar poner a Dios a prueba inútilmente, ha amado con toda el alma. Ni el placer sensible, ni la vanagloria, ni el poder, pueden ser el objetivo último de un ser humano.

«Todo esto te daré, si te postras y me adoras». El poder nos ofrece la satisfacción de nuestra vanagloria y orgullo. Ser más que los demás, poder dominarlos es una de las fuentes más instintivas de placer y seguridad. En el poder, por muy sagrado que sea, no se manifiesta Dios, sino el diablo. Dios se manifiesta solamente en el servicio, en la entrega a los demás, en el amor.

«Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”». No aceptando los reinos que le ponen a sus pies, ha amado con toda las fuerzas. En Jesús se manifiesta un Dios que no se deja manipular, y un hombre que no tiene que manipular a Dios ni a los demás y tampoco dejarse manipular por nadie, si quiere alcanzar su verdadera plenitud humana. En Jesús vemos al ser humano como tiene que ser, con la fuerza del Espíritu.

4. RESPUESTA A LA PALABRA

¿Consideras que sigue presente en tu vida la tentación de utilizar (manipular) a Dios?

¿Sientes que la tentación te viene de fuera o de dentro de ti?

¿Vives la tentación en el Espíritu o abandonado a tus fuerzas?

5. ORAR LA PALABRA

  • Dale gracias a Jesús por compartir con nosotros nuestra condición humana, nuestras debilidades y tentaciones, por comprendernos.

6. CONTAR AL MUNDO LA NUEVA MANERA DE VIVIR. 

«Frente al ídolo del poder y del tener, él se mantiene en pie; frente al deseo de utilizar su condición de Hijo en su propio beneficio, elige el camino de la obediencia; frente al discurso del éxito y la fama, él elige el camino del servicio”.

Documentación:  LECTIO DIVINA. I DOMINGO DE CUARESMA: Mateo 4, 1-11