Invocación al Espíritu

Nos abrimos a ti, Espíritu Santo, desde la fragilidad, de la que somos más conscientes en estas semanas de confinamiento y tribulación.
Enséñanos a ser seguidores de Jesús resucitado en esta hora.
Confírmanos en la esperanza, comprométenos con la caridad.
Condúcenos a la verdad completa. Haznos hombres y mujeres renacidos en la Pascua, llenos de luz, serenos en la alegría y en la esperanza.

1.- Motivación

“Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero” (Sal 118).

“Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría”. “No desperdicien estos días difíciles” (Papa Francisco); hay que descubrir el secreto.

2.- A la espera de la Palabra. Con la lámpara encendida

. Hoy la Iglesia celebra el día más grande de la historia. La resurrección muestra lo que el Calvario significa.

. La cámara del narrador se centra en el sepulcro y en tres testigos.

. Para abrirnos a la fe en la resurrección de Jesús, hemos de hacer nuestro propio recorrido, buscar a Jesús donde hay vida.

3.- Proclamación de la palabra: Juan 20, 1-9

El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.

Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien

Jesús amaba, y les dijo:

«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.

Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

4.- Fecundidad de la Palabra

El primer día de la semana. Día del Señor, día de la nueva creación. Domingo: elemento de identidad cristiana, nuevo éxodo hacia la libertad, una hermosa manera de vivir y comenzar la semana.

María la Magdalena. Mujer, amada por el Señor y con respuesta de amor a él, hoy reconocida en la Iglesia -no siempre ha sido así-. Recuerda el papel de las mujeres en las comunidades de Juan. Estuvo, con otras, al pie de la cruz. Primera mensajera de Cristo resucitado. Su fe y su testimonio nacen del encuentro con Jesús.

Fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro. Se mueve sola en la oscuridad de la noche buscando al que es la luz. Sale para ir al encuentro, busca gimiendo. La fuerza de la muerte no ha borrado su amor. Sus lágrimas limpian sus ojos para ver a Jesús.

Y vio la losa quitada del sepulcro. Ve, pero no sabe interpretar lo que ve. La señal de vida la interpreta como señal de muerte. No ve que la losa de la muerte y el pecado han sido quitados por Jesús.

Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba. Sumida en interrogantes e incertidumbres, echa a correr. Su reacción en el momento difícil: Ir en busca de los amigos, que comparten con ella el amor a Jesús. Pedro es el que ha llorado su negación. El discípulo amado, vinculado a la contemplación, ha recostado su cabeza sobre el pecho de Jesús.

‘Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto’. Teme que hayan robado el cadáver, cosa frecuente entonces. El título ‘Señor’, en Juan, está reservado para los acontecimientos pascuales. Imagen: Reciben testimonio de María.

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Quieren constatar lo que ha dicho la discípula. Recorren el camino que ha hecho la Magdalena en dirección a la tumba.

Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro. En la mañana salen, corren, buscan. Al llegar a la tumba cada uno de ellos ve un poco más de lo que vio el anterior, se complementan por el intercambio de dones: María vio la piedra corrida, el discípulo amado, el primero en llegar, vio los lienzos, Pedro vio el sudario. Lo que hace correr más es el amor.

Inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró. No entra como gesto de comunión entre lo carismático y lo institucional. Las comunidades de Juan, que valoran más al discípulo amado, tienen que acoger a Pedro. La verdadera finura espiritual no presume ni se engríe, sabe esperar al que va detrás; es más un apoyo que un rival.

Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario. La tumba vacía no pretende ser una prueba contundente de la resurrección sino más bien un signo de que Jesús ha dejado la tumba y vencido a la muerte. La mirra hacía que se pegara el cuerpo al sudario. Si lo hubieran robado, los ladrones se habrían llevado los lienzos y el sudario.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. El texto original usa tres términos para el término ‘ver’ (theorein para Pedro; blepein para la Magdalena; idein, para el otro discípulo), dando a entender un crecimiento de profundidad espiritual de este «ver» que culmina con la fe del discípulo amado. El amor le abrió los ojos para ver. No se dice lo que vio, lo que vio es que Jesús no estaba, es decir, no vio nada, o vio rastros de vida, pero todo eso lo llevó a creer. La vida del Resucitado es una realidad que se impone sin ruido y se realiza en silencio, en la potencia discreta e irresistible del Espíritu, que regala un conocimiento pleno de Jesús.

Hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.  Los discípulos descubrieron, no por razonamientos sino por vivencia, que Jesús seguía vivo y que les comunicaba vida. También para aquellos que habían vivido junto a Jesús fue difícil creer en él y para ellos, como para nosotros, la única puerta que nos permite pasar el dintel de la fe auténtica es el conocimiento de la Escritura, que da el recuerdo vivo de Jesús.

4. Respuesta a la Palabra

¿Qué signos del Señor vivo has encontrado en tu camino?

¿Qué te enseñan el Discípulo Amado, Pedro, María Magdalena?

¿Con qué mirada buscas a Jesús, con qué ojos tratas de descubrir su presencia en medio de la realidad?

¿Cómo respondes a tu llamada a resucitar?

5. Orar la Palabra

Resucitó el Señor, y vive en la palabra
de aquel que lucha y muere gritando la verdad
Resucitó el Señor, y vive en el empeño
de todos los que empuñan las armas de la paz.
Resucitó el Señor, y está en la fortaleza
del triste que se alegra y del pobre que da pan.
Resucitó el Señor, y vive en la esperanza
del hombre que camina creyendo en los demás.
Resucitó el Señor, y vive en cada paso
del hombre que se acerca sembrando libertad.
Resucitó el Señor, y vive en el que muere
surcando los peligros que acechan a la paz. (Cardenal Pironio).

6. Contar al mundo la nueva manera de vivir. Testigos.

“Rompamos las rutinas en lo que somos y hacemos… Hagamos del hoy que vivimos un amanecer de resurrección” (Papa Francisco).

Este es un buen momento para gozar escuchando El Aleluya de Haendel.

Documentación:  LECTIO DIVINA. DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR: Juan 20, 1- 9