<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>04. Camino de Teresa archivos - Cipecar</title>
	<atom:link href="https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/04-camino-de-teresa/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/04-camino-de-teresa/</link>
	<description>Centro de Iniciativas de Pastoral de Espiritualidad</description>
	<lastBuildDate>Tue, 17 Dec 2019 13:55:19 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=6.9.4</generator>

<image>
	<url>https://cipecar.org/wp-content/uploads/2021/12/cropped-Diseño-sin-título-2021-12-21T214601.219-32x32.jpg</url>
	<title>04. Camino de Teresa archivos - Cipecar</title>
	<link>https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/04-camino-de-teresa/</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
	<item>
		<title>Temas del libro del Camino de Teresa</title>
		<link>https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/04-camino-de-teresa/temas-del-libro-del-camino-de-teresa/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 25 Sep 2005 00:20:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[04. Camino de Teresa]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://desarrollo.cipecar.org/?page_id=326</guid>

					<description><![CDATA[<p>LA ORACIÓN: UN REGALO PARA LA HUMANIDAD (Camino1) EL EVANGELIO DE LA POBREZA (Camino 2) RECREAR LO QUE SOMOS (Camino 3 y 5) APRENDER EL LENGUAJE DEL AMOR (Camino 4.6 y 7) SUELTA AMARRAS (Camino 8-12) HUMILDAD (Camino 13-18) BEBER DE LA FUENTE (Camino 19 y 20) ORACIÓN SÍ, ORACIÓN NO (Camino 21 y 23) [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/04-camino-de-teresa/temas-del-libro-del-camino-de-teresa/">Temas del libro del Camino de Teresa</a> se publicó primero en <a href="https://cipecar.org">Cipecar</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<ol>
<li>LA ORACIÓN: UN REGALO PARA LA HUMANIDAD (Camino1)</li>
<li>EL EVANGELIO DE LA POBREZA (Camino 2)</li>
<li>RECREAR LO QUE SOMOS (Camino 3 y 5)</li>
<li>APRENDER EL LENGUAJE DEL AMOR (Camino 4.6 y 7)</li>
<li>SUELTA AMARRAS (Camino 8-12)</li>
<li>HUMILDAD (Camino 13-18)</li>
<li>BEBER DE LA FUENTE (Camino 19 y 20)</li>
<li>ORACIÓN SÍ, ORACIÓN NO (Camino 21 y 23)</li>
<li>ORACIÓN, ¿QUÉ ES? (Camino 22.24 y 25)</li>
<li>LOS CAMINOS DEL CORAZÓN (Camino 26)</li>
<li>LA INTERIORIDAD (Camino 28 y 29)</li>
<li>PADRE NUESTRO (Camino 27)</li>
<li>SANTIFICADO SEA TU NOMBRE (Camino 30 y 31)</li>
<li>VENGA A NOSOTROS TU REINO (Camino 31)</li>
<li>HÁGASE TU VOLUNTAD (Camino 32)</li>
<li>ORACIÓN ANTE LA EUCARISTÍA (Camino 33 y 34)</li>
<li>EL PERDÓN, CAMINO DE IDA Y VUELTA (Camino 36)</li>
<li>LA TENTACIÓN: UN ESCOLLO EN LA ORACIÓN(C 38 y 39)</li>
<li>AMOR: UNA FORMA ALEGRE Y COMPROMETIDA DE HACER EL CAMINO (Camino 40)</li>
<li>HACIA UN AMÉN CONFIADO (Camino 41 y 42)</li>
</ol>
<p>La entrada <a href="https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/04-camino-de-teresa/temas-del-libro-del-camino-de-teresa/">Temas del libro del Camino de Teresa</a> se publicó primero en <a href="https://cipecar.org">Cipecar</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>La oración: un regalo para la humanidad (Camino 1)</title>
		<link>https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/04-camino-de-teresa/la-oracion-un-regalo-para-la-humanidad-camino-1/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 25 Sep 2005 00:19:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[04. Camino de Teresa]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://desarrollo.cipecar.org/?page_id=329</guid>

					<description><![CDATA[<p>«Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón» (Gaudium et Spes, 1). [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/04-camino-de-teresa/la-oracion-un-regalo-para-la-humanidad-camino-1/">La oración: un regalo para la humanidad (Camino 1)</a> se publicó primero en <a href="https://cipecar.org">Cipecar</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>«Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón» (Gaudium et Spes, 1).</p></blockquote>
<blockquote><p>«La ruptura entre Evangelio y cultura es, sin duda, el drama de nuestro tiempo, como lo fue también en otras épocas» (Pablo VI).</p></blockquote>
<blockquote><p>«Yo siento que llevo en lo más secreto de mi ser el esfuerzo total del Universo» (Teilhard de Chardin).</p></blockquote>
<blockquote><p>«Si amo a los seres con tanto ardor, es porque en cada uno de ellos amo una parte de ti, Dios mío» (Etty Hillesum).</p></blockquote>
<h3>ABIERTOS A LA HUMANIDAD</h3>
<p>Dios está en permanente éxodo hacia la humanidad. La Encarnación es el increíble hecho por el que Dios, en Jesús de Nazaret, quiso hacerse carne de nuestra carne e historia de nuestra historia. Por ello, nada humano es ajeno a la oración. Todo ha sido tocado por la mano del Amado, todo ha sido revestido de su hermosura.</p>
<p>Para orar no es indiferente la forma de vivir y de colocarse ante los demás. No todo da igual. Todo tiene cabida en nuestro mundo, pero hay formas de vivir y, por tanto de orar, que no tienen salida. «Cuando extendéis las manos, cierro los ojos; aunque multipliquéis las plegarias, no os escucharé. Vuestras manos están llenas de sangre» (Is 1,15).</p>
<p>Santa Teresa no se coloca ni ora al margen de lo que está pasando en el mundo de su tiempo: guerras de religión, persecución religiosa, millones de personas que no conocen a Jesús, hombres y mujeres que buscan a tientas el rostro de Dios&#8230; (C 1,2). Vive un apasionamiento por la humanidad, por la Iglesia. Se le mete dentro una historia, a la que mira con misericordia porque misericordioso es el Padre (cf. Lc 6,36)</p>
<p><em>¿Tiene algo que ver lo que está pasando en el mundo, o mejor, lo que les está pasando a los más pobres con tu vida de oración?</em></p>
<h3>LA ORACIÓN NO ES UNA EVASIÓN</h3>
<p>La oración no es un refugio, ni tampoco una evasión. La oración está siempre abierta a la vida de la humanidad y conduce a la vida y a dar vida abundante. En la oración no importan solo las palabras y los sentimientos; son importantes, sobre todo, los hechos. «No todo el me dice: ¡Señor, Señor! entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre, que está en los cielos» (Mt 7,2).</p>
<p>El orante no solo se pregunta: ¿cómo es mi oración?, sino también: ¿cómo son mis obras?, ¿cómo es mi vida?</p>
<p>Santa Teresa reacciona ante lo que ve y ora, y se pregunta qué puede hacer. Se siente implicada, responsable, llamada a dar una respuesta. Primero se angustia ante la propia impotencia (C 1,2). Después, «confiada en la gran bondad de Dios, que nunca falta de ayudar a quien por él se determina a dejarlo todo» (C 1,2) se dispone a hacer: «Determiné hacer eso poquito que era en mí» (C 1,1). Y para ella hacer es ser. «Que sean tales cuales yo las pintaba en mis deseos» (C 1,2).</p>
<p><strong><em>¿Te conduce la oración a la vida? ¿Terminan en hechos tus palabras y sentimientos orantes?</em></strong></p>
<h3>ABRIR ESPACIOS PARA DIOS</h3>
<p>Muchas personas se sienten bloqueadas para el encuentro amistoso con Dios; necesitan que alguien les ayude a abrir brechas al misterio de Dios. Por otra parte, el estilo de vida impuesto por la sociedad moderna impide a las personas descubrir y cultivar lo que son de verdad para poderse abrir a Dios. «La creación entera lanza un gemido universal y anda toda ella con dolores de parto hasta el momento presente» (Rom 8,22). La humanidad está a la espera de que alguien les ayude a ver que Dios no es un problema que hay que resolver, sino un misterio que hay que descubrir.</p>
<p>La humanidad se ha cansado de buscar a Dios. Los orantes, cual otros samaritanos junto a los caminos, se detienen y miran, prestan atención a esta humanidad ausente y abren caminos a Dios. Son como la lluvia que permite brotar a las semillas escondidas en la tierra «Me pongo en camino para buscarte un techo. Hay muchas casas deshabitadas en las que yo te introduciré como invitado de honor» (Hillesum). «En el diálogo silencioso del corazón con Dios se preparan las piedras vivas con las que va creciendo el Reino de Dios» (Edith Stein).</p>
<p>Santa Teresa abre la realidad a Dios. Y pide ayuda para realizar junto con otros lo que no puede sola. Se implica e implica a los que viven con ella: «Todas ocupadas en oración» (C 1,2). «¡Oh hermanas mías en Cristo, ayudadme!» «No hermanas mías, no es tiempo de tratar con Dios negocios de poca importancia» (C 1,5).</p>
<p><strong><em>¿Cómo comunicas a una sociedad que se aleja de Dios la noticia alentadora del Evangelio?</em></strong></p>
<h3>UNA ORACIÓN ENCARNADA</h3>
<ul>
<li>Es la que brota de una cotidianeidad respetada y asumida por sí misma, a la que se le hace una pregunta creyente, teologal: «Señor, ¿qué me quieres decir?» (cf Jn 6,28-29).</li>
<li>Es la que surge de una cotidianeidad leída a la luz de la Palabra de Dios. «El pueblo de Dios, movido por la fe, que le impulsa a creer que quien lo conduce es el Espíritu del Señor, que llena el universo, procura discernir en los acontecimientos, exigencias y deseos, de los cuales participa juntamente con sus contemporáneos, los signos verdaderos de la presencia o de los planes de Dios» (Gaudium et Spes, 11).</li>
<li>Es la que nace de una cotidianeidad transfigurada. Las realidades temporales no son un mero intermediario para ir a Dios. Dios inhabita la realidad: constituye su corazón más íntimo. La oración cristiana, lejos de ser una fuga platónica de la realidad mundana, nos educa para ver en ella al Invisible y tratar con el Dios-con-nosotros.</li>
<li>Así es la primera oración de santa Teresa en el Camino: «¡Oh Redentor mío, que no puede mi corazón llegar aquí sin fatigarse mucho! ¿Qué es esto ahora de los cristianos? ¿Siempre han de ser los que más os deben los que os fatiguen? ¿A los que mejores obras hacéis, a los que escogéis para vuestros amigos, entre los que andáis y os comunicáis por los sacramentos?» (C 1,2-3).</li>
</ul>
<p><strong><em>¿Qué oración te brota desde los acontecimientos que más te afectan? Exprésala.</em></strong></p>
<hr />
<h3>Momento de Oración</h3>
<p><img decoding="async" class="alignright" src="/wp-content/uploads/2019/05/vela_e.jpg"/></p>
<p><strong>Ábrete al Espíritu</strong>. Deja que El ore en ti y te enseñe a orar. El acude en ayuda de tu debilidad. El intercede por ti con gemidos inefables (cf. Rom 8,26).</p>
<p><strong>Mira a la humanidad</strong> que te rodea y ofrécela al Señor.</p>
<blockquote><p>«Esta multitud agitada, confusa o distinta, cuya inmensidad nos aterroriza –este océano humano cuyas lentas y monótonas oscilaciones ponen zozobra en los corazones más creyentes- quiero que en este momento mi ser resuene a su murmullo profundo. Todo lo que va a aumentar en el mundo en el curso de esta jornada, todo lo que va a disminuir –todo lo que va a morir también- esto, Señor, es lo que me esfuerzo en reunir en mí para ofrecértelo» (Teilhard de Chardin).</p></blockquote>
<p><strong>Hazle a Dios esta sencilla súplica:</strong> Dame un corazón sencillo, Señor, para que yo sepa llorar con los que lloran, y gozar con los que viven en el gozo.</p>
<p><strong>Ora</strong>desde la humanidad con las palabras que te brotan del corazón iluminado por el Espíritu. Ofrece tus labios a la voz y a las iniciativas del Espíritu.</p>
<ul>
<li>Intercede: Pedir por los demás llenará mejor tu corazón que todo lo que pudieras obtener para ti mismo.</li>
<li>Alaba: La alabanza es la oración del amor. La alabanza todo lo orienta hacia Dios.</li>
<li>Adora: Dos enamorados pueden permanecer durante horas sin decirse nada, simplemente estando presentes el uno al otro.</li>
<li>Agradece: El agradecimiento nos lleva a releer la vida para alimentar el amor. «Todo es gracia», de ahí el agradecimiento.</li>
</ul>
<p><strong>Pregúntate</strong> y responde con sinceridad: ¿Qué puedo hacer yo? Ponte a realizarlo sin más.</p>
<p><strong>Procura</strong> unir tus manos a otras manos para realizar juntos el proyecto bonito de Dios para toda la humanidad.</p>
<p><strong>LA PALABRA SE HIZO HUMANIDAD ACAMPO EN LA TIERRA DE LOS HOMBRES. DESDE ENTONCES TODO SER HUMANO LLEVA DENTRO LA SEMILLA DEL AMOR.</strong></p>
