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	<title>03. Itinerario. Moradas archivos - Cipecar</title>
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	<description>Centro de Iniciativas de Pastoral de Espiritualidad</description>
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	<title>03. Itinerario. Moradas archivos - Cipecar</title>
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		<title>Presentación de los contenidos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 19 Jun 2011 00:20:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[03. Itinerario. Moradas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>TU MEJOR TÚ HUMANIZA TU VIDA TIEMPO DE LUCHA Y PERSEVERANCIA LA PRUEBA DEL AMOR NACER DE NUEVO LA LLEGADA DEL SEÑOR LAS FUENTES DEL CONSUELO AL AIRE DEL ESPIRITU PALABRAS MAYORES NACIDOS PARA VOLAR LO MAS VALIOSO ES EL AMOR LA VOZ DE MI AMADO CUANDO TÚ ME MIRABAS ¡REMA MAR ADENTRO! «EN TUS [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<ol>
<li>TU MEJOR TÚ</li>
<li>HUMANIZA TU VIDA</li>
<li>TIEMPO DE LUCHA Y PERSEVERANCIA</li>
<li>LA PRUEBA DEL AMOR</li>
<li>NACER DE NUEVO</li>
<li>LA LLEGADA DEL SEÑOR</li>
<li>LAS FUENTES DEL CONSUELO</li>
<li>AL AIRE DEL ESPIRITU</li>
<li>PALABRAS MAYORES</li>
<li>NACIDOS PARA VOLAR</li>
<li>LO MAS VALIOSO ES EL AMOR</li>
<li>LA VOZ DE MI AMADO</li>
<li>CUANDO TÚ ME MIRABAS</li>
<li>¡REMA MAR ADENTRO!</li>
<li>«EN TUS LABIOS SE DERRAMA LA GRACIA»</li>
<li>LA EXPERIENCIA TRINITARIA</li>
<li>NUESTRA VIDA ES CRISTO</li>
<li>EL SEÑOR HIZO EN MI MARAVILLAS</li>
<li>EL LENGUAJE DE LAS OBRAS</li>
<li>DESPEDIDA ALENTADORA</li>
</ol>
<p>(Puedes adquirir esta Carpeta en el CIPE: Avda de las Huelgas, 7 &#8211; 09001 Burgos &#8211; Tlfn. 947264267)</p>
<p>Para los que integramos el Centro de Iniciativas de Pastoral de Espiritualidad (CIPE), supone una gran alegría poder compartir uno de los frutos del trabajo de este curso 2002-2003. Todo empezó, como tantas iniciativas, por una petición, a las que estamos abiertos. Nos la hizo el Equipo de Espiritualidad de la Diócesis de Burgos.</p>
<p>Nos solicitaron un tercer curso de oración (ya habíamos tenido otros dos en los cursos anteriores: Pedagogía de la oración I y II). Propusimos al grupo realizarlo siguiendo el camino que santa Teresa ofrece en su libro de las Moradas. Pareció bien la propuesta y empezamos la tarea. Un día a la semana nos juntábamos y hacíamos escuela (una media hora larga), diálogo (unos diez minutos) y un momento orante (un cuarto de hora). Al hacerlo de esta manera, como solemos realizar la pastoral de la oración, pretendemos no hablar de las cosas de Dios de un modo piadoso que lleve al infantilismo, sino de un modo profundo que conduzca a la verdad y a la madurez de la vida cristiana.</p>
<p>Además, como aconsejaba Santa Teresa, no queremos hablar de la oración sin hacerla. Esta introducción la hacemos después de haber hecho la experiencia con un grupo de unas treinta personas que han asistido al curso. También en esto copiamos a Santa Teresa, que hacía los Prólogos después de haber escrito sus libros. Tiene la ventaja de que podemos compartir, como nuevos discípulos de Emaús, lo que hemos visto y oído en el libro de las Moradas. Hemos constatado que la palabra de Teresa de Jesús, a pesar de la distancia de varios siglos que nos separa, sigue viva y actual.</p>
<p>A pesar de dirigirse en su escrito a monjas contemplativas de sus comunidades, podemos decir que Teresa ha conectado con nosotros, personas de diferentes edades, con realidades muy diversas. Con una facilidad impresionante, Teresa se metía en medio del grupo, dialogaba con nosotros. Sus palabras suscitaban preguntas, cuestionaba nuestras vidas, nos daba amplitud para poder caminar con alegría. En una palabra, conectaba con nosotros. Hablar de Dios con Teresa de Jesús nos ha llevado a orar. Porque ella no sabe hablar de Dios sin hablar con El, nos ha inculcado esto mismo a nosotros. Dios no es para la teoría, sino para la vida, para el corazón. Como el salmista hemos ido de ‘Morada en Morada’, de ‘baluarte en baluarte hasta ver a Dios’.</p>
<p>Recorrer con Teresa de Jesús el libro de las Moradas nos ha hecho poner los ojos en Jesús. Con su mirada de mujer nos hemos acercado al Evangelio para descubrir a Jesús y compartir con él la historia de una hermosa amistad. Hemos bebido del manantial de Jesús las aguas limpias de su amor apasionado, desmedido, entrañable. Junto a ella nos hemos detenido en tantas figuras del Antiguo y del Nuevo Testamento, y hemos visto en sus vidas, como en un espejo, nuestras propias vidas; hemos sentido su presencia alentadora en un camino, que es muy conveniente hacer en grupo de amistad, porque «gran mal es un alma sola». Hemos gozado con el realismo de Teresa de Jesús.</p>
<p>Nos ha fascinado su forma de hablar de todo, de lo divino y de lo humano, ¡cuántos símbolos recogidos de la naturaleza: el agua, el gusano de sed, la mariposa…!, y de hacer de todo ello un diálogo con el Dios de las misericordias. Hemos pateado con ella las mil moradas de la vida y del corazón, hemos presentido la presencia luminosa y embellecedora de Dios en cada corazón. Hemos recreado la dignidad de todo ser humano, de todo bautizado, y de ahí han brotado en nosotros capacidades de profecía y de anuncio del Evangelio. Teresa de Jesús ha despertado en nosotros la capacidad de soñar grandes sueños, los sueños que Dios ha soñado para nosotros.</p>
<p>Nos ha enseñado a volar y a la vez a aterrizar para no olvidar que no somos ángeles, que somos muy humanos, muy frágiles, muy hermanos. Ha dialogado con nosotros acerca de nuestros mecanismos de defensa para no dejar a Dios ser Dios, nos ha fascinado su experiencia de Dios que ha compartido con tanta gratuidad para que brote en nosotros la alabanza más hermosa. Creo que podemos decir que después de este recorrido orante por las Moradas, hemos quedado más amigos de Teresa, más amigos de Dios, más amigos entre nosotros.</p>
<p>Agradecemos de corazón a Tomás Álvarez, apasionado por todo lo de Teresa, que nos ha acompañado en todo momento con sus atinadas sugerencias a través de la palabra y de los libros, sobre todo de su «Guía al interior del Castillo». El ha sido también amigo nuestro en el camino orante hacia la plenitud de la vida cristiana.</p>
<p>Si estas fichas os ayudan a abrir la puerta del corazón al misterio de la Trinidad, a mirar a Cristo el amigo y compañero de camino, a vivir con la creatividad de hombres y mujeres nuevos entre las manos, y a traducirlo todo en obras de solidaridad y cercanía para los más pobres, habrá merecido la pena nuestra tarea. En todo caso, siempre merece la pena el don de Dios.</p>
<p>María Rosario Gil &#8211; Pedro Tomás Navajas</p>
<hr>
<p>CIPE: Centro de Iniciativas de Pastoral de Espiritualidad Avda. de las Huelgas, 7 09001 BURGOS (España) www.cipecar.org * cipe@desarrollo.cipecar.org</p>
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		<item>
		<title>1. Tu mejor tú</title>
		<link>https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/03-itinerario-moradas/1-tu-mejor-tu/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 19 Jun 2011 00:19:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[03. Itinerario. Moradas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Dios nos llama por nuestro nombre (Cf. Is 49,1). «El reino de Dios está dentro de vosotros» (Lc 17,21). «En el centro y mitad de todas estas moradas tiene la más principal, que es adonde pasan las cosas de mucho secreto entre Dios y el alma» (Moradas 1,1,3). «La vida está en el corazón y [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Dios nos llama por nuestro nombre (Cf. Is 49,1).</p></blockquote>
<blockquote><p>«El reino de Dios está dentro de vosotros» (Lc 17,21).</p></blockquote>
<blockquote><p>«En el centro y mitad de todas estas moradas tiene la más principal, que es adonde pasan las cosas de mucho secreto entre Dios y el alma» (Moradas 1,1,3).</p></blockquote>
<blockquote><p>«La vida está en el corazón y es ahí donde conviene vivir» (Teófano el Recluso).</p></blockquote>
<blockquote><p>«El roble está latente en el fondo de la bellota» (Ira Progoff).</p></blockquote>
<h3>DE PERDIDOS A ENCONTRADOS</h3>
<p>Si queremos orar tenemos que encontrarnos a nosotros mismos, porque sin persona no hay oración. «En la medida en que somos auténticos; en la medida en que somos nosotros mismos, Dios está presente y puede hacer algo con nosotros. Pero apenas intentamos ser lo que no somos, ya no hay nada que hacer ni que decir. Nos convertimos en personas ficticias, en presencias irreales. Y Dios no puede acercarse a una presencia que no sea real» (Antonio Lourozh).</p>
<p>No es tarea fácil. «Hay almas tan enfermas y mostradas a estarse en cosas exteriores, que no hay remedio ni parece que pueden entrar dentro de sí» (Moradas 1,1,6). El sistema social que nos rodea es tan complicado y funciona de una forma tan impersonal, que todos corremos el riesgo de ir perdiendo poco a poco nuestra identidad. «Una persona no tiene que hacer muchas cosas&#8230; Una persona ha de ser una persona. Esta es la base de la paz» (Thich Nhat Hanh).</p>
<p>Lo que nosotros llamamos tan bellamente «conciencia de nuestra identidad», ¿no se estará tornando cada vez más débil y vulnerable? «Nuestra cultura lleva a una forma de vida difusa y descentrada, que casi no registra paralelos. Esa falta de concentración se manifiesta claramente en nuestra dificultad para estar a solas con nosotros mismos» (Eric Fromm).</p>
<p>Así escribe santa Teresa: «No es pequeña lástima y confusión que, por nuestra culpa, no entendamos a nosotros mismos ni sepamos quién somos» ( M 1,1,2). «Qué bienes puede haber en esta alma o quién está dentro en esta alma o el gran valor de ella, pocas veces lo consideramos» (M 1,1,2). «Todo se nos va en la grosería del engaste» (M 1,1,2).</p>
<p>Nuestro drama siempre será el desentendernos de nosotros mismos, desalojarnos de nuestra propia interioridad y derramarnos en mil cosas como agua perdida.</p>
<h3>DE COMIENZO EN COMIENZO, GUIADOS POR LA SED</h3>
<p>Si queremos orar tenemos que aprender a vivir y a relacionarnos con nosotros de otra manera. Aunque sea de noche, tendremos que caminar hacia nuestro corazón, guiados por la sed de vivir más conscientemente la vida. «De noche iremos, de noche, sin luna iremos, sin luna, que para encontrar la fuente sólo la sed nos alumbra» (Luis Rosales).</p>
<p>Santa Teresa cita al orante dentro de sí mismo. Y propone un camino para llegar al corazón: hablar en positivo «de la hermosura y dignidad de nuestras almas»; de que el ser humano es «como un castillo todo de diamante o muy claro cristal» (Moradas 1,1,1). La entrada en uno mismo sólo acontece en el encuentro. Nos transformamos por la presencia habitada.</p>
<p>Esta belleza que habita en cada ser humano la encuentra en la Escritura:</p>
<ul>
<li>Jn 14, 2: «En la casa del Padre hay muchas moradas». El corazón de cada ser humano es la casa de Dios.</li>
<li>Proverbios 8,31: La sabiduría «tiene sus delicias en habitar con los hijos de los hombres». «El alma del justo es un paraíso adonde El tiene sus deleites» (Moradas 1,1,1). Estas palabras nos colman de asombro y de estupor</li>
<li>Gn 1,26-27: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza, a imagen de Dios los creó&#8230;»</li>
</ul>
<p>La vida auténtica está dentro de nosotros. Podemos mirarla, observarla, descubrirla, desarrollarla y hacerla crecer en todos sus aspectos y posibilidades. Si no la buscamos y cultivamos, ¿cómo daremos a Dios y a los demás la energía del amor más hondo?</p>
<h3>¿CÓMO ENTRAR DENTRO DE NOSOTROS?</h3>
<p>El plan de Dios de comunicarse con nosotros es maravilloso. Sólo el conocerlo, debe servirnos para «despertar a más amar». Y quien lo ponga en duda, muy difícilmente llegará a saberlo por experiencia, «porque Dios es muy amigo de que no pongan tasa a sus obras» (Moradas 1,1,4).</p>
<p>La oración nos recuerda a nosotros mismos y nos ayuda a tomar conciencia de la presencia de Dios en nosotros. «La puerta para entrar en este castillo es la oración y consideración&#8230; porque la que no advierte con quién habla y lo que pide y quién es quien pide y a quién, no la llamo yo oración, aunque mucho menee los labios» (Moradas 1,1,7).</p>
<p>Dios mismo, que nos invita a dialogar con él y que es en nosotros presencia interior, integradora y centradora de nuestro ser, explora y nos muestra nuestro mejor «yo»:</p>
<blockquote>
<p>«Perdóname por ir así buscándote</p>
<p>tan torpemente dentro de ti.</p>
<p>Perdóname el dolor, alguna vez.</p>
<p>Es que quiero sacar de ti tu mejor tú.</p>
<p>Ese que no te viste y que yo veo,</p>
<p>nadador por tu fondo, preciosísimo.</p>
<p>Y cogerlo y tenerlo yo en alto como tiene</p>
<p>el árbol la luz última</p>
<p>que le ha encontrado al sol.</p>
<p>Y entonces tú</p>
<p>en su busca vendrías, a lo alto» (Pedro Salinas).</p>
</blockquote>
<h3>LA DECISIÓN ES TUYA</h3>
