AMBIENTACIÓN
Preparamos un espacio sencillo de oración. En el centro colocamos:
- el Evangelio abierto;
- una vela encendida;
- una imagen de santa Teresa del Niño Jesús;
- un recipiente con pétalos de rosas.
Los pétalos nos recuerdan el deseo de Teresita de seguir haciendo el bien desde el cielo y de derramar sobre la tierra una «lluvia de rosas»: una lluvia de gracia, de ternura y de pequeños gestos de amor.
Comenzamos con unos momentos de silencio.
Dejamos fuera las prisas, los ruidos, las preocupaciones.
Nos ponemos sencillamente en presencia de Dios.
CANTO. Puede elegirse un canto tranquilo que ayude a entrar en la oración, o escuchar el que os proponemos. Después guardamos unos momentos de silencio.
LO QUE AGRADA A DIOS. (Luis Alfredo Díaz. CD: Mi vocación es el amor)
MONICIÓN
Celebramos a santa Teresa del Niño Jesús, una mujer joven que descubrió un camino sencillo para acercarse a Dios.
Ella lo llamó su «caminito».
No era el camino de las grandes hazañas, sino el de la confianza.
No el de apoyarse en las propias fuerzas, sino el de abandonarse en las manos de Dios.
Teresita comprendió que su pequeñez no era un obstáculo para llegar a Dios. Precisamente allí, en su pobreza y fragilidad, podía encontrarse con la misericordia.
Esta noche queremos entrar también nosotros en ese camino.
Venimos como somos. Con nuestras luces y sombras. Con nuestros deseos y cansancios. Con nuestra fe y nuestras dudas.
Y dejamos que una certeza vaya entrando en el corazón:
Dios me ama.
Puedo confiar.
Puedo abandonarme en sus manos.
Silencio.
INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO
Ven, Espíritu Santo.
Abre nuestro corazón
a la presencia de Dios.
Enséñanos a hacernos pequeños,
a confiar, a esperar, a dejarnos amar.
Libéranos de la necesidad de controlarlo todo.
Danos la sencillez de descansar en las manos del Padre.
Haznos entrar en el caminito de confianza y abandono
que vivió santa Teresa del Niño Jesús. Amén.
«SE LO HAS REVELADO A LOS PEQUEÑOS»
PALABRA DE DIOS: Del Evangelio según san Mateo 11,25-30
«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños.
Sí, Padre, así te ha parecido bien.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré.
Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas».
Silencio
Dejamos resonar lentamente:
«Se lo has revelado a los pequeños».
«Venid a mí».
«Yo os aliviaré».
«Encontraréis descanso».
MEDITACIÓN
Teresita deseaba ser santa. Pero cuando miraba su pequeñez, comprendía que no podía alcanzar la santidad apoyándose únicamente en sus propias fuerzas. Y entonces descubrió algo decisivo: Dios no le pedía hacerse grande.
Le pedía dejarse amar.
La pequeñez podía ser camino. La pobreza podía convertirse en lugar de gracia. La debilidad podía abrir espacio a la misericordia.
También nosotros podemos cansarnos de intentar subir solos. De querer tener siempre respuestas. De exigirnos más de lo que podemos dar.
Jesús nos dice: «Venid a mí».
No dice: venid cuando seáis perfectos. No dice: venid cuando lo tengáis todo resuelto.
Dice simplemente: «Venid». Con vuestra pobreza. Con vuestro cansancio. Con vuestra vida tal como es.
PALABRA DE TERESITA
«Lo que agrada a Dios en mi pequeña alma es verme amar mi pequeñez y mi pobreza, es la esperanza ciega que tengo en su misericordia».
Silencio.
PARA ORAR
¿Qué parte de mi vida necesito dejar hoy en las manos de Dios?
¿Qué cansancio quiero entregarle?
¿Qué fragilidad me cuesta aceptar?
Podemos repetir interiormente:
Jesús, confío en ti.
Silencio prolongado.
EL CAMINITO DE CONFIANZA
PALABRA DE TERESITA
«Mi camino es todo él de confianza y de amor».
Teresita buscó un camino sencillo para llegar a Dios. Se sabía demasiado pequeña para subir la gran escalera de la perfección. Y soñó con un «ascensor». Ese ascensor serían los brazos de Jesús. No subir por su propia fuerza. Dejarse levantar. No conquistar a Dios. Dejarse encontrar por Él. No acumular méritos. Acoger misericordia.
Esta es una de las grandes intuiciones de Teresita: la santidad comienza cuando dejamos de mirarnos tanto a nosotros mismos y empezamos a confiar más en Dios.
SALMO ORANTE
Podemos responder después de cada invocación:
En ti, Señor, pongo mi confianza.