<p>La entrada <a href="https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/04-camino-de-teresa/la-oracion-un-regalo-para-la-humanidad-camino-1/">La oración: un regalo para la humanidad (Camino 1)</a> se publicó primero en <a href="https://cipecar.org">Cipecar</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>El Evangelio de la pobreza (Camino 2)</title>
		<link>https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/04-camino-de-teresa/el-evangelio-de-la-pobreza-camino-2/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 25 Sep 2005 00:18:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[04. Camino de Teresa]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://desarrollo.cipecar.org/?page_id=330</guid>

					<description><![CDATA[<p>La pobreza evangélica engendra y anuncia ternura. «Dios, o nos encuentra pobres, o nos hace pobres» (Nekane Miren). «Se moldea la arcilla para hacer la vasija, pero de su vacío depende el uso de la vasija. Se abren puertas y ventanas en los muros de una casa, y es el vacío lo que permite habitarla» [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/04-camino-de-teresa/el-evangelio-de-la-pobreza-camino-2/">El Evangelio de la pobreza (Camino 2)</a> se publicó primero en <a href="https://cipecar.org">Cipecar</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h2>La pobreza evangélica engendra y anuncia ternura.</h2>
<blockquote><p>«Dios, o nos encuentra pobres, o nos hace pobres» (Nekane Miren).</p></blockquote>
<blockquote><p>«Se moldea la arcilla para hacer la vasija, pero de su vacío depende el uso de la vasija. Se abren puertas y ventanas en los muros de una casa, y es el vacío lo que permite habitarla» (Relato chino)</p></blockquote>
<blockquote><p>«Recibirás en la medida en que esperes recibir» (Santa Teresita).</p></blockquote>
<blockquote><p>«Redescubrir el sentido de la pobreza, un sentimiento que no sea masoquista, es una de las tareas más interesantes en la vida de las personas» (Augusto Guerra).</p></blockquote>
<blockquote><p>«La gratuidad de nuestro Creador, en sí misma, es tan inaudita, tan grandiosa, que toda una vida dedicada al agradecimiento no basta para corresponderle» (Mariluz Melis).</p></blockquote>
<h3>COLOCARNOS ANTE DIOS COMO POBRES</h3>
<p><strong>Escándalo, sinsentido o necedad.</strong> ¿Cómo es posible que nos tengamos que colocar ante Dios como pobres? ¿Acaso no quiere El que vivamos en la plenitud y que todo sea nuestro? ¿No es posible el diálogo con El desde un corazón rico? La pobreza, experiencia hiriente en millones de personas y pueblos, nos parece un escándalo. Nuestras pobrezas, presentes en tantos límites, nos cuesta aceptarlas. Y nos sorprende que Dios se presente como pobre, como necesitado de nosotros, como un mendigo a la puerta de nuestro corazón.</p>
<p><strong>Dificultades para ser pobres.</strong> No es fácil ser pobres; para nosotros es imposible. El reino de lo mío, aunque sea escaso, es suficiente para instalar un trono y, desde su asiento, creer, engañosamente, que se ha ganado en estatura. Los bienes no son algo malo, pero son ambiguos. Pueden convertir al ser humano en un esclavo, pueden sofocar la semilla de la Palabra sembrada en la tierra (cf Mc 4,19), pueden convertirse en una falsa seguridad (cf Lc 11,39), pueden ser un escándalo si hacemos un uso privado de ellos, sin mirar a los que están en los márgenes del mundo.</p>
<p><strong>El deseo de ser pobres es un regalo.</strong> El poder presentarnos ante el Padre como pobres, es decir, llenos de confianza, abiertos, disponibles, es un regalo del Espíritu. El hace que la pobreza, lejos de ser un obstáculo, sea tierra buena para la oración. «El Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues nosotros no sabemos cómo pedir para orar como conviene» (Rom 8,26). El Espíritu nos mueve a pobreza; a nosotros nos toca dejar que su don se convierta en grito, en manos abiertas ante El, disponibles y acogedoras de su amor. El Espíritu pone en nosotros la sed para que nos acerquemos a la fuente.</p>
<h3>JESÚS ORA DESDE LA POBREZA</h3>
<p><strong>Jesús escoge ser pobre.</strong> Así es y así se presenta ante nosotros y ante el Padre. La imagen de Jesús, «despojado de sí mismo» (Flp 2,7) es la de la extrema pobreza. «Siendo rico, se hizo pobre por nosotros para enriquecernos con su pobreza» (2Cor 8,9). San Bernardo tuvo este diálogo con Jesús: «¿Quién te ha hecho tan pobre?» «Me ha hecho el amor», le respondió Jesús. En la vida de Jesús pobre se nos desvela la corriente inagotable del amor de Dios; de ahí el consejo de santa Teresa de poner en El los ojos y de «Parecernos en algo a nuestro Rey, que no tuvo casa, sino el portal de Belén adonde nació y la cruz adonde murió» (C 2,9).</p>
<p><strong>La bienaventuranza de la pobreza.</strong> La alegría nos permite realizar caminos largos. Si no encontramos gozo profundo en la pobreza, terminaremos por abandonarla y por seguir caminos más atractivos y aplaudidos en el ambiente que nos rodea. Esta es la alegría que proclama Jesús desde el monte para los pobres de espíritu (cf Mt 5,3) y desde la llanura para los pobres de pan, de cariño, de atención, de amor (cf Lc 6,20). Esta es la alegría que descubre santa Teresa cuando dice que la pobreza le permite «señorear todos los bienes del mundo otra vez, a quien no se le da nada de ellos» (C 2,5), y también que «entender los bienes que hay en la pobreza… es un bien que todos los bienes del mundo encierra en sí» (C 2,5). En la pobreza descubre libertad, gozo, señorío; dirá: «la verdadera pobreza trae una honraza consigo que no hay quien la sufra» (C 2,6); «es un señorío grande» (C 2,5).</p>
<h3>EN LA ORACIÓN SE DESVELA NUESTRO ROSTRO DE POBRES</h3>
<p><strong>La pobreza de los anawim.</strong> Importa ser pobres por dentro. «Sería engañar el mundo otra cosa, hacernos pobres no lo siendo de espíritu» (C 2,3). Los anawim son los que han interiorizado la pobreza, son los humildes de la tierra, que reconocen sus límites y se abandonan en El con total confianza. Cuando la pobreza alcanza el corazón se manifiesta en un estilo de vida sencillo y verdadero, que no hace ruido ni se jacta ante los demás (cf Sal 130); del corazón pobre brota una oración alegre y confiada. «Lo que agrada a Dios es mi pequeña alma es que ame mi pequeñez y mi pobreza, es la confianza ciega que tengo en su misericordia» (Santa Teresita).</p>
<p><strong>Pobreza y oración.</strong> La pobreza es una condición para la marcha. Lo dicen todos los peregrinos. Hay mucho de sobra en notros para hacer el camino. El pobre sabe que todo lo recibe, por eso le brota el agradecimiento y el canto solidario. La pobreza nos permite decirle a Dios un sí alegre y confiado que pone en marcha, sin que lo sepamos, la generosidad de Dios, que nunca se queda corto y que devuelve el ciento por uno apenas le hemos empezado a dar lo que tenemos. La pobreza nos permite dar testimonio de Dios, como la verdadera riqueza del corazón humano. La pobreza otorga una riqueza: recibir todo de Dios.</p>
<h3>TERNURA Y PROFECÍA</h3>
<p><strong>Cercanía de los pobres.</strong> La pobreza evangélica no es egoísta, no guarda lo poco que tiene para sí, sino que lo ofrece a los demás con las manos abiertas, lo da todo. Jesús, camino de Jerusalén para dar la vida, descubre emocionado el rostro del Padre, que lo da todo, en dos mujeres que, dando lo poco que tienen lo dan todo; son una pobre viuda que entrega sus cuatro céntimos (cf Mc 12,41ss) y una mujer que rompe el frasco de perfume a los pies de Jesús (cf Jn12,1-11). La pobreza evangélica hace brotar vidas abiertas a los pobres, vidas gratuitas, que hacen sentirse a los otros libres y no deudores. La pobreza evangélica engendra y anuncia ternura. Permite oír las voces de los últimos y compartir en una eucaristía común una recíproca pobreza. A santa Teresa le aterra confesarse pobre y huir de los pobres que tiene cerca y de la pobreza real.</p>
<p><strong>La provocación de la pobreza.</strong> La pobreza contesta enérgicamente la idolatría del dinero, presentándose como voz profética en una sociedad, que, en tantas zonas del mundo del bienestar, corre el peligro de perder el sentido de la medida y hasta el significado de las cosas. La pobreza evangélica es profecía de Dios y de los pobres, es profecía de nosotros mismos.</p>
<hr />
<h3>Momento de Oración</h3>
<p><img decoding="async" class="alignright" src="/wp-content/uploads/2019/05/vela_e.jpg"/></p>
<p><strong>Comienza tu oración con esta sencilla súplica:</strong></p>
<blockquote><p>Haz de mí un anawim, hazme pobre, un anawim Un anawim, un pobre. Haz de mí, Señor, un anawim</p></blockquote>
<p><strong>Déjate ayudar por estos pensamientos para ponerte en verdad:</strong> «¿Por qué se ha ajado la flor? Porque yo la aplasté contra mi corazón; por eso, se ha ajado. Y el río, ¿por qué se ha secado? Porque yo puse un dique para que me sirviera a mí solo; por eso, se secó» (Tagore).</p>
<p><strong>Colócate ante Dios como un pobre que confía.</strong> Vuélvete a El y reconoce tu pobreza. Abre tus manos, que expresan que no tienes nada, que necesitas ayuda, que estás abierto(a) a su amor. Nada hay tan grande como la esperanza de un pobre.</p>
<p><strong>Recuerda a María,</strong>la mujer pobre que aceptó ser mirada por Dios y a la que le brotó un hermosísimo canto de alabanza y de solidaridad.</p>
<p><strong>Acoge al Dios que aguarda a los pobres en su reino</strong> y que da un vuelco a la situación: los soberbios son dispersados, los poderosos humillados, los ricos alejados con las manos vacías, mientas los humildes son ensalzados y los hambrientos saciados (cf Lc 1,51-53).</p>
<p><strong>Recorre las entrañables imágenes del Salmo 130 y haz tuyos sus sentimientos:</strong></p>
<blockquote><p>«El verdadero discípulo no tiene el corazón ambicioso, ni los ojos altaneros. No busca grandezas que superan su capacidad. Ha acallado su alma y ha moderado sus deseos. Como un niño en el regazo de su madre, así está su alma en paz y en silencio en el Señor».</p></blockquote>
<p><strong>Escucha y guarda en tu corazón la bienaventuranza de Jesús:</strong> «Bienaventurados los pobres porque de ellos es el reino de los cielos».</p>
<p><strong>Siéntete solidario(a) con todos los pobres que conozcas,</strong>con los que no tienen pan, ni vestido, ni casa; con los que no tienen trabajo, salario digno, garantías sociales; con los que viven en la miseria. Recuerda a los pobres en inteligencia, a los pobres en afecto, a los pobres por razón de su sexo, raza o religión.</p>
<p><strong>SABERSE AMADO/DA MAS FUERZA QUE SABERSE RICO/A</strong></p>
<p>La entrada <a href="https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/04-camino-de-teresa/el-evangelio-de-la-pobreza-camino-2/">El Evangelio de la pobreza (Camino 2)</a> se publicó primero en <a href="https://cipecar.org">Cipecar</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Recrear lo que somos (Camino 3 y 5)</title>
		<link>https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/04-camino-de-teresa/recrear-lo-que-somos-camino-3-y-5/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 25 Sep 2005 00:17:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[04. Camino de Teresa]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://desarrollo.cipecar.org/?page_id=331</guid>

					<description><![CDATA[<p>«Amo la vida desde que sé para qué vivo» (Edith Stein). «Algún día vendrá un viento fuerte que me lleve a mi sitio» (León Felipe). «El estudio es manifestación del insaciable deseo de conocer siempre más profundamente a Dios, abismo de luz y fuente de toda verdad humana» (Juan Pablo II). «Si tuviera varias vidas [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/04-camino-de-teresa/recrear-lo-que-somos-camino-3-y-5/">Recrear lo que somos (Camino 3 y 5)</a> se publicó primero en <a href="https://cipecar.org">Cipecar</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>«Amo la vida desde que sé para qué vivo» (Edith Stein).</p></blockquote>