<p>Si quieres entrar en las primeras moradas, camina sin mirar atrás&#8230; Confía en Jesús que te librará de las amarras misteriosas que te impiden pasar el umbral de ti mismo&#8230; Será El, Jesús, quien pondrá luz en tus ojos para que empieces a ver de otra manera las maravillas de tu propio castillo y logres encontrarte con Dios dentro de ti.</p>
<p>Recuerda a san Pablo o la Magdalena recién convertidos; al ciego de nacimiento o al paralítico de Siloé que recuperaron la vista o el movimiento, antes atrofiado. Pero recuerda también a la mujer de Lot, en riesgo permanente de volver la mirada atrás y petrificarse.</p>
<hr />
<h3>Momento de Oración</h3>
<p><img decoding="async" class="alignright" src="/wp-content/uploads/2019/05/vela.jpg"></p>
<p><strong>Comienza pidiendo ayuda al Espíritu.</strong></p>
<p>El es «el dulce huésped del alma». Siempre nos anima a orar y nos capacita para orar. Quizás seas como «esas almas tullidas, que si no viene el mismo Señor a mandarlas se levanten –como al que hacía treinta años que estaba en la piscina (Jn 5,2-8)» creerás imposible recuperar la sensibilidad espiritual para dialogar en amistad con el Señor.</p>
<p><strong>«No te imagines hueco en lo interior».</strong> Dentro, en lo más profundo de tu vida de cada día, hay Alguien que te espera y te ama.</p>
<p><strong>Aprovecha algunos momentos especiales para tomar conciencia de ello.</strong> «No se trata de aprender a matar el tiempo. Hay que aprender a estar solo cada vez que la vida nos reserva una pausa. Y la vida está llena de pausas, que podemos descubrir o malgastar. En el día más pesado y más frío, qué maravilla para nosotros prever todos estos cara a cara desgranados. ¡Qué alegría saber que podemos levantar los ojos sólo hacia vuestros ojos mientras el caldo cuece, mientras suena el teléfono, mientras en una parada esperamos el autobús que no llega, mientas subimos la escalera, mientras vamos a buscar al extremo de la huerta algo para echar en la ensalada» (Madaleine Delbrel).</p>
<p><strong>Nadie busca agua si no tiene sed.</strong> «Jesús, por la mañana, se levantó muy de madrugada y salió; se marchó a despoblado y allá se puso a orar» (Mc 1,35).</p>
<p><strong>Canta varias veces:</strong> QUE CALLE MI CORAZÓN Y EN TI DESCANSE. QUE HOY SOLO ESCUCHE TU VOZ Y TE GOCE EN EL SILENCIO.</p>
<p><strong>Acoge el consejo de un hermano:</strong> «Os voy a revelar un secreto de santidad y de felicidad; todos los días, durante algunos momentos, acallad la imaginación, cerrad los ojos a las cosas sensibles y los oídos al ruido para entrar en vosotros mismos; quita las sandalias de tus pies, y ahí, en el santuario del alma, que es el templo del Espíritu, hablad a este Espíritu» (Cardenal Mercier).</p>
<p><strong>EN EL CORAZÓN SE RECREAN LA MEJORES ESPERANZAS</strong></p>
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			</item>
		<item>
		<title>2. Humaniza tu vida</title>
		<link>https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/03-itinerario-moradas/2-humaniza-tu-vida/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 19 Jun 2011 00:18:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[03. Itinerario. Moradas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>«Mis películas reflejan el vacío existencial. Pensándolo bien, ésa es la raíz de todos los demás problemas, que no sabemos por qué estamos en este mundo y durante tan poco tiempo, envejecemos, morimos y no sabemos cuál es el objetivo» (Woody Allen). «La televisión está cambiando la manera de ver el mundo y la manera [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>«Mis películas reflejan el vacío existencial. Pensándolo bien, ésa es la raíz de todos los demás problemas, que no sabemos por qué estamos en este mundo y durante tan poco tiempo, envejecemos, morimos y no sabemos cuál es el objetivo» (Woody Allen).</p></blockquote>
<blockquote><p>«La televisión está cambiando la manera de ver el mundo y la manera como la gente se ve a sí misma» (Arthur Miller).</p></blockquote>
<blockquote><p>«¿Cómo desarrollar la propia identidad en una época en la que el peso de la tradición y de los valores establecidos se retira? Esto nos obliga a vivir de una forma más abierta y reflexiva. Las pequeñas opciones que tomamos en nuestra vida cotidiana: lo que nos ponemos, cómo empleamos el tiempo libre, de qué manera cuidamos la salud y el cuerpo, forman parte de un proceso continuado de creación y recreación de nuestra propia identidad» (Anthony Giddens).</p></blockquote>
<p><strong>ESCUCHAR LOS LATIDOS DEL PROPIO CORAZÓN</strong></p>
<p><strong>Orar es conocerse. </strong>Sin el propio conocimiento, la oración, como la vida, será superficial. De ahí que sea «lo que más importa» (M 1,2,13). El propio conocimiento es la tierra buena donde cae la semilla para dar buen fruto (cf Mc 4,1-9). Ni siquiera en asuntos de oración conviene espiritualizar sin humanizar. La oración se desarrolla cuando recreamos lo que somos.</p>
<p><strong>Observación humilde.</strong> Con la actitud del testigo, miramos lo que somos, escuchamos nuestras voces, observamos con atención lo que nos pasa. Cuando vamos por la vida con los ojos abiertos, con capacidad de atención, todo nos habla de nosotros.</p>
<p><strong>«La verdad en el amor» </strong>(Ef 4,15). La oración no es para huir, sino para ser, es un tiempo de ser nosotros de verdad. Hay cosas que son mentira, pero que aparecen como verdad; ahí radica su atractivo. «Terribles son los ardides y mañas del demonio para que las almas no se conozcan» (M 1,2,1 l). «Somos la misma vanidad» (M 1,2,8). He aquí un texto fuerte, pero sincero: «El hombre, en general, no ora de buena gana y fácilmente experimenta en la oración tedio, embarazo, repugnancia e incluso animosidad. Cualquier ocupación se le antoja más interesante e importante y se dice a sí mismo: «no tengo ahora tiempo para orar», o «aquella ocupación es más urgente ahora». Y ordinariamente el tiempo no empleado en la oración se malogra en las cosas más superfluas. Es absolutamente necesario que el hombre cese de engañarse a sí mismo y de intentar engañar a Dios. Es mucho mejor no emplear tales ardides y decir sencillamente: «no quiero orar». Mejor que escudarse en la disculpa de un excesivo cansancio es decir con toda claridad: «no tengo ganas de orar». Estas frases no suenan precisamente bien y muestran a las claras la mezquindad de nuestro espíritu, pero son la verdad y con la verdad se supera esta mezquindad de espíritu mucho más fácilmente que con tergiversaciones. (Romano Guardini).</p>
<p><strong>Humildad y verdad andan juntas.</strong> «La humildad siempre labra, como la abeja, la miel» (M 1,2,8). Cuando creamos espacios de verdad, renace la vida. Entonces no vivimos de opiniones: «Lo que la gente opine de ti es un problema suyo, no tuyo» (Kübler Ross).</p>
<h3>LA MIRADA DE LA FE</h3>
<p><strong>No basta con observarnos.</strong> Nuestros ojos no son el único criterio para saber quiénes somos. Los ojos de la fe iluminan nuestro misterio: «Tu luz nos hace ver la luz» (Sal 35,10); «Todas mis fuentes están en ti» (Sal 86,7). Como principiantes en el camino, no nos conoceremos de verdad si no nos sabemos habitados por la Trinidad. Aunque, en estas primeras moradas, sea poca «la luz que sale del palacio donde está el Rey» (M 1,2,14).</p>
<p><strong>El sentido de pecado.</strong> Al mirarnos con la luz de la fe, descubrimos nuestra incapacidad, como si estuviésemos atados y en gran oscuridad, desalojados de nosotros mismos, incapaces de relacionarnos con Dios, sin palabra ni vida propia, «como niños sacudidos por las olas y llevados al retortero por todo viento de doctrina» (Ef 4,14). Son las consecuencias éticas y teologales del pecado. Si perdemos el sentido del pecado, perdemos el sentido de la realidad, nos equivocamos de camino. La miseria de todo ser humano, tantas veces experimentada en nosotros y en los demás, es el contrapunto de su grandeza y dignidad.</p>
<p><strong>Un riesgo.</strong> No podemos reducir el propio conocimiento a nuestra vanidad y pecado, porque ésa no es toda la verdad, y por tanto genera «temores, pusilanimidad y cobardía» (M 1,2,10). Hay Alguien que nos habita; El es nuestra verdad más honda, por eso «jamás nos acabamos de conocer, si no procuramos conocer a Dios» (M 1,2,10). Como la abeja sale de la colmena para labrar la miel, así nosotros necesitamos considerar lo que Dios nos quiere, porque eso somos de verdad.</p>
<p><strong>Conocernos en el don.</strong> Lo más nuestro es lo que hemos recibido por gracia. «Mirando su grandeza, acudamos a nuestra bajeza; mirando su limpieza, veremos nuestra suciedad, considerando su humildad, veremos cuán lejos estamos de ser humildes» (M 1,2,9). Cuando volvemos nuestros ojos para mirar al Señor y adquirimos la certeza de que contamos con El, nos hacemos osados, atrevidos, fuertes aguerridos&#8230;, nos disponemos a grandes cosas. «Nuestro entendimiento y voluntad se hace más noble y más aparejado para todos bien tratando a vuelta de sí con Dios» (M 1,2,10).</p>
<p><strong>Nuestro rostro en el de los pobres. </strong>Si, más allá de las estadísticas frías que nos hablan de los pobres, no nos acercamos a mirar de cerca su rostro, no sabremos quiénes somos. Cultivar el propio conocimiento «al margen de los pobres es un producto burgués». Es el conocimiento de sí que tiene el rico Epulón (cf Lc 16,19-31), que después de comer bien busca profetas para salvarse. A éste no se le enviarán. Deben bastarle los lázaros que tiene delante. Nuestra «sentada silenciosa» debe estar habitada por el «nosotros solidario» (Irene Vega).</p>
<h3>«LAMPARA ES TU PALABRA PARA MIS PASOS» (Sal 118,105)</h3>
<p><strong>Espacios donde la vida renace (cf Mc 4,1-9).</strong> So pena de ser flor artificial, nuestra oración no puede germinar, ni florecer ni dar fruto, si no está inserta en la trama de nuestra existencia cotidiana. Esta es la tierra buena, en la que hay que buscar el manantial. Una oración sin historia origina una historia sin Dios. «Todos los graves problemas del mundo pueden ser agrupados bajo el epígrafe de la indiferencia generalizada ante el sufrimiento humano. Te encuentras con cosas terribles que están sucediendo, pero pasas la página y sigues con tu vida» (Woody Allen).</p>
<p><strong>De la agitación a la calma (cf Lc 10,38-42). </strong>La actividad inútil, la agitación interior y las preocupaciones, nos impiden dar con lo mejor de nosotros y de abrirlo a la palabra del Señor. «Hay que tener una heroica humildad para ser uno mismo y no otro» (Thomas Merton).</p>
<p><strong>Como nos vemos oramos (cf Lc 18,9-14).</strong> Dos maneras opuestas de vivir dan como resultado dos maneras opuestas de orar: una con fruto y otra sin él. Quien prescinde de los otros y se complace enumerando sus vicios, se incapacita para el encuentro con Dios. Está tan seguro, que nada le cuestiona; más que dar gracias a Dios espera que Dios se las dé a él. Quien reconoce su condición de pecador y siente necesidad de salvación, puede recibirla; el amor gratuito de Dios lo rehabilita. Nuestra verdad, aunque sea pobre, es la esterilla sobre la que nos colocamos (cf 2Re 5,1-19: Relato de Elíseo y el sirio Naamán).</p>
<hr />
<h3>Momento de Oración</h3>
<p><img decoding="async" class="alignright" src="/wp-content/uploads/2019/05/vela.jpg"></p>
<p><strong>Comenzamos con un gesto de oración:</strong></p>
<p>En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.</p>
<p><strong>Canta:</strong></p>
<p>La Palabra se hizo humanidad y acampó en la tierra de los hombres. Desde entonces todo ser humano lleva dentro la semilla del amor.</p>
<p><strong>Escucha este relato. Puede despertar en ti la oración. El preso y la flor</strong></p>
<p>El preso Nº. 87 contemplaba los alrededores de la cárcel. Sus ojos se fijaron en un brote que nacía junto a la pared, debajo de su ventana&#8230;</p>
<blockquote><p>
Ya tengo compañía&#8230; La regaré todos los días. Me servirá de distracción. Pasaban los días y la planta crecía. Al mes justo, empezó a echar los primeros brotes&#8230; Más tarde floreció. El preso No. 87 se sentía mejor. Empezó a darse cuenta que no había muerto en él la esperanza. La emoción y la alegría inundaron su celda cuando la flor alcanzó su ventana. Pasó horas contemplándola de cerca, acariciándola con mimo, conversando&#8230; Así pasó una semana feliz y contento, extasiado con su compañía. Pero un día, le nació la duda y la preocupación&#8230;<br />
&nbsp;<br />
Si la riego, seguirá creciendo y se marchará de mi ventana&#8230; Si no la riego, se me morirá&#8230; Si la meto en mi celda, la verá el carcelero y la cortará&#8230; Preocupado se movía de un lado para otro y gritaba los insultos aprendidos&#8230;<br />
&nbsp;<br />
¡Esto es un asco! ¡Yo siempre tengo mala suerte! ¡Estoy desesperado! De pronto oyó un ruido. Apresuró el paso a la ventana y se agarró con ansia a los barrotes. Alguien estaba regando su flor&#8230; Por la dirección del agua se dio cuenta que era el preso que vivía en la celda de arriba&#8230; Sintió alivio a su preocupación, al mismo tiempo que le nacía por dentro una alegría nueva. &#8211; Alguien necesitaba una flor&#8230; Yo ya he sido feliz una temporada. La liberó de los barrotes de su ventana y la animó a seguir subiendo.