Cuando el camino se haga oscuro. En ti, Señor, pongo mi confianza.
Cuando no comprenda lo que sucede. En ti, Señor, pongo mi confianza.
Cuando descubra mi debilidad. En ti, Señor, pongo mi confianza.
Cuando vuelva a caer. En ti, Señor, pongo mi confianza.
Cuando tenga miedo al futuro. En ti, Señor, pongo mi confianza.
Cuando me sienta pequeño y pobre.En ti, Señor, pongo mi confianza.
Cuando la vida me invite a comenzar de nuevo.En ti, Señor, pongo mi confianza.
Silencio.
AMAR EN LO PEQUEÑO
Teresita comprendió que el amor no necesita siempre grandes gestos.
El amor puede esconderse en las cosas más sencillas: escuchar con paciencia, sonreír cuando cuesta, servir sin buscar reconocimiento, perdonar, acompañar, callar una palabra que podría herir, volver a empezar después de una caída.
San Juan de la Cruz había escrito: «El más pequeño movimiento de amor puro vale más que todas las obras juntas».
Teresita hizo de esta intuición un camino cotidiano. No hacer necesariamente cosas extraordinarias. Sino hacer con un amor extraordinario las cosas pequeñas.
Pregúntate:
¿Dónde puedo amar un poco más?
¿Qué pequeño gesto puedo ofrecer?
¿A quién necesito mirar con más ternura?
Silencio.
LA LLUVIA DE ROSAS
GESTO: Tomamos ahora un pétalo de rosa. Lo sostenemos entre las manos. Teresita deseaba seguir haciendo el bien después de su muerte. La tradición ha unido a su memoria la imagen de una lluvia de rosas.
Rosas de gracia. Rosas de ternura. Rosas de misericordia. Rosas de pequeños gestos que pueden iluminar la vida de alguien.
Quizá nosotros también podemos convertirnos en pequeños pétalos que Dios deja caer sobre la vida de otras personas. Una palabra. Una llamada. Un perdón. Una visita. Una oración. Una ayuda discreta. Una escucha.
Mientras sostenemos el pétalo nos preguntamos:
¿Qué rosa puedo ofrecer yo hoy?
Silencio.
Después, cada persona puede depositar el pétalo junto al Evangelio.
Mientras lo hace, puede repetir interiormente: Haz de mi vida un gesto de amor.
«MI VOCACIÓN ES EL AMOR»
PALABRA DE TERESITA
«En el corazón de la Iglesia, mi Madre, yo seré el Amor».
Teresita buscó durante mucho tiempo cuál era su lugar en la Iglesia. Y un día comprendió: su vocación era amar. Amar en el corazón de la Iglesia. Amar para que otros pudieran vivir. Amar para que el Evangelio llegara más lejos. Amar para que la Iglesia permaneciera viva.
También nosotros tenemos una vocación: hacer presente el amor de Dios allí donde estamos.
Quizá nadie vea muchas de nuestras pequeñas entregas. Pero el amor nunca se pierde. Todo gesto de amor entra en el corazón de Dios y se convierte misteriosamente en vida para otros.
ORACIÓN FINAL
Señor Jesús,
queremos entrar contigo
en el pequeño camino de Teresita.
Cuando nos sintamos débiles, enséñanos a confiar.
Cuando caigamos, danos la sencillez de volver a tus brazos.
Cuando no comprendamos, enséñanos a esperar.
Cuando queramos hacerlo todo con nuestras propias fuerzas,
recuérdanos que podemos abandonarnos en ti.
Haznos pequeños, libres, confiados.
Que nuestra vida
se convierta en una lluvia silenciosa de rosas.
Rosas de bondad, de escucha, de misericordia, de perdón, de servicio, de esperanza.
Santa Teresa del Niño Jesús,
enséñanos tu caminito de confianza y abandono.
Enséñanos a creer que nuestra pequeñez
puede ser lugar de encuentro con Dios.
Virgen María, Madre del Carmelo,
enséñanos a acoger la Palabra,
a confiar cuando no comprendemos
y a abandonarnos enteramente
en las manos del Padre.
Que también nosotros podamos decir, con nuestra vida:
Mi vocación es el Amor. Amén.
ENVÍO
Antes de terminar, volvemos a mirar el pétalo.
Que durante estos días nos recuerde:
No necesito hacer algo extraordinario. Puedo hacer algo pequeño con un amor muy grande.
Y repetimos juntos:
Padre, confío en ti.
Jesús, me abandono en tus manos.
Haz de mi pequeñez un camino de amor.
CANTO FINAL
Puede concluirse con un canto a santa Teresita, a la Virgen del Carmen o con un canto sencillo de abandono y confianza.
CIPE.