<blockquote><p>«Algún día vendrá un viento fuerte que me lleve a mi sitio» (León Felipe). </p></blockquote>
<blockquote><p>«El estudio es manifestación del insaciable deseo de conocer siempre más profundamente a Dios, abismo de luz y fuente de toda verdad humana» (Juan Pablo II). </p></blockquote>
<blockquote><p>«Si tuviera varias vidas os dedicaría una, porque os quiero mucho. Pero como no tengo más que una la tengo que emplear en lo que para mí es lo más importante» (Simone Weil).</p></blockquote>
<blockquote><p>«La paz que sentimos en nuestro interior, la fluidez y sencillez con que se desarrollaron todos los acontecimiento relacionados a nuestra decisión, nos convenció de que ésta no era una decisión nuestra, sino que era la vocación a la cual Dios nos llamada y aceptábamos libremente. Entendí, de repente, por qué y para qué había venido al mundo: nuestra vida tenía sentido» (Testimonio de Mariluz Melis, hospitalera en el Camino de Santiago, después de tomar una radical decisión en su vida).</p></blockquote>
<h3>COMO QUIEN ENCUENTRA UN TESORO</h3>
<p><strong>La alegría de encontrar la vocación.</strong> «Lo que embellece el desierto es que en algún lugar esconde un pozo», dice el Principito; lo que da un brillo especial a una vida es ese momento clave en el que la persona descubre con claridad su vocación central. Un hermoso cuento indio lo expresa muy bien al evocar el diálogo de un sabio con los obreros que penan en una cantera bajo el calor del día y el peso de la jornada: un trabajo inhumano, un trabajo&#8230; Pregunta a cada uno de ellos lo que está haciendo. El primero levanta hacia él una mirada sombría y taciturna y declara: «Bien lo ves tú, pico piedra». El segundo le mira con ira: «Bien lo sabes tú, me gano la vida». El tercero, con los ojos llenos de luz, le dice: «¿No lo adivinas? ¡Nunca lo adivinarías! Construyo un templo a mi Dios».</p>
<p><strong>Lo que le permitía vivir y orar de una forma única.</strong> Jesús, aprovechando la lectura de un texto de Isaías en la sinagoga de su pueblo, dio a conocer a sus paisanos la perla preciosa que Él había encontrado, le contó cómo el Espíritu le había ungido en lo más hondo del corazón (cf Lc 4,16-19). Con este don vivirá y orará en cada etapa del camino.</p>
<p><strong>Una hermosa tarea para los orantes.</strong> Santa Teresa invita a los orantes a encontrar su vocación, su puesto en la Iglesia, aunque no sea fácil. Ella misma, que es mujer, dialoga, busca, lucha por orientarse o situarse dentro de la Iglesia. No acepta estar acorralada, marginada. Exige su derecho profético, recibido en el bautismo, de «decir verdades» en un mundo en el que «no hay virtud de mujer que no sea sospechosa», y en el que casi todo está en manos de los hombres: «Los jueces del mundo son todos varones… Este mundo de los hombres nos tiene a las mujeres acorraladas». «Veo los tiempos de manera que no es razón desechar ánimos virtuosos y fuertes, aunque sean de mujeres» (CE 4,1).</p>
<p><strong>Las cosas bellas empiezan a nacer en el corazón.</strong> No se puede orar apoyados en identidades frágiles o falsas, sostenidos en memorias superficiales, «como niños sacudidos por las olas y llevados al retortero por todo viento de doctrina» (Ef 4,14). Sabernos amados, elegidos, acompañados es fundamental para vivir felices y para trabajar, para vivir una vida agraciada y agradecida. El bautismo nos da un fondo de gratuidad, de donde brota una experiencia de oración gratuita.</p>
<p><strong>La dignidad de todo ser humano.</strong> Porque Dios no ama en serie, porque el amor, si no es personal, no es amor, cada uno de nosotros somos un misterio que nunca deja de sorprendernos. No somos un número, si un mero objeto de consumo. Cada persona es única, llena de dignidad, con una vocación hermosa que pide ser desarrollada.</p>
<p><strong>Andar despacio hacia la fuente.</strong> Sin encontrarse a sí mismo el ser humano no puede encontrar a Dios ni cultivar la oración. En el destierro de la vida interior, en la tierra extranjera no es posible cantar cánticos al Señor y las cítaras permanecen colgadas en los sauces de las orillas (Sal 136). De ahí la importancia de cultivar caminos:</p>
<ul>
<li><strong>La actitud de búsqueda,</strong> que es la marca de una conciencia despierta, una apertura de un espacio a Dios para que siga creando.</li>
<li><strong>El recuerdo y la fidelidad a la palabra dada,</strong> que puede ayudarnos a descubrir el valor y la belleza de la coherencia. Mantener la palabra dada puede ser una preciosa herramienta de construcción de la personalidad creyente.</li>
<li><strong>La recuperación de la intimidad y la cultura de la comunicación callada.</strong> Aprender qué experiencias deben ser compartidas, quiénes son los interlocutores más apropiados, qué importancia tiene seleccionar los momentos y las personas para comunicar la interioridad.</li>
<li><strong>El gusto por el presente.</strong> Frente a formas de vivir el tiempo amenazado por la ansiedad y la descreación, saborear el presente, habitarlo, aguantar la realidad que se nos resiste, superar las tentaciones de nostalgia o de ensoñación, y acoger las posibilidades que encierra el aquí y el ahora.</li>
</ul>
<p><strong>«Son gran cosa letras para dar en todo luz» (C 5,2).</strong> Santa Teresa libra una batalla contra la ignorancia y la falta de cultura en los orantes. ¡Es tan importante ir bien fundados! «De devociones a bobas nos libre Dios» (V 13,16). Letras es cultura y posibilidad de diálogo hondo. La formación ayuda a entender mejor los dones. También aconseja «comunicar sus almas con personas que tengan letras» (C 5,2).</p>
<p><strong>Soplar sobre la brasa.</strong> Que los malos vientos no apaguen la brasa. Que el viento del Espíritu extienda el fuego. El orante necesita caminar en libertad. Caminar con libertad. Santa Teresa pide libertad para el grupo: «Por quien su Majestad es que no dé a probar a nadie en esta casa el trabajo de verse alma y cuerpo apretadas» (C 5,1). Y entiende la liberad como libertad de conciencia. Hay muchos caminos. «Para cada hombre guarda un rayo nuevo de luz el sol… y un camino virgen Dios» (León Felipe).</p>
<p><strong>Nuevos obreros para la mies.</strong> Santa Tesa ha descubierto que su tarea es trabajar por la comunión de la Iglesia, le duele la división; desea ayudar a los teólogos y predicadores. Le acompaña un grupo de mujeres en esta hermosa aventura. Presenta a Cristo al pequeño grupo de mujeres. Le gusta recordar cómo en el Evangelio había mujeres en torno a Jesús. Se emociona recordando a la las mujeres del Evangelio. Le duele que habiendo tanta tarea haya bautizados que no tengan sitio, palabra y tarea en la tarea evangelizadora. Desde ahí ora: «Habed lástima de tantas almas como se pierden y favoreced a vuestra Iglesia. No permitáis ya más daños en la cristiandad, Señor. Dad ya luz a estas tinieblas» (C 3,9).</p>
<hr />
<h3>Momento de Oración</h3>
<p><img decoding="async" class="alignright" src="/wp-content/uploads/2019/05/vela_e.jpg"/></p>
<p><strong>Comienza tu oración con un momento de silencio.</strong> Es una preciosa manera de mirarte por dentro y de descubrir el amor de Dios que tiene como cimiento tu corazón.</p>
<p><strong>Deja que te resuenen estas preguntas.</strong>¿A qué he sido llamado(a)? ¿Cuál es mi misión en esta vida? ¿Tengo sitio, palabra y tarea en la Iglesia? ¿Cuál es tu nombre?</p>
<blockquote><p>«Un sabio dijo que todos tenemos tres nombres, pero sólo uno es importante. El primero es el que nos ponen al nacer. Si tomamos como ejemplo a la Madre de Jesús, este primer nombre es María. El segundo es el nombre que nos pone la sociedad, es el nombre por lo que hacemos. Siguiendo el mismo ejemplo, a María se la conoció como «la madre de Jesús». El tercer nombre, que es el más importante, es el que nos pone Dios. Nuestra vida debe estar orientada a descubrir cuál es ese nombre. Para María, su verdadero nombre es «la llena de gracia».</p></blockquote>
<p><strong>Escucha</strong> y haz tuyas estas tres palabras que Jesús saca del arca:</p>
<ul>
<li><strong>Effetá: Ábrete.</strong> No te encierres en ti mismo(a). Ofrece a Dios tu espacio para que transforme tu vida en su Vida.</li>
<li><strong>Talita Kumi: Levántate.</strong> Frente a todo pesimismo, levanta tu vida. «El Espíritu del Señor está sobre ti» (Lc 4,18).</li>
<li><strong>Abbá: Padre y Madre.</strong> Frente al aislamiento, cultiva el diálogo. Es la forma de apreciar las maravillas que hace Dios en cada corazón.</li>
</ul>
<p><strong>Busca ayuda</strong> en la luz y en los que tienen luz para recordar:</p>
<ul>
<li><strong>Tu dimensión espiritual</strong>, que te cualifica como persona y te permite abrirte a Dios. Ora desde ahí.</li>
<li><strong>Tu vocación a la libertad</strong>, que te permite conocerte y aceptarte. Ora desde ahí.</li>
<li><strong>Tu individualidad</strong>, lo que tienes de original y de nuevo; no dejes que nadie te arrebate este tesoro. Ora desde ahí.</li>
<li><strong>Tu realidad relacional</strong>, que te ayuda a descubrir que no hay persona sin acoger a los hermanos y entregarte a ellos. Ora desde ahí.</li>
</ul>
<p><strong>Sé un humilde testigo</strong> de humanidad entre la gente. Así puedes ayudar a orar.</p>
<p>La entrada <a href="https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/04-camino-de-teresa/recrear-lo-que-somos-camino-3-y-5/">Recrear lo que somos (Camino 3 y 5)</a> se publicó primero en <a href="https://cipecar.org">Cipecar</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Aprende el lenguaje del amor(Camino 4, 6 y 7)</title>
		<link>https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/04-camino-de-teresa/aprende-el-lenguaje-del-amorcamino-4-6-y-7/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 25 Sep 2005 00:16:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[04. Camino de Teresa]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://desarrollo.cipecar.org/?page_id=338</guid>

					<description><![CDATA[<p>«Haznos vivir nuestra vida como una danza entre los brazos de tu gracia, con la música universal del amor» (Madeleine Delbrel). «Espiritualidad de la comunión significa capacidad de sentir al hermano de fe en la unidad profunda del Cuerpo Místico y, por tanto, como &#8216;uno que me pertenece&#8217;, para saber compartir sus alegrías y sus [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/04-camino-de-teresa/aprende-el-lenguaje-del-amorcamino-4-6-y-7/">Aprende el lenguaje del amor(Camino 4, 6 y 7)</a> se publicó primero en <a href="https://cipecar.org">Cipecar</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>«Haznos vivir nuestra vida como una danza entre los brazos de tu gracia, con la música universal del amor» (Madeleine Delbrel).</p></blockquote>
<blockquote><p>«Espiritualidad de la comunión significa capacidad de sentir al hermano de fe en la unidad profunda del Cuerpo Místico y, por tanto, como &#8216;uno que me pertenece&#8217;, para saber compartir sus alegrías y sus sufrimientos, para intuir sus deseos y atender a sus necesidades, para ofrecerle una verdadera y profunda amistad» (Juan Pablo II).</p></blockquote>
<blockquote><p>«Yo siempre he creído que el mejor medio de conocer a Dios es amar mucho» (Van Gogh).</p></blockquote>
<blockquote><p>«Hemos conocido el amor, hemos puesto en él nuestro ideal y sabemos que al unirnos en el nombre del Señor, dando fuerza a nuestra vida Dios está» (Canción).</p></blockquote>
<h3>«BUSCANDO MIS AMORES»</h3>
<p><strong>El salmista pregunta:</strong> «Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda y habitar en tu monte santo?» (Sal 14,1); santa Teresa, en el umbral de la oración, también se pregunta: «¿Qué tales habremos de ser para orar?» (C 4,1). La respuesta en ambos casos tiene que ver con el amor. La verdadera oración es cuestión de amor. «Aprende a amar con ternura, aprende a amar con sabiduría, aprende a amar con valentía», aconsejaba san Bernardo de Claraval.</p>