</p></blockquote>
<p><strong>SOLO EL AMOR HACE MILAGROS</strong></p>
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		<title>3. Tiempo de lucha y perseverancia</title>
		<link>https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/03-itinerario-moradas/3-tiempo-de-lucha-y-perseverancia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 19 Jun 2011 00:17:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[03. Itinerario. Moradas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>«Todo aquel que pretenda algo en la vida no descarta las dificultades, la vida es siempre combate» (Oriana Fallaci). «Bendito el Señor, mi roca, que adiestra mis manos para el combate, mis dedos para la pelea» (Sal 143,1). «Toda la pretensión de quien comienza oración ha de ser trabajar y determinarse y disponerse, con cuantas [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>«Todo aquel que pretenda algo en la vida no descarta las dificultades, la vida es siempre combate» (Oriana Fallaci).</p></blockquote>
<blockquote><p>«Bendito el Señor, mi roca, que adiestra mis manos para el combate, mis dedos para la pelea» (Sal 143,1). «Toda la pretensión de quien comienza oración ha de ser trabajar y determinarse y disponerse, con cuantas diligencias pueda a hacer su voluntad conformar con la de Dios&#8230; No penséis que hay aquí más algarabías ni cosas no sabidas&#8230;, que en esto consiste todo nuestro bien» (M 2,8).</p></blockquote>
<blockquote><p>«Los desequilibrios que fatigan al mundo moderno están conectados con ese otro desequilibrio fundamental que hunde sus raíces en el corazón humano&#8230; A fuer de criatura, el hombre experimenta múltiples limitaciones; se siente, sin embargo, ilimitado en sus deseos y llamado a una vida superior. Atraído por muchas solicitaciones, tiene que elegir y que renunciar&#8230; Siente en sí mismo la división, que tantas y tan graves discordias provoca en la sociedad» (Gaudium et Spes, 10).</p></blockquote>
<blockquote><p>«Se necesita mucha fe y mucho coraje para ser buenos; porque el mundo (y hasta a veces la propia Iglesia) no premian la bondad y descalifican la ternura» (José Luis Cortés).</p></blockquote>
<h3>EN QUÉ CONSISTE LA LUCHA</h3>
<p><strong>El Evangelio como opción de vida.</strong> ¿Qué dificultades encuentra uno cuando quiere vivir el Evangelio de Jesús? ¿Por qué no escuchamos el murmullo de la palabra del amor de Dios en nuestro corazón? ¿Qué tiene que suceder para que la luz de Dios, que «ilumina a todo ser humano» (Jn 1,9) se haga presente en nuestro interior? ¿Cómo hacer que la vida sea vida para todos, que este mundo sea el Reino de Dios que Jesús anunciaba machaconamente?</p>
<p><strong>Voces contrarias dentro de nosotros.</strong> Hemos dado algunos pasos muy importantes, sobre todo, hemos tomado la decisión de recorrer el camino de la oración, que es el camino del encuentro de Dios con nosotros y de nosotros con El. Experiencias grandes o pequeñas nos han orientado hacia el Señor; queremos abrirle la puerta. Pero escuchamos dentro voces contrarias, percibimos mundos enfrentados: Afán de exhibirnos y deseo de verdad, búsqueda de la seguridad en las cosas y llamada a la libertad, oídos muy abiertos para los intereses personales y casi ceguera para los de los demás, dominio sobre los otros y actitud de servicio.</p>
<p><strong>Dramática tensión.</strong> Queremos orar, tomarnos tiempo para cultivar la relación con el Señor y gozar de ella. Queremos estar con El no por deber, ni por interés, sino por el placer de estar con El, por lo que El es para nosotros, por lo que nosotros podemos llegar a ser estando con El. Pero nuestras capacidades no están preparadas para el encuentro. «Entienden las exigencias de Dios y experimentan su impotencia para responder» (M 2,2). «Estamos con mil embarazos e imperfecciones, y las virtudes aún no saben andar» (M 2,7).</p>
<p><strong>La incomodidad de estar en la propia casa.</strong> «¿Puede ser mayor mal que no nos hallemos en nuestra misma casa?» (M 2,9). ¿En qué consiste esto? En que a veces nos aburrimos soberanamente en la oración y nos dan ganas de marchar. «Y hartas veces no sé qué penitencia grave se me pusiera delante que no la acometiera de mejor gana que recogerme a tener oración&#8230; Era tal la tristeza que me daba entrando en el oratorio, que era menester ayudarme de todo mi ánimo para forzarme, y en fin, me ayudaba el Señor» (Vida 8,7). Y otras veces nos cuesta una escucha sin palabras. Dios siempre habla, pero en los comienzos se le oye poco. Y además, cuesta escuchar el silencio. Hay momentos en los que no sabemos qué hacer. El vernos divididos, con un estilo de vida que no responde a lo que nos pide el Señor, sin libertad ni señorío, también eso es trabajo y no pequeño.</p>
<p><strong>Los llamamientos del Señor.</strong> Aún en estas circunstancias el Señor no deja de llamarnos. «Es muy buen vecino&#8230; y tiene en tanto que le queramos y procuremos su compañía, que una vez y otra no nos deja de llamar para que nos acerquemos a El; y es esta voz tan dulce que se deshace la pobre alma en no hacer luego lo que le manda» (M 2,2). «Valora los ratos que estamos con El, sea cuan flojamente quisiereis» (M 2,3).</p>
<p><strong>La perseverancia.</strong> Conviene tener paciencia necesaria para esperar, y no abandonar el camino de la oración. La verdad y limpieza de la propia vida no es un presupuesto o un punto de partida, es una conquista cotidiana, morada tras morada, y meta definitiva en lo hondo del alma. «No tengáis en poco (estas llamadas) ni os desconsoléis aunque no respondáis luego al Señor, que bien sabe Su Majestad aguardar muchos días y años, en especial cuando ve perseverancia y buenos deseos» (M 2,3).</p>
<h3>EL GRITO DE GUERRA</h3>
<p><strong>¿Quién dijo miedo?</strong> Ante las dificultades que nos tientan a volver sobre nuestros pasos y a plantear la vida al margen de la sed de nuestro corazón, es bueno recordar que no somos los primeros ni seremos los últimos en tener trabajos. Ha habido hermanos que han vencido el miedo cantando, con sus canciones han anticipado la victoria. «Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros? (Rom 8,31). «Todo Israel lanzó a pleno pulmón el grito de guerra, y la tierra retembló. Al oír los filisteos el estruendo se preguntaban qué significaba y quedaron muertos de miedo» (1Sam 4,5-7).</p>
<p><strong>Como los soldados de Gedeón.</strong> Nosotros, tan «tentados de comodidad, de soluciones rápidas y fáciles, de reducir la radicalidad del Evangelio a los cánones de un humanismo bonachón» (Tomás Alvarez), tenemos que recordar que la vida, como el acero, se templa en el fuego. «Siempre esté con aviso de no dejarse vencer; porque si el demonio le ve con una gran determinación de que antes perderá la vida y el descanso y todo lo que le ofrece que tornar a la pieza primera, muy más presto le dejará. Sea varón y no de los que se echaban a beber de bruces, cuando iban a la batalla, no me acuerdo con quién, sino que se determine que va a pelear con todos los demonios y que no hay mejores armas que las de la cruz» (M 2,6).</p>
<p><strong>Mirarle a El.</strong> Siempre será bueno recordar a Jesús. La humanidad de Jesús, lo que él pasó, es la compañía del orante. Hay tantos pasajes del Evangelio en que, Jesús, venciendo las dificultades y tentaciones, incluso de sus amigos, endurece el rostro como pedernal, y se lanza hacia delante, a dar testimonio del amor (cf Lc 9,51). San Pablo, para resistir a las estratagemas del diablo, propone a los cristianos de Efeso estas armas: «el cinturón de la verdad, la coraza de la honradez, el escudo de la fe, el calzado de la paz, la espada de la palabra de Dios»(cf Ef 6,10-17). «El miedo llama a la puerta. La fe salió a abrir. No había nadie» (M. Luther King).</p>
<p><strong>Caminar con suavidad.</strong> A pesar de que hemos hablado de lucha, de perseverancia, de no abandonar el camino cueste lo que cueste, santa Teresa, cuando arrecian las dificultades, «no ir a fuerza de brazos, sino con suavidad» (M 2,10). Siempre con la ayuda del Señor y de los hermanos.</p>
<hr />
<h3>Momento de Oración</h3>
<p><img decoding="async" class="alignright" src="/wp-content/uploads/2019/05/vela.jpg"></p>
<p><strong>Abre tu vida al Señor.</strong></p>
<p>El sol ya ha salido. El que yo abra mi ventana, no hace que salga el sol; únicamente hace que el sol entre en mi casa, la caliente y la ilumine. Esa es la primera función de la oración: Dios ya ha salido sobre mi vida y yo le dejo entrar.</p>
<p>Abre mis labios, Señor, para poderte alabar. Abre mi corazón, para poderte adorar.</p>
<p><strong>Recuerda:</strong></p>
<ul>
<li>Si quieres orar y no puedes, si buscas a Dios y te encuentras con la sequedad entre las manos, sigue orando. Dios valora los ratos que estás con El, por pequeños que éstos sean.</li>
<li>No te entristezcas si descubres que más que buscar a Dios, es a ti a quien te buscas. No creas que está todo perdido si todavía influye mucho en ti una vida de dispersión y de exterioridad. Es tiempo de sembrar, ya vendrán los frutos y los placeres.</li>
<li>Si ante las dificultades del camino sientes la tentación de volver atrás, encuentra una razón para perseverar: Dios. El te espera y tiene en mucho los esfuerzos iniciales.</li>
<li>Abandónate a las iniciativas de Dios. El te ama limpia y desinteresadamente. Todo lo hace bien.</li>
<li>Abrázate a la cruz del Señor sin condiciones. Tenle siempre por amigo y compañero de camino, por Señor.</li>
<li>Busca ayuda y apoyo en otros hermanos. Solos no podemos hacer el camino. Ábrete «a quienes tratan de lo mismo» (M 2,6).</li>
</ul>
<p><strong>Ora:</strong></p>
<blockquote><p>
«Dios de la consolación, Tú cargas aquello que nos pesa, hasta el punto que avanzamos en todo momento de la inquietud a la confianza, de la sombra a la oscuridad» (Roger de Taizé).