<p><strong>La oración florece allí donde hay amor.</strong> La oración verdadera no se da en terrenos egoístas y ensimismados, porque no hay espacio ni para Dios ni para los demás; sólo piensan en sí mismos: «No soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como ese publicano» (Lc 18,11). Santa Teresa propone el amor como aprendizaje para la oración.</p>
<p><strong>¿De qué amor se trata?</strong> Los orantes se ejercitan en un amor de verdad, no de mentira; «en amaros mucho unas a otras va muy mucho» (C 4,5). Buscan un amor que haga crecer y dé libertad; «el amor se alegra con la verdad» (1Cor 13,6). Salen al encuentro de un amor más ensanchador que ocupador; «míos son los cielos y mía es la tierra; mías son las gentes, los justos son míos y míos los pecadores; los ángeles son míos y la Madre de Dios y todas las cosas son mías; y el mismo Dios es mío y para mí, porque Cristo es mío y todo para mí» (San Juan de la Cruz). Cultivan un amor que da un bello sentido a la vida y abre horizontes nuevos a la cultura de la muerte: «Cuando se excluye o se niega a Cristo ya no se aprecia ni se ama la vida; por eso avanza una cierta cultura de la muerte con sus amargos frutos, el aborto y la eutanasia. No se valora ni se ama correctamente el cuerpo y la sexualidad humana; ni siquiera se valora la creación misma y el fantasma del egoísmo destructor se percibe en el abuso y en la explotación del medio ambiente» (Juan Pablo II).</p>
<h3>«¡DICHOSO EL CORAZÓN ENAMORADO!»</h3>
<p><strong>Tu historia de amor.</strong> Cada orante lleva en su corazón una historia de amor; cuanto más rica sea ésta tanto más fecunda será su oración. Este amor, que lleva a una pasión de amor, nace de un venero más hondo que la pasión. Brota de un encuentro previo con la verdad de las cosas, de la vida y de las personas. «Cuando a una persona la ha llegado Dios a claro conocimiento de lo que es el mundo, y qué cosa es el mundo y que hay otro mundo, y la diferencia que hay de lo uno y lo otro, y que lo uno es eterno y lo otro soñado, o qué cosa es amar al Criador o a la criatura&#8230; esa persona ama con amor muy diferente» (C 6,3).</p>
<p><strong>Como un surco donde se siembra la semilla.</strong> El amor es un regalo. Los orantes se abren al amor como la tierra a la semilla. Se dejan conocer y amar por Dios. El Espíritu guía cada etapa del camino con la llama de amor viva que enciende en el corazón. «Las aguas torrenciales no podrán apagar el amor ni anegarlo los ríos. Si alguien quisiera comprar el amor con todas las riquezas de su casa, se haría despreciable» (Cantares 8,7).</p>
<p><strong>El amor se hace respuesta creativa.</strong> Dios oye el callado amor y, en palabras de la esposa de los Cantares, se deja enamorar por él:»Me has enamorado, hermana y novia mía, me has enamorado con una sola de tus miradas» (Cantares 4,9). Quien ama a Dios, ama todas sus obras: «Esas tales almas son siempre aficionadas a dar mucho más que no a recibir. Aun con el mismo Criador les acaece esto» (C 6,7).</p>
<p><strong>Teresa dialoga con sus hermanas.</strong> «Diréisme que&#8230; «Os parecerá que esos tales no quieren a nadie, ni saben, sino a Dios» (C 6,5). Responde: «Que sí aman, mucho más y con verdadero amor, y con más pasión y más verdadero amor: en fin, es amor» (C 6,7). «Os parecerá que esos tales no aman por las cosas que ven, y entonces ¿a qué se aficionan?» (C 6,9). Responde: Aman lo que ven pero se les ha afinado y dilatado la retina. Ven a los otros en la hondura. El amor perfecto es el que va imitando al capitán del amor: «Jesús, nuestro bien» (C 6,9). «Cuando se excluye o se niega a Cristo se reduce nuestra visión del</p>
<h3>CUANDO EL AMOR CIRCULA</h3>
<p><strong>Oírnos el amor.</strong> El amor no es para retenerlo en el corazón, sino para comunicarlo y oírnoslo unos a otros. Cuando se rompe el frasco de perfume se extiende el buen olor por toda la casa (cf Jn 12,3). El mismo lenguaje que utilizan los orantes traspira calor humano, sensibilidad y realismo: se duelen con los dolores de los otros, se alegran con sus alegrías, se compadecen, están dispuestos a ayudar y ser solidarios; aparece la ternura. Todo por «ver algo más rica el alma del amigo» (C 7, 1).</p>
<p><strong>Sombras en el horizonte.</strong> Santa Teresa habla a aprendices de amor fraterno, a personas que llegarán a la madurez afectiva tras larga caminata. Y no conviene que confundan amor con sentimentalismo, ni que reduzcan el amor al juego de las ternuras y palabras regaladas. Aconseja que tengan cuidado con la discordia producida por «bandillos, deseos de ser más, puntito de honra&#8230; una palabrilla que de presto se atraviesa» (C 7,10) Cuando esto se da fracasa en el grupo el amor de Cristo. Ya no es comunidad eclesial, ya no circula el amor.</p>
<p><strong>La importancia de los santos.</strong> Los orantes saben lo importante que es dar con los santos de cada día, hombres y mujeres que han explorado la tierra prometida y saben lo que es el amor porque han tenido un encuentro con Cristo. Santa Teresa los llama amigos: «Os dirán que no es menester. Que basta tener a Dios. Buen medio es para tener a Dios, tratar con sus amigos» (C 7,4). Los últimos Papas han resaltado la importancia que tiene para nuestros contemporáneos el encontrarse con testigos. Frente a la pretensión de la sociedad posmoderna, que pretende hacer invisibles a los cristianos, es necesario mirarse en el espejo de personas que reconocen el valor y la belleza de su vocación al amor, que se presentan de forma audaz en la sociedad como sal y luz.</p>
<hr />
<h3>Momento de Oración</h3>
<p><img decoding="async" class="alignright" src="/wp-content/uploads/2019/05/vela_e.jpg"/></p>
<p><strong>Comienza</strong> tu oración envuelto(a) en la presencia de Dios. Hazlo con la señal de los cristianos. Santíguate despacio, recreando lo que haces y dices.</p>
<blockquote><p>¡Ven Espíritu Santo! Alimenta en mí un amor universal. Enciende en mis adentros la llama del amor.</p></blockquote>
<p><strong>Quédate</strong> un momento en silencio. Dale espacio a tu corazón. Coloca tu corazón paralítico junto a Jesús. En la intimidad con Jesús tu corazón empezará a caminar de nuevo, aprenderá el lenguaje del amor.</p>
<p><strong>Cuando oras</strong> te encuentras ante un Misterio de amor. Abre hoy tus manos y tu corazón para acoger a Dios.</p>
<blockquote><p>Aquí estoy, mi Dios, ante ti, abierto(a) al regalo inmenso de tu amor. Sé que solo Tú puedes llenar mi corazón.</p></blockquote>
<p><strong>Escucha</strong> el lenguaje siempre nuevo que Dios te comunica a ti y a toda la humanidad: «Yo soy amor y te busco para amarte»</p>
<p><strong>Responde</strong> a este amor desde el silencio, «el lenguaje que Dios más oye solo es el callado amor» (San Juan de la Cruz).</p>
<blockquote><p>Exhalaste tu perfume, y respiré y suspiro por Ti. Gusté de Ti, y siento hambre y sed. Me tocaste, y me abraso en tu paz. Te amo, mi Señor, te amo. Gracias te doy por saber que te amo.</p></blockquote>
<p><strong>Acoge</strong> este consejo de una amiga de Dios, de una santa. Sonreír es una hermosa manera de amar y de orar:»Abrazad con vuestra sonrisa a los infelices, a los solos, a los preocupados, a los enfermos, a los tristes» (Teresa de Calcuta).</p>
<p>La entrada <a href="https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/04-camino-de-teresa/aprende-el-lenguaje-del-amorcamino-4-6-y-7/">Aprende el lenguaje del amor(Camino 4, 6 y 7)</a> se publicó primero en <a href="https://cipecar.org">Cipecar</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Suelta amarras (Camino 8-12)</title>
		<link>https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/04-camino-de-teresa/suelta-amarras-camino-8-12/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 25 Sep 2005 00:15:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[04. Camino de Teresa]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://desarrollo.cipecar.org/?page_id=342</guid>

					<description><![CDATA[<p>«Mi experiencia de Dios me ha llevado en el transcurso de mi enfermedad: A vivir la enfermedad con normalidad, procurando no crear más situaciones excepcionales que las necesarias. No volverse mimoso, ni impertinente, ni acaparador. Sí he tenido, sin embargo, la disposición de dejarme cuidar con sencillez; suerte que he tenido al ser atendido sencillamente [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/04-camino-de-teresa/suelta-amarras-camino-8-12/">Suelta amarras (Camino 8-12)</a> se publicó primero en <a href="https://cipecar.org">Cipecar</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>«Mi experiencia de Dios me ha llevado en el transcurso de mi enfermedad: A vivir la enfermedad con normalidad, procurando no crear más situaciones excepcionales que las necesarias. No volverse mimoso, ni impertinente, ni acaparador. Sí he tenido, sin embargo, la disposición de dejarme cuidar con sencillez; suerte que he tenido al ser atendido sencillamente por los míos. A liberar a los demás de estar pendientes de mí, en cuanto a la preocupación, atención, visitas o teléfono. He aprendido a vivir la presencia solidaria de los otros a distancia, sabiendo que la enfermedad, como todo el camino de la vida, lo hace cada uno solo y desde dentro, aunque en relación. Y, ante todo, a lo largo de mi enfermedad, he procurado mantener una actitud vital, aun en los momentos más difíciles. La enfermedad ha sido una etapa de mi vida que merecía la pena vivirla con intensidad, profundidad, radicalidad, un cierto entusiasmo y alegría&#8230; ¿Quién me podría asegurar que ése no iba a ser el último tramo de mi vida? Y ¿cómo no me iba a apresurar a vivirlo a tope? Puedo decir que, por desgracia, he tenido la suerte de estar enfermo y poder así vivir facetas de la vida que, mientras estaba sano, habían pasado casi desapercibidas: la debilidad, la limitación, el dolor, lo importante y accidental, lo que vale y lo inútil, el asumir la propia historia, el aceptarte como eres, la capacidad de autocrítica, la perspectiva del cambio, el asumir la muerte, el abrirte al futuro, la esperanza desesperada&#8230; ¡Tantas veces!» (Jesús Burgaleta).</p></blockquote>
<h3>VIRTUDES GRANDES</h3>
<p><strong>«Entablar bien el juego».</strong> Seguimos en la escuela de oración, aprendiendo como niños los caminos de la oración. Jesús, en el relato de los dos que subieron a orar, nos dice lo importante que es hacer un buen planteamiento de la vida para que la oración sea auténtica (cf Lc 17,9-14). Teresa de Jesús habla de «entablar bien el juego», de colocar bien las piezas. Una práctica de la oración sin haber formado antes al orante en la práctica de las virtudes es un desatino. No se trata de asustarnos sino de ponernos en verdad para iniciar un trato de amistad con Dios, el amigo verdadero. No pueden llamarse amigos aquellos que viven valores contrarios. La amistad implica un estado de no ofensa a la persona amada. No todo da igual.</p>
<p><strong>Necesidad de las virtudes.</strong> Las virtudes nos ayudan a vivir el momento presente con sentido, son una constatación de que el reino de Dios está en medio de nosotros. Las virtudes nos ponen en actitud de apertura y de disponibilidad para descubrir y gozar de la presencia de Dios. Las virtudes enamoran al alma de Dios. «No las pequeñas virtudes sino las grandes. No el ahorro sino la generosidad y la indiferencia respecto al dinero; no la prudencia sino el valor y el desprecio del peligro; no la astucia, sino la franqueza y el amor a la verdad; no la diplomacia sino el amor del prójimo y la abnegación; no el deseo del éxito sino el deseo de ser y de saber» (Natalia Ginzburg).</p>
<h3>«HABÉIS SIDO LLAMADOS A LA LIBERTAD» (Gal 5,13)</h3>
<p><strong>Un tema fuerte para poder orar.</strong> Teresa de Jesús propone vivir la virtud de la libertad para iniciarnos en la oración. El motivo es que el orante debe sentirse libre para quedar disponible a la voluntad de Dios. El estar atados a cosas, a personas o a sí mismos, impide cualquier actitud de entrega. «¿Pensáis que es poco procurar este bien de darnos todas al Todo sin hacernos partes?» (C 8,1).Sin la libertad, la oración se queda en palabras, en deseos ineficaces, en nada, no es posible la entrega «al verdadero amigo» (C 9,4). La libertad es nuestra vocación: «Pues no recibisteis un espíritu de esclavitud para recaer en el temor; antes bien, recibisteis un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar: ¡Abba, Padre!» (Rom 7,15).</p>
<p><strong>Camino de Damasco.</strong> No solo es necesaria la libertad exterior, sino también la libertad interior. «Dios no se ha tomado el cuidado de crearnos para permitir luego que seamos con él unos asfixiados» (Madeleine Delbrel). Para ello tendremos que recorrer el camino de Damasco, como Pablo de Tarso, a donde entró consciente de su ceguera, guiado por las manos de otros y conducido hasta Ananías para reencontrar junto a él la capacidad de verlo todo de una manera nueva (cf Hch 9,1-25). Hasta poder decir con Teresa de Jesús: «Vuestra soy, para Vos nací, ¿qué mandáis hacer de mí?» (Poesía II, En las manos de Dios). Al querer lo que Dios quiere, nuestra libertad y la de Dios se unen.</p>
<h3>CAMPOS EN LOS QUE EDUCAR LA LIBERTAD</h3>
<p><strong>Un canto difícil.</strong> La libertad es un canto difícil. Muchos son los campos de nuestra vida que requieren educación. Teresa de Jesús se fija en dos o tres como ejemplo.</p>
<p><strong>Educación de nuestra dimensión corporal.</strong> La relación oración-cuerpo tiene en nuestros días una relevancia particular. El cuerpo debe estar preparado para la oración. Quien ora es la persona en su unidad integral. Teresa de Jesús habla de liberarnos de un cuidado excesivo del cuerpo. «Somos algunas tan regaladas de nuestro natural… y tan amigas de nuestra salud, que es cosa para alabar a Dios la guerra que dan» (C 10,2). Teresa, que es enferma crónica, sabe lo que las enfermedades nos pueden atar. El verdadero riesgo consiste en crearse un centro de atención en el propio cuerpo. «Como soy tan enferma, hasta que no me determiné en no hacer caso del cuerpo ni de la salud, siempre estuve atada, sin valer nada» (V 13,7).</p>
<p><strong>Liberarse de los miedos.</strong> El miedo revela dos cosas: estamos atados y no seguros. Estamos atados en la medida que tenemos miedo de perder la salud, los bienes –objetos o personas-, nuestra vida misma. No estamos seguros, porque nos sentimos incapaces de detener la amenaza que pende sobre lo que nos interesa. El miedo duerme en el fondo de nosotros mismos y utiliza nuestra vida desde dentro. El miedo nos esconde la vida verdadera y por eso es una forma de mentira. El abandono confiado en Dios nos ayuda a atravesar los miedos y a caminar en esperanza. «No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios; creed también en mí» (Jn 14,1). Teresa de Jesús habla de tragarse de una vez la muerte. «Dejaos toda en Dios, venga lo que viniere. ¿Qué va en que muramos? Y creed que esta determinación importa mucho más de lo que podemos creer» (C 11,5). «El miedo llamó a mi puerta; salió la fe a abrir y no había nadie» (Martin Luther King).</p>
<p><strong>Liberarse de afrentas y agravios.</strong> ¡Cómo nos pueden enredar! No a todos podemos caer bien, ni todos nos van a tratar bien. Llevar en el corazón todo lo que nos han hecho de malo puede hacernos olvidar todo lo que Dios nos ha hecho de bueno, nos puede llevar a caer en el victimismo, que «es un tóxico que mata la perfección» (C 12,7). Solo desde la liberación podemos decir al Señor: «Aquí estoy» (Rom 12,1), o con palabras de Teresa de Jesús: «Aquí está mi vida, aquí está mi honra, y mi voluntad; vuestra soy, disponed de mí» (Vida 21,5).</p>
<hr />
<h3>Momento de Oración</h3>
<p><img decoding="async" class="alignright" src="/wp-content/uploads/2019/05/vela_e.jpg"/></p>
<p><strong>Comienza</strong> abriendo tu vida a Dios: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Cuando orientas tu vida a Dios, ya gozas de su presencia. </p>
<p><strong>Mira</strong> a Jesús. Visualiza en tu interior su imagen de caminante de la libertad, entregando su vida al Padre para bien de todos los perdidos de la tierra.</p>
<p><strong>Pregúntate</strong> con calma de qué te tienes que liberar para poder ofrecerle al Señor tu vida. Pídele con sencillez a Jesús que te libere.</p>
<blockquote><p>
Libérame, Jesús, del miedo a la enfermedad. Libérame, Jesús, del miedo a la muerte. Libérame, Jesús, del miedo a ser tenido en menos. Libérame, Jesús, de las preocupaciones inútiles. Libérame, Jesús, de la envidia, de la maldad, del rencor.
</p></blockquote>
<p><strong>Escucha este relato y hazlo tuyo:</strong></p>
<p>Durante siete años no pude dar un paso. Cuando fui al gran médico, me preguntó: ¿Por qué llevas muletas? Y yo le dije: «Porque estoy tullido». «No es extraño», me dijo. «Prueba a caminar. Son esos trastos los que te impiden andar. ¡Anda, atrévete, arrástrate a cuatro patas!» Riendo como un monstruo me quitó mis hermosas muletas, las rompió en mis espaldas y sin dejar de reír, las arrojó al fuego. Ahora estoy curado. Ando. Me curó una carcajada. Tan solo a veces, cuando veo palos camino algo peor por unas horas (Bertol Brecht).</p>
<p><strong>Termina</strong> tu oración con una ofrenda a Dios, con tus manos abiertas al Dios del amor. Que tu libertad camine junto a la suya para hacer el bien a todos.</p>
<blockquote><p>Padre, me pongo en tus manos. Haz de mí lo que quieras. Sea lo que sea, te doy las gracias. Lo acepto todo, con tal que tu voluntad se cumpla en mí.</p></blockquote>
<p>La entrada <a href="https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/04-camino-de-teresa/suelta-amarras-camino-8-12/">Suelta amarras (Camino 8-12)</a> se publicó primero en <a href="https://cipecar.org">Cipecar</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Humildad (Camino 13-18)</title>
		<link>https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/04-camino-de-teresa/humildad-camino-13-18/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 25 Sep 2005 00:14:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[04. Camino de Teresa]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://desarrollo.cipecar.org/?page_id=343</guid>

					<description><![CDATA[<p>«Dios abre provenir de vida –libertad, paz, confianza en el futuro- no a través de los potentados y arrogantes de este mundo, sino a través de hombres y mujeres que, sin prestigio ni poder sociales, dejan que Dios sea único Señor en su vida y lleve a cabo su proyecto de amor a favor de [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/04-camino-de-teresa/humildad-camino-13-18/">Humildad (Camino 13-18)</a> se publicó primero en <a href="https://cipecar.org">Cipecar</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>«Dios abre provenir de vida –libertad, paz, confianza en el futuro- no a través de los potentados y arrogantes de este mundo, sino a través de hombres y mujeres que, sin prestigio ni poder sociales, dejan que Dios sea único Señor en su vida y lleve a cabo su proyecto de amor a favor de todos» (Jesús Espeja).</p></blockquote>
<blockquote><p>«Cuenta Rilke que, en París, pasaba siempre junto a una mujer a la que arrojaba una moneda en el sombrero. La mendiga permanecía totalmente impasible, como si careciese de alma. Un buen día, Rilke le regaló una rosa. Y en ese momento su rostro florece. El ve por primera vez que ella tiene sentimientos. La mujer sonríe, luego se marcha y durante ocho días deja de mendigar porque le han dado algo más valioso que el dinero».</p></blockquote>
<h3>DIOS ES HUMILDE</h3>
<p><strong>Aprender a decir «tú».</strong> Todos los mistagogos, esos hombres y mujeres que nos ayudan a dejarnos encontrar por Dios, elogian la humildad como virtud imprescindible para la oración, «la principal y que abraza a todas las virtudes» (C 4,4). «Parece que voy entrando en la oración y fáltame un poco por decir que importa mucho» (C 17,1). ¿Por qué es tan importante? Cada orante tiene que responder y buscar un porqué profundo; sin él el camino y el vuelo serán cortos. Lo que estos hombres y mujeres vienen a decir es que, para dialogar con el Dios amigo, tenemos que aprender a decir «tú», a cantar la gloria y el amor de un Dios volcado sobre nosotros y a traducirlo todo en un canto de servicio solidario para los últimos. «La humildad es el espacio del amor» (Pablo VI).</p>
<p><strong>Un término ambiguo.</strong> La humildad es un término ambiguo, se presta a muchos equívocos. No todo lo que se esconde detrás del nombre es humildad. ¿Es humildad el apocamiento y la cobardía o el entusiasmo confiado a pesar de los fracasos? ¿Es humildad el orgullo de encerrarse en la propia riqueza o el cultivo del abandono confiado? ¿Es humildad el desaliento ante la propia pequeñez o el encontrarse a gusto en la propia piel? ¿Es humildad acallar todo don o no perder la alegría de los sueños?</p>
<p><strong>La humildad y dulzura de Dios.</strong> El primer humilde es Dios, su amor es humilde y servicial. La mirada amorosa de Dios sobre nosotros, su proyecto de comunión con cada uno de nosotros, es un acto humilde de Dios. «El nunca se cansa de humillarse por nosotros» (Fundaciones 3,13). Santa Teresa invita a poner los ojos en Jesús, amigo de la humildad y de los humildes, para aprender. El gesto y el rostro de Jesús que en la Pasión callaba y estaba en silencio profundo (cf Mt 26,63) le impresionan hondamente. El colmo llega cuando Jesús acepta que sea un ladrón quien tome la palabra por El (cf C 15,1-6). «Jamás nos acabamos de conocer, si no procuramos conocer a Dios; mirando su grandeza, acudamos a nuestra bajeza y mirando su limpieza veremos nuestra suciedad; considerando su humildad veremos cuán lejos estamos de ser humildes» (Moradas 1,2,8-9).</p>
<p><strong>María, la mujer que se dejó mirar por el Amor.</strong> María, que se dejó mirar en su humillación, canta al Dios que «enaltece a los humildes» (Lc 1,52). María, en la Anunciación, de cara al Todopoderoso se presenta con sencillez, sin artificios ni rodeos, en la verdad de su ser recibido de Dios, dejándose hacer y amar por El. Dios hace que su virginidad sea fecunda, que su silencio se llene de Palabra, que su pobreza se convierta en riqueza inaudita. «Parezcámonos en algo a la gran humildad de la Virgen» (C 13,3).</p>
<h3>ESPACIOS DONDE FLORECE LA HUMILDAD</h3>
<p><strong>El terreno de la gracia.</strong> Humildad viene de humus, tierra. La humildad se juega en nuestra humanidad más sencilla y ordinaria, en nuestros amores, en nuestro cuerpo, en nuestro trabajo, en nuestras penas o en nuestras preocupaciones, y en todo aquello que constituye nuestra vida. Donde hay gratuidad, allí florece la humildad. El Espíritu lanza un clamor de gratuidad y nos desafía a ver si somos capaces de ser gratuitos en un mundo donde la competitividad obsesiva lleva a un individualismo cerrado a los dolores y gozos de los demás. La humildad abre en nosotros espacio para la gracia, o sea para la experiencia de Dios amor gratuito. «Estas mercedes son dadas de El y nosotros no podemos en nada nada» (Vida 20,7). Humildad es dejar hacer a Dios, reconocer los dones que de Dios recibimos, aceptar nuestra pobreza. «Lo propio de la bondad de Dios es hacer, pero lo propio de la naturaleza humana es ser hecha» (San Ireneo). Porque la humildad nos enseña a recibir, la palabra propia del humilde es «gracias».</p>
<p><strong>El horizonte de la verdad.</strong> La humildad tiene que ver con la verdad de Dios –»la suma verdad, verdad que no puede faltar» (Moradas 6,10.2)- y con nuestra propia verdad. Andar en ellas es humildad. «Humildad es andar en verdad» (Moradas 6,10,8). «Estamos ricos, somos pobres» (Moradas 4,2,10). Contra el sofisma de las razones («huya mil lenguas de razón tuve, hiciéronme sin razón, no hubo razón quién esto hizo»), Teresa de Jesús descubre «la gran mentira en que vivimos todos», empeñados en acumular peanas para aupar el propio yo. «Ser menos no se sufre» (C 16,11). Propone la bienaventuranza de ser tenido en menos, frente al baremo de la mentira que consiste en ser tenido en más. «La que le pareciere es tenida entre todas en menos, se tenga por más bienaventurada» (C 13,2).</p>