</p></blockquote>
<p><strong>DIOS ES AMIGO DE ANIMAS ANIMOSAS</strong></p>
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		<title>4. La prueba del amor</title>
		<link>https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/03-itinerario-moradas/4-la-prueba-del-amor/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 19 Jun 2011 00:16:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[03. Itinerario. Moradas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>«La tentación más sutil y peligrosa en las personas espirituales es la que se da bajo apariencia de bien: de ese modo el demonio engaña y oscurece el discernimiento» (San Ignacio de Loyola). «Yo dije al hombre que guardaba la puerta de la vida: &#8216;Dame una luz para encontrar mi camino en lo desconocido&#8217;. El [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>
«La tentación más sutil y peligrosa en las personas espirituales es la que se da bajo apariencia de bien: de ese modo el demonio engaña y oscurece el discernimiento» (San Ignacio de Loyola).
</p></blockquote>
<blockquote><p>
«Yo dije al hombre que guardaba la puerta de la vida: &#8216;Dame una luz para encontrar mi camino en lo desconocido&#8217;. El me respondió: &#8216;Entra en las tinieblas y pon tu mano en la mano de Dios. Eso será para ti más útil que una luz, más seguro que un camino familiar&#8217;. Entonces me puse en camino y al encontrar la mano de Dios, marché alegre al corazón de la noche» (Minnie Louise Haskins).
</p></blockquote>
<blockquote><p>
«Espera en Dios, y de una u otra manera, El actuará. En su amor al hombre, a través de la esperanza, abrirá una vía que tú ignoras, para salvar tu alma cautiva» (San Juan Damasceno).
</p></blockquote>
<blockquote><p>
«Para dar significado a la vida hay que fijarse un objetivo mayor que uno mismo» (W. Durant).
</p></blockquote>
<blockquote><p>
«Qué alegría cuando me dijeron: &#8216;Vamos a la casa del Señor&#8217;. Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén» (Sal 121,1-2).
</p></blockquote>
<blockquote><p>
«Al hombre le parece siempre recto su camino pero es Dios quien pesa los corazones» (Proverbios 21,2).
</p></blockquote>
<h3>EN CAMINO</h3>
<p><strong>Ven sin nada.</strong> Hemos tomado la decisión de iniciar un trato de amistad con el Señor, sabemos que mucho más importante que la oración es el orante y por eso nos hemos tomado en cuenta, hemos descubierto que dentro de nosotros hay voces contrarias y hemos luchado por no echarnos atrás ante las dificultades. No es poco, pero «¿está ya todo hecho?» (M 3,1,8). Queda lo más importante: Dejarnos hacer. «Todo eso que para mí era ganancia lo consideré pérdida comparado con Cristo; más aún, todo lo estimo pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo» (Flp 3,7).</p>
<p><strong>Las pretensiones de los buenos.</strong> Nos hemos propuesto llevar un estilo de vida coherente con lo que pensamos y creemos, no perdemos el tiempo en cosas sin importancia, estamos dispuestos a ayudar a los demás&#8230; No es poco, pero «¿está ya todo hecho?» (M 3,1,8). No está todo hecho ni mucho menos. La oración entraña un dinamismo que le lleva a progresar hasta identificarse con la libertad y el amor de Dios. Y siempre está el peligro de que se estanque en las primeras etapas. El deseo de tener más y más experiencias sensibles, de buscar aparecer como buenos ante los demás, de decaer en el ánimo cuando desaparece el fervor, de compararnos con los demás, nos está indicando pistas por donde caminar. «La objeción más popular que se hace hacia la Iglesia es que es una institución de poder» (Rovira Belloso). Somos «siervos sin provecho» (M 3,1,8), que «sólo pueden presumir de la misericordia del Señor» (M 3,1,3).</p>
<p><strong>El joven rico (Mt 19,16-22).</strong> Santa Teresa nos propone tener delante a este joven del que habla el Evangelio. Tenía una vida modélica entre las manos, esperaba el premio, y cuando el Señor le pidió que dejara todo eso y lo siguiera, le volvió la espalda y se fue triste. Lo había hecho todo menos lo que le proponía Jesús. «Sólo quien no pide nada a cambio puede llegar a descubrir el tesoro de una paz sin fondo, si persevera, si se determina a ir por un camino en el que hay que aceptar perderse uno a sí mismo» (Teresa Berrueta).</p>
<p><strong>Pablo, camino de Damasco.</strong> El que había emprendido por propia iniciativa un viaje para detener en las sinagogas a cuantos seguidores del Camino se le pusieran por delante, es el que entra en Damasco consciente de su ceguera, guiado por las manos de otros y conducido hasta Ananías para reencontrar junto a él la capacidad de verlo todo de una manera nueva (cf Hch 9,1-25). Lo de atrás quedaba olvidado y daba un paso hacia delante (cf Flp 3,12-13). Comenzaba así el camino de la Ley a la Gracia, de lo que yo realizo con mi esfuerzo a lo que Dios hace en mí, de mis obras a situarme en manos del amor de Dios y dejarme querer por El.</p>
<h3>EL CAMINO DE LA CONFIANZA</h3>
<p><strong>Abiertos al Señor.</strong> Cuando tomamos conciencia de lo frágil que es nuestro estilo de vida y que «tenemos los enemigos a la puerta» (M 3,1,2), lo mejor es revivir la experiencia de luz, el respeto y la conciencia amorosa del papel que juega Dios en la vida, y que expresa el salmista: «¡Dichoso quien teme al Señor!» (Sal 111,1). Solo la confianza ilimitada en el Señor podrá salvarnos de la inestabilidad e inseguridad permanente.</p>
<p><strong>Llevar aceite en la alcuza.</strong> Este tiempo del orante es como el otoño, tiempo de despojo, pero a la vez de belleza porque el suelo se viste de miles de hojas llenas del color del fuego. Todo lo vivido hasta ahora, las alegrías, los dolores y las dudas son el humus de humanidad de donde puedan brotar semillas nuevas. En la noche oímos la llamada a poner un poco de aceite en nuestra lámpara, un poco de alegría interior para atravesar el invierno. Esperamos en silencio la oportunidad de florecer.</p>
<p><strong>Determinada determinación.</strong> Nuestro espíritu pragmático y concreto quiere saber enseguida cómo conseguir las cosas, de qué se trata tal asunto para resolverlo cuanto antes. Queremos aprender a orar por métodos fáciles, asequibles, seguros. La determinada determinación no va por ahí. No es el empeño de mi voluntad de manera fuerte y enérgica. Consiste en aprender a recibir, a confiar. Recibirnos de Dios es vivir de balde, dejar que él obre gratuitamente en nosotros y tome la iniciativa más allá de nuestros proyectos de generosidad. «Siempre oímos cuán buena es la oración, y no se nos declara más de lo que podemos nosotros; y de cosas que obra el Señor declárase poco» (M 1,2,7).</p>
<p><strong>Una súplica humilde en la aridez.</strong> ¿Cómo liberarnos de egoísmos y espejismos narcisistas en el camino de la oración? ¿Cómo no estancarnos en lo ya conseguido y «sacar de las sequedades humildad y no inquietud» (M 3,1,9)? ¿Cómo aprender a recuperarnos de la humillación del fracaso, de las incoherencias que se esconden detrás de nuestro bordado «curriculum vitae»? Lo mejor es que brote en nosotros una súplica confiada: «Pruébanos, tú, Señor, que sabes las verdades, para que nos conozcamos» (M 3,1,9).</p>
<p><strong>La ayuda de otros exploradores de la tierra.</strong> Así aconsejaba santa Teresa: «Entrad, entrad, en lo interior; pasad adelante de vuestras obrillas» (M 3,1,6). Y para esto, qué bien vienen las ayudas. Como la de aquella viuda pobre que echó en el cepillo del templo todo lo que tenía para vivir (cf Mc 12,41-44), o la mujer que hizo pedazos su frasco de perfume y lo derramó en los pies de Jesús sin reservarse una gota (cf Mc 14,3-11). Ellas, y tantos otros, nos reafirman en la decisión de entregar vida, sin medir ni calcular.</p>
<p><strong>Tejiendo redes.</strong> En tiempos agitados de búsqueda de seguridad, cuando hoy aquí y mañana allá se oyen los tambores de la guerra, el orante, desde su apertura al Amor, proclama con su vida que «otro mundo es posible», y que no hay espiritualidad que no lleve a una solidaridad. En su apertura al amor, descubre un modo nuevo solidario de pensar lo humano, en el que el otro es parte mía. La prueba del amor nos desvela lo que somos. No vale un estilo de vivir que nos hace perfectos, pero nos aísla y nos deja sin capacidad de encuentro y sin espacio para la misericordia hacia los otros. «La belleza, sea en el arte, sea en el ser humano, tiene que estar al servicio del hombre y del mundo» (Kandinsky).</p>
<hr />
<h3>Momento de Oración</h3>
<p><img decoding="async" class="alignright" src="/wp-content/uploads/2019/05/vela.jpg"></p>
<p><strong>Abre tu vida al Señor</strong></p>
<p>Ora en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Si de algo quieres presumir, presume de la misericordia del Señor para contigo.</p>
<p><strong>Ilumina tu corazón con la luz de los cuentos:</strong></p>
<p>«Un fiel se aproximó al rabino Moche de Kobryn: &#8216;¿Cómo debo usar mis días para que Dios quede contento con mis actos?&#8217; &#8216;Sólo existe una alternativa: procura vivir con amor&#8217;, respondió el rabino. Minutos después, se aproximó otro discípulo e hizo la misma pregunta. &#8216;Sólo existe una alternativa: procura vivir con alegría&#8217;, le dijo a éste. El primer discípulo se sorprendió: &#8216;¡Pero el consejo que usted me dio era diferente!&#8217; &#8216;Al contrario, dijo el rabino. Fue exactamente igual».</p>
<p><strong>Somete tu vida a la prueba del amor:</strong></p>
<p>«Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden. Ya podría tener el don de profecía y conocer todos los secretos y todo el saber, podría tener fe como para mover montañas; si no tengo amor, no soy nada. Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve» (1Cor 13,1-3).</p>
<p><strong>Recuerda la actitud de María:</strong></p>
<p>En vez de decir: «Voy a hacer todo eso que el Señor me pide», dijo: «Hágase en mí según tu palabra». Y nació una criatura nueva. Porque toda persona que escucha puede encontrar a Dios.</p>
<p><strong>Ora:</strong></p>
<blockquote><p>
«Señor de la noche y del vacío, quisiéramos saber hundirnos en tu regazo impalpable confiadamente, con seguridad de niños» (Luis Espinal).
</p></blockquote>
<p><strong>Canta:</strong></p>
<p>RESTÁURANOS, SEÑOR JESÚS, RESTÁURANOS EN EL AMOR. QUE TU PERDON Y TU BONDAD NOS DEN LA LUZ, NOS DEN LA PAZ.</p>
<p><strong>CONSTRÚYENOS, SEÑOR, CON TU MIRADA</strong></p>
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		<title>5. Nacer de nuevo</title>
		<link>https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/03-itinerario-moradas/5-nacer-de-nuevo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 19 Jun 2011 00:15:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[03. Itinerario. Moradas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>«Cada vez que salgo con los niños, no puedo creer lo poco que me cundió. Si tenía que hacer cinco cosas, apenas alcancé a terminar dos&#8230; Cuando salgo con los niños, miro las calles de otra manera. Es que a su ritmo se ven flores, pájaros, grúas, y todo tipo de cosas que, si voy [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>
«Cada vez que salgo con los niños, no puedo creer lo poco que me cundió. Si tenía que hacer cinco cosas, apenas alcancé a terminar dos&#8230; Cuando salgo con los niños, miro las calles de otra manera. Es que a su ritmo se ven flores, pájaros, grúas, y todo tipo de cosas que, si voy sola y apurada, ni me doy cuenta de que existen» (Testimonio de una madre de familia).
</p></blockquote>
<blockquote><p>
«Hermana, ¿sabe usted por qué Dios elige mujeres como esa que sale en la Biblia y mujeres como nosotras? Porque los ricos, en cuanto les ocurre algo, se ponen mal, se deprimen, y se vienen abajo. Nosotras, como nos pasan tantas cosas y no nos echamos a morir y salimos adelante&#8230; A lo mejor por eso Dios cuenta con nosotras» (Palabras de Celia, mujer chilena, en un encuentro orante con la Biblia, comentando la historia de Tamar).
</p></blockquote>
<blockquote><p>
«Está creciendo la tendencia a echar la culpa a los demás de los propios errores y debilidades» (Alberto Iniesta). «No te extrañes de que te haya dicho: Tenéis que nacer de nuevo. El viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene y adónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu» (Jn 3,7-8).
</p></blockquote>
<blockquote><p>
«La santidad no está en tal o cual práctica piadosa; consiste en una disposición del corazón que nos hace humildes y pequeños en los brazos de Dios, conscientes de nuestra debilidad y confiados hasta la audacia en su bondad de Padre» (Santa Teresa de Lisieux).