<p><strong>En clima de alegría.</strong> La humildad no tiene nada que ver con la cara y el corazón entristecidos. Los orantes, «como recién nacidos», gustan la cercanía de Dios, amor gratuito, en quien siempre se puede confiar; espontáneamente les brota el gozo de sentirse amados y acompañados. Se contentan por los caminos por donde Dios los lleva. «El verdadero humilde ha de ir por donde le llevare el Señor» (C 17,1). «El Señor, como conoce a todos para lo que son, da a cada uno su oficio, el que más le conviene a su alma y al mismo Señor y al bien de los prójimos» (C 18,3). María gustó la cercanía de Dios que se inclina gratuitamente hacia la pobre humillada. Y la humildad dio paso a la alegría desbordante compartida con su prima Isabel. En un corazón humilde que quiere vivir al aire de Jesús brotan la intimidad de Dios como amor gratuito, la pasión por la fraternidad universal y la compasión eficaz ante los pobres y desvalidos.</p>
<p><strong>La ciencia de saber esperar.</strong> ¿Por qué no responde el Señor a quien le ama y le sirve? Interesa descubrir el amor gratuito, sin imposiciones ni chantajes. El orante no es un traficante de la amistad de Dios. «Que hay algunas personas que por justicia quieren pedir a Dios regalos. ¡Donosa manera de humildad!» (C 18,6). «Dejad hacer al Señor de la casa» (C 17,7); él es libre. La llegada a la experiencia de Dios no es premio a nuestros méritos, ni resultado de esfuerzos humanos, ni efecto de técnicas y cálculos, ni comisión por amores y servicios. Es puro don. «Es cosa que lo da Dios» (C 17,2). Aquí, la humildad para saber esperar con la lámpara encendida. «Que a las veces viene el Señor muy tarde y paga tan bien y tan por junto como en muchos años ha ido dando a otros» (C 17,2).</p>
<hr />
<h3>Momento de Oración</h3>
<p><img decoding="async" class="alignright" src="/wp-content/uploads/2019/05/vela_e.jpg"/></p>
<p><strong>Realiza</strong>este gesto: «Descálzate porque el terreno que pisas es santo». Dios no es un país conquistado sino una tierra que debes pisar con los pies desnudos. Tu humildad es el espacio para un amor compartido.</p>
<p><strong>Preséntate</strong> ante Dios tal como eres. Ponte bajo su mirada. Deja los pormenores de tu vida en las manos del Padre.</p>
<blockquote><p>Padre mío, tú conoces mis secretos. Tú me miras con tu mirada de amor. ¡Qué grande eres Dios mío! Te alabo y te bendigo, mi Dios.</p></blockquote>
<p><strong>Mira</strong> a los pobres que conoces. Ellos te pueden ponerte en la pista de la humildad. Ponlos a todos bajo la mirada del amor del Padre. Padre nuestro, tú conoces a los humildes de la tierra. Tú los levantas para que conozcan su dignidad. Tú los envías al mundo para que sean fermento de vida. Te damos gracias y te bendecimos por el regalo de los humildes.</p>
<p><strong>Contempla</strong> a Jesús, solícito en regalarte como si fuese tu siervo y tú fueses su señor. Admírate de lo profunda que es su humildad y dulzura.</p>
<blockquote><p>Te doy gracias, Jesús. Tú despiertas en mí la gracia. Te doy gracias, Jesús. ¡Cómo te anonadas por amor! Te doy gracias, Jesús. Todo nos lo das con alegría. Te doy gracias, Jesús. De nuestro barro haces una vasija nueva. Te doy gracias, Jesús. Con tus dones enriqueces mi pobreza. Te doy gracias, Jesús. Cada día recreas la gratuidad.</p></blockquote>
<p><strong>Ora</strong> despacio el Gloria, el Sanctus o el Magnificat. Ahí se canta la gloria y el amor de Dios. Celebra las maravillas que Dios obra en la humildad de sus seguidores, en las gentes sencillas y amigas de la verdad.</p>
<blockquote><p>Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.</p></blockquote>
<p><strong>Acepta</strong> la invitación que te hace el Espíritu para vivir al estilo de Jesús. Cultiva cada día en un clima de amor gratuito la intimidad con Dios, apasiónate por la fraternidad universal, compadécete de los pobres y desvalidos. Hazlo todo con el perfume de la humildad que has aprendido junto a Jesús, junto a María.</p>
<p>La entrada <a href="https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/04-camino-de-teresa/humildad-camino-13-18/">Humildad (Camino 13-18)</a> se publicó primero en <a href="https://cipecar.org">Cipecar</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Beber de la fuente (Camino 19-20)</title>
		<link>https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/04-camino-de-teresa/beber-de-la-fuente-camino-19-20/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 25 Sep 2005 00:13:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[04. Camino de Teresa]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://desarrollo.cipecar.org/?page_id=1353</guid>

					<description><![CDATA[<p>«Siempre me gustó el desierto. Te sientas sobre una duna. No ves nada. No oyes nada. Y sin embargo, algo está irradiando, en silencio, a tu alrededor. Lo que embellece el desierto, dijo el pequeño príncipe, es que, en algún lugar, el desierto esconde un pozo» (A. de Saint-Exupery). «Quizás es un privilegio el no [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/04-camino-de-teresa/beber-de-la-fuente-camino-19-20/">Beber de la fuente (Camino 19-20)</a> se publicó primero en <a href="https://cipecar.org">Cipecar</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>«Siempre me gustó el desierto. Te sientas sobre una duna. No ves nada. No oyes nada. Y sin embargo, algo está irradiando, en silencio, a tu alrededor. Lo que embellece el desierto, dijo el pequeño príncipe, es que, en algún lugar, el desierto esconde un pozo» (A. de Saint-Exupery).</p></blockquote>
<blockquote><p>«Quizás es un privilegio el no disponer de nada más que de un corazón hambriento, sediento, desértico, un corazón que busca y pregunta, que llora y espera, un corazón que ama sin saber por qué, pero que vive y respira en «ansias de amores inflamado», un corazón que no sabe pero ha saboreado algo, «un no sé que queda balbuciendo» (Cristina Kaufmann).</p></blockquote>
<blockquote><p>«Solo si tocáis vuestra sed podréis entrar en el juego que yo aprendí junto al pozo: el hombre sediento que me pidió agua resultó ser el que calmó la mía y eso me decidió a hablar de él a los de mi pueblo» (María Dolores Aleixandre, comentando el pasaje evangélico de la Samaritana).</p></blockquote>
<h3>DIOS ES LA FUENTE</h3>
<p><strong>Dios se da a manos llenas.</strong> Dios sale al encuentro de quien se pone en camino hacia Él: la persona pobre, que opta por el Evangelio, se sitúa en la Iglesia y en el mundo, cultiva la amistad y acoge un estilo de libertad y disponibilidad a los planes de Dios. «Muéstrale en un punto más verdades y dala más claro conocimiento de lo que es todo, que acá pudiéramos tener en muchos años» (C 19,7). En la persona se despierta y desvela el amor, los deseos, el sentido de Dios y el deseo de plenitud. Es como un revulsivo en el hondón. «Antes yo te conocía sólo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos» (Jb 42,5).</p>
<p><strong>Todo es gracia.</strong> Para una vida espiritual pujante es importante conocer por experiencia lo que Dios da en el camino de la oración. Todo viene de Él, lo esencial viene de El, lo más importante nos viene dado. Dios es amor y alegría. Prepara para todos un porvenir de paz y no de desgracia. Dios quiere darnos un futuro y una esperanza.</p>
<p><strong>El símbolo del agua.</strong> ¿Cómo describir esta llegada de Dios? La Escritura habla de muchos símbolos: morada que acoge, mano tendida que acompaña, mesa preparada, fuente de agua. Nos fijamos en este último símbolo. Adonde llega el agua allí llega la vida. El agua está llena de misterios. «Preciosa en su candor, es útil, casta, humilde», como cantaba san Francisco. Santa Teresa relata sus propiedades: Limpia, deja el alma limpia de sus culpas porque une al orante al misterio de Dios; enfría y enciende, apaga pasiones y enciende deseos de verdad y amor; apaga y cultiva la sed, todo lo que da es para nuestro bien.</p>
<p><strong>Como una fuente.</strong> No es de extrañar que los buscadores de Dios hayan visto a Dios como una fuente: «Dios es como la fuente, de la cual cada uno coge como lleva el vaso» (San Juan de la Cruz). No es de extrañar que la Iglesia emplee el agua en el bautismo para significar la vida divina: «Nacemos en el agua como pececillos y solo si permanecemos en ella somos salvados» (Tertuliano) y que invite a todos a sacar aguas con gozo de las fuentes del Salvador. La contemplación será algo así como una fuente de agua viva que espera al orante en pleno camino y que sacia la sed del caminante, una fuente de amor que nunca terminamos de contemplar asombrados y que a veces nos parece una locura increíble.</p>
<p><strong>La promesa de Jesús.</strong> En el templo de Jerusalén Jesús gritó: «El que tenga sed, que venga a mí; el que cree en mí, que beba. De sus entrañas manarán torrentes de agua viva» (Jn 7,37). Y la Palabra de Jesús es fiel: «fiel es el Señor; a quien busca la verdad, no lo dejará en la mentira, y a quien lo desea de corazón, no lo dejará morir de sed» (C 19,13).</p>
<h3>LA SED DE DIOS</h3>
<p><strong>«Buscando mis amores».</strong> Dios no nos ha hecho para estar pasivos. Frente al escepticismo y el desánimo está la búsqueda de Dios apasionada y gozosa. Florece en los que están enamorados de un Dios que nos ha tocado el corazón con su hermosura, porque solo se pone en camino el que ha sido amado. La búsqueda está llena de imágenes, de colorido. «Exhalaste tu perfume, y respiré, y suspiro por Ti, Gusté de Ti, y siento hambre y sed. Me tocaste, y me abraso en tu paz» (San Agustín).</p>
<p><strong>«Como la cierva».</strong> Si al amor responde la búsqueda, a la fuente de agua viva responde la sed. Algunas de las súplicas más bellas del Salterio tienen que ver con el agua y con la sed: «Mi alma tiene sed del Dios vivo… Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío» (Sal 41,2-3); «Mi alma está sedienta de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua» (Sal 62,2). La señal de que hemos empezado a conocer a Dios está en el ardiente deseo de conocerle más.</p>
<p><strong>Un icono precioso de la sed.</strong> Es la Samaritana (Jn 4). Va al pozo que está en medio del campo a buscar agua y un hombre, cansado del camino y sediento, le pide a ella agua. Poco a poco este desconocido le descubre el manantial que hay en ella. La mujer reconoce la sed honda que la habita, recibe el agua viva de Jesús, quien como alfarero de la nueva creación, la crea y la recrea. La mujer termina adorando a Dios en espíritu y en verdad.</p>
<p><strong>El don del Espíritu.</strong> «Riega la tierra en sequía», despierta el deseo secreto y la soledad sonora, escondidos frecuentemente en las capas hondas de la persona. Genera en nosotros dinamismo, todo lo contrario de la tristeza de corazón. Nos ayuda a rastrear la ruta de la vida, del amor y de la belleza. Mantiene viva en nosotros la sed de un encuentro, el silencioso deseo de una comunión con Jesús. Está presente en nuestra búsqueda, nos ayuda a vivir nuestra pequeñez orientada hacia Dios. Nos hace oír pequeñas voces en nuestro interior, como la que oía san Ignacio de Antioquia: «Ve hacia el Padre, ve hacia el Padre».</p>
<p><strong>«Anhelar la fuente».</strong> La fuente y el agua son polivalentes: significan la oración perfecta, la gracia de la contemplación, la experiencia de Dios, la unión a Cristo y, con ella, la santidad. «Si os lleva el Señor con alguna sed en esta vida, en la vida que es para siempre os dará con toda abundancia de beber» (C 20,2). La contemplación excava en el orante una extraña sed de Dios. «¡Con qué sed se desea tener esta sed!» (C 19,2).</p>
<h3>EL LENGUAJE DE LOS QUE VAN A LA FUENTE DE AGUA VIVA</h3>
<p><strong>La escuela de oración.</strong> «¿De qué hablabais por el camino?» (Lc 24,17). ¿Cómo sembrar en el interior de una sociedad satisfecha fermentos de inquietud? ¿Cómo pasar de la desilusión a la esperanza? ¿Cómo excavar hasta descubrir la sed de Dios? «Hablar de Dios… este es vuestro trato y lenguaje… Vuestro trato es de oración» (C 20,4). Hablar de Dios es hacer teología viva. Hablar de Dios es preludio normal para hablar a Dios. «Aconsejaría yo a quienes tienen oración, que procuren amistad y trato con otras personas que traten de lo mismo. Es cosa importantísima» (V 7,20).</p>
<p><strong>Al estilo de la Samaritana.</strong> En la relación personal con Jesús se aventuró a conocer el don de Dios, en la relación con las gentes de su pueblo se atrevió a decir de forma gratuita que «su amor vale más que la vida» (Sal 62,4).</p>
<hr />
<h3>Momento de Oración</h3>
<p><img decoding="async" class="alignright" src="/wp-content/uploads/2019/05/vela_e.jpg"/></p>
<p><strong>Comienza haciendo un poco de silencio</strong>. A Dios lo encuentras en una soledad, que no es ausencia de personas, sino capacidad de vivir en su presencia.</p>
<blockquote><p>Señor, aquí estoy, aquí me tienes. Tu Espíritu me orienta hacia Ti. Tu mirada de amor ahonda mi pozo. Riega con tu agua viva todo mi ser. Como respiro el aire quiero respirarte a Ti. Quiero amarte como soy, donde estoy, en lo que hago.</p></blockquote>
<p><strong>Traza</strong> sobre ti la señal de la cruz para que te envuelva por completo el misterio de la salvación y sepas de dónde te viene el amor.</p>
<blockquote><p>En el nombre del Padre, que es amor. En el nombre del Hijo, que es gracia. En el nombre del Espíritu, que es comunión.</p></blockquote>
<p><strong>Deja</strong> que el agua de Jesús recorra tu tierra reseca, que su luz aleje tus oscuridades, que su paz haga desaparecer de ti todo temor. La oración es la fuente de la fuerza, del entusiasmo, de la vida.</p>
<blockquote><p>Tengo sed de ti, como tierra reseca. Dame de beber, dame de tu agua. Y no tendré más sed. Estoy contento de haber encontrado en ti, Jesús, a un amigo.</p></blockquote>
<p><strong>Escucha</strong> al Espíritu de fortaleza y de dulzura, que te invita a poner en sus manos toda tu vida: trabajo, descanso, sufrimiento, conflictos; que te ayuda a optar por el amor, por la comunión, por el abrazo entrañable a todos. El da sentido a todo lo que vives.</p>
<p><strong>Vive</strong> la búsqueda de Dios con alegría. Comunica a los que te rodean, sin vergüenza, que has optado por Jesús. Habla el lenguaje del ánimo, el lenguaje de Dios.</p>
<blockquote><p>Quiero decir a mis hermanos el gran gozo que hallo en Ti. Canto a la fonte que mana y corre aunque es de noche.</p></blockquote>
<p><strong>Recuerda</strong> que Dios trabaja el mundo en secreto a través de los orantes. «La oración no nos aleja de las preocupaciones del mundo. Al contrario, nada es más responsable que orar. Cuanto más se vive una oración sencilla y humilde más se es conducido a amar y a expresarlo con la vida» (Hermano Roger de Taizé).</p>
<p>La entrada <a href="https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/04-camino-de-teresa/beber-de-la-fuente-camino-19-20/">Beber de la fuente (Camino 19-20)</a> se publicó primero en <a href="https://cipecar.org">Cipecar</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Oración sí, oración no (Camino 21, 23)</title>
		<link>https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/04-camino-de-teresa/oracion-si-oracion-no-camino-21-23/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 25 Sep 2005 00:12:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[04. Camino de Teresa]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://desarrollo.cipecar.org/?page_id=351</guid>

					<description><![CDATA[<p>«Nuestras comunidades cristianas tienen que llegar a ser auténticas «escuelas de oración»… Una oración intensa, que no aparta del compromiso en la historia: abriendo el corazón al amor de Dios, lo abre también al amor de los hermanos, y nos hace capaces de construir la historia según el designio de Dios» (Juan Pablo II, en [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/04-camino-de-teresa/oracion-si-oracion-no-camino-21-23/">Oración sí, oración no (Camino 21, 23)</a> se publicó primero en <a href="https://cipecar.org">Cipecar</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>«Nuestras comunidades cristianas tienen que llegar a ser auténticas «escuelas de oración»… Una oración intensa, que no aparta del compromiso en la historia: abriendo el corazón al amor de Dios, lo abre también al amor de los hermanos, y nos hace capaces de construir la historia según el designio de Dios» (Juan Pablo II, en la NMI, 33).</p></blockquote>
<blockquote><p>«Lo primero que pide el creyente a la teología es que no hable tanto de la importancia, la necesidad, la esencialidad y urgencia de la oración. Ha escuchado infinidad de veces lo mismo, sin que jamás se le ofreciera una salida viable para llevar a cabo lo que tanto se le recomienda. Le va pareciendo sermoneo» (Federico Ruiz).</p></blockquote>
<blockquote><p>«La experiencia religiosa no es algo esotérico, ningún extraño apéndice o añadido a nuestra ordinaria experiencia personal. No es un mero lujo. Pertenece a la estructura de la conciencia humana y del proceso hacia nuestra plenitud como seres humanos. La experiencia religiosa es parte integrante de la aventura humana. Porque ¿qué es más humano que un amor sin límites que surge de lo más profundo del hombre, penetrando todo su ser y coloreando sus otros amores?» (William Johnston).</p></blockquote>
<h3>DIFICULTADES QUE NOS SALEN AL PASO</h3>
<p><strong>Oración sí, pero… La opción por la oración no es fácil</strong>, a menudo tiene que ser hecha a contracorriente de la situación ambiental. Cuando esa opción se ha tomado con los labios pero no con el corazón, cualquier dificultad, pequeña o grande, se convierte en obstáculo para la práctica concreta de la oración. Se hace entonces necesario revivir la experiencia de Job: «Antes te conocía solo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos» (Jb 42,5). Veamos algunos ejemplos.</p>
<p><strong>Oración y trabajo.</strong> Hay personas que encuentran dificultad real para orar porque piensas que el trabajo es oración. Hacen un flaco favor a la oración y al trabajo. «Los que pretenden justificar el trabajo diciendo que en el fondo es oración confunden los dos términos, diluyen la misma actividad del hombre. Para que sea digno, al trabajo le basta ser lo que es: simplemente trabajo» (X. Pikaza).</p>
<p><strong>«No tengo tiempo».</strong> Esta es otra dificultad que exhiben algunas personas para no orar: la escasez de tiempo. La falta de tiempo quizás está escondiendo otra razón más honda: la debilidad del amor. Las sendas del amor son escondidas y se aprenden recorriéndolas con humildad. «Si tratamos de perder un poco menos de tiempo, tendremos más. Si usamos las migajas del tiempo que perdemos para obtener pequeños momentos de retiro y oración, descubriremos que hay grandes cantidades de tiempo. Hay muchos minutos que nos pueden pertenecer a nosotros y a Dios al mismo tiempo» (A. Bloom).</p>
<p><strong>«Ahora no, más tarde».</strong> Una de las causas por las que algunos desisten de hacer oración después de haberlo intentado es porque se empeñaron en conectar con Dios desde otra situación distinta de la que era realmente la suya en aquel momento y se dijeron: «lo haré cuando tenga más tiempo, cuando esté menos cansado, cuando encuentro un lugar apropiado…» Dejaron a un lado la roca firme de su realidad concreta, para soñar con arenas movedizas, por irreales.</p>
<p><strong>El ambiente que no ayuda.</strong> Basta abrir el oído para escuchar cosas que no animan precisamente. Santa Teresa supo mucho de eso, oyó cómo ridiculizaban la práctica de la oración y dudaban de la experiencia de Dios amasada en ella, le aconsejaron que se dejara de esas honduras, intentaron meterle el miedo en el cuerpo. Y reacciona como lo hace una enamorada de su Amado. «No os engañe nadie en mostraros otro camino que el de la oración» (C 21,6). «Quien os dijere que esto es peligro, tenedlo a él por el mismo peligro y huid de él» (C 21,7). Le molesta sobre manera que digan que lo de la oración «no es para mujeres», que «mejor será que hilen», que «les basta el paternóster y el avemaría» (C 21,2). Lo expresa todo con una sentencia llena de ironía: «Huyen del bien, para librarse del mal. Nunca tan mala invención he visto. ¡Bien parece del demonio!» (C 21,8).</p>
<h3>OPCIONES</h3>
<p><strong>¿Qué puede hacer el orante ante todo esto?</strong> Todo menos cruzarse de brazos. Si de verdad le interesa la oración luchará por ella con todas sus fuerzas. El que encuentra motivos hondos soporta cualquier como.</p>
<p><strong>Mirada a Jesús.</strong> Esto, sobre todo. La oración es camino real, camino seguro, por él fue nuestro Rey (C 21,5); la oración es el camino hacia el agua viva del Evangelio (C 21,1-2).</p>
<p><strong>Ideas claras y corazón enamorado.</strong> Santa Teresa, en su pedagogía de la oración, invita a dos cosas: a tener ideas claras sobre el valor de la oración y a determinarse a comenzarla, sin miedos, denodadamente. No os espantéis (C 21,1). No basta quitar los miedos, se necesita también arranque, decisión: Importa mucho y el todo- comenzar con una grande y muy determinada determinación: la de no parar hasta llegar al agua viva, aunque se hunda el mundo, tanto si llego allá, como si muero a medio camino (C 21,2). El camino no dura si no lo comenzamos con determinación. Dios es amigo de ánimas animosas.</p>
<p><strong>El lenguaje de la verdad.</strong> Empezar por la verdad, aunque sea pobre, siempre será lo mejor para hacer un buen planteamiento. Mejor que escudarse en la disculpa de un excesivo cansancio es decir con toda claridad: no tengo ganas de orar. Estas frases no suenan precisamente bien y muestran a las claras la mezquindad de nuestro espíritu, pero son la verdad y con la verdad se supera esta mezquindad de espíritu mucho más fácilmente que con tergiversaciones (Romano Guardini).</p>
<p><strong>Plantar cara a las dificultades.</strong> No somos los primeros que las han encontrado. Ha habido hermanos antes que nosotros que han vencido las dificultades cantando. En 1Sam 4,5-7: Todo Israel lanzó a pleno pulmón el grito de guerra y la tierra retembló y los filisteos quedaron muertos de miedo. La oración no es para desilusionados, sino precisamente para ilusionados.</p>
<p><strong>La importancia de la ayuda.</strong> Cuando santa Teresa encuentra un teólogo que le dé luz respira hondo. ¡Qué grandeza de Dios, que puede más a las veces un hombre solo o dos que digan verdad, que muchos juntos! (C 21,9).</p>
<p><strong>Tareas para la pastoral de la oración.</strong> La opción por la oración tiene un componente de gracia, Dios no falla: Esto es sin falta. Yo lo sé. Y a las de vosotras que lo sabéis por experiencia, por la bondad de Dios, puedo presentar por testigos (C 23,6). Desde el don pueden brotar tareas para afrontar la crisis actual de oración. Pueden ser éstas: Invitación a la oración, porque ¿quién negará que en esta época es necesario exhortar a orar?; credibilidad de la oración o de los orantes, porque no siempre los más orantes se presentan como los más justos; discernimiento oracional, para correr en busca de la verdad; evangelizar la oración, para presentar la oración como la Buena Nueva del Evangelio al servicio siempre de la vida.</p>
<hr />
<h3>Momento de Oración</h3>
<p><img decoding="async" class="alignright" src="/wp-content/uploads/2019/05/vela_e.jpg"/></p>
<p><strong>Acércate</strong> a Dios desde la incertidumbre e inseguridad en la que viven muchos hombres y mujeres. Tu Dios es de todos y para todos. Tu oración no está nunca al margen de la enfermedad, del hambre, de la falta de dignidad que conviven con tantos seres humanos. <strong>. Mira</strong> con calma tu vida de amistad con Dios. ¿Dónde te nace el deseo de orar? ¿Puedes vivir sin orar? ¿Necesitas a Dios como un enamorado(a) busca a su amado(a)?</p>
<p>Espíritu Santo, llama de amor viva, enciende en mi corazón la llama del amor. Jesús, amigo, que te sientas a descansar junto a mi pozo, despierta en mi corazón la sed del agua viva. Padre nuestro, que a todos amas, atráeme a la intimidad contigo.</p>
<p><strong>Traduce</strong> tu fe en lenguaje y ora.</p>
<p>Cuando oro creo que tú, Dios mío, me encuentras, Cuando oro creo que Tú eres la verdad viva. Cuando oro creo que te puedo amar como a una persona. Tú cargas con aquello que me pesa. Me haces pasar de la inquietud a la confianza, de la sombra y de la oscuridad a la luz.</p>