</p></blockquote>
<h3>LAS PRUEBAS DE LA VIDA</h3>
<p><strong>Como el oro en el crisol.</strong> Todos pasamos por pruebas. En vez de mirarlas como un fastidio, podemos verlas como una oportunidad para conocernos y dejar espacio a Dios en nuestra vida. Pueden ayudarnos a pasar de la prepotencia al amor. Hay tantas y con tantos matices como personas. Normalmente tienen que ver con la salud, los dineros, las relaciones con los demás, el gusto o disgusto con que hacemos las cosas&#8230; También Dios entra por medio. No vemos sus huellas en los acontecimientos de la vida, no oímos su voz, se nos agotan los recursos para relacionarnos con Él, no sentimos la emoción de estar en su presencia&#8230; «Son cosillas en que podemos entender si estamos señores de nosotros mismos» (M 3,2,6). La prueba deja al descubierto la verdad de nuestra vida, evidencia la precariedad de nuestros esfuerzos ascéticos y nos induce a un cambio de vuelo.</p>
<p><strong>Hablando con ejemplos.</strong> Es lo que hace santa Teresa. Pone delante casos de la vida, como un excelente camino para conocernos.</p>
<ul>
<li><strong>Contratiempo económico.</strong>«Viene a una persona rica&#8230; una falta de ella, mas no es de manera que en lo que le queda le puede faltar lo necesario para sí y para su casa, y sobrado. Si éste anduviese con tanto desasosiego e inquietud como si no le quedara un pan que comer, ¿cómo ha de pedirle nuestro Señor que lo deje todo por Él?» (M 3,2,4).</li>
<li><strong>Afán por tener más y más.</strong> «Tiene una persona bien de comer, y aun sobrado; ofrécesele poder adquirir más hacienda: tomarlo, si se lo dan, enhorabuena, pase; mas procurarlo y, después de tenerlo, procurar más y más, tenga cuan buena intención quisiere, que no hayan miedo que suban a las moradas más juntas al Rey» (M 3,2,4).</li>
<li><strong>No podemos caer bien a todos.</strong> «Si se les ofrece algo de que los desprecien o quiten un poco de honra&#8230; les queda una inquietud que no se pueden valer, ni acaba de acabarse tan presto. ¡Válgame Dios! ¿No son éstos los que ha tanto que consideran cómo padeció el Señor y cuán bueno es padecer y aún lo desean? Querrían a todos tan concertados como ellos traen sus vidas, y plega a Dios que no piensen que la pena que tienen es de la culpa ajena y la hagan en su pensamiento meritoria» (M 3,2,5).</li>
</ul>
<h3>LA VERDAD DEL CORAZON</h3>
<p>Las pruebas dejan al descubierto la verdad del corazón. Pero no lo olvidemos, son pruebas, y no es fácil encontrar una buena salida que nos lleve a la luz. Hay muchas personas que no son capaces de superar la «barrera del sonido». Han comenzado con entusiasmo, pero que no han sido capaces de dejarle a Dios las riendas de la vida.</p>
<blockquote><p>
«Habían de estar señores del mundo» en pruebas no muy grandes, y sin embargo ven cómo les brota «inquietud y apretamiento de corazón&#8230;» (M 3,2,1).
</p></blockquote>
<blockquote><p>
No aceptan fácilmente los consejos de los demás, «porque, como ha tanto que tratan de virtud, paréceles que pueden enseñar a otros y que les sobra razón en sentir aquellas cosas» (M 3,2,1).
</p></blockquote>
<blockquote><p>
Debiera ser la prueba una ocasión para conocerse, pero no es así, porque «canonizan en sus pensamientos estas cosas y así querrían que otros las canonizasen» (M 3,2,3).
</p></blockquote>
<h3>ENSANCHA EL ESPACIO DE TU TIENDA</h3>
<p><strong>Vidas con futuro.</strong> ¿Cómo tener el corazón lo suficientemente grande como para vivir en él la relación con Dios? ¿Cómo asumir con humildad y confianza los episodios de nuestra vida? ¿Cómo dejar que se entrometa Dios en el tejido de nuestra historia personal?</p>
<p><strong>El proyecto de Dios es lo primero.</strong> «El negocio está en procurar ejercitar las virtudes y rendir nuestra voluntad a la de Dios en todo, no que se haga nuestra voluntad, sino la suya» (M 3,2,6). «Si no estamos dispuestos a entregar nuestra vida, ¿qué hacemos aquí?» (Sor Nirmala, Superiora de las Misioneras de la Caridad).</p>
<p><strong>A la espera del Señor.</strong> Somos gente que ha recibido el encargo de aguardar, sin saber en qué momento de la noche llegará Aquel que nos trae un nombre nuevo. Nuestro nombre más auténtico nos viene más allá de nosotros mismos; es Dios mismo quien nos lo revela y nos lo da a conocer como una buena noticia. «Al vencedor le daré una piedrecita blanca, y grabado en ella un nombre nuevo que sólo conoce el que lo recibe» (Ap 2,17).</p>
<p><strong>Limpieza de mente y de corazón.</strong> Para poder ver el mundo con los ojos del niño. «No perdáis al niño que fuisteis, agarradlo de la mano y que os acompañe toda la vida». «Miremos nuestras faltas y dejemos las ajenas, que es mucho de personas tan concertadas espantarse de todo; y por ventura de quien nos espantamos, podríamos bien deprender en lo principal» (M 3,2,13).</p>
<p><strong>La ayuda de los demás.</strong> «En gran manera aprovecha tratar con quien ya nos conoce para conocernos, y porque algunas cosas que nos parecen imposibles, viéndolas en otros tan posibles y con la suavidad que la llevan, anima mucho y parece que con su vuelo nos atrevemos a volar, como los hijos de las aves cuando se enseñan, que aunque no es de presto dar un gran vuelo, poco a poco imitan a sus padres» (M 3,2,12).</p>
<p><strong>Locura de amor.</strong> «No está aún el amor para sacar de razón; mas querría yo que la tuviésemos para no nos contentar con esta manera de servir a Dios, siempre a un paso paso, que nunca acabaremos de andar este camino» (M 3,2,7).</p>
<p><strong>La solidaridad de quien ha pasado por las pruebas.</strong> ¡Dichoso el que ha aprendido en las pruebas los caminos de la sencillez, de la comprensión, de la bondad!</p>
<hr />
<h3>Momento de Oración</h3>
<p><img decoding="async" class="alignright" src="/wp-content/uploads/2019/05/vela.jpg"></p>
<p><strong>Deja que Dios entre en tu vida.</strong> Hazlo con la señal de los cristianos: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.</p>
<p><strong>Recuerda:</strong></p>
<blockquote><p>«El Bautismo es el más bello y magnífico de los dones de Dios. Lo llamamos don, gracia, unción, iluminación, vestidura de incorruptibilidad, baño de regeneración, sello y todo lo más precioso que hay» (San Gregorio Nacianceno).</p></blockquote>
<p><strong>Preséntate con la verdad de tu corazón entre las manos:</strong></p>
<p>Si ves que te falta libertad y humor&#8230; humildad. . Si ves que no tienes los ojos limpios&#8230; humildad. . Si te encuentras con mil temores&#8230; humildad. . «La humildad es el ungüento de nuestras heridas; porque, si la hay de veras, aunque tarde algún tiempo, vendrá el cirujano, que es Dios, a sanarnos» (M 3,2,6).</p>
<p><strong>Ora con el salmo 126:</strong></p>
<p>«Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles; si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigilan los centinelas. Es inútil que madruguéis, que veléis hasta muy tarde, que comáis el pan de vuestros sudores: ¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!» . Cuando oras te haces consciente de que Dios está y obra contigo. . Incluso, cuando no trabajas, sigue la actividad silenciosa de Dios. . Ante la vida nueva que te propone el Señor, puedes decir como María: Aquí estoy. Hazme de nuevo.</p>
<p><strong>Ora:</strong></p>
<blockquote><p>Nuestros ojos, Señor, están en Ti suspensos, aguardando el maná de tus palabras vivas. Tú eres la roca fresca del consuelo, mi cobijo y mi sombra. El seguro más cierto, Tú nos traes tus manos como nubes copiosas, y sacias nuestros pobres corazones andantes (Arbeloa).</p></blockquote>
<p><strong>En cualquier circunstancia de tu vida:</strong></p>
<blockquote><p>«Recordadme sencillamente, que un amor, un amor me espera» (María del Espíritu Santo, carmelita descalza).</p></blockquote>
<p><strong>CUANDO CESAN LOS RUIDOS COMIENZA LA CANCIÓN DEL CORAZON</strong></p>
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		<title>6. La llegada del Señor</title>
		<link>https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/03-itinerario-moradas/6-la-llegada-del-senor/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 19 Jun 2011 00:14:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[03. Itinerario. Moradas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>«La dimensión más honda de la alegría bíblica es que brota de una experiencia gratuita de salvación, de encontrar inesperadamente un libertador, un amigo, un protector, un guía, una madre y un padre que alimentan y conducen, un Dios en quien se puede confiar y al que quedan definitivamente vinculados: ‘Yo seré su Dios, y [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>«La dimensión más honda de la alegría bíblica es que brota de una experiencia gratuita de salvación, de encontrar inesperadamente un libertador, un amigo, un protector, un guía, una madre y un padre que alimentan y conducen, un Dios en quien se puede confiar y al que quedan definitivamente vinculados: ‘Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo’ (Jr 31,33)» (Mariola López).</p></blockquote>
<blockquote><p>«¿No oíste sus pasos silenciosos? Él viene, viene, viene siempre. En cada instante y en cada edad, todos los días y todas las noches, El viene, viene, viene siempre. He cantado muchas canciones y de mil maneras; pero siempre decían sus notas: El viene, viene, viene siempre» (Tagore)</p></blockquote>
<blockquote><p>«Estoy a la puerta llamando: si alguien oye y me abre, entraré y comeremos juntos. Al que salga vencedor lo sentaré en mi trono, junto a mí; lo mismo que yo, cuando vencí, me senté en el trono de mi Padre, junto a él» (Ap 3, 20-21).</p></blockquote>
<h3>DIOS: DEL SILENCIO A LA PRESENCIA</h3>
<p><strong>Cambio de rumbo.</strong> Hasta ahora hemos normalizado nuestra vida de oración, hemos logrado superar ciertas atrofias en ese misterioso idioma que el hombre emplea para hablar con Dios. Ahora, nos toca elegir: o abrirnos al misterio que se nos echa encima o seguir por el camino de los esfuerzos personales, cumplimiento de lo mandado, ganar méritos, tener buena imagen ante los demás. Tenemos que elegir entre conseguir con nuestro esfuerzo la salvación o dejarnos sorprender por Dios.</p>
<p><strong>El regalo del Espíritu.</strong> Entramos en un terreno desconocido; comienza una aventura llena de sorpresas; estamos caminando hacia el misterio de la presencia de Dios dentro de nosotros; necesitamos un guía, que nos ayude a superar nuestros niveles de pensamiento y amor y pasar a los pensamientos y sentimientos de Jesús (cf Flp 2,5). Ese guía es el Espíritu, regalo que nos ha hecho el Padre para recorrer el camino del Evangelio. Comienzan las «cosas espirituales» (M 4,1,1), nos allegamos «adonde está el Rey&#8230; y hay cosas tan delicadas que ver y que entender» (M 4,1,2). Sólo el Espíritu nos ayuda a decir con nuestros labios y con el corazón: Abbá-Padre. Sólo el Espíritu nos enseña el lenguaje de la confianza: «Padre, me pongo en tus manos, haz de mí lo que quieras. Sea lo que sea, te doy las gracias» (Carlos de Foucauld).</p>
<p><strong>La parábola de los jornaleros llamados a la viña: Mt 20,13.</strong> Hemos trabajado durante la jornada, unos más tiempo, otros menos, pero lo que se nos ofrece es siempre regalo inmerecido. Alguien, que hasta este momento parecía silencioso, empieza a dejarse notar: «Me venía a deshora un sentimiento de la presencia de Dios que en ninguna manera podía yo dudar estaba Él dentro de mí o yo toda engolfada en Él» (Vida 10,1). No es momento de compararnos unos con otros, a ver quién tiene más méritos. «Da el Señor cuando quiere y a quien quiere, como bienes suyos, que no hace agravio a nadie» (M 4,1,2). La paga desmesurada del amor de Dios abre nuevas posibilidades para relacionarnos con Él. La entrada en escena de la absoluta gratuidad de Dios, cambia todos nuestros esquemas. Cristo vivo se hace premio inmerecido para nosotros, nuestra oración y nuestra vida pueden ahora centrarse en su persona. No importa qué decir, cómo orar, qué hacer&#8230; sino vivir en su presencia, en un encuentro y mirada mutuas, no solo a ratitos, sino siempre.</p>