<p><strong>Sigue</strong> el consejo de santa Teresa si estás en el camino de la oración: «no tornes atrás» (C 23,1), reserva para Dios un tiempo de cada jornada y dáselo con alegría y gratuidad (C 23,2).</p>
<p><strong>Escucha</strong> este testimonio que dio una persona cuando le preguntaron si hacía oración: «Pienso que sí. Cuando en mi vida, en las horas grandes y pequeñas, siento cómo me acerco a la frontera del misterio inefable, santo, amoroso que llamamos Dios; cuando me introduzco, por así decir, en este misterio, confiando, esperando, amando; cuando yo acepto este misterio, entonces oro».</p>
<p><strong>Ayuda</strong> a las personas que viven a tu lado a abrirse a la esperanza, a la vida, a Dios. No es cierto que el auténtico camino sea el que no conduce a ninguna parte. «Mientras los niños quieren encontrar razones para vivir, nosotros los proponemos los medios de lograr ser para nada, les invitamos a correr, a correr como todo el mundo, sin saber hacia dónde. Y por eso, cuando se cansan, y se cansan pronto, ya no vuelven a preguntar el camino para ir a algún sitio o para ser alguien» (Carta del Abbé Pierre a Roger Garaudy).</p>
<p>La entrada <a href="https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/04-camino-de-teresa/oracion-si-oracion-no-camino-21-23/">Oración sí, oración no (Camino 21, 23)</a> se publicó primero en <a href="https://cipecar.org">Cipecar</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Orar, ¿Qué es? (Camino 22, 24 y 25)</title>
		<link>https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/04-camino-de-teresa/orar-que-es-camino-22-24-y-25/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 25 Sep 2005 00:11:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[04. Camino de Teresa]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://desarrollo.cipecar.org/?page_id=357</guid>

					<description><![CDATA[<p>«Bienaventurado el que alcanza la sabiduría y adquiere inteligencia; porque es su adquisición mejor que la de la plata y es más provechosa que el oro. Sus caminos son caminos deleitosos y son paz todas sus sendas. Es árbol de vida para quien la consigue; quien la abraza es bienaventurado» (Prov 3,13-18). «La oración cristiana [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/04-camino-de-teresa/orar-que-es-camino-22-24-y-25/">Orar, ¿Qué es? (Camino 22, 24 y 25)</a> se publicó primero en <a href="https://cipecar.org">Cipecar</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>«Bienaventurado el que alcanza la sabiduría y adquiere inteligencia; porque es su adquisición mejor que la de la plata y es más provechosa que el oro. Sus caminos son caminos deleitosos y son paz todas sus sendas. Es árbol de vida para quien la consigue; quien la abraza es bienaventurado» (Prov 3,13-18).</p></blockquote>
<blockquote><p>«La oración cristiana no es empeño y esfuerzo del ser humano para conquistar la divinidad temible, sino la expresión normal de quien se siente hijo amado del Padre, pide seguro de ser escuchado, y celebra ese amor que experimenta» (Jesús Espeja).</p></blockquote>
<blockquote><p>«Al entrar en ti mismo, no pienses en lo que harás después, sino renuncia tanto a los buenos como a los malos pensamientos. Y no ores con tus labios… Vela por que en tu mente activa no queda nada más que un desnudo impulso hacia Dios, sin el ropaje de ningún pensamiento especial sobre Dios mismo, sobre cómo es en sí o en cualquiera de sus obras, atendiendo solo a que es como es» (La nube del No Saber).</p></blockquote>
<h3>ORACIÓN VOCAL Y MEDITATIVA</h3>
<p><strong>La oración es para todos.</strong> La posibilidad de la oración se ofrece a todos. No está reservada a unos cuantos privilegiados que saben discurrir con el entendimiento. Esta posibilidad de inscribe en una capacidad humana al alcance de todos: el amor. Cada uno tiene que encontrar su modo más adecuado de orar. No todo vale para todos. Hay personas que pueden discurrir, que están habituados a la meditación, y hay otras personas que tienen dificultad para discurrir y necesitan otro modo de orar. «Nadie fue ayer, ni va hoy, ni irá mañana hacia Dios por este camino que yo voy. Para cada hombre guarda un rayo nuevo de luz el sol… y un camino virgen Dios» (León Felipe).</p>
<p><strong>No solo palabras.</strong> La oración vocal es la oración de las multitudes. Es indispensable en la vida cristiana. No hay oración rezada de solas palabras, porque palabras sin interioridad «mirad qué mala música hará» (C 25,3). Jamás hay que contentarse con la oración de solo palabras. «Que nuestra oración se oiga no depende de la cantidad de palabras, sino del fervor de nuestras almas» (San Juan Crisóstomo). «Conozco una persona que nunca pudo tener sino oración vocal, y asida a esta lo tenía todo; y si no rezaba, íbasele el entendimiento tan perdido que no lo podía sufrir. Mas ¡tal tengamos todas la mental! En ciertos Paternoster que rezaba a las veces que el Señor derramó sangre, estaba –y en poco más rezado- algunas horas. Vino una vez a mí muy congojada, que no sabía tener oración mental ni podía contemplar, sino rezar vocalmente. Preguntéle qué rezaba; y vi que asida al Paternoster, tenía pura contemplación&#8230;» (C 24,7).</p>
<p><strong>La oración vocal: primera oración contemplativa.</strong> Más allá de la atención a los contenidos de la oración, importa avivar la atención al Otro, al destinatario mismo de la oración. «Cuando digo Credo, razón será que entienda y sepa lo que creo; y cuando digo Padre nuestro, amor será entender quién es ese Padre nuestro y quién es el maestro que nos enseñó esta oración» (C 24,2). «Nunca Dios quiera que no nos acordemos de él (Cristo Maestro) muchas veces cuando decimos la oración» (C 24,3). «Esto quiero yo entendáis vosotras os conviene para rezar bien el Paternoster: no se apartar de cabe el Maestro que os lo mostró» (C 24,5).</p>
<p><strong>«A solas».</strong> Que tampoco en la oración vocal falte esa dimensión religiosa de la relación personal con Cristo o con Dios. A solas, pero con El. Exclusión de pensamientos y ocupaciones profanas: «que no se sufre hablar con Dios y con el mundo, que no es otra cosa estar rezando y escuchando, por otra parte, lo que están hablando» (C 24,4). Esto es posible en medio del grupo. Que también la oración vocal nos permita entender «con quién estamos y lo que responde el Señor a nuestras peticiones» (C 24, 5).</p>
<p><strong>La meditación.</strong> Es, sobre todo, una búsqueda. Los mejores esfuerzos y los mayores elogios se han volcado en la meditación. Es muy válida para orantes con capacidad para reflexionar. Se trata de dar vueltas en la mente (recordar) a verdades de la fe o a palabras de la Escritura, para llegar a comprender (entendimiento), entablar un diálogo con Dios (voluntad) para expresarle amor, gratitud, confianza, y encarnar esa verdad en la vida diaria. Se trata de hacer la verdad para llegar a la luz: «Señor, ¿qué quieres que haga?». Esta forma de reflexión orante es de gran valor, pero la oración cristiana debe ir más lejos: hacia el conocimiento del amor del Señor Jesús, a la unión con Él.</p>
<h3>LA CONTEMPLACIÓN</h3>
<p><strong>La oración de los pobres.</strong> En muchos casos es ésta la única forma de oración asequible a las personas que encuentran monotonía en la oración vocal, dificultades de atención para la práctica meditativa, necesidad de dejar la meditación cuando el tiempo está maduro para el silencio y la quietud. Aquellos que se ven privados de meditar debido a sus condiciones de vida, ¿se verán privados de orar por el mismo motivo? ¿No está la oración más allá de la reflexión? ¿Los pobres no pueden meditar? No están dispuestos para ello, no poseen la cultura requerida, no conocen el mecanismo de la meditación, o bien, están demasiado cansados Vais a entregar a Dios en la noche todo vuestro ser. Y es preciso que comprendáis bien todo lo que estas palabras encierran siempre de fe oscura, de sufrimiento a veces, de riqueza de amor (R. Voillaume).</p>
<p><strong>Tratar de amistad.</strong> Santa Teresa nos comunica su descubrimiento personal: Orar es tratar de amistad estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama (Vida 8,5). ¿Cómo se aprende la amistad? ¿Cómo se enseña? No hay una fórmula exacta, ni un método mágico. Con osadía y libertad nos dice lo que ha comprendido: El aprovechamiento del alma no está en pensar mucho, sino en amar mucho (Fundaciones 5,2). Todo lo que os despertare a amar, eso haced (Moradas 4,1,7).</p>
<p><strong>Entonces, orar ¿qué es?</strong> Mucho más importante que las palabras, más que los ritos y el protocolo, más que las técnicas de recogimiento e interiorización, más que las variantes de la oración en vocal, mental, contemplativa&#8230; son los amigos, los dos: ¿Quién soy yo? ¿Quién es Él? Caer en la cuenta de con quién va a hablar y quién es el que habla (C 22,3). Si esto se hiciese bien la oración iría sobre rieles. Lo que importa es entender y ver que hablo con Dios, con más advertencia que a las palabras que digo (C 22,1). Porque hablando con tan gran Señor, es bien estéis mirando con quién habláis y quién sois vos (C 22,1).</p>
<p><strong>Estar con Dios.</strong> Se trata de despertar la conciencia del Otro, de entrar en su órbita con el propio yo, tras haberse sacudido de encima las máscaras, pesos y ataduras de engreimiento, egocentrismo&#8230; El hombre está ante Dios, está con El. Este estar con El, Teresa lo matiza a base de verbos: Entender y ver que hablo con Él, estar mirando, pensarlo, pensar con quién habláis, procurar conocerlo, conocer su limpieza y quién es Él. Todo esto es para acertar a tratarlo. &#8216;Para ver cómo lo hemos de tratar (C 22,3). Orar es aprender a tratar a Dios. Y quizás sepa hacerlo mejor el pastorcito con su grosería que el sabio con sus teologías y elegantes razonamientos (C 22,4).</p>
<hr />
<h3>Momento de Oración</h3>
<p><img decoding="async" class="alignright" src="/wp-content/uploads/2019/05/vela_e.jpg"/></p>
<p><strong>Palpa</strong> el silencio. Más allá de lo que te agobia o te preocupa. Más allá de planear el futuro. Busca el silencio. Deja tu frenética actividad, tu obsesión por el trabajo, tu búsqueda de éxitos y resultados inmediatos. Cuando el silencio habla, la vida se transforma.</p>
<blockquote><p>Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda. La paciencia todo lo alcanza; quien a Dios tiene nada le falta: solo Dios basta.</p></blockquote>
<p><strong>Ten</strong> alerta el corazón. Aprende a vivir con el corazón, que es el centro de tu persona, donde está lo mejor de ti. El corazón es el lugar de tu encuentro con Dios. No te identificas con lo que haces, ni con lo que piensas, sino con lo que eres. Repite varias veces esta alabanza.</p>
<blockquote><p>«Señor, Dios nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra» (Sal 8).</p></blockquote>
<p><strong>Calla</strong> y contempla. Contempla el amor de Dios hacia ti. En todo lo que te ocurre está el cariño de Dios para contigo. Siente su ternura hacia ti como la luz del sol que te acaricia, como el aire que respiras. Dios siempre está mirándote con amor. Exprésale lo que sientes.</p>
<blockquote><p>Padre, me pongo en tus manos. Te confío mi alma, te la doy, con todo el amor de que soy capaz, porque te amor y necesito darme, ponerme en tus manos sin medida. Con una infinita confianza, porque tú eres mi Padre.</p></blockquote>
<p><strong>Entra</strong> en comunión con todos. El Dios que te ama, te invita a amar. El amor es lo más propio tuyo. Recuerda el modo de amar de Jesús y de María. Si callas, calla con amor. Si gritas, grita con amor. Si corriges, corrige con amor. Si perdonas, perdona con amor. Que el amor sea la raíz interior de tus obras.</p>
<p>La entrada <a href="https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/04-camino-de-teresa/orar-que-es-camino-22-24-y-25/">Orar, ¿Qué es? (Camino 22, 24 y 25)</a> se publicó primero en <a href="https://cipecar.org">Cipecar</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