<p><strong>«Cuando tú me ensanchaste el corazón» (Sal 118,32).</strong> El Señor llega ensanchando nuestra interioridad, creando capacidad en nosotros. Su salario es el gozo profundo, el que nosotros no podemos conseguir con nuestras fuerzas. A lo largo de nuestra vida orante hemos saboreado momentos de gozo, que provienen de «la misma obra virtuosa que hacemos y parece a nuestro trabajo lo hemos ganado, y con razón nos da contento habernos empleado en cosas semejantes» (M 4,1,4). Ahora ya no es así, el gozo «comienza en Dios» (M 4,1,4), nos nace de dentro, como de una fuente. Son sentimientos, emociones, afectos interiores que brotan de las capas más profundas del alma y que se convierten en espacio ancho, en lugar de encuentro, en casa donde se teje la comunión. Es algo grande que uno se encuentra dentro: «Yo tengo un gozo en el alma grande&#8230; es como un río de agua viva» (Canción carismática).</p>
<h3>PRIMEROS PASOS POR EL CAMINO</h3>
<p><strong>Un nuevo modo de orar.</strong> Hasta ahora hemos buscado al Señor con nuestro esfuerzo, a base de «discurrir con el entendimiento y la meditación». Ahora tenemos que dar cabida a otro estilo de orar que responda a la experiencia que tenemos del amor del Señor. «Acertarían en ocuparse un rato en hacer actos y en alabanzas de Dios y holgarse de su bondad y que sea el que es, y en desear su honra y su gloria. Esto como pudiere, porque despierta mucho la voluntad&#8217; (M 4,1,6).</p>
<p><strong>Una regla de oro para todo el camino.</strong> El Señor viene para despertar en nosotros el amor, para soplar sobre las brasas escondidas de nuestra dignidad de hijos de Dios. Como hacen los maestros con los niños, porque «el niño no es una botella que hay que llenar, sino un fuego que es preciso encender» (Montaige). La regla de oro para este momento y para todos los momentos nos la recuerda santa Teresa: «No está la cosa en pensar mucho, sino en amar mucho; y así lo que más os despertare a amar, eso haced. Amar es desear contentar en todo a Dios y procurar, en cuanto pudiéremos, no le ofender, y rogarle que vaya siempre adelante la honra de su Hijo y el aumento de la Iglesia Católica. Estas son las señales del amor, y no penséis que está la cosa en no pensar otra cosa, y que si os divertís un poco va todo perdido» (M 4,1,7).</p>
<p><strong>La necesidad de ayuda.</strong> La humildad nos lleva a pedir ayuda a lo largo de todo el camino. Prescindir de la ayuda expresa poca humildad y además, pérdida de tiempo y de energías. «¡Oh Señor, tomad en cuenta lo mucho que pasamos en este camino por falta de saber!&#8230; De aquí proceden las aflicciones de mucha gente que trata de oración y el quejarse de trabajos interiores&#8230; Y por la mayor parte, todas las inquietudes y trabajos vienen de este no nos entender» (M 4,1,9). ¿Qué nos puede pasar en este momento? Que por una parte estemos atentos con el corazón al Señor que nos visita, y por otra, nuestro pensamiento, imaginación, instintos y resabios de desorden&#8230; sigan haciendo de las suyas (cf M 4,1,8). Que por no entendernos no nos culpabilicemos (cf M 4,1,14).</p>
<p><strong>«Sigamos moliendo nuestra harina» (M 4,1,13)</strong> en la crisis. En la escritura ideográfica china, el símbolo que significa ‘crisis’ se obtiene combinando los que significan ‘peligro’ y ‘oportunidad’. El momento de la vida que refleja esta nueva etapa orante, puede llevarnos al abandono de todo («Harto mal fuera si por este impedimento lo dejara yo todo» (M 4,1,11), o puede conducirnos a una serenidad profunda, a una aceptación de nuestros límites, que nos llevará sin duda a ayudar y dar seguridad a los demás. «Conozcamos nuestra miseria, y deseemos ir adonde nadie nos menosprecia» (M 4,1,12). «No es bien que por los pensamientos nos turbemos ni se nos dé nada&#8230; tengamos paciencia» (M 4,1,11), mientras se van realizando en nosotros largos procesos de pacificación interior.</p>
<p><strong>Sensibilidad hacia los otros.</strong> «La alegría del encuentro sólo la puede entender quien conoce lo que es el dolor, la esperanza, y la fuerza del cariño» (Palabras de Javier Álvarez-Ossorio, al contar la peripecia de una mujer con sus cinco hijos desde Katanga hasta Kinshasa, en medio de la guerra, con hambre, miedo y vejaciones, arriesgando la vida en cada momento, y todo para dar con su marido y padre de sus hijos y poder vivir el gozo y la tarea de la paz).</p>
<hr />
<h3>Momento de Oración</h3>
<p><img decoding="async" class="alignright" src="/wp-content/uploads/2019/05/vela.jpg"></p>
<p><strong>Abre tu vida para recibir al Señor.</strong> Hazlo con la señal de los cristianos: En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.</p>
<p><strong>Acoge su presencia;</strong> sobre su amor se construye tu vida:</p>
<blockquote><p>
«Mirad, el Señor Dios llega con poder, y su brazo manda. Mirad, viene con él su salario, y su recompensa lo precede» (Is 40,10).
</p></blockquote>
<p><strong>Responde</strong> con una actitud de agradecimiento y alabanza al Dios que se te regala gratuitamente sin haber hecho tú nada por conseguirlo. Únete a María para alabar al Señor: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque el Poderoso hace grandes obras por mí» (Magnificat de María).</p>
<p><strong>Cuando escuchas la Palabra, Dios acompaña tu vida:</strong></p>
<blockquote><p>«Antes te conocía sólo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos» (Job 42,5).</p></blockquote>
<p><strong>Canta a tu Dios:</strong></p>
<p>SEÑOR, QUE SEAS TÚ QUIEN VIVA EN MÍ. SEÑOR, QUE SEAS TÚ QUIEN ORE EN MÍ.</p>
<p><strong>Ora al Señor</strong></p>
<p>Ando buscando un amor que unifique mi vida, pero experimento muchas cosas que me turban y perturban. Estoy ante ti, Señor, situado ante tu misterio, ordena tú en mí el amor, hazme habitar en tu casa. Tú eres diferente: no eres ni mi idea, ni mi amor, ni mi proyecto. Me pongo en tus manos. Mi imaginación y pensamiento racional siguen su curso y me conducen, me traen, me llevan, por caminos que no logro dirigir conforme a mi deseo. En medio de la crisis vengo a descubrir algo sorprendente: lo que yo soy incapaz de hacer, lo puedes hacer Tú; Tú puedes desvelarme desde la hondura lo que yo soy. En ti me encuentro, soy lo que tú me amas. Tú haces nacer en mí otro gozo, otro amor, otra tarea.</p>
<p><strong>SOMOS TESTIGOS DE UN AMOR QUE LIBERA Y GENERA ESPERANZA</strong></p>
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		<title>7. Las fuentes del consuelo</title>
		<link>https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/03-itinerario-moradas/7-las-fuentes-del-consuelo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 19 Jun 2011 00:13:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[03. Itinerario. Moradas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>«Nadie puede acercarse a ti que eres Inaccesible. Nadie puede comprenderte si Tú mismo no te das a él. Y, ¿cómo te me vas a dar Tú, si no me das primero a mí mismo? Y mientras yo estoy aquí en el sosiego de mi silencio y de mi contemplación, Tú me respondes, Señor, en [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>«Nadie puede acercarse a ti que eres Inaccesible. Nadie puede comprenderte si Tú mismo no te das a él. Y, ¿cómo te me vas a dar Tú, si no me das primero a mí mismo? Y mientras yo estoy aquí en el sosiego de mi silencio y de mi contemplación, Tú me respondes, Señor, en lo más profundo de mi ser» (Nicolás de Cusa).</p></blockquote>
<blockquote><p>«La entrada en la contemplación es análoga a la de la Liturgia eucarística: «recoger» el corazón, recoger todo nuestro ser bajo la moción del Espíritu Santo, habitar la morada del Señor que somos nosotros mismos, despertar la fe para entrar en la presencia de Aquel que nos espera, hacer que caigan nuestras máscaras y volver nuestro corazón hacia el Señor que nos ama para ponernos en sus manos como una ofrenda que hay que purificar y transformar (Catecismo, 2711).</p></blockquote>
<blockquote><p>«Algún día vendrá un viento fuerte que me lleve a mi sitio» (León Felipe).</p></blockquote>
<blockquote><p>«Si pudiera persuadirme a mí mismo de que podría encontrar a Dios en una cueva del Himalaya, me pondría en camino hacia allí inmediatamente. Pero sé que no puedo encontrarle fuera de la humanidad» (Mahatma Gandhi).</p></blockquote>
<h3>LA GRATUIDAD AMOROSA DE DIOS</h3>
<p><strong>El protagonismo de Dios.</strong> El ingreso en la experiencia mística no está marcado por un cambio de conducta ética por nuestra parte. Es obra de un nuevo tipo de gratuidad amorosa por parte de Dios. «Comienza de Dios y acaba en nosotros» (M 4,2,4). La humildad es necesaria para distinguir las cosas y poder alabar al Señor; nos ayuda a entender lo que llevamos de gracia. El humilde sabe colocarse en su lugar y dejar a Dios ser Dios. «Por la humildad se deja vencer el Señor a cuanto de él queremos, y lo primero en que veréis si la tenéis, es en no pensar que merecéis estar mercedes y gustos del Señor ni los habéis de tener en vuestra vida» (M 4,2,9).</p>
<p><strong>«Calor y luz dan junto a su Querido»</strong> (San Juan de la Cruz). En lo más hondo de nosotros Dios deja sentir su presencia, y lo hace como luz y calor, como un nuevo entender y una nueva capacidad de amor. En la manifestación de Dios, «gustos de Dios» los llama santa Teresa, descubrimos zonas inexploradas de nuestra interioridad. «Veo secretos en nosotros mismos que me traen espantada muchas veces. Y ¡cuántos más debe haber! ¡Oh Señor mío y Dios mío, qué grandes son vuestras grandezas!, y andamos acá como unos pastorcillos bobos, que nos parece alcanzamos algo de Vos y debe ser tanto como nonada, pues en nosotros mismos están grandes secretos que no entendemos» (M 4,2,5).</p>
<p><strong>El fuego y la fragancia.</strong> En el mismo centro de nuestro ser está la voz más profunda de todas, que es la del Espíritu. Su presencia nos embellece y enciende en nosotros el fuego del amor. «Parece que se va dilatando y ensanchando todo nuestro interior y produciendo unos bienes que no se pueden decir, ni aun el alma sabe entender qué es lo que se le da allí. Entiende una fragancia como si en aquel hondón interior estuviese un brasero adonde se echasen olorosos perfumes» (M 4,2,6).</p>
<h3>EL AGUA VIVA</h3>
<p><strong>Búsqueda de símbolos.</strong> Para entender lo que nos pasa abrimos nuestros ojos a las cosas que nos rodean y en ellas encontramos lecciones para nuestro viaje. «En cada cosita que Dios crió hay más de lo que se entiende, aunque sea una hormiguita» (M 4,2,2).</p>
<p><strong>Una promesa de Jesús.</strong> En el templo, en el día en que se celebraba la fiesta del agua, una fiesta que discurría entre cantos de alegría y acción de gracias, Jesús proclama: «De sus entrañas manarán torrentes de agua viva» (Jn 7,38).</p>
<p><strong>Lo que vio el profeta.</strong> «El ángel del Señor me mostró a mí, Juan, el río de agua viva, luciente como el cristal, que salí del trono de Dios y del Cordero. A mitad de la calle de la ciudad, a ambos lados del río, crecía un árbol de la vida; da doce cosechas, una cada mes del año, y las hojas del árbol sirven de medicina a las naciones» (Ap 22, 1-2).</p>
<p><strong>La fuente que brota de dentro.</strong> Santa Teresa habla de dos fuentes. Una simboliza el esfuerzo de la persona por alimentar la vida de oración. Esta agua está situada fuera, la extrae de manantiales precarios y lejanos y la conduce por un artificio de arcaduces que no la libran de derrames ni de polvo, ni de fango. La otra fuente tiene un origen muy distinto. «Estotra fuente, viene el agua de su mismo nacimiento, que es Dios, y así como Su Majestad quiere, cuando es servido hacer alguna merced sobrenatural, produce con grandísima paz y quietud y suavidad de lo muy interior de nosotros mismos, yo no sé hacia dónde ni cómo» (M 4,2,4).</p>
<h3>EFECTOS QUE DEJA EL PASO DE DIOS</h3>
<p><strong>Viajeros de lo desconocido.</strong> Comenzamos un viaje interior, que es gozoso; pero también doloroso, porque como Abraham, no sabemos adónde vamos; entramos en zonas de la psique que están ordinariamente dormidas e inconscientes; oímos voces más profundas; nuestro ojo interior que antes estaba dormido empieza a despertarse. Tienen lugar cambios profundos: comenzamos a ver las cosas de una manera nueva; lo que antes pasaba inadvertido recobra su significado.</p>
<p><strong>Crecimiento.</strong> En todo este proceso vamos creciendo; nuestra conciencia se expande y se ahonda; somos más nosotros mismos; encontramos una unidad interior, la del ser humano nuevo, creado a imagen y semejanza de Dios; caemos en la cuenta de que somos hijos e hijas de Dios, hermanos y hermanas de todos. El Espíritu Santo conduce nuestra vida.</p>
<p><strong>La autoaceptación.</strong> Es la clave para la integración de la personalidad cristiana. Sólo es posible en virtud de la creciente convicción experiencial de que somos amados por Otro, de que Dios interviene en nuestra vida.</p>
<p><strong>Un cierto alejamiento de todos</strong> y de todo. Vivimos una experiencia de inadaptación al ambiente. Encontramos algunos amigos que nos entiendan, pero el aislamiento está ahí, como consecuencia dolorosa de una decisión a seguir a Jesucristo, comprar el campo en el que está escondido el tesoro, encontrar la fuente que mana y corre. Sin embargo, aun cuando tenga lugar la separación, se está activando la unión con los demás a otro nivel. «Pues ya si en el ejido / de hoy más no fuere vista ni hallada, / diréis que me he perdido; / que andando enamorada, / me hice perdidiza y fui ganada» (San Juan de la Cruz).</p>
<p><strong>Una señal de amor gratuito.</strong> Es el camino por donde hay que ir. «La voluntad bien me parece que debe estar unida en alguna manera con la de Dios; mas en los efectos y obras de después se conocen estas verdades de oración, que no hay mejor crisol para probarse» (M 4,2,8).</p>
<p><strong>Solidaridad profunda con todos.</strong> El amor de Dios, la fuente del agua viva, el brasero de olorosos perfumes, presentes en el hondón de la persona hacen que todos los muros se rompan, vivificados con esa agua, crece el amor hacia todos, nadie queda excluido de mi compasión y amor, no existe rencor en mi corazón, entro en comunión profunda con toda la humanidad, descubro a Cristo en las personas marginadas, en las débiles, las que sufren en el mundo (cf. Mt 25, 35-40).</p>
<p><strong>Abandono confiado.</strong> «Suyas somos, hermanas; haga lo que quisiere de nosotras; llévenos por donde fuere servido. Bien creo que quien de verdad se humillare y desasiere, que no dejará el Señor de hacernos esta merced otras muchas que nos sabremos desear. Sea por siempre alabado y bendito. Amén» (M 4,2,10)</p>
<hr />
<h3>Momento de Oración</h3>
<p><img decoding="async" class="alignright" src="/wp-content/uploads/2019/05/vela.jpg"></p>
<p><strong>Invoca al Espíritu Santo:</strong></p>
<p>Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre; don en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo.</p>
<p><strong>Si quieres entrar en esta nueva etapa de oración:</strong></p>
<ul>
<li>Lo primero es amar a Dios sin interés.</li>
<li>Es poca humildad pensar que por nuestros servicios se ha de alcanzar cosa tan grande.</li>
<li>Deseo de imitar al Señor y no buscar sus gustos.</li>
<li>Vivir el mandamiento del amor. (Cf.M 4,2,9).</li>
</ul>
<blockquote><p>«Porque trabajaremos en balde, que como no se da de traer esta agua por arcaduces como la pasada, si el manantial no la quiere producir, poco aprovecha que nos cansemos. Quiero decir que aunque más meditación tengamos y aunque más nos estrujemos y tengamos lágrimas, no viene esta agua por aquí. Sólo se da a quien Dios quiere y cuando más descuidada está muchas veces el alma» (M 4,2,9).</p></blockquote>
<p><strong>Texto evangélico:</strong></p>
<blockquote><p>«Si alguno tiene sed, que venga a mí, y beberá el que cree en mí, como dice la Escritura: de su seno correrán ríos de agua viva. Esto lo decía refiriéndose al Espíritu que iban a recibir los que creyeran en él» (Jn 7, 37-38).</p></blockquote>
<p><strong>Ora con Santa Teresa de Jesús:</strong></p>
<blockquote><p>«Oh vida que la dais a todos. No me neguéis a mí esta agua dulcísima que prometéis a los que la quieren. Yo la quiero, Señor, y la pido y vengo a Vos».</p></blockquote>
<p><strong>JESÚS ES FUENTE DE VIDA NUEVA</strong></p>
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			</item>
		<item>
		<title>8. Al aire del Espíritu</title>
		<link>https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/03-itinerario-moradas/8-al-aire-del-espiritu/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 19 Jun 2011 00:12:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[03. Itinerario. Moradas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>«El Señor llama dichosos no a los que conocen algo de Dios, sino a los que lo poseen en sí mismos. Dichosos, pues, los limpios de corazón porque ellos verán a Dios» (San Gregorio de Nisa). «Nadie fue ayer, ni va hoy, ni irá mañana hacia Dios por este mismo camino que yo voy. Para [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>«El Señor llama dichosos no a los que conocen algo de Dios, sino a los que lo poseen en sí mismos. Dichosos, pues, los limpios de corazón porque ellos verán a Dios» (San Gregorio de Nisa).</p></blockquote>
<blockquote>
<p>«Nadie fue ayer,</p>
<p>ni va hoy,</p>
<p>ni irá mañana</p>
<p>hacia Dios</p>
<p>por este mismo camino</p>
<p>que yo voy.</p>
<p>Para cada hombre guarda</p>
<p>un rayo nuevo de luz el sol&#8230;</p>
<p>y un camino virgen</p>
<p>Dios»</p>
<p>(León Felipe).</p>
</blockquote>
<blockquote><p>«El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios» (Rom 8,26-27).</p></blockquote>
<h3>EXPERIENCIA DE DIOS</h3>
<p><strong>El silbo amoroso del buen Pastor.</strong> En este camino de oración, ya sabemos que el recogimiento es la tarea que realizamos para volvernos hacia dentro, donde sabemos que habita Dios, porque estamos hechos a su imagen y semejanza (cf M 4,3,3). Pero llega un momento en que no somos nosotros quienes nos recogemos, sino que es el Señor, desde dentro, quien nos llama y nos atrae. Lo hace como buen pastor. «Con un silbo tan suave, que aun casi ellos mismos no le entienden, hace que conozcan su voz y que no anden tan perdidos, sino que se tornen a su morada» (M 4,3,2).</p>
<p><strong>Entrar en el Reino.</strong> Jesús ha venido para compartir con nosotros el Reino de Dios, para que hagamos la experiencia de Dios y entremos en el maravilloso banquete de su presencia amorosa. Por medio del recogimiento «el alma se entra dentro de sí» (M 4,3,2) donde está Él y todo nuestro ser se va aquietando. Estamos en la oración de quietud, pórtico de entrada en el misterioso espacio de Dios. La iniciativa es de Dios, que infunde en nosotros la luz para entender de forma nueva todo y el amor para que sea él quien inspire nuestros pasos. A nosotros nos toca «pedir como pobres necesitados delante de un grande y rico emperador, y luego bajar los ojos y esperar con humildad. Cuando por sus secretos caminos parece que entendemos que nos oye, entonces es bien callar, pues nos ha dejado estar cerca de él» (M 4,3,5). «Mas si este Rey aún no entendemos que nos ha oído ni nos ve, no nos hemos de estar bobos» (M 4,3,5), continuemos trabajando pues «para eso nos dio Dios las potencias, y no hay para qué las encantar, sino dejarlas hacer su oficio, hasta que Dios las ponga en otro mayor» (M 4,3,6).</p>
<p><strong>La gratuidad del Espíritu.</strong> La actuación de Dios es totalmente gratuita. No se debe a nuestro esfuerzo. Tiene lugar «cuando Dios nos quiere hacer esta merced» (M 4,3,3). Es Otro el que hace amanecer y anochecer en el horizonte de nuestra alma. El Espíritu, presente y activo en toda oración cristiana, se anticipa a nuestra iniciativa. «Yo no puedo persuadirme a industrias humanas en cosas que parece puso Su Majestad límite y las quiso para Sí» (M 4,3,5).</p>
<p><strong>La alabanza.</strong> El Espíritu que lleva la iniciativa de nuestra oración nos pide que conjuguemos un múltiple gesto de humildad, gratitud y alabanza al Dios que se nos manifiesta. Nos convoca a prorrumpir desde lo hondo en una oración de alabanza que hasta ahora era un pobre vagido: «Alábele mucho quien esto entendiere en sí, porque es muy mucha razón que conozca la merced, y el hacimiento de gracias por ella hará que se disponga para otras mayores» (M 4,3,4). El Espíritu nos enseña a abrir nuestras manos vacías para recibir: «En la perseverancia en saber recibir del Señor está todo nuestro bien» (M 4,3,9); nos empuja a abandonarnos «en los brazos del amor» (M 4,3,8).</p>
<h3>UNA NUEVA FORMA DE VERNOS</h3>
<p><strong>¿Cómo saber si vamos por buen camino?</strong> Los caminos del Espíritu no se pueden evaluar desde lo que nosotros podemos controlar. A menudo tendremos que recorrer el camino del no saber. En todo caso, será el criterio evangélico: «Por sus obras los conoceréis» (Mt 7,16) quien oriente nuestra vida. «En los efectos y obras de después se conocen estas verdades de oración» (M 4,2,8).</p>
<p><strong>Una manera de pensar y de amar nuevas.</strong> Cada nueva gracia de Dios origina en nosotros una nueva forma de relación con Él. Todo contemplativo pasa a ser un enamorado de Dios; todo lo contempla bajo el prisma de un corazón enamorado. «Sólo se ve bien con el corazón» (Principito).</p>
<p><strong>«Efectos o señales</strong> que tienen las almas a quien Dios nuestro Señor da esta oración» (M 4,3,9):</p>
<ul>
<li>«Como un dilatamiento</strong> o ensanchamiento en el alma» (M 4,3,9), que se traduce en un estilo de respirar y vivir con libertad. «No estamos tan atados como antes en las cosas del servicio de Dios, sino con mucha más anchura» (M 4,3,9). Desaparece «el temor servil», y con él los miedos, a Dios (M 4,3,9). Nos sentimos más señores de nosotros mismos (cf M 4,3,9).</li>
<li>Crecen las virtudes,</strong> especialmente las teologales: gran confianza, más viva fe, gran voluntad de hacer algo por Dios, nuevo arraigo de la humildad&#8230; «Como va conociendo más la grandeza de Dios, tiénese por más miserable». Descubrimos una nueva escala da valores, al estilo de san Pablo: «Por él lo perdí todo, y todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo y existir en él» (Flp 3,8-9).</li>
<li>Comienza en nosotros una nueva configuración con Cristo,</strong> que nos lleva a aceptar los trabajos y la cruz para que vaya adelante su Reino. «Lo más sustancial y agradable a Dios es que nos acordemos de su honra y gloria y nos olvidemos de nosotros mismos y de nuestro provecho y regalo y gusto» (M 4,3,6). Entra en escena el lenguaje de la ternura, que es un silencioso deseo de amar a Cristo.</li>
</ul>
<p><strong>Un símbolo entrañable.</strong> El contemplativo es un renacido. Estrena vida nueva. Pero la comienza como un niño. Vida frágil la suya. En dependencia total de la madre-Dios. Llamado a crecer, pero con el riesgo de la atrofia y de la involución. «No está aún el alma criada sino como un niño que comienza a mamar, que si se aparta de los pechos de su madre, ¿qué se puede esperar de él sino la muerte? (M 4,3,10).</p>
<h3>COMPROMISO HISTORICO DE TRANSFORMACIÓN</h3>
<p><strong>El contemplativo místico sale a la vida</strong> con una nueva forma de tratar a las personas y a las cosas. La luz y el amor de Dios le convierten en «la cara humana de Dios» (San Gregorio de Nisa). No quiere dominar a los demás, sino ser «el pobre que ama a los hombres» (Simeón el Teólogo).</p>
<p><strong>Sale con la vida más unificada,</strong> y por tanto con más capacidad de comunicar la música que Dios hace nacer en su corazón, porque «un alma en paz irradia la luz a muchos» (San Serafín de Sarov).</p>
<p><strong>Lleva entre las manos la gratuidad del perfume derramado,</strong> que llena de buen olor toda la casa y que se hace realidad en mil detalles de servicio solidario y de comunión.</p>
<hr />
<h3>Momento de Oración</h3>
<p><img decoding="async" class="alignright" src="/wp-content/uploads/2019/05/vela.jpg"></p>
<p><strong>Invoca al Espíritu Santo,</strong>porque nosotros no sabemos orar ni vivir como conviene:</p>
<blockquote><p>«Cuando tú me mirabas, su gracia en mí tus ojos imprimían: por eso me adamabas, y en eso merecían los míos adorar lo que en ti vían» (San Juan de la Cruz)</p></blockquote>
<p><strong>Colócate en una actitud abierta.</strong> Dios es el gran protagonista de tu vida. Vives más de lo que recibes de él que de lo que tú haces. «Por favor, sé como el hombre que está en un barco sobre el río y que no rema constantemente, sino que a veces se deja llevar por la corriente» (Ch. Péguy).</p>
<p><strong>Ora con el salmo 22,</strong>que está lleno de símbolos sacados de la vida pastoril, y que pueden recordarte tu encuentro sacramental con Cristo (fuentes tranquilas del bautismo, reparo tus fuerzas de la confirmación, la mesa y la copa de la eucaristía&#8230;). Que el Espíritu abra tu corazón para acoger el regalo del amor de Jesús para ti.</p>
<blockquote>
<p>«Yo soy tu pastor, nada te falta: </p>
<p>en verdes praderas te hago recostar; </p>
<p>te conduzco hacia fuentes tranquilas </p>
<p>y reparo tus fuerzas. </p>
<p>Te guío por el sendero justo, </p>
<p>por el honor de mi nombre. </p>
<p>Aunque camines por cañadas oscuras, </p>
<p>nada temas porque yo voy contigo: </p>
<p>mi vara y mi cayado te sosiegan. </p>
<p>Preparo una mesa ante ti, </p>
<p>enfrente de tus enemigos; </p>
<p>te unjo la cabeza con perfume, </p>
<p>y tu copa rebosa. </p>
<p>Mi bondad y mi misericordia </p>
<p>te acompañan todo los días de tu vida, </p>
<p>y habitarás en mi casa por años sin término» (Sal 22).</p>
</blockquote>
<p><strong>Traduce tu experiencia en gestos de gratuidad:</strong> «El que prefiere que los otros tengan razón, aunque no lo sepa, está salvando el mundo» (Borges).</p>
<p><strong>GOCÉMONOS, AMADO, Y VAMONOS A VER EN TU HERMOSURA</strong></p>
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		<title>9. Palabras mayores</title>
		<link>https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/03-itinerario-moradas/9-palabras-mayores/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 19 Jun 2011 00:11:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[03. Itinerario. Moradas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>«Puede decirse que el principal propósito de la vida para cualquiera de nosotros, es incrementar, de acuerdo con nuestra capacidad, el conocimiento de Dios mediante todos los medios de que disponemos y ser movidos por él a la alabanza y la acción de gracias» (J. R. Tolkien, autor de El Señor de los anillos). «En [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>«Puede decirse que el principal propósito de la vida para cualquiera de nosotros, es incrementar, de acuerdo con nuestra capacidad, el conocimiento de Dios mediante todos los medios de que disponemos y ser movidos por él a la alabanza y la acción de gracias» (J. R. Tolkien, autor de El Señor de los anillos).</p></blockquote>
<blockquote><p>«En la interior bodega / de mi Amado bebí, y cuando salía por toda aquesta vega, / ya cosa no sabía; y el ganado perdí que antes seguía» (Canción 26 de san Juan de la Cruz).</p></blockquote>
<blockquote><p>«El conocimiento es a veces doloroso porque el humano prefiere la ignorancia: mantenerse en un nivel de superficie, dejando que la vida le resbale, sin alzarse ni enfrentarse con ella. Pues bien, en contra de eso, el verdadero mayeuta es un experto en ciencias de gestación: es como evocador (despertador) de divinidad. Nos ayuda a dar a luz a Dios en nuestra vida: ésa es su tarea en el camino» (Xabier Pikaza).</p></blockquote>
<h3>EL PROTAGONISMO ABSOLUTO DE DIOS .</h3>
<p><strong>No tenemos palabras.</strong> La palabra interior que nos ayuda a entender y ordenar las cosas que nos ocurren en la vida, se debilita ante la experiencia de Dios. Incluso las comparaciones se nos oscurecen. La tendencia a querer explicarlo todo enmudece y uno quisiera callar. «Creo que fuera mejor no decir nada&#8230;, pues no se ha de saber decir, ni el entendimiento lo sabe entender, ni las comparaciones sirven para declararlo, porque son muy bajas las cosas de la tierra para este fin» (M V,1,1).</p>
<p><strong>¿Cómo explicar a Dios?</strong> Es muy difícil explicar a los niños la violencia y el odio que a veces anida en el corazón humano. Pero ¿cómo explicar la irrupción de Dios que inunda la vida como una cascada inagotable? ¿Cómo dar a conocer a Dios que obra y se comunica para darse a conocer? «¿Cómo os podría yo decir la riqueza y tesoros y deleites que hay?» (M V,1,1).</p>
<p><strong>¡Ven, Espíritu Santo!</strong> La incapacidad sentida se traduce en una invocación al Espíritu. «Enviad, Señor mío, del cielo luz para que yo pueda dar alguna a estas vuestras siervas» (M V,1,1).</p>
<h3>NO INTERRUMPIR EL CAMINO</h3>
<p><strong>Llamada universal a la santidad.</strong> Quien tiene una experiencia de Dios no quiere entrar solo en la tierra prometida, desea que toda la humanidad entre en ella. Esta es la experiencia misionera que tiene la Iglesia. «Todos los fieles, de cualquier estado o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad, y esta santidad suscita un nivel de vida más humano incluso en la sociedad terrena» (Lumen Gentium 40). Santa Teresa vive esta llamada como un dolor: «Aunque todas somos llamadas a la oración y contemplación&#8230;, pocas nos disponemos para que nos la descubra el Señor» (M V,1,2).</p>
<p><strong>«De baluarte en baluarte hasta ver a Dios» (Sal 83,8).</strong> Caminamos con el salmista hacia la morada de Dios, refugio del ser humano que está sin morada. En Dios está la máxima y definitiva bienaventuranza. «Pues podemos gozar del cielo en la tierra, que nos dé su favor para que no quede por nuestra culpa y nos muestre el camino y dé fuerzas en el alma para cavar hasta hallar este tesoro escondido» (M V,1,2). «Dios no imposibilita a ninguno para comprar sus riquezas; con que dé cada uno lo que tuviere, se contenta. Bendito sea tan gran Dios» (M V,1,3). Sólo pide que no nos quedemos con nada, «poco o mucho todo lo quiere para sí» (M V,1,3). «Duc in altum», así lo expresa Juan Pablo II. «La esperanza es como un resorte que impulsa a lanzarse hacia lo que deseamos» (Carlos Amigo).</p>
<p><strong>No poner tasa a las obras de Dios.</strong> Aunque no hayamos pasado por esta experiencia de Dios, es necesario que no nos espantemos de sus grandezas. La fuerza y eficacia del amor de Dios puede elevar al hombre a alturas que no imagina. «A Aquel que tiene poder para realizar todas las cosas incomparablemente mejor de lo que podemos pedir o pensar, conforme al poder que actúa en nosotros, a él la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones y todos los tiempos. Amén» (Ef 3,20-21).</p>
<p><strong>Sembrador de caminos.</strong> Dios, con sus dones, es sembrador de caminos en nuestro corazón. Dios es maestro de amor, amigo pleno, «memoria y esperanza de amor» (San Juan de la Cruz). Pero no somos capaces de sentir esto en radicalidad, y por eso nos parecemos a «esos medioletrados espantadizos, que me cuestan caro», de que habla santa Teresa (M V,1,8). «Quien no creyere que puede Dios mucho más y que ha tenido por bien y tiene algunas veces comunicarlo a sus criaturas, que tiene bien cerrada la puerta para recibirlas. Nunca os acaezca, sino creed de Dios mucho más y más» (M V,1,8).</p>
<h3>UNION DEL ALMA CON DIOS</h3>
<p><strong>«Llevóme el rey a la bodega del vino» (Ct 2,4; 3,2).</strong> Somos morada de Dios, posada adonde El mora. Pero habitualmente nuestro espíritu es opaco a su presencia. Ni lo sentimos ni lo percibimos, como sentimos los objetos. Ni experimentamos su presencia, como experimentamos y gustamos la presencia de un amigo. Esa especie de barrera se rompe por obra de su amor y de su gracia. Dios viene como gracia. Viene porque quiere. «Esta entiendo yo es la bodega adonde nos quiere meter el Señor cuando quiere y como quiere; mas por diligencias que nosotros hagamos, no podemos entrar. Su Majestad nos ha de meter y entrar» (M V,1,12).</p>
<p><strong>El rastro de Dios.</strong> En el torbellino de deseo de ser de El y para El, de morir a lo viejo y de acoger la novedad de la gracia, y de gozo insospechado, se hace presente Dios y «nos muestra sus maravillas» (M V,1,12). «Es sobre todos los gozos de la tierra y sobre todos los deleites y sobre todos los contentos y más, que no tiene que ver adonde se engendran estos contentos o los de la tierra, que es muy diferente su sentir» (M V,1,6). Como en un nuevo cenáculo nos deja el regalo de la paz, como en una bodega recrea en nosotros la experiencia del amor, como el sello en la cera (cf M V,1,9) dialoga con nosotros.</p>
<p><strong>Certeza de su paso.</strong> Queda en el alma «una certidumbre que sólo Dios la puede poner» (M V,1,10). «Hemos de dejar de buscar razones para ver cómo fue; pues no llega nuestro entendimiento a entenderlo, ¿para qué nos queremos desvanecer? Basta ver que es todopoderoso el que lo hace» (M V,1,11).</p>
<p><strong>Una oración humilde.</strong> Santa Teresa hace suya la oración del centurión, que ante la decisión de Jesús de curar a su criado, le dice que no es digno de que entre en su casa (cf Mt 8,8-9). «No somos dignas de ser siervas de un Señor tan grande, no podemos alcanzar sus maravillas. Sea por siempre alabado, amén» (M V,1,13).</p>
<p><strong>Una mujer-puente.</strong> ¿Qué tiene que ver esto con la violencia creciente que sufren en nuestro mundo los menores? ¿Y con la desestructuración familiar? ¿Y con el resurgir de los fundamentalismos, la acumulación de poder desmedido en manos de pocos, la fragilidad de los pobres para venderse por cuatro cuartos, la marcha imparable de inmigrantes en busca del pan? Los orantes contemplativos, obra y regalo del Espíritu, son voz en el mundo de los que no tienen voz, encienden una luz para que puedan caminar los que están en oscuridad, dan pasos de comunión «en un mutuo compartir dones» (O’Connor).</p>
<hr />
<h3>Momento de Oración</h3>
<p><img decoding="async" class="alignright" src="/wp-content/uploads/2019/05/vela.jpg"></p>
<p><strong>Ponte ante Dios en verdad:</strong></p>
<blockquote><p>«Descálzate porque el terreno que pisas es santo» (Ex 3). &#8211; «No soy digno de que entres en mi casa» (Mt 8,8).</p></blockquote>
<p><strong>Invoca al Espíritu:</strong></p>
<p>INUNDA MI SER, INUNDA MI SER. ESPIRITU, INUNDA MI SER. EN OLAS DE AMOR. ¡OH, VEN SOBRE MI! ESPIRITU, INUNDA MI SER.</p>
<p><strong>Nuestro mundo</strong> parece cansado, dividido, pero también lleno de ilusiones. Algunos dicen que necesitamos mística para sobrevivir a los desastres que se avecina, otros dicen que debemos aprender a dialogar. Quizás ambas cosas signifiquen lo mismo.</p>
<p>Llevas en el corazón un místico dormido. Deja que se despierte como fruto de esa «rebelión del alma» en una sociedad que tiende a sofocar toda experiencia fuerte de Dios. «Dichosos los ojos que ven lo que veis» (Lc 10,23).</p>
<p>Tu corazón está habitado por la Trinidad. Los Tres habitan en el hondón de tu alma. Recibe a Dios en libertad y diálogo amoroso.</p>
<p>Camina hacia un encuentro interior. Desde los niveles superficiales, hasta el encuentro con el que es la «luz y guía que en el corazón ardía» (San Juan de la Cruz).</p>
<p>Déjate llevar por el Espíritu, que te pone delante a Jesús, el amigo que comparte contigo su experiencia del Padre.</p>
<p>Contempla en los caminos. Cuando vives la presencia de Dios todo lo vives desde dentro. En la vida de cada día se cultiva la vida mística, crece y encuentra su criterio de autenticidad.</p>
<p>Que la mística sea tu forma de vivir. Tu manera de relacionarte con todo lo creado con respeto y libertad. Tu manera de ser profundamente feliz. Esta sabiduría transciende «toda ciencia».</p>
<p><strong>LOS MISTICOS SON LA SONRISA DE DIOS EN EL MUNDO</strong></p>
<p><strong>REGALAN MOTIVOS PARA LA ESPERANZA</strong></p>
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